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La Madrastra |Megumi F. |+18

Sinopsis

▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬ Megumi no podía resistir mirar a su madrastra de otra forma. Verla junto a su padre, le causaba muchos celos. ▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬ ┏━━━━━━━━━━━━━━┓ ¿𝙎𝙚𝙧𝙞́𝙖 𝙘𝙖𝙥𝙖𝙯 𝙙𝙚 𝙙𝙚𝙢𝙤𝙨𝙩𝙧𝙖𝙧𝙡𝙚 𝙨𝙪𝙨 𝙫𝙚𝙧𝙙𝙖𝙙𝙚𝙧𝙤𝙨 𝙨𝙚𝙣𝙩𝙞𝙢𝙞𝙚𝙣𝙩𝙤𝙨? ┗━━━━━━━━━━━━━━┛ ⚠︎Contenido adulto +18⚠︎ ➥Entretenimiento. ➥Lectora x Megumi. ➥Trama o historia originalmente mía. ➥Será en el mundo de jjk, pero de forma un poco alternativa. ➥Se llevará una lógica y buena estructuración posible.

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

─⊱⋅⭐️Una oportunidad única. ⚠️⋅⊰─

—Megumi... ¿Podrías ayudarme a colocar los tazones en la mesa, por favor?

—Claro.

Aquel joven de ojos zafiros tomó los dichosos platos de la alacena y tras cerrar la puerta pequeña de madera del mismo mueble, fue en dirección a la mesa e hizo lo que su madrastra le pidió. _________ hacía la cena de esa noche, con una sonrisa en labios pues Toji no tardaría en llegar del trabajo y quería sorprenderlo con una deliciosa comida en familia.

Festejarían que su pareja Toji, había tenido éxito en una misión importante para la escuela de hechicería y que aún sin poseer energía maldita, era tremendamente fuerte, veloz y ágil. Fue

algo que el director de la escuela —el señor Yaga— no desaprovechó cuando lo miró de pie con seriedad en la sala de reuniones, esperando por su decisión después de haber hablado con él y convencerlo de formar parte del instituto, ya que, tenía a su hijo Megumi y quería que estudiara ahí sin ningún problema.

Sabía que sería el mejor de todos los alumnos, tras ser consciente de haber poseído la energía maldita de su clan junto a las técnicas más icónicas e importantes. No iba a considerar otra opción más viable que su hijo estudiase en la escuela de Hechicería Metropolitana de Tokio con senseis sumamente hábiles. Obviamente para ellos fue una afortunada noticia ver a uno del clan Zenin querer integrarse a ellos, junto a otros marginados que les habían dado la bienvenida y los acogían en dicho lugar.

—Listo.— pronunció Megumi desde lejos.

—¡Gracias! ¡Ya falta poco!— le indicó mientras se aseguraba de que todo estuviese bajo control. No quería que la comida se echara a perder y ni tampoco que se quemara.

Después de unos cuantos minutos y ver que el estofado hervía, apagó la flama para tomar unos guantes especiales de cocina y llevar la olla a la mesa donde en la superficie había un pedazo de tela para colocarlo por debajo. Megumi estaba sentado en una silla mirando su celular; ese día no había tenido la necesidad de entrenar hasta tarde, ya que, usualmente tenía rigurosas rutinas de ejercicio y siempre llegaba más tarde de lo común a casa, aunque sus padres ya sabían que era por esa cuestión.

Así que, en esa ocasión estuvo temprano para presenciar algo en particular y de quizá su gusto, aunque lo podría negar. Sus ojos se habían desviado al escote de su madrastra al ver que ella se inclinó para colocar la olla en aquella tela ubicada en medio de la mesa. Para su sorpresa, estaba delante de ella y al hacer aquello, pudo verlo todo.

No era un escote tan pronunciado, pero dejó volar su imaginación y pronto sintió una sonrojes en sus mejillas al mirar a otra parte. A pesar de no ser un joven morboso o de malas intenciones —algo que jamás pensó que iba a hacer— supuso que era normal sentir cierta atracción por una mujer que no era su madre y que la veía la mayoría del tiempo en su casa; es decir, estaba en una etapa de maduración donde ya no veía a las chicas o jóvenes como algo lindo, sino para algo más serio y era totalmente normal que parte de ello, incluyera el hecho de tener cosas íntimas.

Disimuló estar de nuevo en su celular y deslizó su dedo por la pantalla para no dar indicios o sospechas de que la vio en esa posición. Ella no se inmutó de ello, confiaba en Megumi y se llevaban bien, por lo que, si todo parecía estar adecuado, entonces así lo era. Su interés estaba más en Toji, no en su hijo, aunque por dentro estaba algo indecisa por algo.

La puerta se abrió, generando un poco de ruido y aquello fue escuchado por las únicas dos personas que estaban en la casa. Rápidamente _______ dedujo quien era y sonrió al terminar de acomodar los utensilios, viendo hacia aquella dirección de donde provenía dicho ruido.

—¡Toji! La comida está recién hecha y caliente. Toma asiento que vamos a celebrar.

El mencionado embozó una sonrisa y al mismo tiempo, negó caminando hacia ella. Observó todo lo que le había preparado, la deliciosa comida olía al entrar a la casa y su apetito relució desde el fondo de su estómago hasta su boca, salivando un poco más de lo normal.

—¿Qué celebraremos?— frunció su ceño de confusión y sus manos se colocaron en los codos de su pareja, dando pequeñas caricias con las yemas de sus dedos como muestra de afecto y agradecimiento.

—Tu éxito en la misión de hace algunos días.— habló con entusiasmo y lo abrazó un momento. Tras retirarse un poco y verlo al rostro, gestionó un ligero puchero. —No lo habíamos celebrado el mismo día que me lo dijiste, porque tuve que hacer algunos pagos de las cuentas de la casa y tampoco supe qué hacerte de comer. Ahora que pude, espero la pasemos en familia y juguemos juegos de mesa.

—Oh, vaya... Yo tenía pensado llegar a casa, cenar y dormir. Creo que estoy un poco viejo como para pasarla hasta tarde. Quizá hasta me quede dormido mientras los veo ganarme en esos putos juegos aburridos. — soltó una risa corta. En su voz había algo de sarcasmo y se burlaba de Megumi, quien muchas veces lo llamaba por viejo o anciano.

Por breves segundos, miró a su hijo que estaba concentrado en su celular y parecía desinteresado en la situación, más no le tomó importancia, pues ya se había acostumbrado en que era algo normal en él.

Siempre distanciado de su padre.

Sin más, Toji tomó asiento junto a su pareja y comenzaron a servirse el estofado por turnos. Continuaron hablando acerca de más aspectos de la misión que Toji llevó a cabo días pasados y sobre las nuevas noticias que habían en la escuela. Megumi se dio cuenta que _________ miraba a su padre con aquellos ojos que a él le hubiesen gustado observar cada vez que hablaba: Con un brillo único y con interés.

Se sentía tan ajeno y no porque lo hiciesen menos o algo así, sino porque él no veía a ellos dos como una familia. No miraba a ______ como su madrastra y de tan sólo pensar en aquello, notarlos entablar una conversación como pareja, se le revolvía el estómago hasta el punto de perder el apetito y de aparecerle un nudo en la garganta que no le permitía seguir saboreando la comida como antes.

Con molestia irradiar desde el centro de su pecho, pero sin dejarlo salir al exterior, agarró el tazón con una mano y se levantó sin decir nada, a lo que, ambos padres lo vieron con confusión ante semejante repentino acto. Más ________, quien supuso algo que dijo Toji o ella no le había agradado a Megumi y que por esa razón se había levantado de la mesa.

