Amor Cromático - Kookmin

Sinopsis

En una universidad a la que nadie quiere ir y donde la esperanza parece haberse desvanecido, un grupo de amigos se ve envuelto en un oscuro misterio: el asesinato de uno de los suyos. Jimin, el chico a quien todos quieren, y Jungkook, el alumno más enigmático, se ven obligados a dejar de lado sus diferencias y unir fuerzas en un intento desesperado por encontrar al culpable. Bajo la sombra de la tensión y el peligro, su relación se ve sometida a pruebas extremas. La confianza se desvanece mientras las mentiras se entrelazan con la verdad, y la línea entre la vida y la muerte se vuelve cada vez más difusa. En medio de este torbellino de emociones, la lujuria emerge como una fuerza irresistible que amenaza con desviar su atención de la búsqueda de justicia. - Suspenso - Romance - Erótico +18 - Muertes - Asesinatos - Crímenes - Universitario - Jk top / JM bottom - Lenguaje explícito - Contenido adulto - Kinks Disfruta la lectura 💕

Estado:
Completado
Capítulos:
51
Rating
5.0 5 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El silencio inundaba el ambiente, roto solo por el incesante tic-tac del reloj. Docenas de miradas se clavaban en los números, impacientes por salir de aquel salón. Las paredes, gastadas por los años, parecían guardar secretos olvidados, y las sillas estaban llenas de garabatos y dibujos subidos de tono.


La Universidad de Artes Escénicas, cerrada durante dos décadas por problemas con la policía, por fin había reabierto sus puertas. Para dejar atrás su oscuro pasado, ofrecieron becas a jóvenes talentosos de bajos recursos.


Pero no todos los estudiantes que estaban allí tenían la misma historia...


Primer día


Mantenía la cabeza gacha, con los auriculares a todo volumen. La gente pasaba corriendo a su alrededor, chocando con él, pero no le importaba. Solo quería llegar a su aula.


En un descuido, se estrelló contra alguien. Los auriculares salieron volando de sus orejas y cayeron al suelo. Apretó la mandíbula y buscó al culpable con la mirada. Un chico rubio, nervioso y con las manos temblorosas, recogía las cosas que se le habían caído de la mochila. En otro momento le habría soltado un improperio, pero esta vez sabía que él iba distraído. Se agachó para ayudarlo.


—Lo siento mucho —dijo el rubio sin mirarlo, con una voz increíblemente dulce.


—No pasa nada, fue culpa mía.


Cuando ya tenían todo de vuelta en la mochila, sus miradas se cruzaron por unos segundos. Hasta que el rubio miró por encima de su hombro y sonrió de oreja a oreja.


—¡Amor! —gritó, corriendo a abrazar a otro chico. Este lo recibió con gusto, lo levantó en el aire y lo besó con pasión al bajarlo.


Jungkook observó la escena un momento antes de volver a ponerse los auriculares y seguir su camino...


—No me lo puedo creer, de verdad estás aquí —dijo el rubio con los ojos brillantes, mirándolo desde abajo.


—Te dije que haría lo que fuera. No iba a dejar pasar la oportunidad de verte todos los días —volvió a besarlo.


—Estoy feliz.


Sonó el timbre, avisando que debían entrar a clase. Se sonrieron y, tomados de la mano, caminaron hacia el aula.


Una mujer entró y se colocó frente al pizarrón.


—Buenos días, estudiantes. Hoy nos da mucho gusto darles la bienvenida y agradecemos la confianza que han depositado en nosotros. Gracias a eso, la Universidad de Artes Escénicas de Seúl ha vuelto a abrir sus puertas.


Hubo aplausos y silbidos.


La mujer hizo un gesto con las manos para que se callaran y continuó sonriendo—. Ahora, levántense de sus asientos y díganos su nombre y qué sueñan con ser.


El primero en hablar fue un joven moreno de pelo azul, que se levantó con seguridad—. Buenos días a todos, me llamo Kim Taehyung y mi sueño es ser actor.


—Buenos días, es un placer estar aquí. Me llamo Kim Namjoon y quiero ser director de cine.


—Hola a todos —se levantó con torpeza y todos rieron—. Soy Jung Hoseok, pero es muy largo, así que díganme Hobi. Quiero ser bailarín. Pero no cualquier bailarín: quiero actuar en escenarios gigantes y que mi nombre aparezca en todos los carteles...


—Eso suena muy interesante, señor Hoseok —lo interrumpieron, y los demás volvieron a reír.


Con vergüenza, se puso de pie—. Buenos días, me llamo Min Yoongi y quiero ser productor musical —y sin más, se sentó.


Le tocó su turno. Se levantó, se echó el pelo hacia atrás con una sonrisa radiante y dijo—: Muy buenos días a todos, yo soy Park Jimin.


—Es mío —dijo el chico a su lado. Todos silbaron y bromearon. Jimin se sonrojó y le acarició el hombro.


—Es un gusto estar hoy aquí con ustedes. Mi mayor sueño es ser bailarín clásico, y no tengo duda de que lo lograré.


—¡Ese es mi chico! —gritó el de pelo negro, y todos aplaudieron—. Ahora me toca a mí —se levantó—. Soy Kim Min-gyu, modelo y rapero desde ya. Como dije antes, el bombón que está a mi lado es mi novio, y si lo miran mucho, les saco los ojos —sonrió de oreja a oreja.


