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Warm.

Sinopsis

Para su primer día de clases en la universidad, no esperaba ser distraído por un gato en apuros, y llegar tarde con lo que parecía la peor excusa. Tampoco esperaba conocer a las personas que marcarían su vida para siempre.

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
Honey~
Estado:
Completado
Capítulos:
13
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

-ˋˏ [01] ˎˊ

Nunca había sido tan molesta la alarma de su celular como lo estaba siendo esa mañana. Y es que anoche se quedó enganchado jugando MapleStory hasta altas horas de la madrugada, hasta que cayó dormido, dejando el celular olvidado en la cama. Y ahora tenía las consecuencias: no sólo se sentía trasnochado, sino que además, el celular vibraba y sonaba bajo su cuerpo, perturbándolo por completo.


Pasó la palma de su mano derecha por su rostro, ya frustrado por el incesante sonido. Sus ojos le picaban por haber dormido poco, y ser consciente que era su primer día de clases no mejoraba la situación. Tendría que levantarse sí o sí de la cama, arreglarse y poner su mejor cara para enfrentar una jornada de clases en la universidad. Por estar empezando recién el primer año, no podía faltar. Perfecto.


Cállate, maldito celular. «Por qué elegí esa melodía», se quejó mentalmente, apagando el sonido. Su yo del pasado había creído que sería buena idea, porque con esa alarma, ya no querría seguir durmiendo. Lamentablemente, no fue de ese modo. No sólo quería arroparse y dormir hasta la hora de almuerzo, sino que además, quería volver en el tiempo y darse de hostias por terrible idea.


Suspiró y se sentó en la cama, con los pies colgando por el borde, rozando el suelo. Pudo haberse cuestionado la inmortalidad del cangrejo en ese momento, con la vista fija en la nada. Un misisipi, dos misisipi… De haber tenido un reloj análogo en su habitación, de seguro se escucharía el tic tac, porque los segundos transcurrían, y él se mantenía en la misma posición. Hasta que finalmente, tras cinco minutos y un sonoro bostezo, se levantó para tomar una ducha y dar inicio al bendito día.


Con el agua tibia recorriendo su piel, se cuestionaba cómo serían sus compañeros, profesores y el ambiente universitario. Con sus padres habían realizado una investigación previa, y la Universidad de Salud de Seúl era la mejor opción, ya que se especializaba en formar estudiantes sólo de dicha área, además de contar con buenos profesores y tecnología de primera. Así que ese aspecto estaba zanjado. Él estudiaría psiquiatría por 4 años, dando pie a su etapa adulta, sin embargo, a veces sentía que se cagaría en los pantalones. Le aterraba convertirse en un adulto y ser el único responsable de su vida y sus decisiones. No quería tener que preocuparse por el dinero, las facturas, el trabajo, y todo lo que conllevaba. Pero no había forma de frenar lo que se vendría. El mundo no dejaba de girar, y él estaba obligado a avanzar con él.


Fregó la espuma del champú un poco más fuerte de lo necesario y suspiró. En oportunidades lograba calmarse a sí mismo, pensando que sería bueno contar con independencia y dinero; además, quería ser psiquiatra y poder ayudar a otros. «No será tan malo», se dijo, cerrando la llave de la ducha.


—Tú puedes, fighting! — se alentó al mirarse al espejo.


Sí que se sentía como un muchachito muy idiota cuando hablaba con su reflejo, pero claro que sólo tenía 18 años, y le gustaba sentir que podía contar consigo mismo si todo salía mal. O al menos, él pensaba que eso era lo correcto; no podía faltarse jamás.









Ese día, por ser el primero de esta nueva etapa, vistió con su cortavientos favorito, ya que era cómodo, y él sentía que combinaba con todo. Éste era amarillo con las solapas del cuello azul marino; la prenda era algo similar a un amuleto. Agarró la mochila que estaba sobre el sofá y, esperando que fuese un buen día, salió de casa.


Con un paso en la acera, tomó los audífonos del bolsillo derecho del cortavientos, porque no podía vivir sin música. Pero se detuvo antes de conectarlos a su celular, al escuchar un maullido. No se escuchaba tan cerca, pero definitivamente le pareció triste. Miró alrededor, buscando el gato que pedía auxilio, pero no lograba divisarlo. Claro que pudo omitirlo, pero su conciencia no lo dejaría en paz de hacerlo. Así que sus pies se movieron, siguiendo el maullido, y sus ojos seguían escaneando los rincones, pero no estaba siendo sencillo encontrar el origen.


