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The Five Boyfriends |Tony Stark|

Sinopsis

Los pícaros regresan. Tony y sus muchachos no están contentos.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Gojo
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter Unique

Stephen se despierta y lo primero que se percata es el espacio vacío de su lado izquierdo. El médico se sienta con cuidado de no despertar al otro hombre que aún sigue durmiendo en su lado derecho. Levantándose de la cama, se dirige al gran guardarropa —que lucía más como una habitación— que su novio mandó a construir. Abrió las dos puertas e ingresó en el armario, buscando que vestirse este día. Una vez elegidas las prendas, se dispuso a entrar en el baño para asearse y posteriormente vestirse.

Pocos minutos después sale del baño y observa con una ceja enarcada a uno de los otros amantes de su novio. No es común que Benedict Cumberbatch duerma más de la hora habitual, de hecho, es él quien siempre llega al comedor primero. Al parecer, la actividad de anoche anterior lo dejó agotado.

Prefirió no molestarlo y se encaminó a la cocina.

Lo primero que vio fue a Patrick Melrose discutir con Sherlock Holmes acerca de quién besaba mejor a Tony. Khan Noonien Singh, por otro lado, estaba de lo más tranquilo leyendo algo en la tablet que Tony le obsequió. Desvió su mirada de sus otras versiones en el multiverso para enfocarse en cómo su adorable novio preparaba el desayuno mientras cantaba.

—December 1963 (Oh, What a night), The Four Seasons, 1975 —susurra a su oído y enseguida Tony se voltea para sonreírle y darle su merecido beso de la mañana. Después el castaño regresa a su labor. Stephen ve cómo Sherlock y Patrick se bufan por lo bajo y Khan rueda sus ojos.

Todos ya están acostumbrados a esa necesidad del Hechicero Supremo de adivinar la canción, el autor y la fecha de lanzamiento. Aparentemente, es algo involuntario del varón y a Anthony le gusta.

Stephen se ajusta su chaqueta marrón y toma asiento al lado del superhumano.

—¿Y Benedict? —pregunta Melrose, agarrando una uva del frutero y llevándola a su boca—. Me sorprende que aún no venga.

—Sigue durmiendo —contesta y le echa un vistazo a lo que lee Khan—. ¿Estás en Twitter?

—Te importa. —Entrecierra los ojos y Stephen se aleja un poco. No por temor, sino que a Tony no le gusta que se peleen entre sí y, si llegan a hacerlo, pues prepárense para la ira de su pequeño novio.

Estatura baja, pero con un carácter que haría que Dormammu se hiciera en los pantalones.

—Pensé que habías dicho que las redes sociales eran una pérdida de tiempo —comentó Holmes, concentrado en su celular y tecleando rápidamente la pantalla—. Al parecer cambiaste de opinión.

—Solamente quiero saber la postura de las personas sobre el regreso de Rogers y sus lacayos. —Ante la aclaración, los demás varones permanecieron callados y el dueño del complejo se quedó quieto unos instantes y luego siguió preparando café y té.

Han pasado dos años desde la tan conocida Guerra Civil. Y según el detective londinense, eso era sobredimensionar una pelea en un aeropuerto extranjero. La partida de los ex Avengers le trajo problema tras problema al pobre magnate. Como no había a quién más culpar, la prensa y el Secretario de Estado fueron tras su yugular. Por un momento, a Tony se le cruzó por la cabeza mandar al mundo al carajo: dejar de ser Iron Man, vivir una vida normal y que sus antiguos compañeros de equipo fueran a tomar por culo.

No pudo hacerlo. Él amaba ser Iron Man y a pesar de que su alma fue rota en ese bunker siberiano, estando a solo centímetros del asesino de sus padres y del hombre que siempre predicaba la palabra de la justicia, confianza y trabajo en equipo, Stark no pudo darle la espalda a su hogar. Él siempre protegerá a la Tierra, sin importar cuántas desgracias se descarguen contra él.

Tony Fucking Stark regresó, adiós al felpudo que le ocultaron la verdad de la muerte de sus padres, del hombre que veían como billetera andante, al que siempre juzgaron sobre Ultron sin siquiera saber su versión (puya para la maldita bruja), el que tiene que arreglar sus cagadas y ni un mísero «gracias» recibió. Su equipo lo abandonó con su mejor amigo paralizado y un androide, sintiéndose culpable por ello.

