Secuestrada |Satoru G. |+21

Sinopsis

▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬ —Su cena está lista, amo.— dice tímidamente. Satoru toma asiento en la mesa esperando de la comida, en su rostro hay seriedad que a ella le causa un nerviosismo; tiene miedo de que la castigue ante cualquier mínimo error. ________ sirve lo cocinado en un plato y después camina en su dirección para dejarlo delante de él en la superficie. Sus manos tiemblan, así que presiona sus labios entre sí para disimular aquello, pero a medio camino, se le resbala. ▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬ ┏━━━━━━━━━━━━━━┓ ¿𝙎𝙞́𝙣𝙙𝙧𝙤𝙢𝙚 𝙙𝙚 𝙀𝙨𝙩𝙤𝙘𝙤𝙡𝙢𝙤? ¿𝙎𝙚 𝙚𝙣𝙖𝙢𝙤𝙧𝙤́ 𝙙𝙚 𝙨𝙪 𝙨𝙚𝙘𝙪𝙚𝙨𝙩𝙧𝙖𝙙𝙤𝙧? ┗━━━━━━━━━━━━━━┛ ⚠︎Contenido adulto +21⚠︎ ▶︎Adaptada a Satoru Gojo. El libro original es de Suguru Geto y ambos son de mi autoría.◀︎ ➥Entretenimiento. ➥Se tocarán temas sensibles, explícitos y fuertes. ➥Lectora x Satoru. ➥Trama o historia originalmente mía. ➥AU (Alternative Universe). ➥Se llevará una lógica y buena estructuración posible.

Estado:
Completado
Capítulos:
41
Rating
5.0 8 reseñas
Clasificación por edades:
18+

─⊱⋅🔑Marcas rojas.⚠️⋅⊰─

Siendo por la tarde, entra por la puerta de aquel local, viendo alrededor las prendas colgadas por dondequiera.

—Buena tarde.— saluda la chica de que está detrás del mostrador. Ella sonríe y devuelve el gesto.

—Buenas tardes.— después de ello, sigue viendo.

Lo que tenía en mente era comprar ropa para su trabajo, era secretaria y le exigían vestimenta formal, cosa que ya se había acostumbrado y en ese momento viste una blusa de seda y una falda pegada formal, llegándole casi arriba de sus rodillas, además de unos tacones bajos.

Toma algunos de ellos, le habían interesado y decidió probárselos, saliendo del vestidor se mira por el espejo, sonriendo y sintiéndose feliz consigo misma.

Pero lo que no sabía, era que entre algunos aparadores, alguien la veía.

La fémina tenía una vida normal, vivía sola en una pequeña casa a las afueras de la ciudad, un campo con flores y árboles que cada día salía a regarlas o atenderlas para que siguiesen con vida, siempre estaba alegre pues tenía lo que siempre había anhelado, un lugar tranquilo donde vivir.

Claro que tuvo novios o parejas, pero ninguno fue suficiente para ella, por lo que prefirió quedarse sola y darse su propio tiempo.

El local de ropa tenía dos apartados, uno para caballeros y otro para damas. Siguió probándose varias prendas, contenta de acumular las necesarias, las toma yendo con la chica que al principio saludó.

—¿Sería todo?— le pregunta.

—No, también me gustaría ese collar y esos aretes.— apunta a la vitrina de donde está la chica.

Los añadió a su lista de pago.

Luego de pagar con tarjeta, le entrega las cosas en una bolsa, saliendo del lugar sin antes agradecer por el servicio.

Por otro lado, un albino de cabellos ligeramente alborotados, llamó por teléfono con un sujeto quien hacía de vez en cuando trabajos sucios.

Iría a por ella.

No obstante, el hombre es alguien peligroso y de respetar, nadie sería capaz de decirle lo contrario.

Tiene poder y dinero, cualquier orden que él dice, se hace sin rechistar.

Había crecido en un ambiente poco favorable, su familia viene de un grupo mafioso que ha ejercido su trabajo de generación en generación, y ésta vez, le tocó ser el jefe.

Fue entrenado desde pequeño hasta el día en que asumió su cargo, no querían que nadie estropease ese negocio, era importante para todos.

