La Diosa del Cielo
—Había una vez una chica hermosa~ sexy~ linda~ encantadora~ e increíblemente brillante— hablaste mientras apagabas un cigarrillo en el rostro de un tipo —Era como una diosa y hacía que todos se arrodillaran frente a ella— le diste un fuerte golpe en el estómago que lo hizo caer de rodillas frente a ti.
—¿Con quien hablas?— la rubia detrás tuyo pregunto.
—Es un intro— explicaste.
—¿Un intro?
Rodaste los ojos con fastidio —¡Si! Es un intro de mi historia— extendiste tu mano esperando que la rubia se acercara para entregarte tu bokken.
Caminaste entre los pandilleros que acababas de dejar inconscientes.
Con él bokken en tu mano derecha acariciabas el césped tarareando una canción —Bien pedazos de mierda ¿Se arrodillan por las buenas o por las malas?
—Hermano ¿Quién es ella?— escuchaste la voz de uno de los gorilas.
—¡Sheila! ¿Te das cuenta de lo importante que es la introducción?— negaste varias veces —¿Sabes qué? Ya olvídalo, ya perdí el ánimo de masacrarlos.
Seguiste de largo hacia una pelirroja quien desplegaba la silla que llevaba cargada. Te sentaste cruzándote de piernas dándole una mirada a todos los tipos frente a ti —Eri, encárgate de ellos y déjales bien claro quien soy yo— le hablaste a una imponente chica de cabello verde menta.
—Claro— ella asintió caminando lentamente hacia la banda de tipos.
Lanzó un puñetazo en el rostro de uno haciendo que cayera encima del otro por su impactante fuerza, dio una patada al siguiente, luego un mortal hacia atrás sujetando con una de sus piernas a otro de ellos alzándolo por el aire y estampando su rostro contra el suelo —De primer año, la Reina de la secundaria Sarayashiki, la diosa del cielo: TN.
Tu cabeza se balanceó de un lado a otro cómo si estuvieras bailando —¿Quién soy yo?— preguntaste a los tipos que quedaban conscientes.
—¡TN!— hablaron todos al unísono.
Alzaste las cejas disconforme —Quieres ayudarles a recordar, Sakura.
La pelirroja se abrió camino hacia los sujetos dándole una patada al más cercano para al caer pisotear su rostro varías veces hasta que se unido en la tierra.
—¿Quién soy yo?— preguntaste de nuevo.
Todos se hincaron haciendo una reverencia hasta pegar su frente contra el suelo —¡La reina de la secundaria Sarayashiki, la diosa del cielo, T/N!
Tú aplaudiste complacida —Dígale al puto cerdo que de hoy en adelante todos ustedes son mis perritas, si los necesito para algo deberán atender mi llamado ¿Entendido?
—¡Si! ¡Entendido Diosa!
Te pusiste de pie para que Sakura pudiera replegar la silla, Sheila tomó tu bokken para cargarlo y Eri se acercó a ti colocando sobre tus hombros tu chaqueta —¡Midori, ya puedes salir!— alzaste la voz mientras una chica pequeña de cabello castaño y anteojos salía de entre los arbustos.
—Gracias— habló apenada.
Tú colocaste una mano sobre su cabeza revolviendo su cabello —No me des las gracias, eres mi valiosa amiga y si un pendejo piensa que por ser un «pandillero» tiene el derecho de acosarte yo le voy a patear el culo tan fuerte que le dolerá a sus ancestros.
Las cinco empezaron a caminar por la orilla del canal, las escuchabas reír animadas entre ellas y la presencia de Eri que caminaba a tu lado te hacía sentir en calma. Alzaste la vista observando un grupo de seis chicos que iban en sentido contrario al de ustedes. Tus ojos se toparon con los de quien parecía ser el líder y para cuando pasaron uno junto al otro ambos se miraron deteniendo su paso.
—¿Quieres pelea?
—Yo no golpeó niñas pero por ti estoy dispuesto hacer una excepción.
Ambos dieron un paso que los acercó más.
—¿Quién mierda te crees mocosa/mocoso?— hablaron al mismo tiempo un tipo con un dragón tatuado en la cabeza y Sheila.
Ambos se miraron mutuamente, Sheila lanzó un puñetazo y el tipo del tatuaje del dragón pudo detenerlo.
—Espera— esta vez hablaron en simultáneo tú y el rubio frente a ti.
—Uno contra uno ¿Te parece?
—Claro, me parece bien
Saltaron hacia el canal en la franja de pasto al costado del agua. El resto salto después de ustedes.
Extendiste tu mano y Sheila se apuró hacia ti para entregarte el Bokken. Eri también se acercó quitando la chaqueta de tus hombros.
El rubio las miró con los ojos entrecerrados —¡¿Por qué yo no recibo el mismo trato?!— lanzó un grito hacia sus amigos quienes lo observaron con una mirada asesina.
—Espero que no te importe pero me gusta pelear utilizando mi Bokken, si lo ves como desventaja podemos hacerlo a puño limpio. No tengo problemas.
—No me importa, con o sin, igual te haré morder el polvo— él te miró de forma aburrida.
Ladeaste la cabeza llevando tu mano izquierda al frente haciendo una seña para que se acercara.