No somos un equipo, somos una bomba de tiempo. Cuánta razón tenía Bruce.

Meses posteriores, Tony se enfocó en crear aparatos ortopédicos que le ayudarían a Rhodey a caminar, envió a Visión con una psicóloga para averiguar las emociones que comenzaban a surgir y, por mucho que sonara descabellado, Visión era un niño y no comprendía plenamente la realidad de la vida. También tomó al toro por los cuernos, reescribiendo los Acuerdos de Sokovia. Tardó bastante en lograr que el Consejo aceptara el nuevo documento, pero, de nuevo, la tenacidad y firmeza del moreno los acorraló y a regañadientes accedieron.

Las cosas parecían mejorar y entonces un día un grupo de sujetos que lucían el mismo rostro arribaron al complejo. Cada uno se presentó al castaño y le contaron de dónde provenían, afortunadamente uno de ellos —con un rico acento británico— les dio una explicación del porqué se hallaban en otro mundo. Después de eso, sugirió buscar a un tal doctor Strange, quien era un experto en este tipo de situaciones.

Localizar al doctor fue sencillo y, después de un pequeño roce entre el hechicero y el multimillonario, el propio Strange les brindó la ayuda para regresar a sus universos correspondientes.

Cosa que no sucedió.

Inesperadamente, Tony quedó colado por los cinco hombres y ellos correspondieron el sentimiento. Es aquí cuando surge el conflicto: los cinco querían estar con el moreno y no estaban dispuestos a perderlo por otras versiones de sí mismos. No obstante, Anthony encuentra una solución beneficiosa para todos (sobre todo para él), una relación poliamorosa. Sherlock, Patrick y Stephen aceptaron a la primera, sin embargo, Benedict necesitaba meditarlo y Khan, al ser alguien posesivo, le era difícil compartir al hombre que quería. Para buena suerte de Tony, los dos varones aceptaron la propuesta luego de pensarlo.

La relación marchaba de las mil maravillas, pero con la maldita decisión del Consejo de Acuerdos de otorgarles perdones a los Pícaros, el mundo de Tony nuevamente era perturbado.

Para colmo de males, ellos residirán en el complejo.

—¿Cómo están las estadísticas? —bisbiseó Patrick a Khan.

—Divididas. Una parte no quiere que regresen y la otra está emocionada por su regreso —habló con un deje de vesania.

—¿En serio no podemos mandarlos al mismísimo infierno? —pregunta Sherlock a Strange.

—No. Tony me dijo que me castigaría si lo hacía —respondió con resignación.

—Chicos, hemos hablado de esto —dijo Tony, depositando una charola de plata sobre la mesa y comenzando a repartir los cafés y tés a sus novios—. Meternos en problemas solo nos perjudica; nuestra mejor opción es tratar de no matarnos con los Pícaros.

—Insisto. Deberíamos mudarnos —propone Melrose.

—¿Y dejar a esos idiotas sin supervisión? —El moreno negó con la cabeza, regresando a la isla de la cocina para traerles el resto del desayuno—. La última vez que me desligué de ellos, destruyeron un edificio y mataron a civiles.

—¿Qué esa no fue la bruja? —arqueó una ceja el detective.

—Rogers, Romanoff y Wilson también comparten la responsabilidad. Se suponía que la viuda la entrenaba y mira cómo terminó. —Colocó los platos con hotcakes a Khan y Stephen—. No permitiré que eso ocurra otra vez.

—Puedo encargarme de Maximoff. —Le da un sorbo a su café—. Mi deber como Hechicero Supremo es asegurarme de que ningún usuario de magia abuse de su poder de la manera que esa chiquilla lo ha hecho. El control mental es algo que no tolero.

Stark les sirve a Sherlock y Patrick.

—¿Estás diciéndome que la entrenarás? —indaga con recelo.

—Claro que no. Hay maestros en Kamar-Taj que se encargarán de eso. —Degluta un trozo de hotcake—. No perderé mi valioso tiempo en esa mocosa.

—¿Qué tal si se niega? —Khan pregunta para en seguida comer.

—Entonces la despojaré de sus poderes. —Sonríe socarronamente—. Mi jurisdicción me lo permite.

—¿Tu jurisdicción? —suelta sarcástico Anthony—. Amor, estás siendo un cabrón.

—Y me amas por eso.

—Tienes razón. —Se acercó a él y besó su frente—. Iré a despertar a Ben.

