Capítulo 1
–¿Por qué siempre tengo que hacerlo?
Mi hermano me miraba con aquella ya conocida y amplia sonrisa.
–Sabes que si no es contigo mamá no me deja salir.
–Ya eres mayor de edad Nick, ¿por qué no simplemente te vas de la casa y te independizas?
Se desabrochó el cinturón de seguridad y volvió a mirarme.
–Porque a diferencia de ti, Sun, yo no sé freír ni un solo huevo.
–La inutilidad no es una excusa.
Me despeinó el cabello con molestia.
–Por una vez en la vida deja de ser tan aburrida y entra conmigo.
–Antes muerta que volver a poner un pie en ese lugar.
Me puse los audífonos y me crucé de brazos.
–Te espero aquí –aseguré – Como siempre.
Nick me sonrió, bajó del coche y lo vi desaparecer cuando cruzó por la puerta de aquel local.
–Moon… – susurré leyendo el enorme letrero neón del club.
Moví la cabeza, sin comprender por qué a algunas personas les gustaba perder el tiempo en lugares como ese.
Me estaba perdiendo en la canción que sonaba en mis auriculares, cuando algo captó mi atención. Miré en el espejo retrovisor y vi a Tina, pero de repente un chico se le acercó y la besó, dejándome completamente desconcertada.
¿Tina...?
Se mantuvieron al menos un minuto entero toqueteándose y besándose sin control. Aquella imagen me llenó de mucho asco, asco que no tardó en transformarse en decepción.
Tina ha sido la novia de mi hermano durante más de tres años; es como parte de la familia. No podía creer lo que estaba viendo. Cuando terminaron, los vi entrar al mismo club donde se suponía que estaba mi hermano.
No podía dejarlo pasar. Me quité los audífonos, salí del coche y crucé la calle, esperando y rogando que el guardia de seguridad me dejara entrar.
–Solo mayores de edad, Sun –sentenció en cuanto me vio.
Lo miré con desesperación.
–Solo será un segundo, Bruno, lo prometo –Le dije al amigo de toda la vida de papá.
–¿Tus padres saben que estás aquí?
–No, pero…
–¿Debería llamarlos?
–¡No! –solté de inmediato.
Lo vi llevarse una mano a la frente mientras sacudía la cabeza.
–Es Nick, ¿verdad? Otra vez te está dando problemas.
Asentí, sabiendo que era la única manera de entrar y encontrar a mi hermano.
Ya había hecho algo similar antes, cuando Nick no salía y ya eran más de las cuatro de la madrugada. Recuerdo cómo mamá nos regañó a los dos por desobedecer. Desde entonces, Nick se volvió un poco más ‘responsable’, por decirlo de alguna manera.
–Está bien, pasa, pero apresúrate. Si tu padre se entera, diré que te colaste.
–Gracias –dije mientras entraba.
El lugar era como lo recordaba, aunque con una temática diferente. Era grande, con mucha gente y la música sonaba tan fuerte que retumbaba en mis oídos. El bar estaba al fondo del bullicio; el local tenía dos pisos: el primero para el público en general y el segundo solo para VIPs.
Claramente, mi hermano y sus amigos estarían en el primer piso. Me abrí paso entre la multitud y, justo cuando estaba a punto de rendirme, los encontré.
–¡Nick! –grité, pero no me escuchó–. ¡Permiso, lo siento! –seguí empujando a la gente–. ¡Perdón! –me disculpé una vez más–. ¡Nick!
–¡¿Sun?! –soltó viéndome confundido– Pero, ¿qué haces aquí?
–Tengo algo que decirte.
– ¡Qué! ¡Más fuerte, no te escucho!
– ¡Tenemos que hablar!
– ¿Sun?
Tina se lanzó hacia mí, y el olor de su perfume me provocó náuseas al instante.
–Cariño ¿Qué haces aquí?
Me separaré de ella de inmediato. Aquella patética actuación de niña buena me molestaba.
–Nick, podemos hablar –insistí.
–Ahora no, Sun, nos estamos divirtiendo.
–Pero…
–Vamos Sun ¡diviértete un poco! –Me animó Teo, uno de los amigos de mi hermano.
