Love, el karma del millonario.

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Summary

SINOPSIS: Love es una joven entusiasta, fresca e hilarante que no ha tenido la suerte de conseguir sus sueños en el mundo del diseño. Gracias a su amiga Hannia consigue un empleo en una pequeña cafetería ubicado en el centro de la ciudad, pero, tras un incidente con un cliente distinguido es despedida. Luego de semanas en búsqueda de cualquier empleo, llega a sus manos una oferta tentadora; cuidar de tiempo completo de un convaleciente en su residencia. Cuando Love se da cuenta de quien se trata, de inmediato se niega a tomar el trabajo, pero recuerda que necesita el dinero y se le pasa. Ahora estará obligada a cuidar del hombre que la ha humillado más de una vez y por el que siente mariposas en el estómago. Dicen que del odio nace el amor… pero Love es tan dulce como la venganza y hará de las suyas antes de atraparlo. Si te gusta el romance con escenas spicy, acompáñame en esta loca y divertida historia.

Status
Complete
Chapters
51
Rating
4.9 47 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Faltaban solo cinco minutos para que mi turno terminara y Moira, mi relevo, aún no llegaba.

Ya había discutido con mi jefe porque su empleada favorita era una maldita irresponsable que cambiaba turnos a su antojo, como si fuera la dueña del negocio.

Supongo que ser piernas sueltas, le daba ese privilegio.

Toda la semana había llegado más de veinte minutos tarde, justificando que su coche estaba averiado y que aún no se familiarizaba con las líneas del metro.

¡Tenía toda su puta vida viviendo en esta ciudad!

Odiaba el cinismo que la caracterizaba cuando llegaba con su puchero de niña desconsolada y el panzón de mi jefe le pasaba sus todas justificaciones por más ridículas e incoherentes que fueran…

Oh, Joe, mi coche no funciona…

Se apagó la batería a dos cuadras antes de llegar…

Se le salió una llanta entrando a la avenida…

Se le zafó el volante…

¡Entonces qué chingados conduce!

¡¿Una carretilla?!

Juro que la odiaba tanto como a las cucarachas y a Cacamás adelante sabrán a quién me refiero.

—¡Trabajé dos turnos, Joe! Quiero irme a descansar —gritó al otro lado de la barra—. Si tu chica chupa pitos no llega en cinco minutos, juro que me iré sin mirar atrás.

Sentencié enfadada, pero fue como hablarle a la pared.

—¡Lo juro, Joe! ¡Esta vez lo haré! —le tenía sin cuidado que su empleada consentida no llegara a tiempo porque para eso tenía a su burra parda.

O sea, a mí.

Un gruñido extraño fue lo que escuché en respuesta y alzo mis cejas asomándome por la ventana de pedidos.

—¿Estás gruñendo con la boca o con el trasero? No distingo tonos, Joe.

Gruñó más fuerte resonado el eco en su oficina.

—Sabes que te pagaré tiempo extra, Love. ¡Así que deja de tocarme las pelotas! —refunfuñó masticando su bigote regresando su atención a las cuentas.

Joe Álvarez era un hombre alto y robusto con facciones latinas y acento norteño marcado.

Era el dueño de una pequeña cafetería ubicado cerca del centro de la ciudad, a pesar de ser un establecimiento modesto, era un lugar muy concurrido desde que abríamos hasta que cerrábamos a ninguna hora.

La cafetería tenía servicio de veinticuatro horas, los trescientos sesenta y cinco días del año y asistía todo tipo de clientes; locales, turistas, estudiantes, empleados y hasta empresarios millonarios.

Era un lugar muy acogedor atendido por cuatro chicas y tres chicos en cada uno de los tres turnos.

Y siendo honestos, no era el mejor trabajo, ni el mejor pagado, pero las propinas mayormente me sacaban de apuros a la hora de pagar mis gastos.

—Para eso tienes a Moira —renegué volviendo al ataque.

Joe ruge como león.

—¡Atiende los pedidos o será tu último día, Love! —reí entre dientes cuando me dio su falsa mirada de amenaza.

Como no podía darme el lujo de perder otro trabajo, no iba a tentar mi suerte. Así que, solo me quedaba seguir atendiendo a los clientes.

Realmente necesitaba dinero.

Tenía casi tres meses trabajando en ese lugar y le había tomado algo de cariño a Joe, pero no a sus empleadas que hacían con él lo que les venía en gana.

Solo porque el barrigón era un alma de dios, abusaban de su generosidad, principalmente Moira.

Una esquelética egoísta peliteñida de verde al estilo gótico y siniestro.

La campana tintineaba anunciado más clientes, como si no fueran suficientes los que había.

Era fin de semana y los clientes, al igual que la lluvia fría, no había cesado durante todo el día.

Me gustaba la lluvia, pero no el clima frío de temporada.

La calefacción de nuestro departamento era tan vieja y en mal estado como la señora Rose, dueña del piso.

—¡Cinco minutos, Joe! —tomé la cafetera y regresé de nuevo a mi trabajo esclavizado.

