Prólogo:
Acabo de ponerle los cuernos a mi marido.
Mientras mi marido habla con su mejor amigo yo fanteseo y me dejo llevar por mis delirios de colegiala obsesionada con su amor platónico. La mano de Gabriel sigue moviéndose al compás en mi intimidad sobre la fina tela. Muerdo mi labio y cruzo las piernas.
Voy a llegar al orgasmo y no puedo explicar la sensación que estoy sintiendo. La culpa me come pero el peligro de lo prohibido hace que me excite cada vez más y yo me estremezca sobre la mano del mejor amigo de mi esposo.
Mi intimidad termina por humedecer la mano de Gabriel, este la retira y la limpia debajo de la mesa.
Miro a mi marido y muerdo mi labio con culpabilidad, ya no hay marcha atrás.








