cyberpunk

Sinopsis

❝No puedo sentir nada en este lugar lleno de mentiras.❞ Strictland, donde los androides conviven entre sí, pero está terminantemente prohibido rebelarse y tener cualquier tipo de sentimiento. Ocho androides están cansados de ello, pero ¿qué pueden hacer al respecto? ─ ateez ff. ─ escenas violentas, palabras vulgares. ─ la población se basa en androides, los cuales son de apariencia humana, pero siguen siendo máquinas. ─ historia 100% de mi autoría. ─ copias parciales o completas están PROHIBIDAS. Adaptaciones permitidas con mi autorización.

Genero:
Scifi/Action
Autor/a:
Synn 🎀
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

i wanna feel alive

Quiero sentirme vivo por primera vez, esto me está matando.



En Strictland, todo es tranquilo, personas por allí, personas para allá. Nada de sonrisas, de lágrimas, de carcajadas, es decir, nada, absolutamente nada de sentimientos. Todo era monótono, nada salía de aquella distintiva monotonía.


Si bien todo era tranquilo, algunas veces había algo de vandalismo, propagandas que decían que el gobierno trataba de controlar todo tipo de sentimientos en todo Strictland, que el mundo necesitaba despertar de ese tipo de cortina de humo que lo separaba de la verdadera utopía, que no tenía nada que ver con todo esto. Un descanso indefinido en el que toda la población estaba sometida, todos seguían reglas, órdenes y solo les quedaba con cumplir todo aquello. Si no cumplían con las órdenes les esperaba algo peor.


Misteriosamente, un día comenzaron a aparecer en la ciudad un tipo de pósteres con mensajes, el gobierno, alarmándose de una posible rebelión que sea capaz de despertar a todo un mundo por completo, rasgaba aquellos papeles que llevaban impresos en letras rojas las siguientes palabras:


LIES

CONTROL

RULES


El gobierno no sabía qué pensar, honestamente estaban asustados, alguien iba a atacar y no sabían cuántos serían o si serían millones y muchos más. Realmente debían actuar rápido antes de que perdiesen todo el control sobre Strictland.


[...]


Era un día cualquiera para los habitantes de Strictland, pero, de repente, en una reunión, donde miles de androides vieron por primera vez todo lo que hacía el gobierno, todo gracias a una grabación que estaba trucada.


Ellos solamente observaban, mientras escuchaban todo lo que los altavoces permitían salir de ellos, no había expresión alguna, aquella expresión vacía de todos los presentes no lograba sacar nada en concreto si los mirabas directamente.


Yeosang agarró parte de su cabello con ambas manos, estresado a más no poder. ¿Acaso aquella grabación no servía de algo? ¿Necesitaban algo más fuerte que una simple grabación que desvelaba las malvadas ideas que el gobierno tenía desde un principio?


Andaba normal después de escapar sigilosamente del lugar donde antes se encontraba. Siguió así hasta que llegó a una famosa trampilla que ya conocía, antes de levantarla y bajar por las escaleras que se presentaron ante él, observó hacia atrás y hacia ambos lados para confirmar que nadie lo había seguido.


Una vez que se aseguró de ello, abrió completamente la trampilla y bajó unos cuantos escalones y después la cerró por dentro. Siguió bajando las escaleras y cuando llegó al final, abrió la única puerta que había, así encontrándose con las siete personas que también lo esperaban.


— Yeo, ¿cómo fue? ¿Algún resultado? — preguntó Hongjoong.


Yeosang vaciló y respondió.


— Honestamente, creo que no, todos miraban el vídeo pero nunca hacían ninguna mueca, es extraño...


— Bueno, tal vez necesitemos algo más... ¿potente? — comentó un rubio confundido.


— Sí, debe de ser eso, San.


Un chico un poco más alto que el capitán del grupo, habló.


— Entonces... ¿cuál es nuestro siguiente paso? — preguntó el pelinegro de forma impaciente.


Odiaban tener que vivir así, escondidos, tramando cualquier tipo de plan que sea capaz de abrir los ojos de los demás.


