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Su romance navideño

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Sinopsis

Holly asiste a la fiesta de Navidad de su trabajo, donde conoce a un chico y tiene un "hookup" con él. Nick hace que Holly se ilusione, pero aquello solo fue cosa de una noche. A la mañana siguiente, decide marcharse, pero da un salto de fe y le deja su número para que la contacte. Al no tener noticias suyas, Holly se siente desanimada y decide reunirse con su mejor amigo, Daryl, para cenar antes de Navidad. Él y su pareja, Kaleb, también tienen a su familia de visita, pero ¿qué pasará cuando Holly y Nick se vuelvan a encontrar? ¿Surgirá algo entre ellos o será solo cosa de una noche para ambos? ***SIN EDITAR, PRIMER BORRADOR*** ***CONTENIDO ADULTO***

Estado:
Completado
Capítulos:
25
Rating
4.8 48 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

HOLLY

La canción All I want for Christmas retumba en los altavoces mientras salgo del salón de la fiesta de Navidad del trabajo. Agarré rápido mi copa de vino y me fui al vestíbulo, donde estaba la barra del bar más cercana.

Una pareja pasó por mi lado de la mano. Me quedé mirando cómo la mujer apoyaba la cabeza en el brazo del hombre mientras él le daba un beso en la frente. Se les veía tan enamorados que me sentí peor.

Me encanta la Navidad por su magia, pero llevar soltera los últimos años no ha sido nada fácil. No es que yo quiera estar sola. Es que no he conocido al indicado, ni a nadie que me haga sentir mariposas en el estómago.

Tal vez quiera que pase eso, pero parece que solo atraigo a tipos que quieren acostarse conmigo. Eso está bien si te gusta ese rollo. ¿Qué mujer puede aguantar mucho tiempo sin sexo? Yo no pude, así que he tenido algunos polvos decentes de vez en cuando.

El último fue en la fiesta de Halloween de mi mejor amigo hace un mes. Me escapé al baño y me follé a un tipo que llevaba una máscara de Scream, qué ironía. No sabía quién era. La máscara y el disfraz le tapaban la cara y el cuerpo. Solo sé que tenía una polla enorme y me encantó lo que me hizo. Me susurró que nos viéramos afuera, y yo estaba dispuesta, pero me puse tan ciega que ni pude moverme del sofá de mi amigo y me quedé frita. No volví a ver al hombre, porque mi amigo me metió en el cuarto de invitados. Ni me molesté en preguntarle quién era; él tampoco se acordaría porque había varios con la misma máscara.

Desde ese encuentro, decidí dejar los líos por un tiempo. Por muy caliente que estuviera el tipo con el que tuve sexo —bueno, supuse que lo estaba—, nunca sabes con quién te estás metiendo. Podría ser un acosador o un bicho raro.

Desde esa noche, he usado a mi viejo y confiable juguete: Clive. Sí, le puse Clive a mi vibrador. Necesitaba un nombre para gemir mientras lo usaba, así que se me ocurrió una noche que estaba borracha y así se quedó.

Pero después de lo de esta mañana, igual tengo que cambiarme de identidad.

Lo de hoy fue un recordatorio de lo que de verdad le falta a mi vida. Mi vecina, la señora Harris, salió de su piso y me preguntó que cómo estaba Clive y que cuándo se lo iba a presentar. Nunca he pasado tanta vergüenza en mi vida. Puse cualquier excusa y me largué.

¿Cómo diablos se reacciona a eso? Pues para mí, hubo varias cosas. Primero, no me di cuenta de que gemía tan fuerte como para que me oyera decir su nombre anoche. Segundo, no vuelvo a beberme dos botellas de vino blanco sola estando cachonda. Y tercero, no tengo valor para decirle que no es un hombre de verdad.

Salir esta noche con mis colegas de trabajo no pudo llegar en mejor momento, y me alegró quedarme en el hotel. No creo que pueda volver a ver a la señora Harris a la cara. Tengo que asegurarme de no cruzarme con ella y ponerme un recordatorio permanente para mirar por la mirilla antes de salir.