—Soy Kim Seokjin y quiero ser cantante y modelo —se presentó con mucha educación.


—Soy Lee Taemin...


—Soy Cha Eunwoo...


—Soy Jackson Wang...


Así fueron presentándose todos, hasta que llegó el turno del que estaba en la última silla.


Todas las miradas se posaron en él, esperando su presentación.


Jugó con el piercing de su labio, resopló y se levantó—. Soy Jeon Jungkook. Por ahora no tengo ningún sueño. Solo vine porque mis padres no me quieren todo el día en su maldita casa —dijo y se sentó. Todos se quedaron impresionados, pensando que era muy cool y rebelde.


Sus ojos se encontraron con los del rubio, que al instante apartó la mirada hacia el pizarrón.


Día tres


Las clases habían terminado y varios se juntaron a la salida, planeando qué hacer después.


—Oye, Jeon —lo llamó Min-gyu sin soltar a Jimin, que llevaba abrazado por la cintura—. Vamos por unas cervezas, vente con nosotros.


Jungkook miró otra vez el camino a su casa y decidió que no le vendría mal tomar algo. Se unió al grupo y subieron a la camioneta de Min-gyu. Él era el único que tenía coche.


Jungkook se sentó atrás con Yoongi y Hoseok, mientras Jimin iba adelante con Taemin y Jackson.


Se detuvieron en una licorería y Min-gyu bajó—. Espérenme aquí.


Como era el mayor, se ofreció a comprar las cervezas. Al rato volvió con una bolsa enorme, llena hasta el tope.


Le dio un beso a su novio en los labios y arrancaron hacia la cima de una montaña. Allí había un mirador enorme y, de noche, las luces parecían estrellas.


La tarde se iba apagando poco a poco, dejando paso a la oscuridad. En la camioneta de Min-gyu sonaba música a volumen moderado mientras todos bebían y charlaban.


—¿Naciste aquí? —preguntó Yoongi.


—Nací en Busan —contestó Jungkook.


—¿Y qué haces en Seúl?


—¿Quieres que me vaya? —bromeó, dando un trago a su cerveza.


—Me refería a Seúl —rió Yoongi, bebiendo de su lata.


—Mi padre consiguió un trabajo mediocre y nos mudamos hace unos años.


—¿No te llevas bien con ellos? El primer día ya me dio esa impresión.


—¿Te encanta hacer preguntas o qué?


—No tengo con quién hablar. Hoseok está bailando con Jackson, Jimin se está morreando con Min-gyu, Taemin se está fumando un porro en esa esquina y solo quedamos nosotros.


Jungkook se rio—. Es una respuesta complicada.


—Bueno, no insistiré —sacó un cigarro y se lo enseñó—. ¿Fumas?


—A ver, enciéndelo ya.


—Eso —prendió el mechero y le dio fuego—. Es de los buenos. Mi tío los hace —dijo con la voz ahogada, tosiendo después de dar unas caladas.


Jeon lo tomó entre sus dedos largos y fumó sin inmutarse. Miraba hacia donde la pareja se besaba y, sin querer, sus ojos se encontraron con los de Jimin.


—Creo que esos dos son de los que follan delante de todo el mundo —comentó Yoongi, pidiendo el cigarro.


—¿Y no lo están haciendo ya?


—Si para ti eso es follar… —se burló.


Cuando se acabaron las cervezas y la mayoría ya iba borracha o colocada, Min-gyu los llevó de vuelta a la universidad. A partir de ahí, cada uno se las apañaría para llegar a su casa.


La noche estaba más oscura que de costumbre. Jungkook caminaba con pasos torpes, como si pisara algodón. Otra vez esa música de rock a todo volumen le taladraba los oídos. Llegó a su casa y abrió la puerta con cuidado. Se dirigió directo a su habitación.


—Kook… —su madre susurró a sus espaldas.


—Mamá…


—¿Por qué vienes así? —encendió la luz—. Tienes los ojos rojos —intentó tocarle la cara, pero Jungkook apartó la mirada.


—¿Otra vez con esa mierda?


—Solo tomé —mintió.


—Te conozco. Prometiste que no volverías a hacerlo.


—Déjame en paz, mamá. Ya soy mayorcito.


—Casi te mueres por una sobredosis… Sabes a lo que te expones y parece que no te importa —su voz sonaba angustiada.


—¿Ya llegó papá? —preguntó, no por curiosidad, sino para herirla.


La mujer asintió—. Hay comida en la cocina.


—Que se la coma Joy cuando llegue.


Dicho esto, entró en su cuarto y cerró la puerta. Su madre se quedó en el salón, conteniendo las lágrimas.


                              Día diez


Como casi siempre, después de clase se juntaron a la salida para buscar planes.


—¿Estamos todos? —preguntó Taemin.


Jimin los contó—. Falta Yoongi.


—¿Vino hoy? —preguntó Jackson.


—Juro que lo vi en su sitio —dijo Hoseok esta vez.


—Voy a buscarlo dentro.


El rubio corrió de vuelta a la universidad y, al instante, se escuchó un grito desgarrador.


El cuerpo de Yoongi yacía sin vida en uno de los cubículos del baño de hombres, completamente desnudo y cubierto de pinturas de distintos colores.


¿Se estaba repitiendo la historia de hacía veinte años?