Mis sueños más salvajes (versión renovada)

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Sinopsis

*Libro 1 de la serie Dream Josh y Katie han sido mejores amigos desde que él se mudó a la casa de al lado a mitad del primer año de preparatoria. Eran uña y carne y actuaban como si se conocieran de toda la vida. Josh Parker era el chico ideal, el que todas querían, incluida Katie. A medida que su amistad florecía, Katie desarrolló un flechazo por él, pero con el paso de los años, ese amor platónico se convirtió en algo real. Cinco años después de marcharse de Miami con el corazón roto tras descubrir el compromiso de Josh con su novia de la infancia, Katie se reencuentra inesperadamente con su antiguo mejor amigo. Josh no tarda en darse cuenta de que lo que siente por ella ya no es solo platónico. —Oye, lo siento mucho. Me quedé atrapado en el tráfico... —dije, deteniéndome a mitad de la frase, atónito al ver a la mujer frente a mí. Ante mí estaba alguien a quien consideré una de las personas más importantes durante mi época de instituto. En cuanto miré esos ojos azul caribe que conocía tan bien, supe que era ella. Ella tarda unos segundos en reconocerme. Se queda inmóvil, impactada. Seguimos mirándonos fijamente hasta que ella rompe el silencio. —¿Josh? —pregunta, sin poder creer que sea yo. —Hola, Katie.

Estado:
Completado
Capítulos:
29
Rating
4.7 14 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Semirevisado.





Bip, bip, bip.

Me despierto de golpe. Estiro el brazo con pereza para apagar la alarma del celular.

No tengo ganas de ir a la escuela.

En cuanto la apago, hago lo mismo que casi todos los adolescentes. Me pongo a mirar las redes sociales unos minutos antes de levantarme.

Mientras bajo por la pantalla, veo a mi amiga Megan. Está disfrutando de su viaje a las Bahamas, donde se quedará las próximas tres semanas.

Perra suertuda.

Suelto el teléfono y me siento en la cama. Me desperezo deseando volver a dormir, aunque por suerte ya casi terminan las clases.

Vivo en Miami Beach, Florida. Aquí salimos de la escuela a mediados de mayo, así que solo faltan unas semanas para las vacaciones de verano y para mi cumpleaños.

Mi cumple cae justo cuando terminan las clases. Estoy muy emocionada porque voy a cumplir dieciséis.

No soy de las que quieren una fiesta de quinceañera despampanante. Solo quiero algo en el patio de mi casa con mi familia y amigos para poder nadar en la piscina.

A ver, ¿qué suena mejor? ¿Una fiesta en la piscina o una donde gastas un dineral en un vestido que pica, que seguro no volverás a usar, y en zapatos incómodos?

Me quedo con mi fiesta en la piscina.

Antes de salir de mi cuarto, pongo a cargar el celular. Luego bajo a desayunar.

Entro en la cocina. —Buen día —les digo a mis padres.

—Buen día, cariño —dice mamá.

—Buen día, calabacita —dice papá.

Saco unos waffles y los meto al tostador. Luego busco el jarabe y una botella de agua.

Unos minutos después, mi madre sale de la cocina. Va a despertar a mi hermano menor, Ethan.

Él es unos años más chico que yo, así que puede dormir un poco más.

Mocoso suertudo.

Después de desayunar, me arreglo para ir a la escuela.

Le mando un mensaje a Megan diciéndole la envidia que me da que esté de vacaciones.

Megan se mudó aquí el año pasado y poco a poco nos hicimos amigas.

Éramos más cercanas en octavo grado. Al empezar la preparatoria, eso cambió.

Siempre he sido solitaria. De pequeña tenía un grupo de amigas que eran como mis mejores amigas, pero resultaron ser unas doble cara. En cuanto vi cómo eran de verdad, las corté y preferí estar sola hasta que llegó Megan.

Megan es todo lo contrario a mí. En la primera semana de la prepa ya andaba con los populares. No me malentiendan, me alegro por ella, pero desde que se juntó con ellos ya no sale tanto conmigo.