Intenté sonreírle, pero no me salió. En lugar de eso, fui a sentarme en una de las sillas frente a la barra, tratando de pensar cómo contarle a mi hermano lo que había visto hacía solo unos minutos.
Después de mucho rato, Nick se acercó a mí con un vaso en la mano, ofreciéndomelo.
–Toma.
– ¿Qué es? – dije cautelosa.
–Es solo agua, deja de ser tan desconfiada.
Tomé el vaso entre mis manos.
–Gracias –sonreí con poco ánimo– Nick.
Lo llamé antes de que se fuera. Su sonrisa, tan parecida a la de mamá, me estrujó el corazón.
–¿Qué...?
–Nada, diviértete –Eso fue lo único que le dije antes de verlo irse y unirse a su grupo de amigos.
No sabía cómo decírselo ni si me iba a creer, pero no iba a permitir que alguien lastimara a mi hermano. Ya encontraría una manera de decírselo.
Después de una hora más, mi deseo de irme de allí creció aún más.
–Un Gin-tonic por favor.
–Claro que sí.
Miré al hombre a mi lado con curiosidad. Nunca lo había visto antes, y eso fue suficiente para captar mi atención.
–Hola –saludó con una sorprendente confianza.
–Tú no eres de aquí.
Sonrió.
–Vaya, esa sí que es una buena forma de romper el hielo.
–Perdón, hola –respondí a su saludo– Pero tú no eres de aquí –insistí.
–Hablas como si conocieras a todos en este lugar.
Sonreí mientras asentía distraídamente.
–Es que sí los conozco –admití, algo avergonzada, y él me miró confundido– Es un pueblo muy pequeño –aclaré.
– ¡Ah! Claro…
–¡Sun! Ya es hora de irnos –Nick apareció.
–¿Ya te vas? –preguntó el chico a mi hermano en cuanto se acercó a nosotros.
–Sí, pero nos vemos mañana en el partido ¿Irás verdad?
–Claro que sí.
Nick bajó la mirada hacia mí y me sonrió.
–Ya vámonos, Sun, ya es tarde. Mamá se pondrá furiosa si…
–Sí, sí, ya lo sé. Pero fue tu idea venir aquí en primer lugar –le respondí mientras me dirigía hacia la salida.
Ya en el auto, camino a casa, me animé a hacer la pregunta.
–¿Lo conoces? –solté.
–¿A quién?
–Al chico nuevo.
–¿A qué chico nuevo?
–Ash –solté frustrada– No deberías de conducir si estás ebrio.
–¡Entonces hazlo tú! –refutó.
–No puedo –Me crucé de brazos–, aún me faltan dos meses para ser mayor de edad.
–¿Y qué? Tú ya sabes conducir, incluso lo haces mejor que yo –siseó y yo sonreí.
–Dices cosas que nunca dirías si estuvieras consciente.
–Estoy consciente –aclaró.
–Entonces dime ¿Quién es ese chico? –volví a insistir.
–¿Quién? ¿Hablas de Everett?
–¿Everett? –dije confundida– Nunca escuché ese nombre.
–En realidad es su apellido…
–Como sea –interrumpí– ¿De dónde se conocen?
Giramos en una esquina antes de llegar a casa, y lo animé a que me respondiera.
–Era mi amigo en el colegio hasta que se mudó –dijo al fin–, de eso ya habrán pasado unos diez años.
–Diez años –repetí –. Hace diez años tenía siete ¿Por qué no me acuerdo de él?
Nick me sonrió.
–Porque no puedes acordarte de todo en esta vida, Sun. Algunas cosas solo se olvidan.
Me distraje pensando tanto que no me di cuenta de que ya había aparcado frente a nuestra casa.
–Pero si tanto te interesa puedes preguntárselo a Nathan.
–¿Qué tiene que ver mi amigo en todo esto? –cuestioné.
Y Nick volvió a sonreír como si le divirtiera verme confundida.
*
–¡¿Tu hermano?! –solté desconcertada.
Nathan me miraba mientras se limpiaba la arena de los pies.
–Sí…
–¿Por qué nunca me dijiste que tenías un hermano?
–Porque no lo consideré necesario –respondió como si se tratara de algo obvio– Además, no somos hermanos de sangre. Su padre se casó con mi mamá hace años, y cuando él murió, mamá insistió en que nos tratáramos como hermanos
–Pero lo son –aclaré.