Dicho eso, se alejó del comedor para perderse en uno de los pasillos.

—Steph, trae la miel —ordena Holmes.

—Ve tú mismo y tráelo.

—Malo.


Los sentidos del británico se encendieron por unas suaves caricias en su rostro y pecho. Los orbes verdes grisáceos finalmente se abrieron para concentrarse en la sonrisa amorosa y gentil de su pareja. Benedict ladeó una sonrisa y estiró sus brazos para atraer al castaño sobre él. Sus largos falanges se aventuraron en entrar por debajo de la camisa gris que portaba, patinando sus yemas sobre la aterciopelada y bronceada piel de su amante.

Los labios de ambos se juntaron, tomándose su tiempo en disfrutar cada parte de las desbordantes y calientes emociones que atrapan a sus cuerpos. Gradualmente, el actor tumbó al héroe sobre la cama y de inmediato se posó sobre él, dirigiendo sus acorazados labios en la tarea de chupar y lamer con cuidado el cuello del moreno; entre tanto, su diestra desabotonaba su camisa. Con el último botón fuera, la boca de Benedict se trasladó a los pezones, lamiendo esos botones marrones de forma lenta pero muy sensual. Los jadeos de Tony no tardaron en hacer acto de presencia, provocando una sensación de altivez al hombre de mechones castaño claro.

—¿Puedo? —Él le pidió permiso de retirar su pantaloncillo y el corazón de Tony palpitó vivaz. El pundonor de Benedict fue lo que lo embelesó desde el principio. De todos sus amantes, el actor prefirió ir despacio y ser delicado al momento de hacer el amor, contrario a los otros que no perdían el tiempo en desvestirlo y follarlo duramente contra el colchón.

Sin embargo, cada uno de ellos le profesaban su abnegado amor.

—Claro que sí, amor. —Levantó las caderas, facilitándole a su pareja despojarlo de sus prendas. Tanto el pantaloncillo, el bóxer y la camisa cayeron al piso.

—Eres hermoso. —Lisonjeó en un susurro mientras sus manos recorrían los muslos y subían hasta el abdomen—. Cada parte de tu cuerpo es acendrado. —Se agacha y besa la zona donde antes se hallaba el Reactor de Arco—. Tu belleza insuperable. —Tony gime gutural cuando el zagal sujeta grácil su miembro ya erecto y chorreando líquido preseminal—. Quiero estar siempre junto a ti… —A continuación, separó las piernas de su novio para colocarse en medio de ellas. Agarró una almohada y la depositó debajo de las caderas de Anthony.

—Siempre estaremos juntos —prometió, alargando su mano y deslizando con lentitud una caricia en su fino pómulo—. No importa lo que suceda en el futuro, siempre estaré enamorado de ti.

—Estás siendo romántico esta mañana —comenta risueño y suelta una risita cuando Stark hace un bufido.

—Soy una savia por ti. —Sonríe cálidamente—. Sabes perfectamente como sacar mi lado enamoradizo.

—Estoy complacido por esa declaración. —Le da un débil apretón a la polla de Tony, haciendo que el menor gima y eche la cabeza hacia atrás. Se acomoda en una mejor posición, cogiendo su propio miembro para bombearlo y cuando ve que está lo suficientemente erecto, dirige su glande al anillo rosado.

Anthony no necesitaba preparación, aún seguía flojo por lo de anoche. De modo que el británico no tuvo inconvenientes en introducir su largo falo dentro de su amante.

—Benedict… —suspiró, enganchando sus piernas a las caderas del contrario y pasando sus manos por la lechosa espalda de su pareja—. Hun… te deseo… te deseo tanto…

Luv, no puedes imaginar cuánto te amo… —Empieza a embestir parsimoniosamente, embriagándose con el exquisito aroma de rosas con fresas (a Tony le gustaba mucho usar ese perfume). Se deleita con los gimoteos cada vez que entra y sale de Tony, admirando los orbes de miel fulgiendo de libídine, las mejillas sonrosadas y la manera en la que se aferra a su cuerpo.

Sus cuerpos les exigían acelerar el vaivén, pero sus corazones estaban enteramente satisfechos por la muestra de afecto tan ardiente y afable. No era un acto desenfrenado queriendo la liberación de sus erecciones, esto era entregarse mutuamente en cuerpo y alma, demostrándose su amor.