—¿Pasa algo, Megumi?

—Se me quitó el hambre, es todo.

Entró a la cocina y en el cesto de basura, vacío toda la comida que tenía en su tazón para lavarlo en el lava vajillas. Nadie más se lo comería, ni tampoco podía dárselo a una mascota como para alimentarlo. De ser así, sería una grosería de su parte y en cuestión al animal, podría enfermar. Era mejor deshacerse de lo que no ingirió de una forma poco factible a su gusto, como lo era desecharlo a la basura.

“¿Por qué ella?“. Se cuestionó mentalmente. Le hubiera gustado que fuese una amiga, una desconocida o alguien cercano para su padre, pero no su madrastra.

Soltó el aire que retenía en sus pulmones —sin ni siquiera darse cuenta— en forma de suspiro, creyendo que así podrá sacar esa pesadez momentáneamente. Al terminar de lavar el tazón, lo dejo en su lugar tras haberlo secado con una toalla absorbente para quitarle el exceso de agua.

Se dirigió a su habitación donde cerró la puerta y se tumbó en la cama, llevando sus manos detrás de la cabeza como soporte. Veía un punto fijo en el techo, como si ahí pudiese encontrar las respuestas a sus preguntas, pero sólo daría con sus fantasías.

________ no tardó en ir a su puerta y tocarla con sus nudillos para hablar con él, pues estaba preocupada por su estado de ánimo o cualquier problemática que pudiese estarle sucediendo y quería ayudarlo, inclusive por el hecho de no ser su madre biológica, parecía que había activado ese lado protector hacia él. Había terminado de cenar con Toji, quien se ofreció en limpiar la cocina mientras ella iba con Megumi; no habían ido antes, porque quisieron darle su espacio para que se tranquilizara de cualquier cosa que lo había hecho ponerse en ese estado.

—¿Quién?— la voz grave de Megumi sonó del otro lado de la habitación y de la puerta, cuestionando a la persona que tenía intenciones de entrar o hablar con él.

—Soy _______. ¿Puedo pasar?

Megumi generó una mueca de disgusto al escuchar que era ella, porque sabía que fue como una madrastra y no lo que deseaba en realidad. No era una persona muy creyente de un Dios ajeno a su realidad, pero mantenía la fe en que algún día pudiese verlo como él la miraba a ella.

—Adelante.— al responder y luego de unos segundos, la puerta se abrió lentamente, cosa que, _______ no asomó su cabeza.

—Voy a pasar.— avisó antes de mirar y recibió un sonido de aprobación por su parte.

Ojos femeninos se encontraron con los azulados de Megumi, quienes no fueron correspondidos pues él seguía mirando el techo. Cerró la puerta sin pestillo para tener privacidad y poder hablar con comodidad. Entrelazó sus manos y las mantuvo de esa forma colgadas en su regazo mientras veía las decoraciones de Megumi en su habitación.

Ya no eran las que solía tener cuando era adolescente, Megumi era mayor de edad, sus gustos cambiaron y de igual manera su cuerpo, su anatomía y sus pensamientos. Aún vivía con ellos, puesto que, ______ le dijo que podía hacerlo si él quería, nadie lo echaría de su propia casa. Seguía yendo a la escuela de hechicería, le pagaban por entrenar y seguir haciendo misiones en solitario. ¿Qué más podría querer?

—Veo que te gusta leer.— dijo notando los pocos libros en un mueble. Apenas el gusto por la literatura había empezado y ella no lo había percibido gracias a que su atención estaba más enfocada en Toji.

Megumi no la culpaba, era claro que si quería a su padre, sería algo normal de acontecer. Ya no era un infante como para exigir la atención de la figura materna o recibir su ayuda en algo que se le dificultaba hacer. Era un hombre hecho y derecho, no necesitaba nada de eso.

—Sí, son interesantes.— hubo un poco de silencio y era de incomodidad, pues ________ no sabía cómo preguntarle o iniciar la dichosa conversación de madrastra a hijastro. Así que, él se anticipó y la cuestionó, girando su cabeza a la dirección de la mujer. —¿Por qué viniste?

—¿Estás bien?— levantó sus cejas y su frente se frunció por la preocupación. —Te miraste algo tenso mientras cenábamos.

—Ah... Eso...— devolvió su mirada al techo y demostró estar sereno, de que no pasaba absolutamente nada, cuando en realidad no era así en su ser interior. —Ya te lo dije, se me quitó hambre.

—Puedes confiar en mí, lo sabes... ¿No?

—Sí, lo sé.— respondió. Confiaba en ella, de eso no había duda alguna, más no le confesaría lo otro.

No iba a darse por vencida, seguiría insistiendo hasta saber la verdadera razón; Megumi sería bueno ocultando sus sentimientos o emociones, pero no lo que le molestaba y eso era un defecto suyo que fue heredado de su padre. Así que, tomó asiento en la orilla de la cama y lo observó con atención, sospechaba que algo sucedía, más no tenía el conocimiento en concreto.

—Megumi, ¿hay alguien que te está molestando?

—¿Qué? No, nadie podría molestarme.— volteó a verla con confusión. Ella presionó sus labios entre sí y asintió, pues tenía razón, ya que, era muy bueno defendiéndose cuerpo a cuerpo. Aunque la posibilidad de que alguien podría estar por encima de él en ese aspecto, no debería ser descartada y era por ello que lo había preguntado.

—Está bien. Si me necesitas, estaré en mi habitación.— acarició su brazo con gentileza y después salió de la habitación, dándole su privacidad. Si Megumi no quería hablar, no podía obligarlo ni tampoco ayudarlo hasta al menos, saber sobre lo que pasaba con él.

Mientras tanto, el joven se quedó apreciando esa sensación en su brazo, porque quizá ella lo hizo como una forma de consolación o animación, pero para Megumi era un ligero rastro de felicidad, ya que, no tenían mucho contacto físico entre ellos. No habría razón de hacerlo y de las pocas veces, eran muestras de fraternidad.

━⊱⋄⋄⋄⋄⊰━

Durante la noche, dio muchas vueltas en su cama, había estado intentando dormir, pero le era imposible a causa de sus pensamientos: Todos eran sobre ella. Cuando la vio salir de su habitación, quería detenerla y decirle la situación real de lo que sucedía, más no tuvo la valentía de hacerlo.

Quitó las mantas de encima suyo, sus pies tocaron el frío suelo al levantarse e ir en dirección a la puerta, la cual abrió sin hacer mucho ruido porque no quería despertar a alguien. Fue a la cocina para tomar un vaso de vidrio de la alacena y rellenarlo de agua del dispensador, bebiéndolo poco a poco. Mientras hacía aquello, por el rabillo de su ojo observaba su casa; era grande y con comodidades, quienes los dueños eran _______ y Toji.

Cuando era tan sólo un niño, lloraba por las noches en exigencia de tener una figura fraternal a su lado para no tener miedo y no sentirse solo. Aún recordaba cuando su padre le mencionó aquellas palabras al regresar por él y arreglar las cosas.

“—Sé que te abandoné por mucho tiempo, pero ahora que estoy aquí, quiero remediar las cosas y hacerlas mejor.”

Al lado de él, estaba ______ irradiando felicidad con una sonrisa. En aquel entonces, Megumi tenía catorce años, era todo un adolescente que cuestionaba y refutaba ante cualquier cosa. Ahora que era un adulto, se la pasaba molesto o con cara de gruñón porque no podía tener a alguien en específico. Parecía que la vida no estaba de su lado y le daba lo peor que podía tener, como si fuese algún tipo de prueba que no pedía.

