Capítulo 1 parte 1
Capítulo 1: El paradero
—Uh, espero que no se convierta en una tormenta —Chitose mira hacia arriba, con ambas palmas extendidas a la altura del pecho.
Los copos de nieve siguen cayendo y derritiéndose al llegar a las diferentes superficies: cabellos, pieles, ropas, césped, copas de árboles, suelos.
Sobre todo y principalmente en la zona más concurrida de este bosque, el festival alrededor del templo Ishihara. Aún se oyen fuegos artificiales arriba, quizás eso causa que las pequeñas bolitas blancas se deshagan con mayor rapidez.
Las nubes cargadas en el cielo indican que podría durar mucho la nevada, más que horas, días inclusive. Y el viento que empieza a recorrer es un tanto preocupante.
-7º C es la temperatura que se percibe en la montaña, con una diferencia de dos grados menos a la del centro de Tokio. Se siente helado, y no se sabe bien si se pondrá más frío.
Incluso con los abrigos a muchos parece afectarle. Los niños soplan aire caliente sobre sus palmas, pese a estar usando guantes una gran mayoría.
—La nieve es bonita cuando no me molesta la cara —comenta Umi, quitándose los lentes y limpiándolos con el extremo de la manga del kimono—. La lluvia y la nieve no me dejan ver —forma un puchero con los labios.
Aunque habla de eso, continúa con la cabeza llena de otros pensamientos. El aroma de la pólvora es lo que le ayuda a relajarse, sin embargo, sigue reconociendo en las hormonas la tristeza de su mejor amiga.
Si bien sabe que no es su culpa, le gustaría poder ayudarla. Ella no está tratándole mal, ni gritando, ni haciendo berrinches. Se halla tan tranquila que nadie notaría que se siente así sin que lo diga o que tenga alguna habilidad que se lo permita.
—Ay, hermana, o sea. No es como si vieras bien de lejos con los lentes de todos modos —Sakura se encoge de hombros y ríe bajo. Tiene una mirada apagada.
—Pero me sirve para ver de cerca~ Sí funcionan —replica y ríe también, colocándoselos otra vez—. Ey, ¿A dónde vamos a comer?
Si ella no le dijo nada incluso cuando tuvo la oportunidad, cuando estaban a solas en el kingyo-sukui, sería difícil que pueda conseguir alguna pista. Además, tampoco quiere aprovecharse de Kazuma como para preguntar.
Se da cuenta que lo que hizo aquella vez con Io y Sakura no estuvo bien, así que preferiría evitarlo a menos que fuese una emergencia. Y, de ser el caso, el nuer mismo se los diría.
—Quiero mochi —les dice Kazuma, aunque es obvio que no tiene hambre—. ¿Les parece? Si ya comimos algo salado, podemos ir por el postre.
—Me agrada la idea~ También quiero postre —le responde Kabuto, juntando las palmas con una sonrisa amplia.
—¿Qué tipo de mochi? ¿De taro o de helado? —pregunta Io, llevándose las manos tras el cuello, entrelazándolas.
—¿Supongo que los dos? —el nuer alza un poco las cejas y abre más los ojos.
—Vamos entonces~ También se me antoja —dice Chris con una sonrisa de dientes y se adelanta, caminando frente a los demás con pasos marcados.
El grupo se dirige a un puesto de la derecha, uno que está en paralelo a la carpa de los juegos de azar de esa señora de la tercera edad.
Por la izquierda se puede apreciar que allí tiene una fila muy larga, se nota que a muchos les gusta probar su suerte.
Por otro lado, a donde ellos van, no hay tanta gente pese a la cantidad de sillas. Podría ser que los demás siguen yendo por alimentos salados.
—¿Y no probaste wagashi? —le pregunta Io a Kazuma, antes de tomar asiento.
—Si en este lugar lo venden, lo voy a probar —asiente varias veces, muy seguro.
El sitio es apenas techado, lo suficiente para protegerse de la nieve. Todo es de madera, desde arriba hasta la barra y las sillas. El cartel principal, más que decir “mochi”, dice “Dulces y Postres”. ¿Será que por eso no atrae tanto?