—Te he dicho muchas veces cuánto te amo… —Stark clama al momento en que Benedict aumenta las embestidas, entrando a lo profundo de su ser—. Y nunca me cansaré de decírtelo. —Besa de manera tierna al moreno, mordiendo levemente su labio inferior—. Te amo, Tony… —enfatiza, contemplando esos lindos ojos de Bambi. Seguidamente, retira las lágrimas que comienzan a brotar de Anthony.

—También te amo, Benedict… —Atrae su rostro para seguir besándose a la vez que Benedict continuaba penetrándolo.

—Te quiero para el resto de mi vida —expresó amoroso, dando un pequeño beso a su frente.

—Estaremos juntos por el resto de nuestras vidas.

El dormitorio permaneció sumergido por el apasionante ambiente por un rato más.

Mientras tanto, en el comedor, a los demás varones del complejo se les fue informado por FRIDAY que su creador se encontraba ocupado con Cumberbatch. Ninguno de los hombres emitió queja, concordando en darles privacidad a la parejita. Siguieron desayunando y conversando sobre trivialidades. Al terminar, cada uno lavó los trastes y se encaminaron a dar un paseo por los alrededores del Complejo de los Avengers.


El coronel Rhodes se veía sereno, pero por dentro echaba chispas del coraje.

Los perdones para los Pícaros era algo que podría surgir en cualquier momento, por mucho que Rogers y su equipo se hayan puesto en contra de 117 países y acabaron por ser las personas más buscadas del mundo, el planeta los necesitaba. Los bateadores más fuertes de los Avengers no se encontraban con ellos y, aunque costara admitirlo, Visión, Stephen, Tony y él mismo no eran suficientes para proteger la Tierra.

Y helos aquí, sentados en la sala de reuniones, observando con ojos centelleantes de amargura e incomodidad cómo la puerta era abierta, permitiéndoles ver primero al enlace del Consejo de Acuerdos, que gracias a Dios era el agente Ross. El rubio siempre tuvo una postura neutral con respecto a los bandos de los Avengers. Involucrar emociones no era su estilo, pero definitivamente les daría una patada en el culo a los recién perdonados si llegaran a incumplir con su acuerdo.

¿Cómo puede una persona tan pequeña tener un carácter tan fuerte?

Everett educadamente saludó a todos y de inmediato fue a la cabecera de la mesa, tomando asiento.

Las expresiones incrédulas de los Pícaros se manifestaron cuando sus ojos se fijaron en la presencia de los novios de su mejor amigo. Y Rhodey casi sintió compasión por ellos. Benedict y Patrick no serían capaces de lastimarlos; sin embargo, Sherlock, Stephen y Khan esperaban la oportunidad para desmembrarlos.

Natasha inició analizando el perfil de cada uno de ellos y Holmes rodó los ojos. Novata, pensó jocoso el detective. Ni siquiera han pasado tres minutos y él ya sabía lo suficiente de esa banda de idiotas.

Wanda veía con ilusión al androide, pero este simplemente torció el gesto y volteó su rostro, ignorándola. La fémina se sintió dolida y rápidamente le mandó una tosca expresión a Stark, es en ese corto lapso en que su mirada se conecta con la del hechicero. La bruja se estremece por la abrumadora energía que aquel varón empezó a emanar y la sonrisa taimada sólo elevó sus inseguridades.

Clint se mantenía estoico, aguantándose las ganas de recriminarle a Stark por haber permitido que los hayan encerrado en La Balsa. Además, por su culpa Laura le había enviado los papeles de divorcio, apenas el quinjet wakandiano arribó en territorio norteamericano. La forma en que ese enano Ross le entregó los papeles y citó que su mujer le prohibía ver a sus hijos, le hirvió la sangre.

Sam supo al instante de ingresar a la sala de reuniones que las cosas iban a cambiar terriblemente, no importa que Steve les asegurara que todo regresaría a la normalidad y que Stark entendería que su maldito ego y arrogancia arruinó a los Avengers y que les pediría perdón, porque eso no ocurriría.

Scott está perdido. No. En realidad, está arrepentido de atender el llamado del Capitán América, de ayudar a destruir un aeropuerto y de haber huido durante dos años, alejándose de su hija y de su novia. Toparse con Hope justamente luego de bajar del quinjet fue una sorpresa, aunque hubiera preferido un beso en vez de la cachetada y los reclamos sobre su terrible decisión. Lo peor no fue que le quitara el traje, fue que ella le dijera que no lo quería volver a ver y que Maggie estaba tan decepcionada de él que necesitaría miles de disculpas para convencerla de ver a Cassie.