—Gatito — llamó, agregando un psst, psst. Su única respuesta fue otro triste maullido, pero esta vez más cerca, logrando sentir más dolor en su pecho —. Gatito.


El nuevo maullido lo guió hasta un frondoso árbol, a dos casas de distancia de la suya. Elevó la vista, viendo por fin al pequeño de cabello frondoso y blanco, muy arriba.


—¿Cómo llegaste hasta allá arriba? — Era tonto de su parte esperar una respuesta, pero el gato de preciosos ojos celestes volvió a maullar —. Imagino que ya no puedes bajar — se rascó la nuca, frunciendo los labios y suspirando con pesadez.


Aunque le gustaran ciertos deportes, e incluso pudiese considerarse bueno en ellos, no sabía trepar árboles y tampoco tenía a mano una escalera para llegar arriba.


Dejó escapar un nuevo suspiro y se dijo a sí mismo que podía lograrlo, después de todo, sólo era un árbol de vecindario; no tenía que ser tan intimidante como uno del bosque. Quitando su mochila del hombro, y sin pensarlo mucho más, se abrazó al tronco áspero y comenzó a escalar. Para la fortuna de ambos (del gato y la suya propia), contaba con bastante fuerza en sus extremidades. Su piel dolía bajo la ropa, y las manos mucho más, puesto se encontraban expuestas en su totalidad, pero pudo subir hasta el felino.


—Ahora vas a ser buenito y vendrás conmigo — le habló con sutileza, estirando un brazo y conteniendo la respiración.


El gato estaba asustado y desconfiaba de él, era evidente, y a pesar de la incomodidad de estar trepado al dichoso árbol, podía entenderlo.


—Ven — le pidió, en voz baja, incluso con paciencia.


El gato lo olfateó y, cuando se percató que no había peligro, se acercó al humano, pero siempre con precaución. Y en tan sólo un par de minutos, estaban en tierra firme.


—Eres muy lindo — le sonrió, acariciando la barbilla del felino, quien cerró los ojitos frente a la muestra de cariño. Pasar del miedo y la desesperación de verse aislado y sin salvación, a sentirse seguro y cobijado, era grandioso —. Lamentablemente me tengo que ir…, espero verte pronto. Ten cuidado, ¿sí? — una última caricia y tuvo que dejarlo.


Ahora sí, su primer día universitario daría inicio. No creía que el destino le tuviera otra jugarreta bajo la manga.








—¿Son éstas horas de llegar? — preguntó el hombre de bigote canoso frente a la clase, avergonzándolo.


—L-lo lamento, señor — el día iba mejorando; ya no sólo se sentía humillado, sino que estaba seguro que se ganaría el cartel de imbécil por parte de sus compañeros por su tartamudeo —, pero un gato estaba atrapado en el árbol de un vecino y t-tuve que b-bajarlo…


El silencio fue sepulcral. Para ser cliché, faltaba el grillo emitiendo su típico sonido y ya estaba, rayando en lo absurdo. Así se sentía, pues sus palabras habían sonado como una absurda excusa, que él no le creería a nadie.


Tragó saliva, y el profesor volvió a hablar malhumorado: —¿Acaso eres el bombero de la cuadra, chiquillo? — y sus compañeros estallaron en carcajadas.


Oficialmente el cartel era suyo: P E R D E D O R.


El profesor no lo dejó entrar a la clase, porque ésta iba a finalizar dentro de poco, y era evidente que el hombre de bigote no era nada amigable. Si bien sólo se trataba de la clase obligatoria de ética, y no se perdía mucho, la situación en su totalidad era abrumadora. No quería partir así su carrera universitaria, pero ya era tarde para cambiar algo al respecto.









El transcurso del día se podría describir tranquilo, ya que apenas escuchó su propia voz en un par de ocasiones, para responder preguntas de los profesores, pero nada que fuese digno de mencionar. Algunos de sus compañeros lo miraban con risa por el bochorno de la primera clase, pero para el resto, pasó desapercibido. Sintiéndose en el anonimato, se disponía a comer un sándwich durante la hora de almuerzo, pero un chico que no reconoció de ninguna de sus clases, lo saludó con una brillante sonrisa.