Armas, drogas, peleas, muertes, golpes y agresividad, es lo único que Satoru conoce en su vida, pero cuando la miró en ese local, algo dentro de él le decía que tenía que tenerla.

Y eso, fue por capricho.

Satoru durante su adolescencia, fue un chico rebelde que al principio se opuso del cargo que algún día le iba a tocar, aprendiendo la lección a golpes y castigos, que tenía que hacerlo aunque no quisiese.

A los días, la fémina saliendo de su trabajo, camina por la acera de la calle, su auto se había averiado y llegó incluso tarde en taxi, alza su mano para captar la atención de alguno.

Pero tan pronto como ella no puede reaccionar, alguien la intercepta con velocidad, le cubre la cabeza con una bolsa de tela oscura.

Por el susto, ella grita y forcejea desesperadamente intentado escapar, siendo en vano.

La subieron al auto y éste empieza a andar.

Nadie puede hacer nada, hombres armados dejaban mostrar sus calibres con miradas serias, dando a entender que si alguien se entrometía,no viviría.

—Cállate.— le ordena una voz masculina.

Era claro que ella tiene miedo, respira entrecortadamente, no sabía a donde la llevarían ni tampoco cómo acabaría, quizá muerta.

Lágrimas caen de sus ojos hasta las mejillas, su corazón palpita muy rápido.

No sabría si llegaría a casa esa noche.

—P..Por favor, d..déjeme ir.— musita la joven entre sollozos.

—Lo siento, pero alguien pagó para que te secuestráramos.— responde el otro hombre quién también está dentro de la camioneta, lo nota por su tono de voz, es diferente.

Ella no puede verles la cara, sólo escucharlos.

—Le pagaré más, pero déjeme ir.

El hombre negó con un sonido proveniente de su garganta.

—Mejor guarda silencio.— le sugiere el primer hombre quién la atrapó y después le da pequeños toques con el arma en su cabeza, sintiendo algo metálico.

El cañón del arma.

Solloza y tiembla, decidió no decir algo más,si es que no quería morir ahí.

Pasó algo de tiempo para que luego el auto se detuviera, los hombres empezaron a moverse y uno de ellos la toma de los brazos para levantarla.

—Camina.— demanda.

A tropiezos, baja del auto y sigue al hombre que la jala del brazo, entraron a un lugar puesto que escuchó el chirrido de unas puertas, ha oscurecido, las luces del pasillo en donde ella caminaba estaban iluminadas, llegando a una habitación apartada, la empuja y ella cae al suelo.

—Quédate ahí, pronto vendrá.— luego de decir eso, cierra con seguridad.

La fémina no puede reprimir más su llanto y lo suelta, estaba atada pues en el trayecto lo hicieron amenazándola de darle un balazo en la frente.

Una presión en su pecho se hice presente, le falta el aire, se siente tan mal, tan triste.

El albino llega con su camisa blanca y pantalón oscuro, la hebilla de su pantalón brillaba, su rostro mostraba seriedad detrás de aquellos lentes oscuros; camina con una mano en su bolsillo y otro sosteniendo una bolsa deportiva.

—¿Y el dinero?— le pregunta el hombre que ha llevado a la chica hasta ahí.

Satoru deja la bolsa caer al suelo haciendo ruido, cosa que ________ escucha, estaban al otro lado de la puerta.

—Todo tuyo, espero no la hayas tocado.— su voz tranquila sale de esos finos labios.

Entrecierra sus ojos viendo al hombre, no duda pero tampoco confía, usualmente todos los involucrados de la mafia son unosdegenerados.

Podrían atreverse a pelear por una mujer o incluso matar por ello, pero Satoru dejaría en claro que esa mujer,es solamente suya.

—No lo hice, sólo quiero el dinero. Ahí está adentro.— toma la bolsa mientras apunta a la puerta con su dedo pulgar, luego se marcha.

Lo mira retirarse, esa cicatriz en los labios del contrario le hace saber que es algo característico de él y que ha pasado por muchas cosas difíciles. No es la primera vez que lo llama para que haga sus trabajos ni tampoco será la última vez en verlo. Se gira para quitar la seguridad de la puerta y entra, exhalando con gusto, pues finalmente la tenía.