Claramente no le perdonó lo que su padre hizo en aquel momento, porque le dolió ser encargado con otra persona y que él no fuese responsable, pero tampoco lo juzgaba, ya que, _________ le contó la otra parte de la historia para intentar reconciliar aquella relación de padre e hijo, algo que no pasó.

Dejó el vaso en el lava vajillas al terminar de beber el agua y caminó de regreso a su habitación, mirando de reojo por última vez el reloj colgado en la pared de la sala que marcaban las dos de la madrugada. Chasqueó bajamente en negación, era demasiado tarde y él aún no conciliaba el sueño.

Estando delante de la puerta y de estar a punto de tomar el pomo para entrar, logró escuchar apenas unos perceptibles gemidos a lo lejos que lo hacen detenerse.

Obviamente los únicos que podían estar haciendo algo así en aquella casa y que provenían de una habitación, era la de Toji y _______.

Megumi tragó saliva en seco al escuchar aquellos sonidos, pues sabía que todos eran generados por su padre y no él. Le disgustaba la idea de pensar que estaban haciendo algo así, pues sentía celos de Toji en no poder estar en su lugar. Sin embargo, al momento de descartar la idea de ir a ver por curiosidad y volver a querer entrar a su habitación, hubo otro gemido un poco más alto y esta vez, era uno femenino.

Parecía que lo estaba llamando y guiándose por sus instintos más profundos, caminó sigilosamente hacia dicho lugar, donde la puerta estaba entre abierta y no dudó en colocar su ojo para poder ver algo. Ellos no se dieron cuenta de haberla dejado así y ni tampoco le tomaron importancia, pues según a su idea sobre Megumi, él no miraría porque se suponía estaba dormido.

Su vista buscó un rastro de ella, donde la luz se filtraba por aquella abertura debido a la luz de la lámpara que estaba a un costado de la cama de ellos dos, le brindaba una visión más clara de lo que sucedía adentro. Tan pronto la ubicó, no desvió su enfoque a otra cosa. Toji la tenía acostada en la cama, estaba encima de ella entre sus piernas, enterrándose en su interior con velocidad.

Su piel parecía ser lisa como un lienzo sin pintar y él quería hacerlo. Marcarla como suya y no que tuviera rastros de haber sido tocada por otras manos.

Sería capaz de pintar las manchas de otros, con tal de cubrirlos y reemplazarlos por los suyos.

Sus pechos estaban al aire y rebotaban por la fuerza que recibía, su cabello estaba extendido por la cama y parecían ramas sin hojas. Sus mejillas estaban rosadas al igual que sus labios, los cuales estaban hinchados, pero unas gruesas manos la tomaban de sus caderas para seguir arremetiendo y eso lo enfurecía porque no podía apreciarla como deseaba.

—Shh... ¿Quieres que Megumi nos escuche? ¿O los vecinos?— le susurró al notar que movía sus labios para querer gemir y ella negó con un movimiento de cabeza. —Entonces tapa esa maldita boca que tienes y evita hacer algún ruido.

Continuó enterrándose en su interior y _________ cubrió sus labios con una mano para no generar algún ruido. Había estado gimiendo de forma baja, pero al tener a Toji dándole en sus puntos más débiles, le sacaba sonidos de su garganta mientras que sus ojos dejaban salir lágrimas de placer. Esta vez, sería lo mismo, aunque la ligera diferencia era que intentaría ahogarlos para no despertar a Megumi.

Se negó muchas veces en verla de esa manera, como su madrastra y como pareja de su padre. En verdad la quería y sentía algo por ella, pero también, despertaba ese lado lujurioso de él.

Había intentado estar con otras chicas, tener una relación formal y lo que conllevaba un enamoramiento; todas fueron un rotundo fracaso y no por culpa de las chicas, sino de él en querer cambiar ese sentimiento que le tenía a la mujer y no podía. Ellas no eran _______.

Un bulto apareció entre sus piernas, sentía una incomodidad porque quería tocarse y no podría hacerlo si quería seguir viendo aquello. Lo único que pudo hacer fue frotárselo un poco con la mano por encima de la ropa, por lo menos así, podría disminuir ligeramente esa sensación.

No era la primera vez que fantasiosamente, ________ despertaba su intimidad a tal punto de dolerle y Megumi fuese capaz de deshacerse de ello con tocarse. Lo hacía en su baño durante la ducha o por las noches antes de dormir, siempre pensando en ella.

Se había corrido tantas veces en su nombre, que perdió la cuenta.

Toji deslizó su venosa y gruesa mano al pecho de ________, masajeándolo con gentileza y cariño para estimularla, a lo que, arqueó su espalda en respuesta.

Pobre Megumi, cómo deseaba ser su padre en esos momentos.

—Ahh... Toji...— gimió frunciendo su ceño de placer. Su ojo lo captó y le palpitó la polla. Quería escucharla gemir su nombre y que la cama chirreara por su culpa a causa de sus embistes.

—Querías celebrar...— mencionó su padre en murmuro que apenas fue perceptible. —Pues aquí lo tienes.

Salió de ella para colocarla boca abajo con su trasero alzado, su espalda arqueada, pecho pegado a la cama y manos empuñando las sábanas que tuviese a su alcance. Sus mejillas empezaron a arder cuando el sonido de las pieles chocar comenzó a escucharse.

—¡Ahh..!— exclamó por lo bajo, ocultando su rostro entre las mantas.

No podía ver a su padre y agradecía por ello, ya que, Megumi podía imaginarse que era él quién la follaba, quien se enterraba sin piedad hasta lo más profundo de su interior. Sus gemidos ahogados se atoraban en su garganta cada vez que quería tocarse más allá de lo que podía.

Era demasiado para él, así que, con lo que vio, era más que suficiente.

Se encerró en su habitación con pestillo sin hacer ruido, se recargó en la pared más cercana que tuvo y cerró sus ojos para tocarse a sí mismo, teniendo en mente lo que acababa de presenciar.

Frunció su ceño de placer, pequeñas gotas de sudor decoraban su frente debido a la temperatura de su cuerpo, a causa de su libio que cada vez más, subía hasta llegar a su máximo nivel. Llevó su cabeza hacia atrás donde la recargó en la fría pared y soltó un jadeo de alivio tras liberarse.

Miró su mano donde estaba de su esencia que escurría lentamente, mientras que, su respiración estaba agitada, intentado tranquilizarse. Sólo había una cosa en sus pensamientos y en su mente: Envidiaba tanto a su padre, que los celos lo controlaban y por eso actuaba de esa manera.

━⊱⋄⋄⋄⋄⊰━

Toji y Megumi entraron a la casa, habían llegado de la escuela de hechicería al mismo tiempo. De vez en cuando Toji entrenaba a su propio hijo, donde el joven desataba todos sus celos disfrazados de entrenamiento hacia aquel hombre que no le caía muy bien, misma razón que, Megumi era bastante bueno en defensa personal.

_______ fue a recibirlos con una agradable sonrisa, ya que, era una mujer ama de casa y gustaba de ser cordial al verlos entrar. Sin embargo aquella curvatura de labios se deshizo en un santiamén de segundos al ver a ambos hombres heridos; Toji era el que tenía más rasguños y aberturas en su piel a causa de una misión sumamente difícil por la cantidad de maldiciones que habían, cosa que, Megumi lo acompañó para ayudarlo y no terminó del todo bien, pero sí con un éxito rotundo.

—¡Toji! ¡Megumi! ¡Oh por...! ¿Están bien?— exclamó acercándoseles con preocupación. Observaba cada lesión con un ceño fruncido y al tocar una que parecía ser grave en el rostro de Toji, éste se quejó.