—¿Deseas almorzar con nosotros? — agregó, mostrando su dentadura perfecta. A pesar de no tener idea quiénes eran “nosotros”, aceptó con un leve asentimiento de cabeza —. Mi nombre es Hoseok — se presentó el castaño —. ¿Cómo te llamas tú?


—Jungkook.


—Un gusto, Jungkook — fue la frase que dijo cuando se situaron frente a un grupo de chicos, que lo observaron —. Mis queridos, les presento a Jungkook.


Todos exclamaron un saludo al mismo tiempo, y Hoseok y Jungkook tomaron asiento a la mesa.


El invitado los miró con disimulo, haciendo un trabajo mental si reconocía a alguno de ellos, pero no tuvo suerte. Para él eran desconocidos, aunque muy amables.


Hoseok era el que hablaba más alto de todos; su risa era llamativa y contagiosa. No faltaba conocerlo muy a fondo para notar que irradiaba alegría. Había otro chico, con el cabello completamente rubio. No de nacimiento, porque sus cejas eran bastante más oscuras, pero no se veía mal. Su sonrisa le abultaba las mejillas en las comisuras de los labios. Su nombre era Seokjin. Y junto a éste, otro castaño llamado Taehyung, quien se mostraba más interesado en comer que en conversar. Y por último, un chico que seguramente llamaba la atención por su cabello azul y su estilo. No era extravagante, sin embargo, se notaba dedicación en la elección de la vestimenta además de buen gusto, y ese detalle suele ser poco usual entre hombres. Su nombre era Jimin.


—Es tu primer año, ¿verdad? — le preguntó Jimin, con amabilidad. Jungkook asintió. Y no supo por qué su garganta se sentía seca —. ¿Qué estás estudiando?


—Psiquiatría. ¿Y tú?


—Yo voy en mi tercer año de nutrición. Tae también va en tercero pero de obstetricia, Jin está en su último año de medicina general, y Hoseok en cuarto de enfermería.


Jungkook no pudo evitar abrir sus ojos de más; todos ellos estaban estudiando muy buenas carreras y, además, ya estaban muy avanzados. Todos eran sus hyung. En un comienzo no lo había pensado siquiera. Simplemente había creído que eran sus compañeros o algo por el estilo.


Tras esa breve conversación/presentación, regresaron la atención a los demás, que reían a carcajadas. Mientras Jungkook daba el mordisco final a su sándwich, Hoseok grababa con su celular las caras graciosas de Seokjin. A pesar que Jungkook no entendía muy bien lo que hacían realmente, se sentía cómodo en la compañía de los chicos. Ninguno lo trató ni miró en menos por la diferencia de edad o por su timidez.


—¿Te puedo hacer una pregunta? — Taehyung se dirigió a él, a lo que Jungkook asintió —. ¿De verdad eres bombero? — por su expresión calma y seria, el aludido no supo si estaba bromeando, pero los demás estallaron en carcajadas. Hoseok incluso daba aplausos acelerados, que acompañaban las risas —. No se burlen. Realmente quiero saber.


Jimin, con una mano en la boca, dice —No nos burlamos, pero hablas con tanta seriedad… Y el profe de seguro dijo un disparate por ser interrumpido.


—¿Pero es verdad el asunto del gato? — preguntó Seokjin.


—S-sí — Jungkook se rascó la nuca, intimidado por tener la vista de todos encima —. Pero no soy bombero… Sólo me encontré al gato llorando en un árbol, y no podía dejarlo ahí.


—Parecía inventado — dijo Taehyung, sin ninguna maldad en sus palabras. Hoseok lo apoyó.


—Eso fue muy tierno de tu parte — halagó Jimin, con ternura. Y Jungkook se sintió bien consigo mismo. Con dicha sensación se distrajo, desconectando su mente como solía hacerlo, para dar un viaje dentro de su cabeza, a nada particular pero a muchas ideas vagas al mismo tiempo. Hasta que una en particular lo frenó, sacándolo del trance y volviendo a la realidad.


—¿Cómo sabían? — todos lo miraron, sin entender qué quería decir con aquello —. ¿Cómo supieron todo el asunto del profesor, el gato y el bombero?


Mentalmente rogaba porque no fuese la comidilla de varios cursos, o querría enterrar la cabeza bajo tierra de la vergüenza.


—El profesor, el gato y el bombero suena a título de drama — bromeó Hoseok, sacándole otra carcajada a Seokjin.


