PREFACIO
Entre los árboles del bosque una criatura sobrenatural huye sin detenerse, sin ver atrás mientras carga un bulto de sábanas donde yace escondida una recién nacida.
Al creer estar lo suficiente lejos, se detiene y revisa a la bebé que duerme tranquilamente. La acerca más a su pecho, sus manos la sostienen con fuerza cada vez apretándola más con intención de asfixiarla mientras unas largas uñas en forma de garras crecen de sus dedos y roza la mejilla de la recién nacida que despierta sobresaltada y comienza a llorar con fuerza.
Hasta que un disparo la detiene y se da la vuelta dejando de hacerle daño a ese ser indefenso.
—¡Entregame a mí hija! —aquel hombre le apunta con un rifle, sus manos tiemblan y una capa de sudor aparece en su frente —damela, no es tuya —se acerca con pasos lentos sin bajar la guardia.
Ese ser sobrenatural le sonríe con maldad
Él se detiene a unos pasos de ella, le preocupa al escuchar el llanto de la bebé incrementar.
—Es mi bebé, cumple tú palabra. Ese era el trato —al ver la negación de su parte, sin dudar le dispara sin dañar a la bebé sin embargo la asusta— ¡Regresamela!
Ella ladea la cabeza sin recibir el menor daño pues la bala atrevesó su hombro que increíblemente sanó.
Resuena otro disparo sin hacerle el menor daño. Aquel hombre frustrado se rinde y baja el rifle. Lo lanza al suelo y se deja caer de rodillas sobre las hojas secas del bosque.
—Es todo para mí —comienza a llorar— mi esposa la ama, es parte de mi familia. Respetaré el trato, haré lo que sea con tal de tenerla a salvo.
Entonces, ella comienza a avanzar hasta detenerse frente a él y sin mencionar nada le entrega a la bebé que enseguida sostiene con sus brazos, la arrulla y deja de llorar.
—Recuerdalo —resuena su voz— hay un trato. Vendré por ella —comienza a retroceder lentamente— ella es la clave para salvar la oscuridad.
Y sin agregar más, extiende sus grandes alas negras con suaves plumas y emprende vuelo hasta el cielo. Con facilidad traspasa los árboles y se pierde bajo su atenta mirada.
Aquel hombre no luce sorprendido, pues no es la primera vez que ve a esa criatura frente a él y mostrarse como es.
Comienza a levantarse poco a poco y al estar completamente de pie, baja la vista puesta en la bebé que lo observa.
En el fondo se arrepiente de haber firmado un trato con ella que perjudicará el futuro de su hija. Prácticamente se verá obligado a entregarla y exponerla al mismísimo infierno. Sin embargo, por sus razones la protegerá de aquellas sombras.
Él medio sonríe y se da la vuelta sin dejar de ver a la nueva hija que le fue concebida.
...
Más tarde aquel hombre entra a esa casa, apenas cierra la puerta, es recibido por una mujer llena de lágrimas.
—La... encontraste
Él asiente y se acerca a ella
—Ya tenemos a nuestra hija con nosotros
Su esposa vuelve a llorar esta vez de alegría al momento que la sostiene y la carga entre sus brazos.
—Oh mi bebé —comienza a arrullarla sin dejar de verla con una amplia sonrisa.
—Tenemos que respetar el trato, la a marcado.
La mujer revisa preocupa a la bebé notando un herida en su mejilla derecha en forma de media luna y regresa la vista en él.
—No, es nuestra hija y no darán, ni sabrán de ella.
—Elionor sabés que no podemos evitarlo. Es el precio por...
—No Jener, no vendrán por ella —finaliza su esposa con el tema cuando escucha un ruido provenir desde las escaleras.
Tan pronto una pequeña niña comienza a bajar cada escalón mientras grita:
—¡Llegó mi hermanita! ¡Mami quiero conocerla!
Elionor deja de ver a su esposo y se voltea dándole una sonrisa a su primer hija.
—Ven aquí Anni, puedes verla —se agacha a su altura cuando la niña llega hasta ella y la observa con felicidad.
—¡Es hermosa mami!
—Lo es cariño, al igual que tú, también es nuestra hija —ella se endereza y gira a ver a su esposo — y Annett ya es parte de esta familia.
Él asiente sin evitar sentirse culpable por sus decisiones, por sus errores, por marcar el destino de una indefensa bebé que desde su nacimiento ya tiene su destino marcado.