—Estamos bien.— dijo tomando de las muñecas a su pareja con delicadeza y les dejó un tierno beso. —Sólo fueron rasguños. Necesito limpiarlas y quedaré como nuevo.

—¡Iré por el botiquín!— mencionó con urgencia mientras caminaba en dirección al mueble de la sala, donde había un paquete de emergencias.

Megumi se sintió bastante molesto, porque siempre era primero su padre y después él. Deseaba al menos tener un poco de su atención y no sentirse tan rechazado de esa familia; para su percepción, Toji y _______ conformaban una familia y él, era el marginado.

Aquel hombre que no consideraba su padre a pesar de serlo biológicamente, se sentó en el sofá y al lado se colocó _______, abriendo el botiquín de primeros auxilios para sacar una gasa limpia, ponerle un poco de alcohol y después comenzar a limpiar de las heridas. Megumi negó internamente, con una mirada seria se dirigió al baño, donde ahí había otro botiquín.

Tendría que hacerlo él solo.

Mientras se ponía un pequeño parche en su pómulo debido a un rasguño que no paraba de sangrar, recordó que _______ solía atenderle las heridas cuando llegaba de la escuela al ser tan sólo un adolescente, pensó que eso había quedado atrás desde que creció, pero apareció en el marco de la puerta.

—Me hubieras esperado.

—Puedo hacerlo por mi cuenta.— habló Megumi. La miró de reojo unos cuantos segundos y después devolvió su vista al espejo.

—¡Qué terco eres!— rio bajamente y ocultó sus labios con una de sus manos por la pena de haberle dicho tal cosa. —Todo esto porque ya eres un hombre, ¿no es así?

Ella pensaba que era por la etapa de adultez, que la mayoría querían intentar ser independientes y dejar de ser tratados como niños. No obstante, recibió una sonrisa y un chasquido como contra ataque ante la ingenua idea que tenía en mente.

—La terca eres tú, queriendo hacer tu papel de madre a cada momento.

—¿No sería porque en verdad sí lo soy?— frunció su ceño por la confusión de sus palabras, pero también mostró una cálida sonrisa a pesar de lo que le dijo, que podría ser considerado una falta de respeto.

—No hay mucha diferencia de edad entre nosotros como para que seas mi madre.— rio con sarcasmo, cortando un pedazo de cinta adhesiva especial para su herida. —Pero mi padre contigo sí, él sí podría ser una figura paterna para ti.

—Esa es otra historia, no cambies una cosa por otra.

Notó que había cortado mal la cinta especial, ya que, intentó pegarlo en su piel, más no le sirvió para su herida porque no le cubría lo necesario. Tomó el rollo de cinta y lo cortó al exacto tamaño que debería de ser en dicha área lastimada, dejándolo por unos breves segundos en su dedo pegado para tomarlo de las mejillas con ambas manos y girarlo a ella, colocándole la cinta en el lugar que quería tapar.

La tenía tan cerca de él, que quería besarla para poder probar de aquellos sauces labios que una vez los vió hinchados. La diferencia de alturas es notoria: Megumi era bastante alto a comparación de ella y eso le encantaba.

—Vamos Megumi, no seas tan duro conmigo, no te he hecho nada malo. ¿O sí?— optó por hablar, ya que, aquel joven no parecía querer decir algo más.

—No...

—Entonces, sonríe más. Últimamente has estado con cara de gruñón a donde sea que vayas.— le apretó levemente la mejilla como un gesto de animación, mientras le mostraba una cálida sonrisa.

—Auch.— se quejó y llevó una mano a dicha área adolorida una vez lo soltó, para masajeárselo y aligerar el malestar debido a los rasguños y golpes que obtuvo durante la misión.

Por unos instantes, se vieron directamente a los ojos; ella alborotó su cabello para disipar cualquier rastro de incomodidad entre ellos. Lo admiraba muchísimo, porque había crecido y hasta ese punto, era demasiado valiente ante semejantes amenazas de la vida hechicera.

Por el contrario, Megumi observaba todo a detalle; no podía deshacer el picor en sus labios, la necesitaba y quería demostrarle que ya no era un adolescente, sino un hombre mucho mejor que su padre. En un acto de impulso, relamió sus labios y con ambas manos tomó la cintura de ________, pegándola a su cuerpo para besarla profundamente que transmitía todo lo que tenía contenido hacia ella.

Todo lo que quería decirle y darle a entender que la amaba.

Todo parecía querer ir de la forma en la que Megumi pensaba: Ser correspondido y huir de esa casa junto a ella. Aunque sería algo precipitado y poco ético de su parte, no descansaría en conseguirlo algún día. Sin embargo, sintió las manos de _______ posarse en su fuerte pecho y empujarlo de su lado. A pesar de no obligarla a nada y respetar aquella decisión de no continuar con el beso, la vio con desconcierto cuando se separó de sus labios y sintió que el picor en ellos aún residía con fulgor.

—M..Megumi...— titubeó, llevando la yemas de sus dedos a sus labios y sentir su corazón latirle rápido. Su rostro estaba inundada de la expresión de asombro, pues no creía que el hijo de Toji la había besado.

—Puedo explicarlo.— se apresuró en decir, era claro que tenía razones de su acto y estuvo a punto de mencionarlas, pero a cambio recibió una negación y su alejamiento por parte de ella, que no tuvo oportunidad de ello.

—N..No, yo...— no objetó más y salió del baño, dejándolo solo para evitar escuchar sus razones, pues lo que había sucedido no era correcto por más maneras en las que Megumi pudiese explicar.

Apretó sus manos en forma de puño para intentar controlar ese coraje e impotencia de querer salir detrás de ella para detenerla. La había tenido delante de él y con aquel beso, arruinó todo. Lo más probable era que se distanciaría de Megumi por un buen tiempo, algo que lo perjudicaría porque era como ponerle una sentencia de muerte al amor de su vida.

━⊱⋄⋄⋄⋄⊰━

Había estado vigilando los horarios y rutinas de su padre, pues quería hablar con _______ para aclarar las cosas entre ellos dos, pero no había tenido la oportunidad debido a la presencia de Toji en su casa. Algo que sí notó en particular y que lo había deducido, era que la mujer lo había estado evitando cada vez que él se le acercaba por cualquier motivo que no fuese directamente a ella.

Salía rápido de donde los dos podrían estar a solas o nadie los veía, le desviaba la mirada cada vez que necesitaban hablarse para cosas cotidianas y necesarias, de no serlo así, no le dirigía la palabra por ningún motivo más. Era algo que le dolía a Megumi, pues en verdad la amaba y estaba perdidamente enamorado de ella.

Anteriormente Megumi intentaba dar pretextos o justificaciones a ciertas cosas, para poder estar lo más cerca posible de ________, teniendo beneficios en varios aspectos de su vida conforme a las buenas actitudes de un hombre servicial. No obstante, con aquello que pasó en el baño, era ella quien hacía lo posible para estar lejos de él, metiendo de por medio pretextos algo incoherentes para Megumi, pero no para su padre quien aún no sospechaba nada porque la mayoría del tiempo estaba ocupado por obvias razones: Era quien mantenía los pagos de la casa y los víveres.

Algún día tenia que estar a solas con Megumi y no habría algún pretexto para poder estar fuera de casa, ni seguir evitándolo, por lo que, ese día llegó más pronto de lo esperado. Toji salió de viaje por cuestiones de la escuela de hechicería, un altercado lo mandó a llamar y sobre todo, para entrenar a los jóvenes recién ingresados a la escuela de Kioto en tan sólo dos días.