–No, sí... ¡agh! –Se masajeó el dorso de la nariz– Es complicado.
–¿Y qué hace aquí?
–Mamá dice que vino solo por las vacaciones.
–¿Entonces estudia fuera?
–Sí, en la ciudad –Me miró fijamente– Ciudad que está a más de 10 horas de aquí.
–Ah…
Fingí no escuchar su clara advertencia. Desde que terminé el colegio, mi único deseo ha sido escapar de este lugar tan pequeño.
Solo quería ver otros lugares, conocer gente nueva y vivir nuevas experiencias, cosas que sabía que no lograría si me quedaba aquí.
–Entonces ¿Nos vamos? –dijo sin dejar de mirarme.
–Sí, solo iré por mi mochila.
Nathan asintió y me dirigí a su casa. Era un lugar muy acogedor, especialmente porque había pasado un sinfín de cumpleaños allí. ¿Quién no quiere un cumpleaños frente al mar?
Al entrar, me llevé un gran susto al ver a su hermano levantando una mancuerna en la pequeña sala.
–Hola –saludó y yo asentí.
–Hola.
Fui a la cocina a recoger mi mochila y, de regreso, la curiosidad me invadió. No pude evitar preguntar.
–¿Y cómo es?
Él me miró pensando que tal vez había escuchado mal.
–¿Cómo es qué?
–Allá afuera –aclaré y pareció comprenderlo.
–¿La ciudad? –Me miró con diversión y yo asentí –Depende.
–¿Depende de qué?
–Depende de a lo que vayas –Bajó la mancuerna y tomó un gran trago de agua– Si vas a estudiar, tu vida se vuelve una rutina, vas de tu casa a la universidad y de la universidad a tu casa, pero si tienes suerte y los trabajos se te acumulan pasarás más tiempo en la universidad que en tu casa.
Capté la ironía en todo eso.
–Pero si vas de turista todo es mejor –añadió–, la vida se pasa en noches de fiesta y sexo sin control, y resacas inevitables al día siguiente.
–¿Y por cuál de las dos opciones estás allá?
Sonrió volviendo a tomar la mancuerna.
–Por ambas.
–¡Sun!
Escuché el llamado de Nathan desde afuera.
–¿Sun es diminutivo de...?
–Sunshine –murmuré tratando de esconder mi vergüenza.
–Tus padres tenían mucho tiempo libre
Asentí.
–Eso creo o un odio irremediable por ‘Little Sunshine’ –Él me miró confundido– No me digas que no has leído el libro.
–No, pero me sorprende que haya un libro con ese nombre ¿tuvo éxito?
–Claramente no, por eso mis padres lo odian tanto. Se podría decir que su pequeño y secreto fracaso literario.
Él me sonrió una vez más.
–¿Y tú eres de aquí? –preguntó curioso.
–¿Me ves con cara de haber salido alguna vez de este pueblo si quiera?
Negó arrugando la nariz.
–No, pero eres muy blanca como para haber vivido toda tu vida en un pueblo a las orillas del mar.
–Ah… eso –bajé la cabeza– La respuesta es muy obvia.
–¿Y cuál es?
–Es que casi nunca salgo de casa, no me gusta el sol.
Su risa resonó en toda la casa antes de que volviera a mirarme.
–¿Te llamas Sunshine y no te gusta el sol?
–Lo sé, es irónico ¿No? –dije patética.
–No, es curioso.
El silencio se rompió con el sonido de la puerta abriéndose.
–Sun, ¿hasta qué hora vas a hacerme esperar...? –Su voz se fue apagando a medida que sus ojos se encontraron con los de su hermano– Brax, mamá dice que el almuerzo está en la nevera.
–¿A dónde irás?
–Almorzaré en casa de Sun –Nathan me miró– Vámonos.
Asentí y lo seguí, pero no sin antes voltear para despedirme de su hermano con un gesto de la mano. Él respondió con un asentimiento de cabeza y fue suficiente para que sonriera.
¡Hola¡ Gracias por darle una oportunidad a mi primera historia aquí en Inkitt :3
Me gusta mucho escribir y espero poder transmitir mucho a través de esta plataforma.
¡Gracias una vez más!
-XideVill-