Jimin se les unió a las risas, pero explicó: — Cursamos la misma clase de ética. Es obligatoria para todas las carreras en esta universidad, pero nosotros la habíamos postergado porque pensábamos dejarla para el final o librarnos de milagro.


—Obviamente eso no sucedió — añadió Taehyung —. De hecho, a los nuevos alumnos los obligan a tomarla en primer año, para zanjar el tema y que otros no hagan lo que hicimos nosotros.


—Y voilà, nos tendrás de compañeros en esa clase.


—Un lunes a primera hora, qué entretenido — el rubio rodó los ojos al decirlo.


—Pero si seremos compañeros, no todo será malo — le sonrió Jimin.


Y todos pusieron los ojos en blanco.


—Oh, no. Jimin va a empezar la cacería.


—¡Deja al chico en paz! Es recién su primer día.


Taehyung le hacía cosquillas a Jimin, provocándole más risas. Y Jungkook, en silencio, sentía las mejillas arder. Esperaba que no estuviesen hablando de lo que él pensaba, pero todo parecía indicar que sí. Y en su presencia, sin vergüenza ni sutilezas.


—Ni siquiera sabes si le van los chicos. ¡Contrólate, por favor!


—No digan esas cosas, miren que están incomodando al dongsaeng.


—No te sientas mal, Jungkook. Jimin no hace daño. Es atrevido, pero no hace daño.


—¡Me están dejando como un pervertido!


—Para que aprendas a controlar tus coqueteos — aclaró Seokjin, dándole un pequeño golpecito en la frente. Jimin se quejó, sobreactuando, y haciendo reír a sus amigos.


Por su parte, Jungkook estaba en silencio con la vista en ellos, pero perdido en otro lado. No le había incomodado realmente la situación, pero sí se había sorprendido bastante. A pesar de que los adultos que solía conocer eran bastante reservados, ahí estaban estos chicos, destapando la orientación de uno de ellos… El mismo Jungkook era bisexual, pero no lo mencionaba con tanta soltura. Era tabú para su entorno, desde que tenía memoria. Pero, aparentemente, estaba entrando a un nuevo mundo; conocería nuevas costumbres y todo tipo de personas. ¿Ésa era la vida universitaria? Él se podría adaptar. Podría ser, incluso, divertido.



Viéndolos reír, se pasó el horario de almuerzo, y tuvo que ir a su última clase del día. No hubo nada memorable, pero al fin era libre; podría irse a casa y estirarse en su cama. No sabía lo mucho que podía extrañarla.


Con una pegajosa canción en sus oídos, iba llegando a casa, golpeando sus muslos imitando la batería. Por su mente pasaban recuerdos del día; las vergüenzas, las clases y el grupo de chicos que lo adoptaron durante el almuerzo. Aunque no sabía si volverían a hablar al día siguiente, era agradable imaginar ser amigo de ellos. Y fuera de su casa, para su sorpresa, parecía esperarlo otro amigo. El gato blanco de esa mañana. Jungkook le sonrió, un poco sorprendido que el felino estuviese junto a la reja de su vivienda, casi como si supiera que podría encontrarlo.


El gato le maulló, dándole la bienvenida.


—Hola para ti también — se agachó a su lado para acariciar la barbilla blanquecina —. No creo que supieras que esta era mi casa, ¿verdad? Pero es lindo verte nuevamente, pequeño — Jungkook se puso de pie para entrar a su hogar, siendo seguido fielmente por el felino —. ¿Planeas seguirme adentro? ¿No tienes casa? — el gato maulló en respuesta —. Uhm, no sé si te puedas quedar aquí, pequeño… Debo consultarlo con mis padres.


Se tomó un par de minutos, debatiéndose qué hacer. Se sentía en un dilema, ya que él había salvado al gato esa misma mañana, por lo que ahora no podría dejarlo a su suerte. Por otro lado, sus padres nunca quisieron tener una mascota. ¿Pero si él se hacía responsable del animalito? Quizás podría convencerlos.


Él mismo nunca se imaginó teniendo mascota, pero el gato parecía haberlo escogido. Y por segunda vez en el día, se sintió adoptado. Quizás era una sailor scout y ya tenía al grupo y al líder gatuno.


Rió ante tremenda locura, entrando a casa con el gato siguiendo sus pasos.

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