Steve divisaba a Tony, mientras que el agente Ross les explicaba los detalles y clausuras de sus perdones. Al supersoldado no le interesaba lo que saliera de la boca del blondo, de por sí ya estaba enojado de que el Gobierno los tenga con una correa, y ahora esperaban que firmaran los Acuerdos, de lo contrario no volverían a ser parte de los Avengers. Se hallaban entre la espada y la pared, y con resignación no les quedaba de otra más que firmar los jodidos Acuerdos. Por otro lado, quería explicaciones por parte de Tony acerca de los cinco hombres que, por alguna extraña razón, eran idénticos. ¿Quintillizos? Esa era la única respuesta que tenía por ahora. Además, ¿qué hacían aquí? ¿Desde cuándo conocían a Tony? ¿Y por qué carajos el tipo de gabardina y el tipo de capa roja le acariciaban los muslos?

Rogers rechinó sus dientes ante el pensamiento de que Tony retomara su título de playboy. Es cierto que entre Tony y él no hubo ninguna relación, pero era innegable la atracción mutua; sin embargo, Steve albergaba sus dudas con respecto al compromiso y fidelidad de Stark. Después, Ultron y la destrucción de Sokovia sucedieron y Rogers creyó que lo mejor era desechar los sentimientos que surgieron por el moreno. Él no podría estar con una persona tan destructiva como Tony.

La reunión terminó con los berrinches de Wanda de no querer ser entrenada, Clint culpando a Tony de su divorcio, Everett tratando de mantener su postura y no mandar al infierno a los Pícaros y Stephen amenazando a Wanda de sellar sus poderes si no accedía al entrenamiento.

—¿Quién te ha dado el derecho de eso? —refunfuñó Steve al hechicero.

—Soy el Hechicero Supremo de esta tierra, y sí, tengo todo el maldito derecho de quitarle su magia. —Se levantó y atisbó al blondo con dagas en los orbes—. La bruja tiene dos opciones. O acepta el entrenamiento o se despide de su poder para siempre.

—¿Cómo te atreves? Es solo una niña —refuta Clint.

—¿Niña? —suelta estupefacto Sherlock—. ¡Tiene veintidós! ¿De veras son tan estúpidos que no saben diferenciar de un niño a un adulto joven?

—¡¿Qué fue lo que dijiste, imbécil?! —reclamó el arquero.

—Genial. Aparte de estúpidos, también son sordos.

—¡YA ES SUFICIENTE! —grita el agente Ross, causando que la sala quede en silencio—. ¡No son ningunos niños! ¡Son adultos y se comportarán como tal! ¡No voy a tolerar sus actitudes inmaduras! Se supone que ustedes deben proteger este mundo, y eso es exactamente lo que harán. Sus problemas son meramente suyos, así que háganme un favor y traten de ser civilizados. ¿Entendido? —nadie responde—. ¡¿Entendido?!

—Sí. —Los presentes soltaron unánime.

El bajito suspira.

—Bien. Doy por culminada esta reunión.

—Esperé, agente Ross —dice Natasha—. ¿Quién es el líder del equipo?

—Obviamente, sigo siendo yo, Nat.

—En realidad, no. —Rogers parpadeó confuso a Everett—. El nuevo líder del equipo es el coronel James Rhodes y el segundo al mando es el doctor Strange.

—¿Doctor Strange? —Entrecierra los ojos.

—Es evidente que no prestaste atención. —Khan suspira con hastío y señala al hombre con canas—. Él es el doctor Strange.

—Tony, ¿cómo pudiste permitir esto?

—¿Disculpa? —soltó mordaz—. Fue la elección del Consejo de Acuerdos, a mí no me vengas a echar la culpa.

—Eso es porque siempre tienes la culpa —recalcó la Bruja Escarlata—. ¡Ultron y convertirnos en prófugos! ¡Todo es tu culpa!

—Voy a detenerte ahí, mocosa —habla Stephen, visiblemente furioso—. Ultron no hubiera sucedido si tú no te hubieras metido con la mente de Tony. Lo de ser prófugos fue su elección; nadie les obligó a romper las leyes y refugiarse en Wakanda.

