1| Sumisión
Cuanto más pienso, menos entiendo
.
Me persigue la inquietud y el miedo de sentirme diferente a todos.
Casi no puedo conversar con los que me rodean.
No pude evitar querer remarcar esos pequeños párrafos mientras leía en completo silencio, eran tan ciertos y tan conectados a mí que parecía ser más una coincidencia que una realidad. Pero embargaban las más crueles de las realidades, era una conexión efímera con el libro y cada una de las palabras impresas en el papel, me volvía una con el libro y juro que podría leerlo una y otra y otra vez sin aburrirme en absoluto.
En una sociedad sucia y falsa era más las semejanza con un libro con un final trágico y corazones rotos, a uno de esos romances vainilla con los que al pasar el tiempo uno añora, pero llega el golpe con la realidad y todo con lo que posiblemente soñaste se va tal cual que los residuos cuándo bajas la llave del retrete. Entonces es justo ahí cuando la realidad te da un fuerte golpe diciendo » Felicidades desbloqueaste la verdadera realidad, adaptarte o serás devorada « y piensas muchas veces.
Un día te levantas y tu piel ya no es tuya.
Un día te levantas y tus ojos ya no son tuyos.
Un día te levantas y tu mente ya no es tuya.
Un día te levantas y tu nombre ya no es tuyo.
Un día te levantas y la vida ya no es tuya.
Claro que te asustaras un segundo y prestarás atención, verdaderamente, hacia los lados y aprenderás a sentir lo que posiblemente se vendrá para tu futuro, a lo mejor incierto.
Un suspiro cargado de melancolía salió expulsado de mi cuerpo, dejando cuidadosamente el libro sobre el escritorio de madera que se encontraba a un lado de mi habitación. Con toda la paciencia del mundo puse mis zapatillas y me dirigí hacia el espejo de cuerpo completo que estaba a un lado, acomode mis cabellos azules con los dedos e implante una dulce sonrisa.
Así, como cuando la melodía del corazón no tiene sentido.
Así, como cuando tus sentimientos ya no tienen color.
Así, como cuando estas frío en medio del infierno.
Así, tan paralizado que no sabes que sentir primero... Pero siempre con una sonrisa.
El timbre de mi celular suena cuando me llega la notificación de un mensaje, el cual es corto y muy preciso. Llegó a leerlo por encima y dejó para responderlo más tarde, a pesar de que el mensaje es de mitsuya.
Tengo la humilde decencia de colocar mi teléfono en silencio para salir de mi habitación y dirigirme al salón más grande de la casa.
Dos hombres me siguen a mis espaldas; Son los llamados "Hermanos Haitani" Ran y Rindou quienes van cuidandome como mi padre les asignó; dejo que lo hagan, que me sigan sin oponerme para no causar conflictos que me lleguen a perjudicar más adelante, al final todos tienen esa imagen sumisa de mí.
—¡Señorita Eiya!—
Presto algo de atención a Miyo, una de las mujeres de la servidumbre que se encarga especialmente a cuidar de los dos pequeños demonios que son mis hermanos menores.
-¡Sus hermanos no quieren obedecer y temo por lo que podría pasar si no están listos para la ceremonia.
Sus respiración es levemente agitada, aún así sólo me dirijo hacia el cuarto de los mellizos y entró sin cuidado, tal cual como perro por su casa.
—¡Eiya!—
sus gritos rápidamente me aturden.
—El jefe los regañara si no están listos. Vistanse por favor—
Soy capaz de articular esa breve oración mientras los vigilo para que obedescan.
Los traumados y sus cosas.
—Wuu Eiya ¿de verdad tenemos que ir?—
Chillan ambos pequeños.
—Hoy es un día importante para Suito, sería lindo que lo acompañaramos—
Continuó agachandome a su nivel con una pequeña sonrisa suave mientras ayudo a mi hermanita a abrocharse el vestido.
