CAPÍTULO 1
Por favor, dejen sus comentarios. No duden en criticar o dar su opinión, ya que soy nueva escribiendo esta historia.. 🫶
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LUNA
¡La vida es muy divertida con mis dos pequeños que no paran de pelearse por un juguete! Por un puto juguete.
A veces me dan ganas de tirar el juguete a la basura para que mis hijos se lleven bien sin pelear. Pero sé que tirar el problema no significa que este desaparezca. Tenemos que resolver los problemas, no deshacernos de ellos.
—Niños, ya basta. Mads, devuélvele el juguete a Ethan. No puedes quitárselo sin pedirle permiso.
—¡Ay...! ¡¡Mami!! Mads es una salvaje; me volvió a morder.
Pobre Ethan...
No sé si soy solo yo o si a otras madres les pasa lo mismo. Mi hija es un poco tremenda. Es mucho más bruta que mi niño.
—¡Madelyn...! Por Dios, tienes que pedirle perdón a tu hermano. Por favor, trátense con cariño. Ethan, deja que te vea la herida.
Así es mi aburrida vida de todos los días. Bienvenidos a mi mundo, donde la rutina es siempre la misma. Lo llamamos maternidad.
Llevo unos seis años casada con mi guapísimo marido, Dominic. La semana que viene cumpliremos nuestro séptimo aniversario.
Todavía recuerdo la primera vez que lo vi en la oficina. Trabajábamos juntos y él era mi jefe. Era un jefe muy sexy. Jamás imaginé que me convertiría en su novia y, ahora, en su esposa.
Sigue estando muy bueno y es guapísimo. Es el padre perfecto para mis hijos y ha envejecido como el buen vino.
En aquel entonces, yo era su secretaria y su mano derecha. Todo el mundo sabía que mis habilidades en el trabajo eran increíbles. Era una persona multitarea que lo hacía todo bien y aprendía rápido. Me convertí en su asistente a los 23 años. Él tenía 35 en ese momento.
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♡Flashback♡
Hoy es otra tarde ajetreada en la oficina.
—Luna, búscame en mi despacho después de esta reunión —me dice el Sr. Campbell de repente. Llevo dos meses trabajando aquí. Cada vez que me llama a su oficina, siento que he hecho algo mal.
Impone muchísimo respeto.
—Sí, señor —le respondo.
Después de una larga reunión de 30 minutos, lo veo entrar en su despacho y lo sigo de inmediato. Me quedo de pie frente a su escritorio, muy nerviosa.
—Luna, siéntate, por favor. No muerdo —me ordena.
Nunca me ha gustado mirarlo a los ojos. Sus ojos me dan timidez y me ponen nerviosa. Por eso, mantengo la mirada baja.
—Está bien. ¿Hay algo que quiera que haga, señor? —le pregunto.
—No, solo quiero hablar contigo. ¿Estás libre esta noche?
—Ehm, sí, estoy libre esta noche, señor.
—¿Puedo invitarte a cenar?
¡Qué fuerte!
¿Es una cita? ¿Por qué me invita a cenar?
No, me estoy haciendo películas. Quizás sea solo una cena de negocios.
—Eh... ¿alguien se va a enfadar? ¿Está... ya está casado, señor? —le pregunto.
Él se ríe de mi reacción. ¿Es que mi pregunta ha sido rara o algo así?
—¿Dónde has oído que esté casado, Luna? Esto es muy gracioso. Tener 35 años no significa estar casado. Estoy soltero y sin compromiso —responde él.
—Lo siento, señor. Pensé que ya estaba casado o algo así. No quiero que nadie me grite por ir a cenar con usted. No sabía nada de su vida. En los artículos solo sale su nombre y su edad —explico yo.
—Me gusta mantener mi privacidad. Entonces, ¿quieres venir conmigo esta noche? Así podrías conocerme mejor.
—Está bien, señor. Iré a cenar con usted.
