Introducción
Encontrar tranquilidad en sus brazos, tan firmes como su promesa silenciosa, me hace creer que nunca me soltará. Y aunque ambos estamos rotos, de alguna manera, su abrazo me hace sentir cómoda… segura.
¿Está bien esto, cuando ninguno de los dos está bien?
No lo sé.
Pero hoy, un pequeño respiro entre sus brazos es todo lo que necesito para reunir fuerza y seguir.
—No me sueltes —susurro, en mi estado más vulnerable—. Por favor…
—No pienso hacerlo —responde, sujetándome con más firmeza—. No hasta que me lo pidas… Y tampoco lo hagas tú conmigo.
Me besa el cabello con ternura, y yo escondo aún más mi rostro en su cuello, como si pudiera desaparecer dentro de él. Como si ese rincón fuera el único lugar donde el dolor se vuelve silencioso