Mientras tanto, ________ parecía querer correr de Megumi cada vez que lo veía. No quería que se le acercase, sería engañar a su pareja y ya parecía que lo estaba haciendo, ya que, Toji aún no estaba enterado de que su propio hijo la besó. No se lo hizo saber, porque no quería que lo echara de su casa y ocasionar un problema aún mayor del que ya había. Simplemente quería dejar eso atrás, olvidarlo y comenzar desde cero su relación fraternal con Megumi, la diferencia era que habría un límite de por medio.

Por la noche, mientras ella hacía la cena, Megumi se dignó en recargarse en la entrada de la cocina en un pilar de concreto; vestía un traje deportivo, apenas iba salir a correr para despejar su mente ante el reciente problema, pero cuando la miró en la cocina, creyó que era mejor intentarlo. No se iba a dar por vencido, ni mucho menos se iba a retirar hasta que hubiese hablado con ella, quien sintió su presencia y los nervios la invadieron, más no lo demostró ante él y continuó con lo suyo.

—¿Necesitas algo?— le cuestionó sin ni siquiera verlo, se encontraba picando unas verduras en la tabla de picar para seguir añadiendo ingredientes a su cena.

—Sí.— respondió y no recibió otra pregunta más, pues ella estaba esperando lo que tenía para decir. —Quiero hablar contigo.

—Si es por lo de la otra vez, te sugiero que lo dejes así y por favor, que no vuelva a suceder.— aclaró con una voz autoritaria aún sin mirarlo, pues no se creía capaz de hacerlo.

—Sólo escúchame. Es lo único que pido.— objetó Megumi, acercándose a ella a pasos lentos. La observó detenerse de lo que hacía y con eso le marcó su línea.

—Mantén tu distancia, Megumi.

—Bien, aquí me quedaré, pero... ¿Me escucharás?

—Está bien.— aceptó tras oír su insistencia. Entre más rápido pasaban las cosas, era mejor pues así él podría regresar a su habitación o salir a correr sin necesidad de decírselo de mala manera para no seguir con la incómoda situación.

—Quiero disculparme por haberte besado.— suspiró y tomó aire para darse la valentía de pronunciar lo que tanto guardó hasta el momento. Relamió sus labios y al dejar salir el oxígeno de sus pulmones, habló con seguridad. —No fue muy correcto de mi parte lo que hice, pero es que... Yo no te veo como mi madrastra.

Las manos de ________ le temblaban tanto, que inclusive no podía sostener el cuchillo y estuvo a punto de caérsele. ¿Escuchó bien? ¿Megumi no la veía como madrastra?

—Y..Ya no q..quiero escucharte.— cerró sus ojos a la par que negaba con su cabeza. Era una idea alocada para ella, nunca le dio indicios de algo así como para que llegase a tener esos tipos de sentimientos que ya estaba empezando a sospechar de cuáles se refería.

—________, te quiero y sé que tú me quieres a mí.

—Eso es diferente.

—¡No! No lo es. ¿Crees que no me doy cuenta de cómo me miras? ¿De las cosas que haces por mí o de las sonrisas que me das?

—¡Es porque soy tu madrastra, Megumi!— exclamó en alto para detenerlo y esta vez, finalmente lo vio a los ojos, los cuales estaban húmedos y transmitían decepción. Ella pudo ver en los de Megumi que eran azules como el zafiro, una terrible tristeza y el desgarrador dolor de no poder tener o no ser correspondido por la persona a quien amaba.

Finalmente aceptó lo que tanto negó: El amar a su madrastra con fervor.

—No lo eres...

—¿Entonces qué soy para ti?— preguntó con ironía.

—La persona a quien más amo y deseo en este mundo.

Por un momento, sintió que el oxígeno le faltó y que el suelo se movió. ¿La amaba?

¿Cómo era posible que un hijastro pudiese amar a su madrastra? Lo había criado y educado desde que tenía catorce años. ¿Cómo pudo llegar a sentir algo así por ella? Nunca pensó que podría pasarle algo así en su vida, su idea era tener una linda familia sin importar que su pareja tuviese un hijo de otra mujer e hizo lo mejor que pudo para recuperar las piezas rotas de lo que había sido una familia antes del fallecimiento de la ex mujer de Toji.

Durante el trance de pensamientos y sentimientos encontrados que tenía _______, Megumi se acercó lo suficiente como para colocar sus manos en los hombros y sentirla tensarse ante aquel acto, por lo que, llamó su atención para volver a verlo a los ojos.

—Mirarte con mi padre, me causa muchos celos y no puedo hacer nada al respecto, porque lo has elegido a él y no a mí.

—¿Q..Qué cosas estas diciendo, Megumi?

—Dame una oportunidad, sólo una oportunidad para hacerte cambiar de parecer y demostrarte que soy mucho mejor que mi padre.— dijo en un tono de súplica.

—No puedo hacer eso.— negó y le retiró las manos de los hombros.

—¿Por qué?— cerró sus ojos y frunció sus facciones de tensión ante su rechazo. —¿Por qué yo no y él sí?

—¿A qué te refieres?

—¿Por qué yo no puedo tenerte y él sí?— la observó con tristeza. Era una pregunta que siempre se había hecho y ahora se lo hacía saber, aunque era claro que ella no tenía la respuesta. Quizá, nunca la tendría. Llevó una mano a su mejilla y la acunó, mientras que con el pulgar acarició de los labios, algo que ansiaba volver a probar. —Por favor... Sólo una oportunidad única.

—No puedo...— retiró la mano de su rostro y regresó a lo que hacía. Iba a empezar a picar otro tipo de verdura, pero Megumi se colocó detrás de ella poniendo por encima sus manos grandes en las de ella.

—¿No puedes o no quieres?— le susurró al oído. Sintió su respiración en el cuello y la punta de su nariz rozar en la piel de dicha área, causándole estremecimientos.

Cerró sus ojos y no dijo nada, pues quería responderle, más nada salía de sus labios. Estaba siendo seducida en sus puntos más débiles y no podía siquiera vocalizar algo. Si continuaban con aquello, estaría cometiendo una infidelidad y era algo que probablemente no se lo perdonaría ella misma. No había necesidad alguna de lastimar a un tercero, que en este caso, era Toji.

—¿Huh? Contesta.— mordió su lóbulo y pronto la escucho jadear. Estaba utilizando la segunda opción que tenía considerada, en dado caso de que la primera opción, que era hablar, no resultaba del todo factible.

—M..Megumi.

Entrelazaron sus manos después de que _________ soltase lo que tenía entre ellas y Megumi aprovechó en restregar su rígido bulto en su trasero. Soltó un gemido tras exaltarse al sentir su considerable y duro miembro, por lo que, éste se rio por su reacción cerca de su oído. La ropa deportiva era delgada, así que, sentirlo muy vívido era excitante.

—Sigo esperando.— volvió a murmurar, pasando la punta de su tibia lengua por detrás de la oreja.

—Ahh...— gimió recargando su cabeza en el fuerte pecho de Megumi, quien continuaba meneando sus caderas contra ella, imitando embistes sumamente suaves que ocasionaban ella chocase contra la orilla de la superficie del mueble de la cocina.

Comenzaba a ser algo caliente para ambos.

Megumi bajó una parte de la blusa en el área del cuello para descubrir su hombro y tener a su disposición la tersa piel. Dio pequeños besos desde el inicio del hombro hasta la oreja, cosa que, pronto la percibió alzar su trasero para darle a entender que siguiera con lo suyo y que le estaba gustando.

—N..No p..puedo.

