Cartas de un Soldado Caído

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Sinopsis

Un joven soldado es forzado alistarse para ir a la guerra, dejando a su amada, sus amigos y su familia atrás. Vivir o morir. Esa es la regla. A sabiendas que todo puede pasar en el campo de batalla, este soldado escribe en cortas cartas su experiencia, y en un desafortunado acontecimiento, su vida cambia para siempre. A veces amar duele más que morir. Y sus cartas son un doloroso recordatorio de toda una vida que dejó atrás para servir a su país. ¿Podrá volver? ¿Podrá amar? ¿Podrá vivir?

Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1: Un Motivo Para Vivir

La primera vez que la vi supe lo que era amor. Mi corazón latió tan fuerte como las campanas de la iglesia, y tan rápido como un corcel en carrera; la suave brisa que alborotaba su castaña melena me recordaba a las bellas flores que caían en primavera. Su sonrisa... tan suave y sutil que recordé el sonido del río: fluyente, atractivo, risueño y relajante. El verde de sus ojos son como hermosas esmeraldas recién pulidos. Sus mejillas sonrojadas, y esas pecas alrededor de su nariz me parecieron sensuales e inocentes. Ella es una obra de arte y yo soñaba con conocer al artista.


Me quede mirando como reía mientras conversaba, con las que supuse, eran sus amigas; la manera en que sus blancos y brillantes dientes deslumbraban y esa tímida risa que a duras penas se escuchaba. Ella es hermosa como un ángel.


¿Quién era ella? ¿Y cómo es que nunca antes la había visto?


Distintas preguntas se arremolinaron en mi cabeza pero las dos más importantes permanecieron latentes a la espera de una respuesta que no sabía si llegaría, al menos no esta noche. Lo único certero es que ella era realmente hermosa, era la mujer más atractiva que había vistió en mi vida, y he de decir que he visto a un montón de damas pasar delante de mí y ninguna había captado mi atención... ninguna...hasta ahora.


¿Cómo describirla? Ella era elegante, con gracia, carismática, hermosa, educada y amable ¿Qué más se podría esperar de semejante dama? Era la clara definición de lo que es una mujer perfecta. El solo hecho de pensar en ella, de verla reír, de observarla bailar a los lejos, me infundieron ganas de conocerla, quería conocerla. Y por mi madre que la iba a conocer.


Me acerqué con cautela y en mi camino hasta la joven señorita, tome una rosa que estaba en una de las mesas como decoración, me llene de valor y le hablé.


Admito que no estaba preparado para escuchar su voz, mis manos sudorosas, temblaban y delataban mis ya notorios nervios. Ella rio y se presentó. Hasta su nombre era hermoso ¿cómo alguien puede ser tan perfecto?


Katherine.


Suspiré y con cariño y el corazón de un ángel acepto mi humilde rosa. Me perdí en su mirada, de cerca sus ojos son mucho más impresionantes, como dos enormes lunas. Preciosa.


Conversamos, mucho. Y cada palabra que salía de sus delicados labios, me atraía más a ella; imagine que ella era un imán y yo un pequeño clavo de acero que no podía negar la atracción que sentía. Acepto gustosa mis cumplidos y aunque no eran más que pequeños halagos, temí que me fuera a odiar. Ella fue tan amable conmigo que no pude evitar llenar mi corazón de esperanza, de amor, y de fe hacia la humanidad. Aun, en este mundo de mediocres y egoístas, existían personas por la que valía la pena vivir.


Ella era una de esas personas.


Y yo estaba más que dispuesto a vivir si ella estaba en este universo, en esta tierra, en este pequeño pueblo. Porque conocer personas así, llenaba mi corazón de felicidad.


Durante el resto de la noche baile con ella, hablamos y la conocí, y me di cuenta que era una persona con maravillosos pensamientos, un tanto indescifrable, y con un enorme y bondadoso corazón. La belleza física que reflejaba, no era más que un espejo de lo que había en su alma. Y la amé, en ese instante la ame.


Quizás la vida se vuelva difícil en algunos momentos, quizás creas que no vale la pena vivir, pero siempre habrá una razón por la que ser fuerte, por la que superarse, por la que luchar y salir adelante. Siempre habrá un motivo para nunca rendirse. Y yo acababa de encontrar ese motivo y se llamaba Katherine.

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