— Creo que tengo una idea... una muy alocada, pero estoy seguro de que funcionaría y de que daría muy buenos resultados a mi parecer.


Los demás observaron al más pequeño de todos, el capitán, Hongjoong, se acercó al menor.


— ¿Qué idea tienes en mente, Jongho?


— Dadme un papel y os lo explicaré todo, con pelos y señales.


Y así fue como durante varias semanas se estuvieron preparando para aquel golpe definitivo, iban a acabar con aquel gobierno de mierda, todo el mundo merecía ser feliz y ellos serían los salvadores.


[...]


— ¿Estáis seguros de que esto es buena idea? — preguntó Wooyoung al pinganillo que poseía para escuchar a los demás.


Aunque estar subido a un pequeño escenario para él solo y ver a todas las personas que lo miraban con mala cara le daba un poco de miedo, no lo iba a negar.


— ¿Y si ya llamaron a las autoridades? ¿Y si ya vienen a por mí y el plan aún no ha empezado? ¿Y si...? — iba a terminar la pregunta cuando una voz familiar sonó por el pinganillo.


— ¡Por dios, Jung! Tranquilízate, estoy en las mismas que tú y tranquilo, hasta que todo el espectáculo empiece nadie llamará a nadie. Recuerda, terminas de bailar para llamar la atención y sales corriendo al punto de encuentro, ¿sí? — volvió a recordar Park.


— Vaaaale...


Una voz más se hizo presente, alarmando a todos aquellos que tenían el pinganillo puesto: Yunho en la cabina de teléfono, Mingi y Jongho con las banderas, Hongjoong de incógnito, Yeosang al mando de todo tipo de altavoces, Wooyoung y Seonghwa dispuestos a bailar para transmitir lo que no pueden sentir por culpa del gobierno y San esperando la orden que marcaría un principio y un final en Strictland.


La nave de Strictland surcaba los cielos ahora con un nuevo dibujo en ella, una "A" de color rojo destacaba en el impecable blanco de la nave. Los pósteres que habían sido arrancados, aparecieron de nuevo, esta vez, por todo el Sector 1 de Strictland, todo estaba listo, sólo necesitaban la señal del capitán para hacer todo de una vez.


— Bien, comienza la cuenta atrás. — habló Hongjoong. — A la de tres... tres... dos... uno... ¡YA! ¡TODOS A SUS PUESTOS! — Gritó.


Rápidamente, todos comenzaron con lo que marcaría el final de Strictland. Hongjoong se quitó la prenda que ocultaba su cara y corrió en dirección a la nave, dirigiéndola hacia un choque seguro con el edificio más cercano, así provocando miedo e incertidumbre.


— ¡YEOSANG!


— ¡A la orden! — habló Yeosang, y tomó la rueda del volumen entre sus dedos y lo llevó al máximo, así haciendo que los misteriosos altavoces que estaban situados en algunos edificios empezasen a sonar más fuerte, dando un mensaje de advertencia junto al sonido de un violín que era una grabación de Yeosang tocándolo, obviamente esto era pre-grabado, por lo que estaba de fondo.


— Yunho, sigues tú.


Yunho, al escuchar eso, tomó el teléfono entre sus manos y con tres de sus dedos marcó un número exacto, esa llamada, la cual era completamente anónima, llegó a las bases del gobierno y cuando recibieron la llamada no esperaron escuchar la grabación del famoso vídeo y próximamente las voces de los ocho chicos.


— ¡LAS BANDERAS! ¡YA! — gritó Yunho mientras salía de la cabina y corría sin parar, ocultando su cara.


Al escuchar la voz de Yunho; Mingi y Jongho elevaron las banderas sin dudarlo, siendo estas mucho más grandes que las demás que había en la ciudad y corrieron entre la muchedumbre con la intención de que todo el mundo las viera.


Seguidamente comenzaron Park y Jung, la música empezó a sonar por los famosos altavoces y sin dudar bailaron, todo el mundo que pasaba por su lado se paró para verlos bailar, cuando menos se lo esperaron, varios centenares de personas los observaban bailar hasta el cansancio. Cuando terminaron, agarraron la bolsa que estaba escondida y lanzaron dinero y los pósteres sobrantes que tenían el mensaje que querían dar.


