𝐉𝐔𝐒𝐓 𝐘𝐎𝐔 𝐀𝐍𝐃 𝐌𝐄.

Sinopsis

En cuanto Jeon Jungkook es trasladado a mi universidad, se convierte en el quarterback estrella del equipo. Todo el mundo parece adorarlo a pesar de que se comporta como un idiota arrogante, y yo me descubro buscándolo en cada habitación a la que entro, sintiéndome de una forma en la que nunca antes lo había hecho. Las cosas se van al infierno con rapidez cuando una noche, después de una fiesta, terminamos besándonos. A partir de ese momento, Jungkook parece empeñado en torturarme con su presencia y yo… Yo solo trato de sobrevivir a sus sonrisas oscuras y pecaminosas, a sus roces descuidados y al hecho de que no puedo dejar de pensar en lo mucho que quiero volver a besarlo.

Estado:
En proceso
Capítulos:
23
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1: Yoongi



No tenía ni idea de lo que me estaba pasando. En realidad, no entendía una mierda de nada.


«Esto se está volviendo espeluznante. Y raro. Jodidamente raro», me dije, mientras continuaba observando al idiota de Jungkook.


Jeon Jungkook era la nueva estrella en ascenso del equipo de fútbol americano universitario en el que yo también jugaba. El maldito quarterback. Arrogante, mordaz y demasiado pagado de sí mismo; su fama le precedía. Cada vez que alguien lo llamaba por su apellido, lo que ocurría a menudo porque era algo común en el campo y fuera de él, yo estaba convencido de que el tipo debía pensar que sus vasallos le estaban rindiendo pleitesía o alguna mierda por el estilo.


Se creía el puto rey.


Y alguna razón yo no podía dejar de mirarlo. Y no tenía nada que ver con que estuviera acomodado en un sillón justo enfrente de mí.


No sabía en qué momento había ocurrido. Llevaba dos semanas con nosotros, después de que lo captaran en una universidad menor y le hicieran una oferta que, al parecer, no había podido rechazar. Jungkook venía a rellenar el hueco que había dejado nuestro capitán al graduarse y ser fichado para jugar en la NFL. Def, nuestro anterior quarterback, le había dejado el listón muy alto, pero Jungkook no estaba dando muestras de que la presión le afectara en absoluto.


Para empeorar la situación, acababa de convertirse también en mi nuevo compañero en el piso que ya compartía con mi mejor amigo Namjoon y con Jin, otro de mis amigos.


Y yo seguía observándolo como un puto acosador.


Bajé la vista de su rostro hasta sus piernas fibrosas, lo cual no mejoró en absoluto la extraña emoción que retorcía mi estómago desde que había llegado a la fiesta de Hoseok, uno de mis compañeros de equipo.


Al menos, Jungkook estaba demasiado ocupado tonteando con la rubia que prácticamente se le había subido al regazo como para darse cuenta de mis insistentes miradas. El tipo no debía de ser muy perceptivo, porque, a pesar de que la chica no dejaba de restregarse contra su polla, aún no había movido ficha para llevarla arriba. Cualquiera otro miembro del equipo estaría ya probablemente jodiéndola de la mejor manera posible. Sinceramente, eso era justo lo que ella parecía creer que ocurriría.


Tío, tienes cara de estar demasiado sobrio. Namjoon se inclinó para echar un vistazo al interior de mi vaso. Al comprobar que estaba vacío, lo cambio por el suyo. Bebe. En cuanto empecemos la temporada, no tendrás oportunidad.


No es como si estuviera planeando emborracharme.


No, claro que no, porque estaba demasiado entretenido diseccionando cada puto centímetro de Jungkook. Le di un trago al vaso que mi amigo me había pasado y me bebí la mitad de golpe, lo cual resultó una idea de mierda.


Pero ¡¿qué cojones, Nam?!


Lo que quiera que llevaba la bebida bajó por mi garganta como fuego líquido y apenas si pude evitar ponerme a toser como un adolescente con su primer trago.


Namjoon sonrió de oreja a oreja y le dio un golpecito al vaso de plástico.


Lo necesitas. Pareces a punto de ponerte a reventar cristales o bocas, no estoy muy seguro de cual de los dos.