Espantando esos pensamientos, me fui hacia el bar, pensando que allí conseguiría una copa mejor. Había muchos por el hotel, pero al que fui ya estaba cerrado. Miré alrededor hasta que vi que había otra fiesta. Sin hacer caso a nadie, entré y pedí una botella de vino cuando se me acercó un camarero. Me quité el bolso del hombro y saqué el dinero.

El camarero sonrió y me dio la botella mientras yo le pagaba. Le quitó el tapón y me sonrió. «Que te diviertas, preciosa», me gritó.

No dije nada, solo sonreí. Agarré la botella y volví al pasillo dando traspiés, buscando un sitio para ahogar mis penas.

«Joder», murmuré. Caminé más hacia el vestíbulo del hotel y vi un sofá en una esquina. Perfecto.

El lugar ideal para esconder mi trasero y beberme esta botella yo solita. Odiaba sentir lástima de mí misma en esta época del año, y no tenía motivos para estar así. Tenía un trabajo fantástico, y una familia y amigos perfectos. Debería estar feliz, pero sabía que me faltaba algo o alguien.

Sirviendo un poco de vino en la copa que traía, le di un trago y suspiré cuando sonó mi teléfono. Dejé el vino a mi lado y rebusqué en el bolso para encontrarlo. Al sacarlo, miré la pantalla y solté un gruñido al ver el nombre: mamá.

Ni hablar, hoy no. No iba a contestarle. Dejé que saltara el buzón de voz y esperé al aviso de mensaje. Mi madre sabía que iba a la fiesta de Navidad del trabajo, pero se ha empeñado en que vuelva a casa para ver a todo el mundo. Hace dos años que no vuelvo.

No es que hubiera una razón de peso, solo que he estado muy liada con el trabajo. Pero hay un factor que ha hecho que no quiera ir: mi madre no para de insistir en presentarme a alguien. Quiere hacerme de celestina, y para mí eso es un no rotundo. El gusto de mi madre para los hombres es totalmente distinto al mío. Me da igual si el tipo es policía y tiene cuatro gatos o si es el sobrino de su mejor amiga. No quiero acercarme a ninguno. La quiero con locura, pero tiene que dejarme en paz.

Suena un aviso en el móvil y me llega un mensaje suyo que dice:

Hola, cielo, por favor dime si puedes venir a la fiesta de Nochebuena y si vienes con alguien. Sharon va a traer a su sobrino para que lo conozcas. Es un buen chico y deberías hablar con él. Es perfecto para ti.

Me estremecí solo de pensarlo. Igual paso de ir y me invento algo. Quizá me quede con Daryl, mi mejor amigo, y Kaleb, su pareja, como he hecho los dos últimos años.

Justo en ese momento, suena otro aviso: un mensaje de Daryl.

«¿Te lo estás pasando bien en la fiesta? Apuesto a que todos los profesores están bailando y dándose bailes eróticos unos a otros».

Se me escapó una risa y enseguida le di al botón para llamarlo.

Daryl contestó al segundo tono. —¿Holly, por qué me devuelves la llamada? —preguntó—. Pensé que estarías dándole un baile erótico a alguien o hablando de los niños como hacen todos los años.

Me reí mientras el vino se me subía poco a poco a la cabeza.

—Nada de bailes eróticos —dije—. Pero el señor Kimber se ha pasado con los chupitos y ha empezado a contar sus fantasías con su mujer.

Daryl soltó una carcajada. —¿Pero ese no tiene como sesenta años? —preguntó aguantándose la risa.

—Sí. Pero eso no lo detuvo. Siguen teniendo sexo, aunque solo los domingos.

Daryl volvió a reírse.

—Cosas que nadie necesita saber —dijo cuando se calmó—. ¿No estaba su mujer allí con él? ¿Ella qué decía?

—Ella también se unió —dije con un poco de asco—. Se ve que cuando le das vino tinto, larga todo lo que él hace, y no en el buen sentido.

Daryl se rió por lo bajo.

—¿Y tú qué haces? —preguntó—. Sé que no me has llamado solo para hablar conmigo.