—Esto me está dando jaqueca —dice Patrick, levantándose y caminando hacia Tony—. ¿Podemos irnos, nena?

Los Pícaros se quedan de piedra con el apodo.

—¿Qué? —masculló Rogers.

—Sí. Será mejor irnos. —Se pone de pie y estrecha su mano con la del agente de la CIA—. Un gusto verlo, agente Ross.

—Hasta la próxima reunión, señor Stark.

El grupo de Tony junto al agente encauzan sus piernas hasta la puerta.

—¡Espera! —Tony suspira y gira su cuerpo para prestarle atención al capitán—. ¿Quiénes son ellos?

—En serio que no prestaste nada de atención. —Se apretó el puente de su nariz—. Ellos son Stephen, Patrick, Benedict, Sherlock y Khan. Mis novios.

La boca de Steve boqueó como pez.

—¿T-tus qué?

—Mis novios —repitió hastiado—. Joder, Rogers, lávate las orejas. Quizás así y por fin escuches.

—Ya no le des importancia, muñeca —dice Khan y enseguida besó su coronilla.

—Mejor nos vamos antes de que esto explote —sugiere Benedict.

—Demonios sí. Porque no puedo soportar tanta estupidez.

—Como siempre siendo una reina del drama, Sherlock.

—Cállate, Stephen.

El supersoldado iba a hablar nuevamente, pero Anthony lo detuvo con un ademán de su mano. Los ojos gélidos de Tony hicieron que el rubio se encogiera un poco de hombros. Ese brillo especial que una vez Tony le brindaba ya no existía y su ira se aglomeraba al presenciar cómo Strange acariciaba su cintura.

—Ahórratelo —pronunció circunspecto—. Todo ha cambiado. Si esperabas que olvidara y perdonara lo que pasó hace años, te equivocaste. Durante este tiempo he reflexionado y llegué a la conclusión de que me estaba destruyendo por ustedes.

—Estás siendo un exagerado, Tony —replicó la viuda.

—No, no lo hace —saltó a la defensiva Rhodey—. Y estoy decepcionado de mí mismo por no darme cuenta. Ustedes no conocen a Tony tanto como yo, y puedo garantizar mi vida que él es una de las personas más leales y protectoras.

—¿Leal? —se burla Barton—. Nos encerró.

Benedict negó con la cabeza.

—Eso lo hizo el ex Secretario de Estado.

—Rhodes se refería a no informarle al Consejo que siempre estuvieron refugiados en Wakanda. —aclara Khan—. Él pudo hacerlo y ustedes regresarían como la vil ratas que son a La Balsa. Sin embargo, no lo hizo porque, a diferencia de otras personas, no tomó represalias —dijo eso último observando a la bruja—. Ese fue su último acto de benignidad para ustedes.

—Tony, si tan solo me escucharas…

—Oh, no. Él no te va a escuchar —dice firme el detective, abrazando los hombros de su pareja—. Tony ya tuvo suficiente de tu mierda por años. Ahora, si nos disculpan, nos retiramos a nuestra habitación.

—Y ni siquiera lo intentes, Maximoff —advierte el Maestro del Sanctum Sanctorum, percatándose de la tenue bruma carmesí de las manos de la sokoviana—. Soy mucho más poderoso que tú, y créeme que pelear conmigo sería un grave error.

—No permitiré que la amenaces —disputa el arquero.

—Eso es descarado viniendo de un hombre que abandonó a su familia —expresó Patrick.

—Por favor, les sugiero que nos calmemos y terminemos con esta disputa —pidió el sintezoide y Tony asintió.

—Esto será un caos —murmura Everett para sí mismo, imaginándose los diferentes conflictos que se desataran en este lugar.

Stark coge aire.

—Se instalarán en el ala este y tienen rotundamente prohibido ir al ala oeste. —Entrecierra sus orbes—. Buen día.

Rogers quiso ir detrás del castaño, pero Natasha y Sam se lo impidieron. Resignado y furioso, vio cómo Anthony abandonaba la sala junto a sus amantes. El afroamericano les dedicó una mirada inquisidora y se retiró con Visión y el agente Ross.

Steve se desplomó en su asiento. Estaba furioso de que el Gobierno se saliera con la suya, de ya no ser el líder de los Avengers y sobre todo de que Tony tuviera una relación con cinco hombres.

Esta no era la bienvenida que esperaba.

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