—Suito nii san es aburrido, prefiero quedarme a jugar—
Reclama Yotsuki mi pequeño hermano. Molesto mientras se acomoda un moño de broche.
—¡Si! Quiero quedarme a jugar—
Continua Norihime inflando sus mejillas.
—Será un evento rápido, cuando vuelvamos pueden jugar en el jardín—
Me levanto y me aliso el vestido negro el cual se ha corrugado un poco.
—Señorita la ceremonia terminará tarde—
Susurra el menor de los Haitani
—Su padre ordenó....
—Se que ordenó...—
Lo interrumpo con una pequeña sonrisa pasivo agresiva mientras encamino a mis hermanos a la salida —Esa orden no es para ellos—
Reclamo.
Miyo acompaña a mis hermanos por delante de nosotros mientras los toma de la mano. Los mellizos saltan mientras hablan emocionados sobre a que juegos subirán en cuanto llegue al parque sonrientes, lo que provoca una pequeña sonrisa en mi también.
—¿Ya tiene todo lo que necesita señorita?—
Ran interrumpe mis pensamientos mirando algo en su teléfono.
—¿Para ir a la ceremonia de sucesión de mi hermano? Que puedo necesitar más haya de mi presencia— Contesto en tono neutro.
—¿Puedes fingir estar feliz por el al menos?—
Responde Rindou mirando por la ventana molesto.
Puedo verlo de reojo pero no tengo interés en pelear con el ahora. Después de todo, si lo hiciera eso solo provocaría un regaño por parte del jefe
—Estoy feliz por el—
Me giro con una sonrisa dulce para encararlo lo que detiene nuestro avanzar
—Simplemente estoy algo cansada. Saben que no me gusta estar rodeada por tanta gente, solo es eso.
—¿Durmió poco anoche señorita?—
Pregunta Ran coqueto mientras toma mi mano para dejar un beso en la parte superior de esta.
—Podría decirse—
Sonrio y continuo con la caminata.
Miyo y mis hermanos ya se han alejado lo suficiente así que ahora solo nos encontramos nosotros 3 en el pasillo.
Estoy muy cansada de fingir que todo está bien. Y pensar "está bien" sin que no todo esté bien, hay días que sólo quiero derrumbarme porque llevo mucho tiempo cargando con el peso de una vida que no estoy convencida de haber elegido.
Mi padre ha sido jefe de una de las organizaciones más grandes que existen en la Yakuza dentro de Roppongi desde que tengo memoria; la llamada "Loto negro".
Recuerdo que cuando era pequeña no entendía por que los otros niños no querían jugar conmigo y es que mi padre realmente es muy intimidante al igual que mi hermano mayor Suito.
•••
Mis hermanos suben a una de las antonegras en conjunto a Miyo, mientras tanto yo me dirijo a mi auto, justo al asiento trasero, Ran toma el asiento del piloto mientras Rindou sube al asiento del copiloto.
Dos perros falderos, demasiado leales cuando se lo proponen, pero bastante peligrosos.
Todo el camino reviso mi teléfono y veo por la ventana polarizada, admirando todo Roppongi y su gente.
Ojalá tener la vida de cualquier de ellos, las personas se movilizan tan tranquilas y sin tener idea de los actos tan brutales y maquiavélicos que ocurren en el bajo mundo.
Me encantaría vivir en su ignorancia.
Los hermanos no hablan en todo el camino, y lo prefiero así.
Cuatro antonegras nos siguen "disimuladamente" a la iglesia en donde se llevan a cabo este tipo de eventos.
Como puedo controlo mi expresión disimulando mi ceño fruncido y aligerando la tensión en mi rostro.
Ese venenoso no es apto para ser un sucesor, no es apto para llevar una carga tan grande como es la del clan.
Más adelante vislumbra la impotente iglesia, que hace ilusión a haber sido construida con piedras; la enormes puertas de madera brillantes por el esmalte que las cubren, flores que parecían caer, y a los lados de la iglesia pequeños lagos con flores de loto, algo muy característico.