Se ubican de un modo diferente al que estuvieron cuando fueron por el takoyaki.
Desde la izquierda Io, Kazuma, Chitose, Sakura, Chris, Kabuto y Umi. Allí mismo cualquiera puede sentir la variedad de fragancias que provienen del negocio.
La mujer encargada les acerca a cada uno un pequeño papel colorido que indica la variedad de comidas. Y sí, para suerte del nuer, en el menú aparece también wagashi.
Mientras todos encargan a primeras un plato con cuatro mochi, Kazuma sigue mirando con una notoria curiosidad el puesto.
—¿Qué sería kohakutou? —voltea a ver a Io, inclinando la cabeza.
—Digamos que es como gelatina crocante por fuera. Parecen cristales~ —sonríe de lado—. ¿Quieres un poco? —le da unas palmadas en el hombro.
—Sí, y también wagashi mochi —asiente y luego mira a la mujer encargada—. Eso por favor. No tengo una preferencia del sabor.
La señora le sonríe y se dirige a preparar varios para una bandeja. Se ve que hay muchos que se siguen cocinando y armando, también que hay una nevera portátil dividida en secciones según el tipo de dulce.
A la vez que ella sirve a los amigos, se acerca otro par, ubicándose a la derecha de Umi.
Shin y Risa lucen un kimono blanco en el caso del chico, y de ella uno gris obscuro con detalles en celeste. En su cabello tiene un hermoso broche dorado, formando detrás gracias a este una pequeña media coleta.
—¡Oh! Hola —saluda la chica, al lado de Umi.
—¿Cómo están los dos? —ella ya sabía que andaban por ahí, así que no le causa sorpresa—. ¿Ya comieron algo más?
—En mi caso sí, pero porque cené antes de salir —ríe Shin, y después pide kohakutou.
—Yo también, y luego Shin pasó por mi casa ya que no tenía planes —mueve la cabeza hacia los lados, torciendo la boca—. Por cierto, ¿En dónde está Yuu?
Sería lo natural de esperarse que pregunte por él, ya que como se conoce es quien le gusta. Por el nombre pronunciado, también voltea a mirar Sakura en dirección a ellos.
Ella alza las cejas y luego ve hacia los alrededores, suspira. Se levanta de la silla y camina hasta el par.
—¿No lo vieron? Yo creí que estaba dando vueltas —la ex pareja se lleva unos dedos a la comisura de los labios, cambiando a una expresión de preocupación.
—No, yo obvié que estaría contigo porque eres su novia, y no está —se encoge de hombros y come uno de los dulces del otro.
—Ay, ¿En serio? —se jala de las mejillas hacia abajo y vuelve a suspirar. Se aleja de ellos y le toca el hombro a Chitose—. Uhm… ¿Me ayudas buscar a Yuu?
—Supongo que no vas a estar tranquila hasta que vuelva —se incorpora y le hace una seña a Kazuma de que ya regresa, mostrándole las dos palmas.
Ambas chicas comienzan a dar vueltas por la zona. Primero rodean el puesto, enfocando la vista al cubrirse con el dorso de la mano por encima de las cejas.
Luego van hacia los negocios cercanos, mirando por las puertas de las carpas, o entre las sillas afuera.
Seguido de eso, van a fijarse en las largas filas, recorriendo el gran sendero que divide el festival en dos mitades. ¿Será que están buscando mal? Aunque haya mucha gente, sería imposible no reconocerlo.
Su forma de caminar es muy erguida, incluso de sentarse. Si hubiera que juzgar por eso, menos del diez por ciento de la población reunida en la montaña ahora tiene esa buena costumbre. Ni siquiera Sakura pese a hacer ballet.
Repiten los mismos recorridos unas tres veces, y luego se detienen en el medio. Sakura se lleva las manos a la cadera, pensativa. Chitose se cruza de brazos.
Deciden ir a la derecha del templo, y revisan si no se halla lavándose las manos con la manguera del jardín.
Y no. Así que van por el borde de esta área, pero encuentran difícil que haya seguido por allí.