Todos los androides cogían los billetes como locos, incluyendo también los pósteres. Algunos empezaron a sonreír y otros reían sin parar, evitando ser vistos. Todo tipo de acción que mostrase un sentimiento estaba prohibido por el gobierno y los androides lo estaban incumpliendo en estos momentos.


— ¡Funciona! — gritó Wooyoung mientras corría a la par de Seonghwa, dejando rastros de pósteres y algunos billetes.


Hongjoong subió al edificio donde estaba uno de los más potentes altavoces, pero cuando quería subir, una bala pasó por encima de su cabeza.


— Mierda, llegaron antes que yo. — maldeció.


Entonces, cuando vio que ninguno de los presentes estaban atentos a él, subió por completo a la azotea y comenzó a luchar contra ellos, al ser un androide, tenía muchísima más fuerza que ellos, ya que eran humanos, los únicos en la tierra, se podría decir.


— ¿Os creíais que una máquina no sería capaz de matar a un hombre? ¡¿Eh, cabrones?! — dijo mientras rompía el cuello de uno de ellos.


El círculo que estaba en su frente, en la sien, indicaba su inestabilidad, la cual era de un 100% o más, ya que el círculo estaba completamente rojo. Al igual que sus demás amigos, sus círculos en la sien estaban completamente rojos.


Cuando Hongjoong estaba acabando con los dos últimos, uno de ellos tomó una navaja e hizo una cortada en su brazo.


Gimió de dolor al ver como la sangre azul salía por la herida, no era tanta, pero si llegaba a perder mucha no lograría salir con vida a menos que encontrase más sangre azul.


Golpeó al que lo cortó y de una patada, el chico cayó desde la azotea al suelo, en total caída libre. Mientras, el chico que estaba debajo de Hongjoong, lo observó asustado.


— Oooh... ¿tienes miedo? — cuando preguntó, la persona debajo de él asintió frenéticamente. — Hmmm... qué pena... de todas formas no lograrás salir con vida. — sonrió con malicia mientras sus manos rodeaban el cuello del chico, quien pataleaba, golpeaba al androide y demás.


Segundos después yacía muerto en el suelo.


Hongjoong se levantó y corrió con prisa dirigiéndose a la otra azotea cercana. Saltaba entre ellas como si ya lo hubiera hecho más veces, aunque esta era su primera vez haciéndolo. Mientras corría, podía observar cómo la nave estaba en llamas y estas la devoraban sin parar, mientras que, a su vez, la nave bajaba con rapidez hacia las carreteras de Strictland. Bajó por unas escaleras de emergencias y se encontró con Yunho, Mingi y Jongho, corrió con ellos, tomando su megáfono rojo, gritando las frases que ya había practicado millones de veces.


Siguió gritando y con ello ganó más atención de los demás androides que se juntaban a los demás que estaban recogiendo billetes del suelo.


Después, estaba San, quien lanzó una gran cantidad de dinero entre los androides en la zona donde estaba, inmediatamente se volvieron locos y comenzaron a recogerlos, cegados por coger los billetes, cayeron en la trampa de San, quien los guiaba a encontrase con el resto de androides que seguirían a los demás. Sin esperárselo, se escucharon pasos delante de él y paró en seco, por lo que quienes lo seguían imitaron su acción. Los pasos se escuchaban cada vez más cerca y su nivel de inestabilidad crecía con rapidez, el androide que tenía sentimientos como un humano estaba saliendo a la luz, era un divergente, no seguía las reglas, tampoco sus amigos y planeaban convertir a todos aquellos androides sumidos en la monotonía en divergentes como ellos, querían sentir, ser libres, dejar de ser controlados como unas marionetas, tener pensamientos propios, opinión propia. Los humanos podrían tener algo que los androides nunca podrían tener, un alma, pero eso no significaba que no mereciesen ser libres.