Los haitani se estacionan y se apresuran a bajarse, rindou es el que se encarga de abrir mi puerta.
Lo ignoro disimuladamente para no tener una conversación que probablemente terminé con él enojado.
Mis pisadas mueven las piedras pequeñas que hacen un pequeño camino hasta la iglesia, la camioneta en donde mis hermanos se encuentran se estaciona y ellos bajan serios, tal y como les enseñe, con la cabeza en alto, y con mirada fría, aunque eso no quita que se vean adorables, caminan hasta llegar a mi lado sin decir nada, y aunque parezca extraño su comportamiento saben que estaremos frente a nuestro jefe, y el terror que los dos le tienen es incomparable.
Se mantienen detrás de mí, mientras abren las inmensas puertas de madera haciendo eco en toda la iglesia, los presentes se ponen de pie y al verme inclinan sus cabezas así como al ver a la familia perteneciente a él clan del loto negro; desde los rangos inferiores hasta los superiores se arrodillan con ahínco, mostrando su respeta hacia su realeza, sigo mi camino por la alfombra que decora el centro de la iglesia hasta el altar principal, al final el altar adornado por las más bellas flores es en donde se encuentra Suito; su mirada derrocha poder y una sonrisa que cambia a una de superioridad cuando me ve, como es el ritual los mellizos y yo
bajamos la cabeza ante él, demostrando la sumisión y la lealtad.
Sumisión y lealtad del mismo tamaño de mis huevos.
Los haitani en algún momento se apartaron de nuestro lado, y Miyo se sentó en bancas del lado izquierdo con los mellizos, yo, por mi parte busco asiento en el lado derecho.
Maldita sea, lo más probable que el jefe me recrimine que llegu
é
tard
e.
Las primeras dos filas, se encuentran llenas con los socios y familiares de ellos.
¿Acaso no podían sentarse atrás?
Busco con la mirada rápidamente a Hakkai, mi compañero de puestos en cada evento, ya que somos los segundos a cargo, al menos de los hijos.
Lo busco y sólo encuentro a Taiju, su hermano mayor, el cual disimuladamente me hace señas para que me siente a su lado.
Respiro profundamente y de manera muy silenciosa, espero que en los baños los lavamanos estén muy bien hechos porqué si este día, sigue como va, probablemente me lance del lavamanos.
Camino como me enseñaron en etiqueta, casi modelando.
Estaba buena y lo sabía, las miradas de alguna forma estaban puestas en mí.
Paso a su lado, y tomó asiento, trato de verlo disimuladamente y evitar, que me hable al igual que Rin- Rin. Taiju se encuentra vestido del mismo tono de gris que yo e inconscientemente parece que estamos vestidos para encajar.
Ojalá cuando salga lo arrolle un auto...
—Buenos días Eiya chan—
Saluda con una pequeña sonrisa en voz baja.
Maldigo mentalmente pero aun así me digno a sonreír y a contestar.
—Buenos días Shiba san—
Murmuro para luego dirigir la mirada al frente intentado finalizar la conversación.
—Déjeme decirle lo hermosa que luce el día de hoy.
Mi vestido es straples por lo que deja mi pronunciado escote a la vista al igual que mi pierna izquierda, la cual es expuesta por una de las averturas del vestido lo que más que obvio el echo de hacia donde esta mirando el jefe de la familia Shiba.
—Gracias, también se ve muy alegando Shiba san—
Apenas volteó un poco para verlo sin mucho interés aunque parece que el esperaba esta platica desde hace tiempo.
—¿Te gusta Eiya chan? Le pedí a mi sastre que hiciera este traje especialmente para hoy.
¿No te cansas de hablar?
—Es bastante bonito...—
Al terminar esa frase puedo sentir como los bellos de mi nuca de erizan echo que solo puede significar una cosa.