Es decir, hacia la derecha está casi todo cercado metros más adelante porque hay osos y otros animales para ese lado. No tendría mucho sentido que trepe por tan enorme enrejado con el fin de darse un respiro.
De ese modo, toman rumbo a la izquierda. Caminan, adentrándose entre los árboles que cada vez tienen menos adornos y luz.
Además, escasean las voces y todo el ruido de los juegos, lo que haría más fácil distinguir unas pisadas. Sólo se oyen las de ellas dos, húmedas por lo blanco derretido. También se hunden un poco por el barro.
A Chitose se le ocurre sacar el celular para alumbrar con la linterna de este, y así pueden ver mejor por dónde van. No tropiezan, aunque tampoco encuentran nada.
—Mierda, ¿A dónde anda el demonio? —la gótica chasquea la lengua.
—No sé… —de su bolso toma el móvil y deja presionado el número uno.
La llamada se dirige en teoría a Yuu, y suena varias veces el tono, pero no contesta. Intenta hacerlo de nuevo, y de nuevo. Como diez fallidas.
—No dice que esté apagado ni fuera del rango, sólo no atiende —Sakura tuerce la boca y frunce el ceño. Deja salir un suspiro largo y guarda el objeto.
Ambas regresan tras unos minutos al puesto de dulces. Se ve que todos siguen allí, aunque las sillas que ellas usaban andan ocupadas por otros clientes.
Kazuma se encuentra terminando un plato de wagashi mochi de naranja, Umi e Io llevan unas banderillas de dango, y los demás mastican unos kohakutou.
—No está Yuu —le dice Sakura a Umi, recargándose en su hombro.
—No entiendo, ¿Qué pasa con Yuu? Sé que parecía decaído pero… ¿No era que él avisó algo antes? —ladea la cabeza, arqueando ambas cejas. Termina de igual modo el último bocado, sí ya lo pagó.
—Él dijo que iba a tomar aire… —Chitose se muerde el costado de un labio.
—Yo también recuerdo que dijo eso —añade Chris, él deja de lado la comida.
—¿Se perdió? ¿Alguno de ustedes sabe si él tiene buena orientación? —pregunta Kabuto y se levanta del asiento.
—Es cuestionable… —responde de inmediato Io—. Él se pierde con facilidad del mismo modo que encuentra el camino. Le cuesta más manejarse por los centros o barrios que por lugares naturales, irónicamente —también sale de la silla.
—Además lo llamé varias veces y no contesta —se queja Sakura, aunque con una voz entrecortada y baja. Se le nota algo asustada.
—Él nunca contesta. Bueno, o sea, sí pero… Cuando está de mal humor, u ocupado —dice Umi y mira hacia el techo de madera. Luego se incorpora, estirando los brazos.
—A mí tampoco me contesta muchas veces. También es algo distraído con el celular, así que puede que lo tenga en silencio —añade Io, levantándose del lugar.
—Entonces vayamos a buscarlo todos —sugiere Risa, quien también se ve preocupada por él.
—Yo siempre digo que ese chico es complicado —tuerce la boca Shin y suspira.
—Me parece que… Tendríamos que buscarlo fuera del festival. En el bosque —opina Kazuma, porque tiene una idea de en dónde podría andar. Antes, él había mencionado que “se fue de su rango visual”, o sea que su mente está lejos.
—Digo lo mismo —Io ayuda a que no tenga que dar explicaciones—. Dividámonos hacia los lados —se lleva una mano al mentón—. Shin, Risa, ¿Les parece si buscan a la derecha? Ese lugar es más chico que la izquierda, así que los demás iremos para allá.
—Me parece lógico —asiente con la cabeza y se da media vuelta al instante—. Vamos Shin, no debe estar muy lejos.
Él abre un poco los ojos, y luego gira a ver a Io. Le guiña un ojo y sonríe de lado, alejándose del grupo junto a la chica que le gusta.
—Lo hiciste a propósito —le dice Umi, negando con una mano en la frente.
—Por supuesto, pero no es mentira de todos modos —alza los hombros y elonga los brazos—. Agh, estoy con sueño por el frío. La nieve me está matando —se le nota también en que lleva tiritando desde hace un buen rato.