El rubio empezó a correr hacia ti alzando una pierna en el aire para poder patearte.
—Lento— hablaste al esquivarla. Con el Bokken golpeaste su pierna de equilibrio haciéndolo caer. Él se empujó con su mano poniéndose de pie.
Se limpio la tierra de su boca y te miró divertido como si fuera a disfrutar de eso.
—¿Quién haría morder qué a quien?
De nuevo corrió hacia ti, tú esquivaste su patada pero con su puño izquierdo te dio un golpe en el estómago que te hizo retroceder y luego remató con una patada pero la detuviste con el Bokken.
—¿De que mierda esta echo ese palo?— pregunto un chico con una cicatriz al costado de la boca.
—No es la espada, es el espadachín— explicó Sakura.
—Ella es bastante buena— admitió el chico del dragón tatuado.
—Ella es la Reina de la secundaria Sarayashiki, la diosa del cielo. Claro que es buena— hablo Eri sin quitarte los ojos de encima.
—¡¿Ella es el Dios del cielo?!, creía que era un chico, no una niña— soltó un tipo que tenía un tatuaje de tigre.
Sheila rodó los ojos —Actualízate, una chica le puede patear el culo a un chico.
Lanzaste una patada hacia el estómago del rubio, él la detuvo con sus manos pero tú alzaste el Bokken en el aire golpeando a un costado de su boca causando un leve corte, él saco la lengua lamiendo la sangre. Corrió hacia ti lanzando otra patada, pudiste detenerla con él bokken y lo pateaste en el estómago, él se agachó barriéndose por el suelo pateando hacia arriba golpeándote en las costillas mandándote a volar hacia el agua.
Te quedaste en el arroyo sentada, estabas empapada y molesta. No querías admitir que habías perdido.
—¿Como te llamas?— pregunto el rubio mientras extendía su mano para ayudarte a salir.
Tú lo miraste volteando el rostro y cruzándote de brazos —Es descortés preguntar el nombre de alguien sin haberte presentado.
—¿Qué? Eres rara.
—Creo que se están llevando bien— hablo Sheila lanzando un suspiro.
—¿Estamos viendo la misma escena?— tomó la palabra el chico de la cicatriz cerca de la boca.
—Si, parece que se llevan bien— apoyo el de cabello plateado.
El resto asintió ante sus palabras.
—¡¿Podría alguien ayudarme a salir de aquí?!
—¡Te estoy ofreciendo mi mano para ayudarte maldita bruja!
—¡¿Podría alguien que no sea el puto enano ayudarme a salir?!
—Muérete.
—Muérete tú puto enano— con tu mano lanzaste agua que fue a dar a la boca del rubio.
—Bruja— bufo lanzándose también al agua tomando un puñado de lodo arrojándolo hacia ti.
—Enano— tu también tomaste lodo y lo arrojaste sobre él.
—¿Se van a besar o que?— lanzó un grito Sakura.
—¿Yo y esta cosa? ¡Jamás!— hablaron al mismo tiempo, los dos se miraron con una vena saltándoles de la frente.
—Está bien— hablo Eri alzándote entre sus brazos. Eri era una chica muy alta, su cuerpo estaba bien formado y tenía una fuerza monstruosa. Siempre vestía el uniforme masculino de la secundaria por lo que era fácil confundirla con un chico.
—Kenchin— habló el rubio alzando los brazos hacia él como si le estuviera pidiendo que también fuera a sacarlo.
—¡¿Es una puta broma Mikey?!— se quejo pero de igual modo fue hasta el agua para cargar al rubio sobre su espalda y sacarlo de ahí.
Una vez que ambos grupos estuvieron reunidos se miraron uno enfrente del otro.
El rubio te observo con el rastro de una sonrisa en sus labios —A partir de hoy eres mi amigo.
—¿Amigo? Yo soy una delicada flor de invierno, a mi me hablas con cariño pendejo. No soy un puto malandro— te quejaste.
Él puso una cara nerviosa viendo en dirección a sus amigos tratando de buscar ayuda. El pelinegro se acercó a él y le dijo algo al odio luego el rubio volvió a girarse hacia ti.
—A partir de hoy eres M-Mi— trataba de hablar pero más bien parecía que estaba a punto de salirle espuma de la boca —Mi reina.
Volviste a mover tu cabeza como si bailaras —¿Tu reina? Me gusta, si, acepto— Sheila se acercó a ti tomando el bokken y Eri colocó la chaqueta sobre tus hombros —Si necesitas algo no dudes en buscarme, yo estaré de tu lado.
Empezaste a caminar fuera de su vista mientras tus amigas caminaban tras de ti.
—Disculpen— les llamó Midori sosteniendo una libreta.
—¿Qué pasa?— respondió el de cabello plateado.
—Sus nombres, ella nunca pregunta los nombres de las personas y luego se refiere a ellos con apodos. Díganme sus nombres por favor... por cierto ella es TN. No hay problema con que la llamen así eso no le molesta cuando son amigos, pero él— apuntó al rubio —Tendrá que referirse como «Mi reina» tal como se ha cerrado el trato— ella seguía anotando en la libreta y haciendo dibujos de lo que acababa de pasar. Sin duda ese encuentro era importante.