Dos guardias se colocaron a los costados de dicha habitación, por lo que, Satoru cierra la puerta nuevamente. La chica vuelve a temblar al escucharlo entrar, sus ojos se mueven buscando ver algún punto del lugar, quería ver quién es esa persona que ha mandado a secuestrarla.

—D..Déjeme ir.— insiste nuevamente. El mayor mueve una silla y se sienta enfrente de ella, recargándose en sus propios codos por la parte de sus rodillas.

—No.— responde seco, pero aún así, su tono es tranquilo. Mira como ella se puso nerviosa al escucharlo cerca.

—¿Q..Qué? ¿P..Por qué? ¿¡Qué quiere de mí!?— pregunta exasperada y alzando su voz a lo último, luego de ello se le cortó la voz y empezó a llorar.

—A ti.— hace una pausa. —Me encantó tu forma de ser y eres bastante atractiva.— su voz sigue igual de tranquila.

—¿M..Me conoce?— su llanto cesa al escuchar sus palabras, frunce su ceño de confusión.

—No, pero te he visto en aquella tienda de ropa. Tienes algo que me atrapó muy rápido.

—Loco desquiciado.— espeta ella.

Satoru se molesta por cómo lo ha llamado, es consciente de que es verdad, pero escucharlo de ella,hace que le hierva la sangre.

Se levanta empujando la silla al otro lado haciendo ruido y chocando con la pared, esto alarma a la chica. Se puso de cuclillas delante de ella y le quita bruscamente la bolsa de tela. La toma del cuello con una mano abarcando con sus dedos parte de su quijada, aprieta hasta obligarla a mirar sus ojos pues ha retirado de sus lentes. No puede defenderse, sigue inmovilizada.

Ahí es cuando lo mira por primera vez.

—Escúchame bien, no lo repetiré dos veces. Más vale portarte bien, porque podría irte peor.— musita entre dientes. Sus ojos celestes le miran con euforia, puede sentir su respiración chocar contra sus labios pues se ha acercado mucho. Ella le mira con asombro puesto que,es bastante apuesto ante su vista.

Atónita por la acción de él, pensó que podría ser alguien que daría asco, como un anciano decrépito, no un hombre mayor y maduro pero joven, sin arrugas. Porque su cuerpo da a notar que tiene un poco más edad que ella, más no tanto para ser un hombre devastado por la vejez.

Su mechones cortos y claros decoran aquellos rasgos definidos, sus orbes azulados miran con detalle el rostro de la chica, como si estuviese adorándolos, grabando esa primera mirada que marcaría el inicio de algo poco usual en las personas.

—Si yo quiero, puedo tenerte a mi merced por la fuerza, pero no la utilizaré si haces lo que yo te pido.— murmura con seducción en su oído. —¿Entendiste?— alza su ceja luego de alejarse.

Asiente desenfrenadamente, tiene que cooperar si no quería salir más lastimada de lo que probablemente ella pensaba que lo estaría. Satoru no tiene pensado hacerlo si es capaz de facilitarle la tarea, pero si ella se niega a eso, no tendría otra opción que castigarla, porque claro, no la dejaría ir por nada del mundo, había captado tanto su atención con cosas demasiadas sutiles que llegó a aferrarse a tenerla sí o sí.

—Responde con palabras.— con su otra mano, golpetea su mejilla ligeramente con cuatro dedos juntos.

—Sí.— responde con voz temblorosa.

—Sí... ¿Qué?— el albino la ve fugazmente, sus ojos y luego labios. Mueve sus orbes de un lado a otro, luego los cierra ejerciendo fuerza, intentando pensar qué era lo que esperaba que dijera. —Te lo diré sólo una vez, espero no lo olvides...— dice bajo, después relame sus labios y acerca de ellos a su oído nuevamente. —Dime amo.

Se aleja con una sonrisa, una la cuál demuestra que quiere hacer sus fantasías realidad, unas algo oscuras que no se interesó en vivirlas con otras mujeres.Sólo ella.

—Sí, amo.— repite con miedo, sus ojos lo dejan ver al exterior.

—Muy bien.— ríe corto con felicidad.