Muchas veces me ha dejado plantada para irse con sus nuevos amigos o con chicos. De hecho, me dejó tirada varias veces para verse con algún chico con el que estaba hablando.

Incluso el año pasado estaba loca por los chicos. La cosa ha empeorado ahora que estamos en la prepa y hay más variedad.


Si se preguntan por qué sigo siendo su amiga después de todo eso, la verdad es que no lo sé.


Tal vez solo tengo la esperanza de que cambie o algo así.


Cuando llego a la escuela, voy a mi casillero. Saco los libros para la primera clase.


Mientras saco mis cosas, veo a un chico que sale de la oficina principal. Lleva un papel que supongo que es su horario de clases.


Levanta la cabeza y, ¡madre mía!, está guapísimo.


Tiene el cabello castaño bien peinado y unos ojos azul cielo. Los puedo ver bien desde donde estoy, porque no nos separan ni tres metros.


Hacía tiempo que no llegaba un chico nuevo, y mucho menos uno tan atractivo.


Con esa cara, no tardará nada en entrar al grupo de los populares.


Cierro mi casillero y camino hacia mi clase. De pronto me doy cuenta de que tengo que pasar por delante de él.


Está bien, no hagas ninguna estupidez.


Sé que no se me va a acercar a hablar. Yo no soy el tipo de chica que buscan los hombres.


No es que sea fea; creo que soy muy linda con mi cabello rubio cenizo ondulado y mis ojos verdes azulados. Además, tengo una sonrisa bonita gracias a los brackets que usé en la secundaria, pero es que soy plana y no tengo nada de culo.


Soy bastante flaca y desgarbada. Si a eso le sumas que no tengo tetas, soy básicamente invisible para los chicos. Por eso sé que si paso junto a él no me hará caso. Pero como no tengo experiencia con hombres, es muy probable que termine haciendo el ridículo por accidente.


Me acerco a él y empiezo a entrar en pánico.


Tranquila, solo es otro chico guapo. Pasa de largo y vete a clase.


—Oye —me llamó justo cuando me acercaba hacia donde él estaba.


Siento que me sube el calor y me atacan los nervios.


Seguro que el sudor ya traspasó el desodorante.


Trago saliva y camino hacia él con el corazón a mil por hora. —¿Sí?


Me empiezan a sudar las manos como loca.


Hagas lo que hagas, no le des la mano.


Miro su horario y luego clavo mis ojos en sus pupilas azules. —¿Cómo llego al salón 105? —preguntó.


¿Quiere que lo guíe a la clase de ciencias? Sí, creo que puedo hacer eso sin quedar como una tonta.


Me lamo los labios. —S-sí, es por el pasillo a la derecha —dije señalando la puerta al final del corredor.


Él sonrió. —Gracias —dijo caminando en esa dirección.


Cuando lo pierdo de vista, suelto un suspiro de alivio.


Espero no compartir ninguna clase con él. Si ya hice el ridículo tartamudeando ahora, me muero si me vuelve a pasar.




*




Por suerte no me tocó ninguna clase con él. Pero sí lo vi en el pasillo cuando iba de camino a matemáticas.


¿Alguna vez te ha gustado alguien a quien solo ves de vez en cuando, pero no sabes ni cómo se llama? Pues eso es justo lo que me pasa con este chico.


Cuando lo veo en el pasillo, lo miro de reojo desde lejos. Así parece que voy mirando al frente y no a él.


Me invento fantasías tontas. A veces imagino que tiro algo a propósito frente a él y se agacha para ayudarme. Luego caminamos juntos. En unas le pregunto su nombre y en otras soy más lanzada y le pido el número.


¿Alguien más tiene ese tipo de fantasías con los chicos que les gustan, sobre todo en la escuela?


Digo, ya me han gustado chicos antes, pero nunca a este nivel. Creo que es porque no sé su nombre ni nada de él. Es el misterio lo que me atrapa.


Mis otros ligues del pasado eran personas que sí conocía. Por eso creo que esto se siente tan diferente.


