SÍNDROME DE ESTOCOLMO

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Sinopsis

Esto no es un romance... R U N E Es el momento. Sé que esta vez es el momento. La he observado lo suficiente como para saber que ella es la elegida. Selene Reyes. Su nombre se desliza por mi lengua como miel de un tarro, dulce y adictivo. Mi pequeña luna. Esta vez, sin duda será la última. Las otras mujeres simplemente no fueron lo suficientemente fuertes, les faltaba el corazón necesario que a mí me falta. Pero estoy seguro de que ella tiene lo que hace falta. Me encargaré personalmente de ello. Me pongo la máscara; el plástico frío y sólido acaricia mi piel solo en el lado izquierdo. Siento su peso en mi rostro, el sonido amortiguado de mi propia respiración en mis oídos. A través de los orificios para los ojos, diviso cómo se encienden las luces de su casa, proyectando un resplandor cálido a través de las ventanas. La anticipación crece dentro de mí mientras la imagino ahí dentro, ajena a mi presencia. Es primero de octubre, el día en que finalmente podré llevarme a mi pequeña luna a casa.

Estado:
Completado
Capítulos:
45
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4.9 16 reseñas
Clasificación por edades:
18+

BLURB

R U N E

Esta es la elegida.

Sé que esta vez es la definitiva.

La he observado el tiempo suficiente para saber que ella es la indicada.

Selene Reyes. Su nombre resbala por mi lengua como miel de un frasco, dulce y adictivo.

Mi pequeña luna.

Esta vez, sin duda será la última. Las otras mujeres simplemente no eran lo suficientemente fuertes; les faltaba el corazón que a mí me hace falta. Pero confío en que ella tiene lo necesario. Me encargaré personalmente de ello.

Me pongo la máscara; el plástico duro y frío acaricia mi piel solo en el lado izquierdo. Siento su peso sobre mi rostro y el sonido ahogado de mi propia respiración en mis oídos. A través de las cuencas, veo cómo se encienden las luces de su casa, proyectando un brillo cálido y misterioso a través de las ventanas.

La anticipación crece dentro de mí al imaginarla ahí dentro, ajena a mi presencia. Es primero de octubre, el día en que por fin podré llevarme a mi pequeña luna a casa. Las sombras danzan en las paredes, susurrando secretos de lo que está por venir. El aire está cargado de un presentimiento, como si la oscuridad misma estuviera esperando el desarrollo de mi siniestro plan.

Cada paso que doy hacia su puerta se siente como un paso más hacia una pesadilla retorcida. El silencio de la noche solo se rompe por el sonido de mis pisadas, que resuenan de forma ominosa en las calles vacías. Mi corazón late con fuerza en el pecho, un ritmo constante de anticipación y emoción, alimentado por una oscuridad que me consume.

Mientras me acerco a la entrada principal de su complejo, un escalofrío me recorre la espalda. La máscara, mi disfraz, se convierte en algo más que una barrera física. Es el símbolo de mi verdadero yo, la encarnación de mis deseos más oscuros. Detrás de ella, me transformo en algo completamente distinto; algo siniestro e impredecible.

La noche es mía y, al entrar en su mundo, la oscuridad nos consume a ambos.