—Io, yo ya busqué allá y no estaba… —baja la mirada Sakura, apretando los puños.
—Mh —tuerce la boca—. Pero ahora vamos conmigo —posa una mano en la cadera.
—Es verdad… Por favor, ayúdame —parece como si quisiera llorar de nuevo.
—Eso haremos —hace el amague de darle unas palmadas en la cabeza, no obstante, no llega a concretar la acción. ¿Quizás piensa que se va a enojar?—. Vamos.
Con la “formación” decidida, todos se dirigen hacia la izquierda por el bosque.
Io cierra los ojos, dejándose guiar por su nariz, ignorando la linterna que Chitose enciende con el celular. Si bien eso ayuda a que no se caiga por lo resbaloso, no es lo que necesita para buscar.
—Vamos perrito, busque, busque —lo anima Chitose, a su manera.
—En eso estoy —achica los ojos y le da un golpe suave en la cabeza.
Todos lo siguen a él, confiando en el sentido del olfato extraordinario que ya conocen de su amigo. Él camina lento, como si analizara con detenimiento.
—En sí, su aroma está esparcido por varios lugares… Pero no siento que me esté acercando. Sólo que sí estuvo por aquí —se rasca tras la cabeza y suspira.
—Vamos bien, mira —señala Chris hacia la tierra abajo.
El área que alumbra Chitose denota varias pisadas del calzado geta. Podría ser de cualquier persona en realidad, porque muchos llevan eso en año nuevo de conjunto con los kimono o yukata.
No obstante, al menos de lo que van caminando, no habían pasado por ahí.
Siguen bajando por la montaña con mucho cuidado, siguiendo las huellas que la madera hizo. Pareciera que mientras más descienden, menos se le dificulta a Io encontrar el rastro de uno de sus actuales mejores amigos.
Sakura más que nadie se muestra muy tensa, arruinando el celeste obscuro de sus uñas con mordérselas. Mira hacia los lados, luego abajo, después a Io nuevamente.
Umi, por su parte, está preocupada por otro motivo. No tanto de en dónde se halla, sino de cómo. Imagina que si no lo encuentran aquí, es que puede haber regresado a su casa.
Aunque, si así fuese, ¿Qué tan mal tendría que sentirse él para irse sin decir nada? Yuu no es así. Podría olvidar de avisar en el celular, pero nunca haría eso en persona.
Io sigue moviendo las ramas mientras avanza por el bosque, algunas con su mano, otras se abre paso con sus poderes. Tropieza por su torpeza común. Del mismo modo que viene haciendo, provoca que una madera se doble, evitando la caída.
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Transcurren veinte minutos de que llevan caminando. El lugar se siente más húmedo y frío que antes, aunque no sólo por la zona, sino que del cielo comienza a caer más nieve.
El viento hace ruido, las corrientes pasean entre ellos y los árboles.
—Chicos, ocurre una cosa muy… Mmm… Extraña —dice Io, mientras se refriega los brazos—. El rastro se pierde aquí.
—¿Cómo es eso? —Chitose ilumina en específico alrededor de donde están parados—. Aquí estuvo sentado, o al menos eso parece, hay un hueco más grande.
—También siento un aroma desconocido. Pero muy leve. Lo que fuera, no estuvo aquí por mucho tiempo —mira hacia arriba y se lleva una mano al mentón—. ¿Y si Yuu se trepó a algún árbol? ¿O si voló hasta la copa de uno?
—Agh, me siento estúpido. Se me tendría que haber ocurrido al comienzo, yo soy el que escribe de terror y misterio… —se lleva tres dedos a los párpados.
—No es tu culpa hombre, aquí tenemos a dos de avanzado que tampoco lo pensaron —Chris le da unas palmadas en ambos hombros—. Sólo nos queda gritar, para llamarlo. Si está cerca, se va a hartar y va a bajar.
—Tiene sentido —dice Kazuma, aunque se ve confundido de igual manera.
—¡Yuu! —la que comienza con alzar la voz es Umi—. ¡Yuu!