—¿Pero sí quieres?— dijo sutilmente, metiendo una de sus extremidades debajo de su blusa para acariciarle su vientre. Ella sintió y no necesitó una tercera afirmación para lo que quería e iba a hacer. —Oh, cariño... Vas a gemir mi nombre y ya no más el de mi padre. Siempre que lo hagas con él, si es que no te convenzo, te vas a acordar de mí.

No pudo evitarlo y debido a lo que le dijo, generó una humedad en sus bragas que le comenzaba a incomodar porque no estaba teniendo su considera atención. Quería ser tocada y estimulada, pero esta vez, por Megumi, no por Toji. ¿Estaba mal? Era claro que sí y se dejó caer en las redes de un joven hombre que era capaz de arruinarla en poco tiempo.

—No sabes cuántas veces tuve que reprimir mis deseos por culpa de mi padre.— dejó un beso en su pómulo y al mismo tiempo, bajó una de sus manos hasta llegar a su núcleo para tentarlo con gentileza, gimiéndole en el oído por sentir la humedad en dicha área y provocando que ella apretase sus piernas entre sí. —¿Te calienta escucharme gemir?

—S..Sí.

—A mí también, quiero escucharte.— introdujo su dedo medio con mucho cuidado de no lastimarla y una electricidad le recorrió por todo su cuerpo a _______, provocando que sus pezones se endureciesen del placer. Por inercia de lo que sentía, se inclinó hacia adelante y Megumi por igual, para evitar que no se separase de su cuerpo.

—Ahh... Megumi...— finalmente la escuchó gemir su nombre y eso lo prendió como fuego, sacando ese lado oscuro que yacía desde muy del fondo de su interior.

—Quiero follarte en cada rincón de la casa... Y empezaremos por la cocina.

Sacó su mano de entre las piernas de ________, la movió para tenerla de frente y la cargó hasta dejarla en la orilla de la superficie del mueble de la cocina. Con un poco de fuerza sin llegar a lastimarla, la tomó del mentón para besarla de nuevo y con desesperación, porque era la única oportunidad que tenía para hacerle saber que Toji era poco a comparación de él. ¿Cómo siquiera podría ser rival de su propio padre?

Su lengua invadió cualquier tipo de privacidad al entrar a su cavidad bucal para buscar de la suya, lamerla y poco después, succionarla con intensidad. El chasquido de la saliva resonaba en la cocina y eso hacía que sus libios subieran poco a poco cuan cafetera a punto de chirriar al estar su agua hirviendo. Grandes y claras manos agarraron de la cintura a _______, dándole pequeños masajes en forma de círculos con sus pulgares. Poco a poco comenzaba a sentir que movía sus caderas en busca de fricción.

Pronto, ________ colgó sus brazos alrededor del cuello de Megumi, abrazándolo y trayéndolo aún más consigo misma para seguir su travesía al mundo de los pescadores. Si ella estaba cometiendo una infidelidad por ser pareja de Megumi, él estaba traicionando a su propia familia por ser hijo de Toji.

¿Serían capaces de caer a la perdición por el otro, hasta con los ojos vendados?

Sus piernas abrazaron la tonificada cintura de Megumi y lo hizo pegarse a su núcleo, rozando intimidades entre sí por encima de la ropa. Al alzarle su blusa para ir más allá de lo permitido, no recibió queja alguna ni un rechazo, todo lo contrario, se deleitó ante semejantes pechos que eran su delirio.

Le retiró las prendas superiores y no dudó en hundirse entre ellos, besándolas y masajeándolas con lujuria hasta saciarse de sed. También había dejado algún que otro hematoma, para que al día siguiente que se viese en el espejo, recordase el dueño de semejantes manchas púrpuras repletas y hechas de pasión.

—Oh, mierda... Son hermosas.

La punta de su lengua se concentró en los pezones y los lamió de diferentes formas hasta dejarlos bastante húmedos a causa de su saliva. Nuevamente ________ arqueó su espalda y esta vez, fue un poco más para entregarle sus pechos y seguir recibiendo dicha estimulación que la estaba llevando al borde de su contención.

Vio de esos pechos en aquella noche y ahora los tenía ahí mismo a su disposición. Como un lobo comiendo a su presa, Megumi devoró cada rincón de _______, que enganchó sus prendas restantes, las cuales eran de la parte inferior para bajarlos y colocar cada una de sus piernas en sus hombros hasta inclinarse a la altura de su intimidad.

—¿Q..Qué haces?

—¿Que qué hago?— rio ante incrédula pregunta. —Cariño, voy a comerte.

Le dio una mirada oscura que le sacó un bajo jadeo, pues verlo así, era nuevo para ella. Hundió su boca en aquellos íntimos labios, humedeciendo todo a su paso para dejarlo justo como él quería y necesitaba. Ambos tenían sus mentes nubladas de placer, pero ________ era quien más se guiaba por su necesidad entre sus piernas, que le estaba dando esa oportunidad que tanto exigía Megumi.

La estaba complaciendo y la estaba disfrutando a más no poder. No dejaba de verla directamente a sus ojos, necesitaba grabar cada cosa en su mente y que todo quedase como un buen sueño hecho realidad, aunque su corazón fuese terriblemente destrozado si llegase a rechazarlo. No le importaba si su padre ya había hecho aquello con ella u otras cosas más, iba a ser mejor.

Generó un sonido de aprobación desde su garganta sin dejar de estimularla con su boca y aquellas vibraciones las resintió en su centro, temblándole las personas por la sensibilidad. Una mano se colocó en sus oscuros cabellos cortos, era ________ quien lo había hecho y entre los dedos se inmiscuyeron algunas sedosas hebras, las cuales jaló levemente hacia ella misma.

Megumi apretó los muslos con fuerza, queriendo más de ella por devorar y succionó con hambre aquel delicado botón hasta hacerla temblar, cosa que, al estimular con continuidad, logró hacerla llegar al orgasmo. Su cuerpo vibró y se retorció de placer por la oleada de sensaciones deleitantes, poniéndose cada vez más delicada de su núcleo.

—Nada mal.— relamió sus labios y también quitó rastros de su esencia con los dedos, pues durante su clímax, Megumi estuvo sorbiendo cada jugo que soltaba su interior. La vio jadear e intentar controlar su respirar lo mejor posible, por lo que, aprovechó en introducir dos dedos y notar que fácilmente podían entrar y salir. —Lista para mí.

Megumi sonrió y escuchó su gemido ahogado por la sensible zona. Volvió a abrir sus piernas y bajó el cierre de su suéter, pues tendría calor y también quería ver de mejor manera enterrarse en ella, por lo que, no tenía una camiseta debajo y sus bíceps estaban al aire. Removió un poco su pantalón holgado deportivo junto a su ropa interior y pronto salió su erecto miembro, cosa que, en la base habían vellos oscuros y recordados. Era gruesa y tenía bastantes venas resaltadas, que su boca salivó más rápido de lo normal. Ya no era el adolescente que conoció hacía años, era todo un hombre sumamente varonil y maduro.

Dirigió la punta de su miembro los pliegues de ________, pasándolo reiteradas veces hasta quedarse en su sensible conjunto de nervios y golpetear ligeramente aquello. Aquello ocasionó que ella intentase cerrar sus piernas mientras le temblaban por el orgasmo anterior, pero para su sorpresa, Megumi las mantuvo separadas con una de sus manos en un muslo suyo y él estar en medio de ellas.

—Ábrelas más.— demandó y no dudó en hacerlo, dejando sus manos por detrás de sus rodillas para sostenerlas.

