In the moonlight || Kiribaku

Sinopsis

¿Como decirlo? Si la luz de la luna sobre ti es suficiente para quitarme las palabras de la boca. ★ Créditos al autor de la portada ★Los personajes pertenecen a Kōhei Horikoshi ★Three-short ★Kirishima x Bakugō

Genero:
Romance/Other
Autor/a:
NickyShima
Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
13+

O1

Estaba decidido, lo haría.


¿O no?


No, si debía hacerlo, no podía ser un cobarde, eso no era muy masculino.


Además, no era capaz de guardarlo por más tiempo.


Pero tampoco era algo tan sencillo como para soltarlo de la nada, eso no era cualquier cosa. No, definitivamente no lo era. Aquéllos sentimientos podían destruir la relación tan valiosa y especial si llegaban a salir.


Aunque para ese punto se le había hecho imposible simplemente ignorarlos o fingir que no estaban allí.


Entonces... ¿Por qué después de casi una hora no lograba decir nada?


¡Demonios, decirlo era más complicado de lo que parecía! Las películas románticas no eran tan falsas después de todo.


Tontas confesiones complicadas.


¿Porque se lo pensaba tanto? ¡Solo debía abrir su gran bocota y hablar! Su cerebro funcionaba demasiado extraño ¿Porque de repente le dio por trabajar pensando mil cosas por segundo?


«Deja de pensar tanto, maldición»


"¿No puedes usar esa cabezota tuya por una vez? ¿O tanto tinte para el cabello quemo tus neuronas pelo de mierda?"


Ja, si tan solo supiera cuanto estaba pensando no sé lo creería.


¿Como llegó hasta ese punto? ¿Desde cuándo su corazón adoptó esos extraños sentimientos? Y una pregunta mejor ¡¿Porque paso?!


Solo tenía claro una cosa, aquello no había sucedido de un día a otro, eso llevaba su tiempo, tiempo que claramente no noto pasar.


No, no lo había notado, no hasta hace un par de semanas.


No noto cuando su filosa mirada causaba estremecimientos indeseables en su cuerpo, incluso si aquéllos ojos tenían el mismo tono rojizo que los propios... No, no era culpa del color, la culpa pertenecía al dueño de esos orbes rubíes.


No noto cuando su rasposa voz empezó a causar mil tornados en su estómago, las supuestas "mariposas" quedaban cortas comparadas con aquel revoltijo de emociones que se creaba al oírlo hablar, revoltijo que empeoraba cada que el otro suavizaba su, normalmente, agresivo tono ¿Lo peor del caso? La mayoría de veces el era testigo de ese inusual evento, casi como si el otro supiera lo que causaria en el pelirrojo y quisiera fastidiarlo.


No sonaba tan descabellado.


Y definitivamente no noto cuando empezó a ser dependiente de su sonrisa. Desde aquellas que eran una simple mueca hasta las que salían desde el fondo de su pecho, la que era tan extraña como un cometa que no era visible si no cada cientos de años, tan preciosa como un tesoro, la que hacía a su corazón saltar y que causaba que quisiera detener el tiempo y así ver esa sonrisa toda su vida en un bucle infinito de alegría y ternura.


Agregándole la linda y tosca risa que este poseía... Podía morir feliz solo con el recuerdo de aquel evento maravilloso.


Que irónico es el mundo, entrega la sonrisa más hermosa a la persona que menos sonríe.


Demonios, podía jurar que eso no le sucedía cuando decidió ser amigo del cenizo.


Suspiró llevando sus manos hasta su rostro pasandolas luego a su cabello. Debía relajarse si quería decir todo lo que su corazón guardaba desde hace ya un tiempo.


Con el rabillo del ojo pudo notar como su vecino de cuarto lo miraba con curiosidad antes de volver su vista al cielo nocturno plagado de estrellas.


Un espectáculo extraño de ver.


Al contrario de muchos a él no le molestó el apagón que hubo en toda la ciudad.


De no ser por aquél no habría salido a su balcón ni tampoco visto las millones de estrellas que acompañaban a la luna esa noche.


Mucho menos haberse encontrado con el de quirk explosivo observando la radiante noche.


Aprovecharía el cómodo ambiente y el hecho que su acompañante silencioso se veía tan sereno, con suerte solo se ganaría un par de explosiones en el rostro.


Lo haria. Si, justo ahora. Solo necesitaba respirar y...


.

.

.


¡Mejor con una indirecta!


Eso sonaba mejor, con una indirecta podría confundir al cenizo el tiempo suficiente para que el agradable ambiente no se pusiera tensó.


Y tal vez el otro no entendería que sus palabras tenían otras intenciones y así conservaría su valiosa amistad.


Miro a su alrededor buscando algo que le diera la inspiración necesaria y la encontró al volver la vista hacia el cielo.


Bingo.


Quizá era algo cliché y desgastado, tal vez muy cursi y ridículo.


Por eso era perfecto.


Tenía entendido que su acompañante desde chico se había concentrado en solo un objetivo, una meta la cual no dejaría que nadie se la arrebatará. Ser el héroe No 1. Si era cierto que el no tuvo otras cosas en mente aparte de ese deseo era muy probable que no conociera esa frase tan cliché.


O al menos eso esperaba.


Agradeció mentalmente la amargura del chico que lo llevo a rechazar sus invitaciones a pasar tiempo con el resto de "extras" como él los llamaba, o a ver las películas recomendadas por su amiga de quirk ácido.


Si el chico explosivo no había conocido aquellas palabras antes de entrar a la UA era imposible que las hubiese conocido en el tiempo que llevaba estudiando con ellos.


Aunque, por más si él otro sabía el significado como si no, no podía soltarlo a la ligera, sería demasiado sospechoso. Empezaría con una ligera charla y en medio de esta soltaría la pregunta. Otro suspiró se escuchó en la silenciosa noche y con el estaban todos los nervios del pelirrojo.


¡Su plan no podía fallar! Ja, se había lúcido, estaba convencido que...


—¿Se puede saber porque tantos suspiros? ¿Me quieres quitar oxígeno o que bastardo?


Dirigió su mirada hacia el balcón vecino, topandose directamente con aquel par de orbes rubíes que lo hacian estremecer. Juraba que con su intensa mirada podía saber hasta el más oscuro de sus secretos.


Pero que idiota ¿Como pudo pensar que el cenizo no notaría su nerviosismo? Para él era como un libro abierto


Y exactamente así se sentía, un libro abierto cuyas páginas estaban siendo examinadas cuidadosamente por un experto.


Aunque no sabía porque esperaba menos, después de todo estaba hablando del chico que robo su corazón y que se negaba a devolverlo.


Estaba hablando del gran Bakugō Katsuki.