Su voz resuena en eco entre los árboles. Eso le recuerda a la primera vez que ella se perdió, justamente en un bosque. Y estaría igual de no ser que Io es el que los guía.
—¡Yuu! —llama Io, haciendo un “megáfono” con sus manos—. ¡¿A dónde te metiste?!
—¡Demonio! ¡Demonio! ¡Heeeeey! —grita Chitose, alumbrando a las copas.
De ese modo se mantienen por varios minutos. De seguro hasta los animales dentro de los troncos se deben haber aprendido el nombre de tantas veces lo mencionan. No aparece nada, ni nadie. No hay señales del niño por ninguna parte.
El grupo se nota frustrado, a la vez intrigados por lo que sucede. Comentan acerca de que él no se iría sin avisar, que ni por enojado que estuviese lo haría. Así que están confundidos.
Sin más que buscar por el momento, deciden regresar al festival.
Tardan un rato en volver, porque no sólo no es lo mismo subir una cuesta que bajarla, sino por la distancia. Se encuentran con Risa y Shin esperando al lado de los árboles adornados de linternas de papel.
—¿Nada? —pregunta Shin, cruzado de brazos y enarcando una ceja.
—No… —le responde Sakura, cabizbaja, con la mirada en el suelo.
—Quizás y al final únicamente se fue a su casa —Risa levanta un poco los hombros.
—Hablando de irse, ¿No sería mejor que nos vayamos? Parece que se avecina una tormenta —señala Kazuma el cielo, a la vez que ve hacia este.
No es mentira. Cada vez son más los copos que caen, y el viento se hace más fuerte. La temperatura bajo cero tampoco es una broma, así que sí sería la mejor opción.
—Mh —Io tirita a la vez que asiente con la cabeza. Luego bosteza y saca el celular del bolso—. A ver… Take ya viene en camino, porque cerca de esta hora volví con Umi la vez pasada, pero le diré si puede apresurarse un poco.
—¿Vamos a ir todos? ¿Cabemos en el auto? —Umi arquea una ceja, confundida.
—Pues… Hay maneras —se rasca una mejilla y asiente.
—Yo volveré con Shin más tarde, quiero comprar algunas cosas todavía —dice Risa, aunque parece decidirlo por su cuenta.
—¿Ah, sí? —el chico se sonroja y aclara la garganta—. Bueno, sí, eso haremos.
—Si me disculpan, me iré primero a otros puestos —hace una reverencia y les sonríe.
La chica alta se aleja junto al otro, adentrándose en los negocios de la derecha del festival.
Por mientras, Io llama al chófer. Los demás dan unas vueltas en círculos, sin intenciones de meterse en otras carpas. Sólo esperan a que el menor termine de hablar.
Al cortar, empiezan a bajar las escaleras de la zona del templo. Tienen mucho más cuidado que cuando vinieron porque se encuentran resbalosas. Tampoco se ve que haya nueva gente llegando, se van al igual que ellos.
Avanzan hasta unos metros más adelante, al lado de las vías hay una carretera. Para no pasar más frío, a excepción de Sakura y Chitose, los demás giran en el lugar mientras conversan. Las otras dos se quedan de pie.
La gótica consuela a su amiga acariciándole el cabello, ella se deja y apoya una sien contra el hombro de la contraria.
Umi se siente algo decaída por lo sucedido, además de ve a Sakura así. Imagina que quizás tuvieron una discusión, a la vez piensa que él no es el tipo de persona que abandonaría a su pareja en una salida por eso.
«¿Y si se fue porque de todos modos “nosotros la cuidaremos”? ¿A dónde rayos estás, Yuu? Maldición, a veces me gustaría que te vibrara el celular en la cara para que atiendas. Sa está muy triste…»
Nadie conoce qué es lo que realmente pasó, no lo vieron, ni lo escucharon ni lo sintieron. Ni siquiera Kazuma lo sabe, porque todo ocurrió fuera de su rango de lectura. Pero parecen concordar en una cosa: que se fue por estar mal.
Ya, lo último que queda es, dejarlo en paz. Si en teoría lo que pasó fuese eso, sólo deben esperar al día siguiente y recién llamarle otra vez para preguntarle si se siente mejor.
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