Satoru sale de la habitación cerrando. Habla con los guardias que le esperaban afuera, ordenando que tuvieran listo su auto pues esa misma noche partirían a una casa que había comprado recientemente, alejada de la ciudad y de las personas alrededor; una donde había campo, pinos y plantas, estaba adentrada en el bosque.

Dicha casa, iba a ser utilizada para negocios ilegales, pero luego pensó que después se las arreglaría y sin mucho esfuerzo, mandaría a comprar otra en una diferente ubicación.

Esa casa alejada, es de madera y por dentro remodelada, llama por teléfono en lo que sus hombres hacían lo otro, exigiendo un número mayor de guardias fuera de esa misma casa donde piensa llevar a la chica, no dejaría que se le escapara, cosa que le daría reglas muy estrictas llegando.

—Estamos listo, jefe.— un hombre calvo y lentes oscuros le confirma la situación.

Satoru asiente y corta la llamada después de saber que sus guardias estarían ahí antes de que él llegase. Vuelve a entrar y le tapa la cabeza con la bolsa de tela que anteriormente le quitó, la levanta y comienza a caminar sin decirle nada.

—¿A dónde me lleva?— pregunta, sintiendo el miedo regresar a su cuerpo.

—A nuestra casa.— le contesta serio.

—¿Nuestra casa?

El albino abre la puerta del auto oscuro con ventanas polarizadas, odiaba que el sol le calara en los ojos y quemara su piel clara, además de que no quería que lo viesen, pasando desapercibido casi siempre.

—Sí, la compré para nosotros.— sin más, la sube al auto y cierra la puerta, sintiendo dos hombres a sus costados,había quedado en medio.

Con esto, se percata de que es un hombre con mucho dinero, uno el cual seguro trabaja en algo ilegal.

Y no está equivocada.

_______ no puede escapar, tiene que esperar y encontrar un momento preciso para poder hacerlo.

━⊱⋄⋄⋄⋄⊰━

Llegando le quita la bolsa oscura y la desata, entraron a la casa directamente a su habitación, abre la puerta y con una mano en su cuello por detrás, la mete y empuja, tropezándose más no cae al suelo. Se gira y mira que cierra la puerta con pestillo, sintiendo ese temor invadirle el cuerpo otra vez.

La habitación es grande, una cama matrimonial con algunas decoraciones de madera y sábanas, unos muebles, tocador, ropero además de una televisión, es lo que lo conforma. Todo tiene un aspecto moderno con colores claros y oscuros, las paredes son blancas por lo que la luz de la luna iluminaba el lugar debido a que las cortinas están abiertas.

—De una vez te lo digo, olvídate de la vida que llevabas.— se desabotona su camisa blanca.

—¿No me dejará ir a pesar de que haga lo que usted pida?— frunce su ceño. Él niega como respuesta.

Alborota su cabello, parece suave como la seda y muy claro,como la luna.

—Vivirás conmigo, no podrás salir de esta casa, harás lo que yo ordene y te castigaré si intentas huir o te portas mal. Cada cosa será supervisado por mí, si necesitas algo me lo haces saber.— camina lentamente hacia la fémina.

Cada vez que él avanza, ella retrocede. Mira la ventana de la habitación, es grande y piensa que podría escapar por ahí ahorrándose el tiempo de bajar las escaleras. Corre hacia ello e intenta abrirla, observando que abajo hay guardias, cámaras en las esquinas, cosa que la casa es de dos pisos.

Error de ella.

El albino la toma de la cintura con un brazo y la alza, cargándola.

—¡No!— grita. —¡Suélteme!— patalea, intentando soltarse de su agarre.

—Mierda, es lo primero que te advertí y lo haces.— la tira en la cama.

Temblando, vuelve a retroceder algunos centímetros de él, se desviste rápidamente sin dejar de verla; su cuerpo está algo marcado, mostrando una larga V que termina en su miembro.

—No, no, no.— repite asustada. La jala de las piernas, rasga y rompe las prendas que lleva, su blusa de seda y falda formal.

—Intentaste huir y tendrás tu castigo.— murmura. —¡Deja de moverte! Maldita sea.— exclama. Forcejea con él, sabe lo que le pasará.