Le dediqué una mirada asesina antes de darme cuenta de que tenía razón.


¿Por qué demonios me sentía como si en cualquier momento fuera a salirme de mi propia piel? Estaba tenso como el infierno y muy inquieto. Los músculos de la mandíbula me dolían de tanto apretar los dientes.


Mi mirada voló de nuevo hacia el frente, directa al rostro de Jungkook. Había apartado un poco a la rubia, que no parecía demasiado feliz por eso, y charlaba con Hoseok. Y mientras escuchaba de fondo como Namjoon me instaba a terminarme la bebida, todo a lo que podía prestar atención era al modo en el que los labios del jodido rey del campo se abrían y cerraban mientras hablaba.


Por Dios, ¿qué mierda iba mal conmigo?


Me tragué el resto de la bomba de Namjoon con otro largo sorbo que me dejó atontado. Tal vez, en vez de emborracharme como un imbécil, tendría que haberme levantado, dar la noche por terminada e irme a casa. Pero, de algún modo, Namjoon se las arregló para mantener una charla banal conmigo, rellenar mi bebida una y otra vez y asegurarse de que, después de un rato, ya no me preocupase nada que no fuera conseguir mantenerme consciente y en pie.


Para cuando llegó la medianoche ya me sentía un poco más como yo mismo. Un «yo» borracho, eso sí, pero la tensión de mis hombros se había evaporado y volvía a reír mientras escuchaba los comentarios y las bromas de mi mejor amigo.


Por supuesto, Jungkook tuvo que elegir ese momento para acercarse a nosotros.


Me envaré sin poder evitarlo. Mi pecho se elevó cuando inspiré profundamente y la sensación de que mi piel me apretaba demasiado regresó aún con más intensidad que antes.


Tíos, me marcho. ¿Alguien a quien tenga que llevar? Jungkook enarcó las cejas y su mirada alternó entre Namjoon y yo. Jin hacía rato que se había perdido escaleras arriba con una chica bajita y morena.


Namjoon se rio como si Jungkook hubiera contado un chiste que solo él comprendiese, y me dije que había llegado la hora de que mi amigo soltase el vaso y dejara de beber, aunque no era como si yo estuviese mucho mejor que él. Dejé que mi espalda encontrara la pared tras de mí y eso me dio cierta estabilidad. La casa continuaba llena de gente: compañeros de clase, de equipo, hermanos de fraternidad, amigos de amigos… De algún modo, Hoseok siempre organizaba las fiestas más multitudinarias.


Tienes pinta de necesitar dormir la mona, Min señaló Jungkook, con una media sonrisa y esos putos ojos del color del cielo totalmente centrados en mí.


La bruma del alcohol se despejó lo suficiente como para que me diera cuenta de que estaba mirándole los labios de nuevo. Tenía el superior levemente más grueso y su boca lucía llena y suave. Su lengua salió y se humedeció el inferior, y yo contemplé el movimiento con una atención obsesiva.


Mi polla dio una sacudida en el interior de mis pantalones.


«Ah, no, eso sí que no», me dije, con algo muy similar al pánico trepando por mi garganta.


Tanto Jungkook como Namjoon me miraban a la espera de una respuesta y puede ser que yo empezara a balbucear incoherencias que ni siquiera recuerdo.


Cuando quise darme cuenta, Jungkook me estaba empujando a través de la sala en dirección a la salida.


El calor de su mano, apoyada en la parte baja de mi espalda, encontró el modo de traspasar la tela de mi camiseta y calarme hasta llegar a la piel.


Tropecé hacia delante en un intento de separarme de él y tomar algo de distancia, pero todo lo que conseguí fue estar a punto de besar el suelo y que Jungkook tuviera que sujetarme por los hombros.


Ese nuevo toque lo empeoró todo aún más. Se me aceleró el pulso de la misma manera en que siempre lo hacía cuando estaba a punto de iniciarse una nueva jugada en el campo y el latido de mi corazón reverberó en mis oídos hasta que ya no pude escuchar la música, las risas o las voces del resto de invitados.


Vaya, está claro que has aprovechado bien la noche, chico de oro.


Que se dirigiera a mí así me enfureció, pero también le hizo cosas raras a mi cuerpo, ya jodido de por sí. Mi estómago se apretó y me pregunté si iba a vomitar, y mi polla ya medio dura comenzó a hincharse y empujar contra la cremallera de mis vaqueros.