El resto del día se pasa volando. Megan me mandó un mensaje diciendo que llegó esta tarde y que quiere que salgamos.


Le respondí que en quince minutos bajo del autobús, ya que vivo cerca de la escuela.


Cuando me bajo, entro a casa a comer algo rápido. Me quedo esperando a que Megan llegue.


Justo cuando termino de merendar, Megan se estaciona afuera.


Tiro la basura y salgo para verla.


—Hola... ¿cómo te fue en las vacaciones? —le pregunté.


Ella no es de las que dan abrazos, así que ni me molesto en intentarlo.


Se nota que tomó mucho sol por ese bronceado tan lindo que trae. Eso solo hace que se vea mejor.


Tiene el pelo castaño y lacio, los ojos azul oscuro y rasgos de modelo. Además, tiene un cuerpo que parece de alguien mucho mayor, no de una niña de dieciséis.


Ella suspiró. —Estuvo genial, no me quería ir —dijo.


—Qué bien, ¿y qué hiciste?


—Hicimos de todo: snorkel, paddle board, motos de agua... Sin contar todas las actividades del hotel —respondió ella.


—Qué suerte, suena muy divertido.


—Lo fue. Y ni te cuento de los chicos de las cabañas, que estaban guapísimos y me divertí un rato con ellos —dijo con una sonrisa pícara.


Cómo no... siempre pensando en chicos.


—Bueno, qué bueno que te la pasaste bien.


—Sí. Oye, ¿qué quieres hacer? —preguntó.


Me encogí de hombros. —No sé, podemos dar una vuelta por el barrio o ir a tirar unas canastas.


—Lo del básquet suena bien —dijo ella.


—Vale, voy por mi pelota y nos vamos caminando.


—Está bien —contestó.


De las pocas cosas que tenemos en común es que a las dos nos gusta el baloncesto.


Este año las dos estuvimos en el equipo de la escuela. Pero como éramos suplentes, casi no jugamos.


En la zona donde vivo hay una cancha de básquet y otra de tenis. No están lejos de mi casa, así que el camino es corto.


Agarro mi pelota y un par de botellas de agua. Salgo de nuevo con Megan.


—Oye, me dijeron que hay un chico nuevo que está para comérselo —dijo ella.


Se me revolvió el estómago. Sé que en cuanto ella le ponga el ojo encima, se acabó lo que se daba.


Sé que es una tontería. No tengo oportunidad con él porque ni lo conozco. Pero, de alguna forma, quería que mi amor platónico fuera solo mío.


—Sí, escuché algo, pero todavía no lo he visto —mentí descaradamente.


—Danielle me dijo que es guapísimo. Dice que un día en el gimnasio le vio los abdominales cuando se levantó la camiseta para limpiarse la cara —contó ella.


Ojalá yo hubiera estado en esa clase de gimnasia.


Durante el resto del camino, ella no paró de hablar del chico y de los chismes que había oído.


Al acercarnos a las canchas, vi a un chico tirando a canasta en la parte de atrás.


Parece que no somos las únicas aquí.


—Mira, ya hay alguien —dijo ella.


Mucha gente de la escuela vive por mi barrio. Así que es muy probable que sea alguien conocido.


Abrimos la reja de la entrada. Tanto la cancha de básquet como la de tenis están cercadas.


Al entrar, el chico se dio la vuelta para ver quién llegaba.


¡No puede ser! Es el chico nuevo de la escuela.


—Madre mía, qué bueno está —dijo ella mientras lo devoraba con la mirada.


Seguro que pronto le clava las garras.


—Oye, ¿por qué no nos presentamos? —me preguntó.


La verdad no sé para qué me pregunta. Sé que va a ir ella sola de todas formas.


Me puse a botar la pelota. —No, así estoy bien —dije y tiré un tiro libre.


Ella puso los ojos en blanco. —Como quieras, tú te lo pierdes —dijo, y caminó hacia donde estaba él.


Y sí, yo pierdo, sobre todo cuando Megan se mete de por medio.