Tranquila, Love…

Somos, Love… damos Love…

Aguanta solo cinco minutos más…

Una hora después…

Maldita Moira, más, le valía haberse quedado sin frenos, porque si no yo iba a cortárselos por perra aprovechada.

Mientras ella estaba sabe dónde haciendo sabe qué cosas, yo seguía tomando órdenes y sirviendo la gama de cafés con la especialidad de la casa: roles glaseados y magdalenas de canela y naranja que recién iban saliendo del horno.

Mis pies punzaban por estar todo el día de pie cubriendo a Hannia; mi compañera de piso y mi mejor amiga. Ella se encontraba haciendo una entrevista de trabajo en Camembert Company. La industria de diseños de modas más importante en el país norteamericano.

Ambas habíamos estudiado diseño de modas, pero la suerte no estuvo de nuestro lado una vez que nos titulamos de la carrera.

Por más que mandamos solicitudes y asistimos a muchas entrevistas de diferentes industrias de moda, no obtuvimos ninguna oportunidad.

La única que consiguió el premio mayor fue Caca y en vez de ayudarnos, nos mandó a la caca a la primera oportunidad.

Por suerte, Hannia ya trabajaba para Joe medio tiempo desde que estudiaba en la universidad, así que lo único que hizo fue hablar con su carismático jefe y aquí aparecí al día siguiente.

Sin altas expectativas, pero con mucha actitud.

Como dije, no era el trabajo con el que había soñado, pero al menos era digno y me permitía sobrevivir. Desde que salimos de la universidad, seis meses ya, este era el único empleo en el que había durado más de dos semanas.

Y no porque fuera una persona ineficiente, sino porque mi suerte era tan mala que siempre existía una situación en la que terminaba de patitas en la calle y se lo debía solo a una persona que se había ensañado con joderme cada que veía la oportunidad.

Por suerte el lugar estaba despejándose y fue cuando pude respirar un poco, empecé a hacer la limpieza de las mesas y luego tomé mi descanso en la mesa del rincón.

Mientras comía, trabajaba en mi cuaderno de dibujo. Eso era lo que realmente amaba.

Crear, dibujar, detallar y colorear mis diseños.

Me podía perder horas entre bocetos, mi pequeña habitación estaba tapizada de ellos.

Siempre tuve el entusiasmo de mostrar mi trabajo al mundo, tenía un gran sueño y altas expectativas cuando asistimos a nuestra entrevista a Camembert Company, pero ahí fue el inicio de mi mala suerte.

Fue un desastre, una vergüenza, una maldita humillación.

Caca perdió los bocetos de Hannia y míos minutos antes de nuestra entrevista y nos dejó como estúpidas en la oficina del director.

A ella la contrataron de inmediato.

Recordarlo me afectaba demasiado. Quizá era una de las cosas que jamás podría superar, pero en ese momento hice de lado mis pensamientos y mandé un mensaje a Hannia para saber cómo le había ido en su entrevista. Desde la noche anterior estaba emocionada y muy nerviosa, así que le deseé suerte y regresé a lo mío cuando uno de los chicos me avisó que ya salía la última ronda de roles.

Preparé la manga del glaseado con la receta de Nan y lo dejé reposar mientras el reloj avanzaba. Se hacía tarde y necesitaba llegar a mi departamento para estudiar el curso de enfermería que mi abuela me había pagado como un regalo de cumpleaños.

Nan no era una abuela típica.

En lugar de regalarme quinientos dólares de cumpleaños como la de Hannia, Nan me pagaba talleres de oficios que no eran de mi agrado, pero siempre alegaba que todo me sería útil en la vida.

El año pasado hice un taller de estética en el que aprendí a hacer cortes básicos para caballeros y también colorimetría de tintes.

Fue una locura cuando las amigas de Nan dejaron que tiñera su cabello. Perecían rumberas de carnaval brasileño.

En mi momento de experimentación, usé tinte fosforescente y como resultado, cada que se apagaba la luz, sus cabellos iluminaban la habitación entera, principalmente el cabello de Lois, era amarillo como el sol.

Nan le decía tinkerbell.

Ahora estudiaba primeros auxilios porque Nan se estaba preparando para su vejez y sus amigas también. Tenían un plan de vida y yo estaba incluida en ello.

Estaban acondicionando sus cabañas en las colinas costeras y en sus ratos libres se dedicaban a la horticultura. Eran las hippies más divertidas que conocía.

—Un Café cargado —una voz profunda me saca de mis cavilaciones.

Apenas le veo y aprieto la manga del glaseado cubriendo repletamente el primero rol de canela.

Joder, ¿Qué fue eso?

Como puedo me vuelvo a la cafetera y agarro una taza para servir la bebida, evitando hacer contacto visual con el hombre más hermoso del planeta y al que más odiaba.

Barón Camembert, dueño y director de Camembert Company.

Él era el hombre más atractivo y de aura poderosa que pudiera existir en el planeta.

Alto, de complexión perfecta, piel bronceada, cabello castaño oscuro y llamativos ojos azules.

Sus labios rosados y carnosos eran cien por ciento comestibles.

Y definitivamente tenía las tres F…

Fuerte…

Formal…

Follable…

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