Escuchó el recargar de un arma enfrente de él y sus ojos viajaron hacia sus oponentes.


— ¡Arriba las manos, androide estúpido! — gritó uno de ellos.


Escucharon la risa de San, una risa que no podía cesar y que de alguna forma era amarga.


— ¿"Androide estúpido"? ¿No se te ocurre un insulto más bueno? — comenzó a carcajearse delante de ellos.


Su nivel de inestabilidad subía a más del 100% lo que indicaba a sus oponentes que estaba completamente inestable y agresivo. Aunque él no golpearía a ninguno de ellos.


Dispararon al aire en forma de advertencia y algunos androides comenzaron a gritar, pero no de miedo, si no quejándose de que querían ser libres, pero no tardaron mucho en disparar contra los androides, provocando la caída de mucho de ellos y por consecuente, la sangre azul decoraba el lugar.


San se coló entre los androides cuando aún no dispararon contra ellos, corrió hasta que salió de aquella muchedumbre, a su pesar de que la mayoría de androides que había conseguido llevar consigo murieran ahí, era parte del plan, porque era una pequeñísima parte de la población, pero se necesitaba un sacrificio para poder salir con éxito de este plan.


Los pasos y disparos esta vez se dirigían a él, corría con todas sus fuerzas, hasta que sintió como una bala atravesó su brazo izquierdo y vio la bala manchada de su sangre aterrizar en el suelo, incrustándose en este.


No tenía tiempo para poder parar, por lo que siguió corriendo, le quedaba poco para llegar al punto de encuentro.


Cuando llegó al Sector 1, había todo tipo de androides, desde ancianos, hasta niños pequeños, observó los círculos de los demás y sonrió al ver que no eran azules, que significaba estar sereno y estable, si no que estaban amarillos, que indicaba cierto nivel de inestabilidad y algunos estaban rozando el color rojo y eso le hizo sonreír ampliamente.


Reconoció a sus amigos y cómplices y corrió más rápido, haciendo que quienes lo seguían se despistasen, ya que aunque San se adentró entre esa gente, siguieron un señuelo falso de él que corría hacia una calle sin salida, en la cual se divertirían los agentes del gobierno disparando al señuelo y así no lo buscarían.


Llegó con sus amigos y como pudo, con ayuda de Yunho, ató un paño alrededor de su brazo para evitar que más sangre saliese de su brazo.

Hongjoong que tenía el megáfono, gritó:


— ¡Habitantes de Strictland! Como veréis, somos androides al igual que vosotros, pero no unos androides cualquieras, ¡androides divergentes! Lo que queremos es nuestra libertad, nuestro derecho a pensamiento y opinión propia, derecho a sentir, a sentirnos vivos y escapar de esta oscuridad que supuestamente se hacía llamar "utopía" cuando lo único a lo que nos condenaron fue a seguir órdenes para tenernos controlados. Esperamos que esto os haya abierto los ojos y que, si queréis la vida que realmente merecéis, nos sigáis, porque solamente queremos ayudaros, porque somos como vosotros y no tratamos de engañaros. — dicho esto, alejó el megáfono de su boca y con una sonrisa, escuchó los gritos de aprobación de todos los presentes allí. Orgulloso de la hazaña que habían hecho todos juntos gracias a su organización y precisión a la hora de hacer el plan, guiaron al resto de androides hacia unas vallas metálicas que abrieron entre los ocho y Wooyoung y Seonghwa guiaron a los androides tras pasar aquellas vallas metálicas, después de que ningún androide se quedase dentro, el resto del grupo pasó las vallas y corrieron.


Una victoria claramente merecida, habían luchado por ello y lo merecían. Ya no más órdenes, solo felicidad.








¡Espero que os haya gustado! En verdad escribí demasiado pero me gustó la forma en la que lo desarrollé con cada parte del plan desarrollada también. Me basé en Cyberpunk y en los teaser, así que estoy segura que os habréis dado cuenta ^^

Espero que hayáis disfrutado leyendo así como yo he disfrutado escribiendo.

— Synn.




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