—¡No! Por favor, me portaré bien.— suplica.

—Demasiado tarde, te lo advertí.

La gira quedando boca abajo, está desnuda. Se posiciona encima de ella con las piernas a sus costados, se recarga en una mano y con la misma aprieta nuevamente su cuello, acerca sus labios a su oído otra vez.

—Más te vale no moverte.— masculle.

Mira de reojo que pasa cuatro dedos por su lengua, luego los dirige a la entrada de la chica, lubricando aquella zona. Introduce dos dedos, se queja un poco debido a que la ha lastimado ligeramente, no está excitada cómo para disfrutar,está asustada.

—¡Usted podría tener a cualquier mujer sin necesidad de forzarla! ¿¡Por qué yo!?— pregunta en forma de grito. Satoru se ríe de forma baja.

—Todas son unas zorras interesadas.— responde. —Yo sólo te quiero a ti y si algo lo quiero, lo obtengo.

Toma su miembro y lo pone entre sus piernas, luego lo desliza. Ella cierra sus ojos con fuerza,le ha dolido.

—¡Ahhhh!...— gime de dolor.

Él ignora sus palabras y sigue con lo suyo. Siente placer y gusta de hacerla suya, porque después de tanto tiempo, la tiene bajo su impotente mando. Sin embargo, ______ puede sentirlo entrar y salir, abriendo paso entre sus paredes; la desgarra, se queja, llora y solloza, puesto que, el dolor en su ser de estar siendo violada tan despiadadamente, se marca de por vida en sus memorias.

Satoru está sumido en su placer, pero a su vez, también en el castigo de la chica, ya que, con aquello, sabría que no se volvería a atrever a escapar.

La hinca con una mano en su cabello, jalándoselo para obligarla a ello. Desliza su miembro hasta el fondo, chocando con su garganta, sintiendo el ardor; más lágrimas se acumularon en los ojos de la joven mientras le miraba, él se ve sexy, pero lo que sucedía no era nada bueno.

Muerde su labio por breves segundos y sus orbes celestes se cierran, luego exhala un gemido en forma de suspiro, llevando su cabeza atrás para dejarle ver la nuez en su cuello. Sus movimientos se tornaron rápidos que en la lengua de ________ palpita su virilidad, no pasan mucho tiempo como para que eyacule y vacíe su semen en su boca, haciendo adelante su pelvis y ocasionando que tenga arcadas; con aquello evita que respire. Siente unas manos pequeñas y que se mueven con desesperación en sus caderas, es ________ quien lo empuja, más no se lo permite.

—Trágatelo si quieres que te deje respirar.— demanda. Sabe no tiene opción, quiere que termine aquello tan pronto posible, por lo que traga del líquido hasta succionar su miembro y después lo saca, creando un sonido obsceno.

Al término, la levanta con una mano que la sostiene de su brazo, llevándola al baño. Ella no emite ningún sonido, se siente sucia, devastada y utilizada; a pesar de que aquel hombre la estuvo bañando en la bañera, siguió sintiéndose igual pues todo ha quedado marcado en su mente y piel, incluso sin haber realmente huella de ello. Le entrega una camiseta suya para que se la ponga como pijama, ya que había destruido su vestimenta.

Mañana mismo saldría a comprarle ropa nueva, calzado y cosas para ella.

Satoru también se baña, dejándola a ella en la habitación sola mientras lo hacía. Por otro lado, la joven sin energías y desolada, se acuesta en la cama y pronto, se queda dormida.

Luego de terminar y verla ahí, quiso ponerle encima una sábana para que no se resfriara, pero al poco tacto que sintió, se despierta de un brinco, asustada de que nuevamente le obligara a tal acto carnal por la fuerza.

—Espero hayas aprendido que lo que digo, no es un juego.— le entrega la sábana.

—A..Aléjese de mí.— pone sus manos y brazos a la altura de su pecho, como si se estuviese defendiendo de algo.

—Dormiré contigo.— menciona como si fuese algo obvio. El albino se acuesta a un lado de ella del otro extremo, por lo que la fémina se aleja lo más que puede de él.

Satoru no hace ni dice nada, sólo se acomoda en su lugar y cierra sus ojos.