Miré por encima del hombro para encontrarme los fríos ojos azules de Jungkook observándome. Solo que ahora ya no eran fríos, sino que desprendían una calidez inesperada, y tampoco eran del todo azules; había pequeños destellos de verde salpicando la parte más cercana a sus pupilas.


Todo esto es culpa de Nam me defendí, aunque no me refería al hecho de que estuviera ebrio como pocas veces antes.


Namjoon había sido el idiota que nos había metido a Jungkoo en casa, justo en el dormitorio al lado del mío, al colgar el dichoso anuncio en la red online del campus. Y ahora yo tenía que lidiar con la mierda que el tipo me estaba haciendo. Como si no fuera a tener suficiente con verlo en cada entrenamiento en cuanto empezáramos la pretemporada.


No era la primera vez que miraba dos veces a un tío. Había tenido una breve… historia con mi compañero en la residencia durante el primer año de universidad, justo antes de que el curso llegara a su fin y todos volviésemos a nuestras casas para pasar las vacaciones. Ni siquiera recuerdo cómo había terminado con Jimin masturbándome y tampoco había querido pensar más en ello. Habíamos estado jodidamente borrachos y todo había sido un experimento, solo eso. O al menos era lo que había pensado hasta hoy, dado que después de Jimin no había vuelto a fijarme en ningún otro hombre ni a hacer nada similar.


Hasta ahora.


Hasta Jungkook.


«Bien, solo es el alcohol. Estás borracho y cachondo», me convencí a mí mismo, ignorando la parte en la que había estado pendiente de él durante las dos semanas que llevaba en el campus.


Vamos, Min. Llevemos tu mierda al coche. Quiero irme a dormir.


Lo dejé arrastrarme fuera de la casa y por la acera, aunque esta vez fui capaz de caminar por mí mismo más o menos y evitar sus toques.


¿Y la rubia? Parecía bastante interesada. ¿Y a mí qué demonios me importaba dónde estaba la rubia o por qué no se la estaba tirando?


Joder. Tenía que cerrar la boca.


Una risa suave, aunque cargada de malicia, llegó desde mi espalda. Me detuve para mirar a Jungkook. El aire fresco de la noche estaba obrando su magia y empezaba a ser capaz de pensar con algo de lucidez. No mucha. Pero al menos pude mantenerme erguido mientras giraba y le echaba un nuevo vistazo al capullo que tenía frente a mí.


El tipo era atractivo, eso seguro. Hombros anchos, brazos fibrosos y caderas estrechas, con un buen conjunto de abdominales al que puede que le hubiera echado un par de mis miradas de acosador cuando él iba sin camiseta por la casa. El pelo de un negro imposible le caía sobre la frente y se le enroscaba detrás de las orejas y en la nuca, despeinado y tal vez demasiado largo, y lucía una piel clara acorde con el tono pálido de sus ojos.


«Está tremendo», admití mentalmente, y acto seguido me horroricé ante el pensamiento.


Las cosas no mejoraron por el sur de mi cuerpo. Estaba claro que mi polla se había empeñado en que esa noche iba a tener algo de acción y no estaba recibiendo el mensaje de que Jungkook estaba fuera de los límites.


Sus cejas se elevaron y, una vez más, esbozó una media sonrisa arrogante. El imbécil ni siquiera necesitaba sonreír del todo para que pareciese que te estaba perdonando la vida, pero igualmente consiguió provocarme un estremecimiento.


Por Dios, ¿en qué me estaba convirtiendo? Parecía una jodida adolescente poniéndole ojitos al chico popular del instituto.


¿Te interesa dónde la meto y dónde no, Min? Porque te veo muy pendiente de mis movimientos.


Vete a la mierda, Jeon le espeté, al tiempo que le sacaba el dedo medio.


Fui a darle un empujón o a lanzarme sobre él, aún no estoy del todo seguro, pero mi coordinación no era exactamente la habitual, así que acabé tropezándome con mis propios pies. Su mano se cerró sobre mi muñeca, su otro brazo terminó enredado en mi cintura y su pecho presionó contra mi espalda.


Mierda.