Colocó una de sus libres manos detrás de la nuca de ________ después de dejar su punta en la entrada de aquel húmedo agujero y la obligó a ver cómo se perdía en su interior lentamente, ambos gimiendo en el proceso. Quería ver sus facciones, sus gestos de placer, sus orgasmos, porque la dejaría sin caminar y eso era una de sus fantasías.

—Joder...— murmuró Megumi al empezar su meneo un poco más rápido. Su polla lo pedía, exigía más de ella y no dejaría de enterrarse hasta liberarse por completo. —Estás tan caliente.

Lágrimas de placer se acumularon en los rabillos de los ojos de _______, quien tenía sus antebrazos colocados en la superficie de la cocina, ya que, se había cansado en estar en la otra posición por bastante tiempo. Aún así, intentó mantener sus piernas abiertas para él, a pesar de que le temblaban demasiado por la debilidad.

Si bien el Toji le daba un sexo muy bueno y la follaba cómo quería, Megumi era otra cosa, él la dominaba como quería. Eso era totalmente diferente y la hacía darse cuenta que aquel hombre joven tenía tanta razón en sus palabras.

Aquel duro miembro estaba siendo mojado por fluidos femeninos, que cada vez más se podía escuchar un sonido acuoso y era a causa de ello. Megumi cerró sus ojos un breve momento para disfrutar de tales melodías sumamente obscenas y luego regresar a ella para verla. Tenía su rostro fruncido del placer, sus labios estaban hinchados dejando salir gemidos bajo su nombre, y eso era justo lo que quería.

—¿Puedes sentir qué tan dentro de ti está? Míralo por ti misma, cariño.

La hizo ver la protuberancia en su vientre bajo, pues cada vez que Megumi entraba y salía, se notaba un pequeño bulto, cosa que, era la punta de su polla chocar contra su interior tan profundamente.

—Ahh.. Es demasiado...

—He ansiado tenerte así... Que quiero que seas totalmente mía.

Arqueó su espalda cuando Megumi golpeó un punto dulce y éste rápidamente la tomó con ambas manos desde cadera para seguir embistiendo sin dar a otro lugar que no fuese ese mismo que la hizo moverse por instinto carnal. Apretaba de la piel y veía la unión entre ellos dos; la zona íntima de ________ estaba colorada y húmeda, era algo excitante de acontecer vívidamente.

—M..Megumi...— una aguda voz femenina le indicó que estaba cerca de tener su segundo orgasmo, a lo que, la embistió sin pudor y sin límite alguno.

Nuevamente gimió, sus piernas temblaron con más fuerza y expulsó sus fluidos, mojándolo aún más. Las prendas deportivas estaban muy húmedas de tanto que _______ se había corrido.

—Eso es... Mójame la polla.— a los segundos, dejaron de salir los exquisitos jugos del néctar prohibido, pero su cuerpo aún tenía espasmos porque Megumi no paraba de seguir tocando aquella debilidad. Le falta el aire y eso que ella no fue quién se movió en todo momento. —Ven acá.

La cargó sin aún salir de ella y entraron al comedor, donde la puso encima de la mesa con sus pechos contra la lisa superficie. Se retiró todas las prendas rápidamente, no iba a perder más tiempo en ello. Con un pie suyo, movió las de ________ y dejó sus piernas abiertas, teniendo su trasero e intimidad expuesta ante él.

—Cada vez que comamos, recordarás que te follé en ésta mesa.

Sin darle oportunidad de decir o contradecir algo, entró en su interior y la poseyó de las caderas, arremetiendo en su deleitante interior. A causa de la fuerza de los empujes de Megumi, la mesa se movía, chirreaba y parecía que en algún punto podría desarmarse. Las cosas que estaban encima de la superficie como el salero, el azucarero, servilletas y demás, también se movían y generaban ruido.

Megumi frunció su ceño por la inigualable experiencia de verla en esa posición y que esa vez, realmente era ella. Lo gozaba como nunca antes pudo haber gozado de algo y si pudiese decir cuál fue la mejor cosa que le había sucedido en la vida, sin duda alguna sería ese momento.

________ lloró de placer y él la tomó de las muñecas, sosteniéndolas con una grande mano en su espalda baja, pero la otra extremidad se encontraba en su cabeza, manteniéndola contra la lisa superficie de la madera. Tenía pequeñas gotas de sudor, tanto en su frente como en sus mechones de cabello que algunos empezaban a gotear. Su marcado abdomen estaba bajo tensión al embestir y algunas pequeñas gotas de su propio sudor, descendían por las hendiduras de sus bíceps.

Podía notar que la arqueada y torneada espalda de _________ brillaba por la ligera capa de sudor que empezaba a producir. La veía tan sumisa ante él tan pequeña que podía arruinarla si quería, pero claramente lo haría con su miembro en su interior.

—M..Megumi.— su voz tembló y él sonrió a causa de su cometido.

—Puedo sentir lo tanto que me aprietas.. Dime... ¿Así te folla mi padre?

—N..No...— jadeó y pronto sintió que Megumi se inclinó hacia ella, provocando que sus bolas chocasen contra su clítoris.

—Eso pensé.

Apretó sus piernas entre sí, alzó aún mejor su trasero y no tardó en escuchar más fuerte el sonido de las pieles chocar, que en sí lo era, pero también la bolsa de delicadas reservas de esencia en su centro, yéndosele los iris a la parte interna de su cabeza. El aire parecía que se le había acabado, porque no respiró por algunos segundos hasta soltar aquel nudo en su interior y Megumi, sentir que lo apretaba espontáneamente.

Estaba demasiado sensible y apenas tuvo su tercer orgasmo, ya no podía continuar más, aunque para Megumi, eso no era nada. Tenía más sitios en mente por follarla y llenarla de recuerdos por si se atrevía en negar tener algo con él.

—No hemos terminado.

—¿Q..Qué?

Sus piernas le fallaron cuando intentó caminar a causa de un jalón de su brazo por parte de aquel joven, así que, la cargó nuevamente en sus brazos para llevarla al sofá donde la obligó a chupársela hasta tragarse su semilla y al ver que aún seguía rígido, fueron al baño, cosa que, en ese lugar la folló mientras que con una de sus manos la mantuvo firmemente viendo al espejo de adelante y después pasaron al área de lavado de ropa.

Se atrevió a ir a la habitación de Toji donde le dejó en claro que nunca olvidaría la follada que Megumi le estaba dando. La mayoría de lugares en las cuales lo hacían, era ________ quien llegaba al clímax y no Megumi, por lo que, finalmente pasaron a su propia habitación para terminar con todo aquello.

—Por favor Megumi, ya no puedo más.— suplicó con un hilo de voz. Su respiración era bastante agitada y ya ni siquiera sentía las piernas.

—¿Sólo soportas de cuatro a seis orgasmos?

—¡Es demasiado!

—Éste será el último, lo prometo. Quiero tener el recuerdo en mi habitación.

Entró en su interior, meneando sus caderas con suavidad a la par que sostenía las piernas de _________ juntas contra su pecho. Podía observar sus pechos rebotar y decidió acariciar uno de ellos con su mano, era su momento de disfrutar y no de ser el espectador. Ella tomaba las sábanas entre sus manos en forma de puños y soltaba lágrimas de placer puro gracias a Megumi quien se deslizaba con lentitud porque quería que ese momento fuese eterno.

Tenía una buena vista que no podrá olvidar nunca. En la misma cama donde estaban, él se había imaginado miles de escenarios y todos eran con ella. En su mayoría no eran sexuales, entre ellos estaban los más románticos y tiernos que pudiese pensar con alguna mujer; le gustaría poder salir a pasear juntos tomados de la mano, cenar en un restaurante o tener una velada por la noche, ir a la playa en verano y poder verla en su hermoso traje de baño mientras sonreía de felicidad, ir a un parque acuático, tener una simple noche de películas, de parejas y poder hacerle el amor bastantes veces para decirle cuánto la amaba.