—¡Todos de pie para recibir al jefe Kokuren san!—
Llama uno de los guardias del jefe a lo que todos los presentes obedecen poniéndose de pie para luego inclinarse en señal de respeto.
Mi postura mira al frente y sin embargo puedo ver de reojo como mis pequeños hermanos intentan mantener la postura ante el terror de tener a alguien así al lado.
—Bienvenido Kokuren san, lo esperábamos—
Saluda un hombre canoso sobre el altar junto a Suito.
Ese tipo es el padrino Miyamoto, el es padrino de Suito y mio así como el mejor amigo y socio del jefe.
—Quiero agradecerte a ti Miyamoto san...
El jefe pasa de largo lo que hace que nos puedamos sentar nuevamente. Eso ayuda un poco a mi agitado corazón aunque no tanto a mi estomago pues tan solo de ver a esos 3 al frente puedo sentir mi sangre arder por el odio.
—Pensé que te desmayarías Eiya chan, te pusiste muy blanca hace poco— Se burla Taiju a lo que solo respondo suspirando mientras pongo los ojos en blanco intentando que nadie me vea. Aveces es inevitable supongo.
—Yo pensé que me sentaría junto a Hakkai kun—
Contesto con una pequeña sonrisa aun en voz baja.
—Ah eso, esta resfriado así que lo mande a sentarse del otro lado del aire acondicionado.
Tremenda escusa, ¿Realmente este es el jefe de los Shiba?
Sonrio mientras giro la cabeza lentamente para hacer notar que el aire acondicionado en realidad esta del otro lado de las bancas.
Incluso puedo ver a Inupi temblando pues no es muy fan del frío.
—Cuando las personas tienen fiebre les recetan estar en lo fresco—
Se excusa Taiju con una sonrisa victoriosa.
—Creí que era un resfierado—
Me burlo lo que quita esa sonrisa al instante.
—Si bueno...
—La ceremonia esta por comenzar—
Señaló llevando uno de mis dedos a mis labios en señal de silencio.
—Amigos, Socios y familia, es para mi un honor que nos acompañen en día de hoy en la ceremonia de sucesión de mi primogénito Kokuren Suito— Señala el jefe mientras toma a mi hermano de los hombros con orgullo
—A partir de hoy el será quien lleve el mando de la organización "Loto negro".
Respiro justo como mi terapeuta me enseñó para intentar ocultar mi expresión de rabia pues debería ser yo quien este parada frente a todos.
Yo soy la más indicada para este cargo y aun así el "venenoso" se lo lleva solo por nacer antes...
Los asistentes aplauden incluidos nosotros pues de no hacerlo seguramente nos llamarían la atención con una bonita bala entre las cejas por un "insulto" como ese.
—Es un verdadero placer para mi poder verlos a todos aquí para mi sucesión; Así que como el nuevo jefe del clan les prometo llevarnos a la cima del mercado....
Las palabras siguen saliendo sin parar; no es una sorpresa para nadie que Suito ama hablar de si mismo.
Solo callate rápido. Quiero ir a casa para quitarme estos putos tacones y darme un baño de burbujas..
El toque casual de una mano aspera me libera de mis pensamientos así que bajo la mirada para encontrarme con que Taiju tiene su enorme y venosa mano sobre mi pierna expuesta mientras me mueve disimuladamente.
—Que dem...
—También quiero agradecer a mi linda hermanita Eiya—
Señala Suito así que de inmediato dirijo mi vista hacia el.
Parece que estuve sonriendo y mirando al frente durante 7 minutos y algo, mientras me hablaba casi en estado automático.
—Se que cuando te cases con un hombre pudiente harás que nuestro negocio continúe prosperando— Eso obviamente fue en tono de burla. Aun así solo sonreí dulcemente e hice una pequeña reverencia en mi lugar.
Si pudiera te mataría justo ahora
.