Miré alrededor del vestíbulo. Había poca gente caminando, sobre todo personal del hotel que estaba en su turno. Casi no quedaba nadie de las fiestas por allí.

Soltando un suspiro, apreté más el teléfono. —No lo sé. Me siento un poco rara. Mi madre me acaba de escribir para que vuelva a casa por Navidad, pero tiene al sobrino de su amiga esperándome.

Solté un quejido mientras me pasaba la mano por la cara. Luego agarré el vino y di un sorbo antes de seguir. —Sé que lo hace con buena intención, pero no necesito ayuda para conseguir un hombre —dije.

—¿Por qué quiere que conozca a alguien? Tengo veinticuatro años y toda la vida por delante.

Daryl suspiró. —Holly, solo intenta asegurarse de que no estés sola. Kaleb y yo podemos presentarte a alguien si quieres. Conocemos a un...

—Ni lo pienses —dije cortándolo—. Mi madre lleva meses con lo mismo desde que volvimos a hablar. No necesito más ayuda.

Daryl volvió a suspirar.

—Lo sé, pequeña —dijo con tono de derrota—. Después de lo que te hizo Greg, todos queremos lo mejor para ti.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo solo con oír el nombre de mi ex, Greg. Era un capullo integral, aunque fuera guapo. Me engañó con una de su trabajo. Estuvimos juntos dos años, y no fue la mejor relación del mundo. Esa misma noche hice las maletas y me largué sin dudarlo. Me mudé con Daryl hasta que encontré mi propio sitio. No he vuelto a saber nada de Greg desde entonces.

—Holly —me llamó Daryl, sacándome de mis pensamientos—. No te preocupes por tu madre. Puedes quedarte conmigo y con Kaleb. Eres más que bienvenida. Vamos a cenar el miércoles, deberías venir. También estarán el hermano y la hermana de Kaleb. Una reunión familiar.

—Pero si yo no soy fami... —empecé a decir, pero Daryl me cortó con un gruñido. —Ni se te ocurra terminar esa frase, pequeña. Eres la única familia que tengo, así que no digas tonterías. Ven, nos lo pasaremos genial. Bailey también vendrá.

Sentí una calidez en el pecho, aunque igual era por el vino.

—No lo sé —murmuré—. Más te vale no intentar emparejarme.

Daryl se rió otra vez. —No, no lo haríamos. Aquí no hay celestinas, te lo prometo. Ahora, vuelve con tu culito flaco a esa fiesta y diviértete lo que queda de noche. Apaga el móvil y ya te encargarás de tu madre cuando vengas mañana o el miércoles. No me importa ponerla en su sitio por ti.

Sonreí.

—Vale. Me divertiré un poco.

Nos despedimos y Daryl colgó.

Suspiré y di otro sorbo de vino cuando alguien se aclaró la garganta. Alcé la vista y me encontré con unos preciosos ojos de color azul océano que me miraban. El hombre tenía una sonrisa de oreja a oreja. —Perdona, no quería molestarte —dijo el hombre, sin dejar de mirarme.

Joder, qué bueno estaba. Mis ojos lo recorrieron de arriba abajo. Llevaba un traje que le quedaba como a Chris Evans en una alfombra roja. Le sentaba de maravilla, e incluso se parecía a él.

Apreté los muslos cuando volvió a hablarme. —Me preguntaba si me podía sentar contigo —dijo, haciendo que lo mirara. Tenía una sonrisita burlona en los labios; me di cuenta enseguida de que me había pillado echándole un ojo.

Me puse roja como un tomate.

—Igual puedo ayudarte a terminar esa botella.

Tenía la boca seca y me era imposible hablar.

Este hombre me afectaba de la forma más animal posible. Mis partes bajas eran las que hablaban por mí mientras me aclaraba la garganta, dándome cuenta de que me había quedado atontada mirando a este hombre tan guapo sin decirle ni una palabra.

—Claro —dije con voz ronca—. Siéntate. —Le señalé el sitio a mi lado.

El hombre sonrió y se sentó junto a mí.

—Gracias —dijo, apoyándose en el respaldo mientras me miraba.

—Me llamo Nick. ¿Y tú cómo te llamas?


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