Después de eso, vuelvo a mi escritorio y me pongo a trabajar de nuevo. Organizo su agenda y muchas cosas más. Sin embargo, no puedo concentrarme. No dejo de mirar el reloj, muerta de los nervios. Nunca imaginé que me pediría salir.
El tiempo vuela y ya son las siete de la tarde. ¿Habrá terminado ya el Sr. Campbell su trabajo?
Empiezo a recoger mi escritorio. Cojo mi abrigo y las llaves, lista para ir a cenar con el jefe. Justo cuando me doy la vuelta, me choco contra su pecho. ¡Dios mío! Mi mesa está justo frente a la puerta de su despacho. No lo oí salir.
—Lo siento, señor —suelto de golpe. Mierda, no sabía que estaba ahí detrás.
—No pasa nada, vámonos.
Me toma de la mano y me lleva a su coche. Dios, siento mariposas. ¿Esto está pasando de verdad?
El trayecto es corto. Me lleva a un restaurante cercano llamado The Meat Palace, que es una churrasquería. El camarero nos toma nota y aquí estamos, mirándonos con timidez. La última vez que tuve una cita fue hace unos dos años. Mi ex rompió conmigo después de graduarnos en la universidad y no volví a salir con nadie más. Ya no sé ni cómo sacar conversación.
—Bueno, Luna, ¿qué tal el trabajo? ¿Tienes alguna dificultad trabajando conmigo? —pregunta el Sr. Campbell, rompiendo el silencio.
—No, señor, no tengo ningún problema trabajando con usted.
Claro que me gusta. Tengo la suerte de trabajar con un jefe guapísimo. Eso me dice mi subconsciente. Y cuánta razón tiene.
—No hace falta que me llames señor o Sr. Campbell cuando salgamos así. Solo dime Dominic.
—Vale, D-Dominic.
Mierda, se me hace rarísimo llamarlo por su nombre.
Hablamos un poco sobre nuestras vidas. Resulta que lleva un año soltero. Su madre no deja de presionarlo para que busque pareja y se case pronto. Pero ninguna de las chicas encaja con lo que él busca. La forma en que cuenta su vida es tan educada que me tiene embelesada. No da tanto miedo como en la oficina.
Al terminar la cena, me lleva a un club cercano llamado Upstage.
Dios, de cerca es todavía más guapo.
Dominic me pide que bailemos. Me encantan los hombres así de atractivos. Me agarra por la cintura mientras bailo a su alrededor. Se me quita la timidez en un segundo. La música y el alcohol hacen que los nervios desaparezcan de mi cuerpo.
Nos lo pasamos muy bien juntos...
Los dos bebemos mucho. Yo estoy tan borracha que no entiendo cómo él logra mantenerse sereno.
—Ya es tarde, cielo, y mañana tenemos que volver a trabajar. Deja que te lleve a casa. ¿Cuál es tu dirección? —me dice Dominic.
—Yo... ehm... no lo sé, señor —me río y le rodeo el cuello con los brazos, moviéndome como una loca a su lado.
—Has bebido demasiado. De acuerdo, ¿puedo llevarte a mi ático? —vuelve a preguntarme.
—Sí, señor.
Sé que mañana me arrepentiré cuando se me pase la borrachera. Pero ahora mismo todo me parece muy divertido, así que me dejo llevar. Voy a pasar la noche con mi jefe guapísimo.
♡Fin del flashback♡
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—Mami, quiero un elado —la petición de Madelyn me devuelve a la realidad.
—Está bien, pequeña. Ethan, ¿tú también quieres helado?
—Sí, mami.
Miro el reloj y me doy cuenta de que son casi las cinco de la tarde. Es hora de empezar a preparar la cena. Dominic suele llegar a casa a las seis o a las siete.
Después de mi embarazo, él insistió en que me quedara en casa y no fuera a trabajar. Siento que esto es lo mejor para mis hijos. Así puedo seguir cuidándolos, enseñándoles y estando con ellos.
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¿Y bien, qué les parece?
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