El pacto con el diablo

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Sinopsis

Sin manada ni familia, y de repente solo, Felix se ve obligado a recurrir al único que le ofrece protección, ¿pero a qué precio? Tras ser expulsado de su manada por romper una de las reglas, Felix, de diecinueve años, sabe que no sobrevivirá por su cuenta como un lobo solitario. Ahora que ninguna manada quiere acogerlo, Felix no tiene a dónde ir más que al hombre más temido de su especie: el Rey diablo, Keial. 18+

Genero:
Romance/Fantasy
Autor/a:
C.Nielsen
Estado:
Completado
Capítulos:
43
Rating
5.0 9 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

«Por la presente te marco como rogue y te prohíbo regresar. Si vuelves a pisar mis tierras, pagarás con tu vida».

Sus palabras me atravesaron como un cuchillo en el estómago. Mientras tanto, el vínculo que me unía a mi Alpha y a la manada comenzó a hacerse pedazos dentro de mí, arrancándome cualquier rastro de familia que me quedaba, hasta que no me quedó nada más que un vacío.

No podía hablar; si lo hacía, estaría pidiendo una muerte rápida. Así que, sin decir otra palabra, no me defendí.

Recogí las cosas que habían empacado para mí, que apenas cabían en una mochila mugrienta. Eché un último vistazo a la familia que siempre había conocido, la cual me miraba como si no fuera más que un chucho callejero y común.

Rogue.

Lo único que los de mi especie ni siquiera miran dos veces, y lo único que ahora me separaba de una vida sana y estable.

Me habían desechado y estaba sola por segunda vez en mi vida. Lo que me parecía una locura era que yo no me merecía esto.

Sin mirar las caras de ninguno de los miembros de la manada, mantuve la cabeza alta y apreté con fuerza mi mochila. Los guerreros de la manada me escoltaron fuera de su territorio, hasta el borde del enorme y denso bosque que rodeaba la zona.

Mis supuestos amigos me abandonaron en el momento en que quedó claro que sería una rogue. Ninguno vino a despedirse, ni siquiera a disculparse por lo que me habían hecho.

Conocía los peligros de lo que hacíamos, pero jamás pensé que me echarían toda la culpa a mí para salvarse el pellejo. Y aquí estaba, una nueva rogue, sin manada ni familia a la que recurrir.

Todo esto, porque acepté romper las reglas con ellos y hacerme amiga de un humano.

Éramos los únicos en la manada que veíamos el defecto de reproducirnos solo dentro de nuestra especie. Yo pensaba que conectar con otras especies debería ser un derecho, no una regla prohibida que debíamos obedecer.

Al final, lo único que hice fue causar dolor y pérdidas, pero no solo para mí.

Él los mató a todos... a mis amigos humanos... todo porque eligieron aceptarme como era: una hija de la luna y criatura del bosque.

Los humanos ya nos odiaban, pero ahora, por mi culpa, los cazadores estaban más sedientos de sangre que nunca. Al ser rogue, estaba desprotegida y era un blanco fácil.

«Hasta aquí llegamos», dijo uno de los guerreros mientras el otro me empujaba hacia adelante.

Sentí la ráfaga de viento golpeando mi cuerpo al cruzar el límite de las tierras de la manada. Esa era la última conexión que me separaba de ellos, convirtiéndome ahora oficialmente en una rogue, una loba sin manada.

Me levanté, les lancé una mirada fulminante y observé cómo ambos cambiaban de forma para regresar por donde vinimos: a la base de la manada, donde ahora tenía prohibido entrar mientras viviera.

Ya estaba, ahora sí que estaba jodida.

El bosque estaba tranquilo, más de lo habitual. Con el miedo recorriéndome al saber que estaba abierta la temporada de caza de lobos, corrí tan rápido como mis piernas me permitieron. Me adentré en el bosque con el corazón latiendo con fuerza en mi pecho y la espesa niebla llenando mis pulmones.

Corrí hasta que me dolieron los pies y pude saborear la sangre en mi boca. A pesar de ser una loba, no había forma de transformarme sin una manada; así que correr era lo único que podía hacer.

Eso y mis sentidos, que no parecían estar funcionando.

Había oído historias sobre lobos que terminaban siendo rogues, y en todas ellas, esos lobos no duraban ni un solo día sin ser cazados y asesinados por humanos u otras especies.

Eso no me iba a pasar a mí.

Me negaba a morir así, rindiéndome antes de haber tenido la oportunidad de vivir una vida feliz. Pero, ¿a dónde podía ir?

A estas alturas, todas las manadas ya habrían oído la noticia. Lo más probable es que estuviera marcada como «marginada» desde el momento en que crucé la frontera, haciéndole saber a cualquier otro lobo que yo era una traidora a mi propia especie.

Traidora... después de todo lo que había hecho por esa manada...

El cielo perdía su luz y en pocos momentos llegaría la noche. Si estuviera en la manada no me preocuparía tanto, pero ahora era una rogue, y la noche era la hora principal de caza.

En otras palabras, moriré esta noche si no encuentro un refugio.

Por suerte, en mi mochila tenía algo que me ayudaría a esconderme por una noche, y solo por una noche. Los efectos mágicos solo duran seis horas, lo cual era tiempo suficiente para descansar.

El líquido del frasco brillaba en un naranja intenso mientras le quitaba la tapa. Miré alrededor una última vez para ver si el bosque estaba despejado y me tragué cada gota hasta que no quedó nada.

Esto debería ayudar con mi olor y ocultarme de mis enemigos... al menos por ahora.

Estaba cansada y me costaba mantenerme en pie sobre mis doloridos pies tras correr durante horas en mi cuerpo humano. Así que, antes de que el agotamiento me venciera, encontré una madriguera resguardada por un árbol inclinado y me metí debajo.

Las criaturas de la noche empezaron a despertar mientras la luz se apagaba detrás de los grandes árboles del bosque. Desapareció por completo mientras me hacía un ovillo para mantenerme caliente bajo la pequeña madriguera, escondida por el árbol que encontré.

En el momento en que me echaron, me juré dos cosas.

No iba a llorar y no iba a sentir lástima de mí misma... no les daría esa satisfacción.

Esto no iba a quebrarme. La vida no siempre ha sido fácil y sé cómo sobrevivir... pero, siendo una rogue, me pregunto cuánto durará esa confianza.

Ya no quería pensar en ello.

Mantuve los ojos abiertos un breve instante y miré hacia el pequeño hueco que me separaba del gran bosque y del escondite donde estaba. Con un último pensamiento sobre lo que haría por la mañana, cerré los ojos y dejé que la oscuridad me reconfortara y aliviara mi cuerpo cansado.

Haré todo lo que pueda para sobrevivir, incluso si tengo que caer... No moriré siendo una rogue...