Una tristeza lo inundaba cuando miraba que su padre no era capaz de hacer algunas cosas de las que él quería hacer con ella. _______ siempre lo recibía con felicidad, con cariño y calidez, en cambio, Toji parecía tenerla en el olvido, porque en algunas ocasiones la trataba con desdén y poco cariño, otras veces, cuando ella hacía algo por él de una magnitud considerada, se portaba diferente.

Sin embargo, ese momento solamente aprovechaba en cumplir su fantasía y claramente en no despreciar esa oportunidad que _________ le estaba dando para hacerla cambiar de parecer.

Se recargó en un antebrazo tras colocarse entre sus piernas e inclinarse hacia ella quedando encima suyo sin dejar caer su propio peso, sintiendo nuevamente aquella mano entre los cabellos cortos de su nuca. La otra extremidad fue a su ancha espalda, deslizándose mientras daba pequeñas caricias con las yemas de sus suaves dedos.

Tan parecido a su padre físicamente, más no eran la misma persona.

¿En verdad ella sentía algo por Megumi? Si bien la forma en que lo trataba era de manera fraternal, nunca tuvo en claro los sentimientos hacia su pareja Toji. ¿Cómo estaba tratando de tal modo a su hijo, si se suponía no había nada entre ellos dos? Era claro que esa duda desde hacía mucho, era porque le atraía Megumi, pero tampoco quiso aceptarlo porque pensaba que aún era inmaduro a su edad y ella gustaba más de hombres mayores con bastante madurez.

Megumi le demostró lo contrario y con eso la tuvo en sus brazos.

Apretó su cuello con un poco de presión, frunció su ceño ante aquel acto vulgar y comenzó a moverse para buscar la liberación. La respiración le faltaba, pero no se quejaba de ello, porque estaba cerca de conseguirlo. Besó con profundidad aquellos hinchados labios que tanto le atraían a Megumi y que; soltaban gemidos bajos por la falta de aire.

Le arrebató lo que podía y en su defecto, le entregó su último, exquisito y más intenso de todos los orgasmos que pudo haber tenido en su vida. Ya no soltó ninguna gota de fluido, sólo lo apretó y en verdad la dejó totalmente seca. Dejó de asfixiarla para abrazarla, aferrándose a ella como también a su interior que estiraba sin pudor con su miembro en cada embestida. ________ puede escuchar los bajos y guturales gemidos en su cuello, pues Megumi se había refugiado ahí.

—Oh...— soltó Megumi, liberando hilos de esencia dentro suyo. Empujó sus caderas hacia adelante, quedándose quieto y en esa posición cada vez que su miembro palpitaba al expulsar lo que contenía en sus reservas hasta vaciarse por completo.

Salió de aquel relleno agujero cuando terminó y se acostó a un lado de ella, cubriéndose ambos con una sábana. Veían el techo y no tenían palabras para lo que acababa de suceder, pero sí para lo que había hecho Megumi hace unos segundos.

—Megumi, te viniste dentro de mí.

—Sé que tomas anticonceptivos, por eso no me preocupé.

—¿Cómo lo sabías?

—Todos los días a las tres de la tarde te tomas una pastilla sin falta, a excepción de una semana donde tienes tu periodo.

—Mierda...— dijo en asombro y luego cayó en cuenta con todo lo demás que sucedió. —Esto.. Esto no debió de haber pasado entre nosotros.

La realidad le demostró que en verdad sí tuvieron sexo, por lo que, llevó una mano a su frente para apaciguar ese ligero mareo de hechos transcurridos anteriormente. Megumi se colocó de costado, recargándose en su antebrazo donde algunos vellos de su axila se veían y la sábana bajó un poco a su cintura.

—Huyamos.

—¿Qué?

—Escapemos, dejemos todo y larguémonos juntos.

—No puedo irme así como así. ¿Qué pasará con tu padre? Te odiará para toda la vida y a mí, quizá hasta me asesine.

—Estoy dispuesto a perderlo todo por ti, si eso significa que te tendré. No me importa si mi padre me odia y si intenta asesinarte, seré capaz de asesinarlo a él primero. Eres tú quien me interesa.

—¿Por qué estás tan insistente conmigo? Megumi, hay muchas mujeres mejores que yo que son más de tu edad y tal vez...

—Porque te amo _______. Te deseo, te anhelo, te quiero junto a mí.— retiró algunos alborotados mechones de su rostro y los peinó con sus dedos. De nuevo notó aquella duda en sus ojos que parecía no saber con exactitud qué decisión elegir. —Sé mía y yo seré tuyo.

━⊱⋄⋄⋄⋄⊰━

—Tengo frío.

—Ven acá.— la abrazó, dándole un poco de calor. Miraban a la grande pantalla que tenían delante de ellos, mostraban diferentes números y el pequeño papel que Megumi sostenía en mano, no salía ahí.

El frío les calaba pues era diciembre y a pesar de estar en un área cerrada, no parecía ser suficiente como subir la temperatura, salvo por Megumi, que le generaba un poco de calor para soportarlo.

Favor de abordar al vuelo número 76.— sonó una voz desde las bocinas del aeropuerto. Ambos se vieron entre sí, luego a la pantalla donde ya aparecía aquel número que tenían sus boletos y aquel joven sonrió de felicidad.

—Llevaré nuestras maletas al área de carga, mientras ve haciendo fila para entregarle los boletos a la azafata.

Megumi había gastado todos sus ahorros de su trabajo en los boletos de avión, los aperitivos de su viaje y la renta de una casa en un pueblo alejado de Tokio. Iba a asegurarse de tener las comodidades adecuadas, el suficiente dinero para abastecerse por un tiempo en lo que buscaba un empleo cerca de su nueva vivienda y sobre todo, de no volver a ver a su padre porque seguramente la próxima vez que se vieran, no sería para charlar.

—¡Qué tengan buen viaje!— les deseo la azafata tras recibir sus boletos y permitirles el acceso.

Subieron al avión y acomodaron las ligeras maletas personales, pues iban a ser varias horas de vuelo y necesitaban tener a la mano ciertas cosas. _________ tomó asiento cerca de la ventanilla, mientras que, Megumi se sentó al otro lado donde estaba el pasillo para el pase. Posó su largo brazo encima de los hombros de la mujer a la que consideraba su pareja y le dio un beso en la mejilla.

Tenía que dejar algunas cosas en claro entre ellos antes de irse ambos en el avión, pues anteriormente no tuvieron tiempo más que de tomar sus cosas, empacarlas y huir de aquella casa antes de que Toji llegase, pues no tardaría en hacerlo.

—Sé que lo que hiciste quizá estuvo mal, pero sólo te pido una cosa: No lo hagas conmigo. Jamás...

—Prometo no hacerlo.

Las puertas se cerraron, el avión hizo aquel típico sonido al encender las turbinas y pronto una azafata emitió un anuncio por la bocina.

Favor de utilizar el cinturón, estamos a punto de despegar y es muy importante su seguridad.

Ambos abrocharon sus cinturones y luego de minutos, ya se encontraban volando por el cielo, huyendo para siempre.

Con tan sólo una oportunidad, todo cambió. Tanto ella como veía a Megumi, como también la vida que tenían, pues al tiempo, lo comenzó a amar y él estuvo encantado de ello.

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Que si me gusto? Dios, me fascino, soy adicta a todo lo que escribes, es una genuina joya

2 años
2
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me encantooooo

10 meses
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