Capítulo 1
Takemichi se sentía ansioso, hoy era el gran día.
Se bañó, se puso su mejor camisa y pantalón, después de tantos ahorros y de tener una vida que consideraba llena de fracasos, este día se iban a terminar pues iba abrir su propio negocio, hace algunos días por fin le había dicho adiós a esa horrible tienda de dvd’s y a su horrible jefa, hoy inauguraría su propia tienda de dulces tradicionales.
Sonrió confiadamente, pues habían sido meses de haber practicado noche tras noche cuando salía de trabajar, hizo de todo tipo de rellenos, mezclas, harinas, hasta que por fin encontró su receta ideal, aunque no había sido idea de el si no de su ex novia, Hina.
Las cosas con Hina cuando eran novios en secundaria no habían resultado como él esperaba pero aun así siguieron siendo amigos.
Un día había salido con Hina a tomar un café y sin poder evitarlo se desahogo con la otra sobre lo terrible que sentía que su vida estaba siendo, casi al borde del llanto, Hina trato de consolarlo y le dijo que tal vez podía empezar a buscar algo en lo que fuera bueno, pero el no creía que fuera bueno en nada, hasta que la mesera llego con los dorayakis que habían pedido y sus cafés, fue cuando a Takemichi se le iluminaron las neuronas, Hina se sintió un poco avergonzada por la cara que estaba haciendo su amigo, tenia cara de idiota que acababa de ganar un gran premio en dinero.
Un recuerdo llego a él, cuando era niño él y su mamá seguido hacían postres juntos, así que pensó que podría empezar haciendo postres, después poner su propio negocio y dejar su horrible trabajo y mandar muy lejos a su jefa, era un plan perfecto solo debía recordar cómo es que los hacía su madre y su vida tal vez estaría arreglada.
Si era sincero después de unos días se estaba dando por vencido, esto no estaba funcionando, quería llorar pues su grandioso plan estaba fracasando como todo en su vida, pero no se rindió, encontró su receta perfecta y fue así como puso en marcha su plan.
Después de haber hecho muchos dorayakis, taiyakis, entre otros postres, se puso a venderlos alrededor de su trabajo antes de entrar a su turno, incluso en la estación del metro ofrecía sus postres cuando iba de camino al trabajo, así es como por meses logró ahorrar una buena cantidad para rentar un lugar que ya había visto y al fin poder abrir su negocio, claro contando con el dinero que le darían por renunciar.
Estaba listo para salir e inaugurar su negocio.
Habían pasado dos semanas desde la inauguración de su negocio, todo había salido bien pues había asistido mucha gente, entre ellos Hina y su hermano Naoto y por supuesto no podían faltar sus amigos, ahora había contratado a una chica para que lo ayudara con los pedidos y atender las ventas, poco a poco se estaba haciendo reconocido por la zona y eso le trajo felicidad pues al fin algo en su vida estaba saliendo como lo imagino.
— ¡Kenchin! — dijo Mikey.
— ¿uhm?
—¿Hueles eso? ¡Huele a dorayakis! — dijo Mikey siguiendo el olor y con un Draken confundido pero aun así siguió al rubio, ya conocía la debilidad que tenía su amigo por los dulces.
Mikey su gran olfato lo guió y se paró ante la tienda que desprendía el olor de antes, sus ojos se iluminaron pues olía delicioso, quería probar ya esos dorayakis que le estaban diciendo que los comiera, era experto en catar todo dorayaki y taiyaki de la zona, no había un lugar que escapara de Manjiro.
— Bienvenidos, ¿en que puedo ayudarles? — dijo Takemichi pues Senju había ido al baño por lo que él la estaba cubriendo, pero al momento de ver a sus clientes se asustó un poco pues a pesar de ser unos niños de secundaria uno de ellos parecía un delincuente, ¿tan pronto lo iban asaltar? Senju por favor sálvame, dijo internamente.
— Quiero un Dorayaki de cada uno — Dijo Mikey con emoción, pues había muchos diferentes y él quería probarlos todos.
Takemichi sintió un alivio, bueno al menos no lo iban asaltar pues si pedían tanto era por que iba a pagarlo, ¿cierto?
Mikey frunció su ceño, ya habían pasado varios minutos y el cajero seguía como si estuviera ido, ¿Qué le pasaba que no lo atendía? aparte de tener cara de idiota ¿estaba sordo o que? Él quería ya sus dorayakis pero antes de que Mikey pudiera decir algo más, Draken hablo.
— Oye, ¿Que no escuchaste? dijimos que queremos de todos los dorayakis — dijo Draken acercándose a Takemichi con cara de pocos amigos.
— Eh...oh si claro, e-este disculpen en seguida — contestó Takemichi saliendo de sus pensamiento y yendo hacia la vitrina para sacar los dorayakis, debió parecer muy estúpido al quedarse ahí parado, esto no hubiera pasado si Senju hubiera estado con él, fue lo que pensó.
— Aquí tienen, agregue un taiyaki gratis por llevarse un sabor de cada dorayaki — Dijo Takemichi con una sonrisa.
— ¿Gratis? ¡Oíste Kenchin, es mi día de suerte! — dijo Mikey dándole el dinero al cajero idiota como lo había apodado en ese momento para después darse la vuelta con una sonrisa pues estaba impaciente por probarlos todos.
Draken solo bufo, a veces Mikey era...tan mikey.
Takemichi quedó pasmado, ¿que había sido eso? Esos no eran niños definitivamente aunque llevaran uniforme escolar, lo bueno es que no creo que los vuelva a ver.
— Ya vine, ¿me perdí de algo? — dijo Senju que acaba de llegar.
— A parte de que casi muero, no nada.
— ¿Eh? — Senju no entendió a lo que se refería su jefe.
— ¿Qué le pasa a Mikey? — preguntó Emma, pues hacía rato que Mikey parecía ido.
— Probó lo que según él son los mejores dorayakis.
— ¿Solo por eso está así? — Draken asintió y Emma después lo pensó y si, definitivamente su hermano podía estar así por unos panes dulces.
— ¡SON LOS MEJORES! — dijo Mikey con una notable emoción — Emma, Kenchin, ¡no bromeo! Como experto en dorayakis yo sé lo que les digo.
— ¿Desde cuándo eres experto en dorayakis? — preguntó Emma con cierta burla.
— Desde que me arrastra a cada lugar donde los venden — contestó Draken con cierto cansancio.
— Kenchin mañana volveremos, desde ahora es mi lugar favorito.
— ¡Yo también quiero ir! — añadió Emma.
Draken solo bufo, a veces no sabia que hacer con los hermanos Sano.
La puerta sonó indicando nuevos clientes, Takemichi quien nuevamente estaba en la caja pues Senju había ido por más wagashis, iba a dar la bienvenida pero sintió nuevamente que la sangre se le iba del cuerpo, era el mismo niño rubio de ayer y el grandote con trenza pero ahora había traído más niños con el y una niña, ¿ahora si habían venido por que lo iban asaltar? ¡Porque Senju se debía ir en los momentos más importantes!
— Quiero lo mismo de ayer — dijo Mikey esperando que el otro lo reconociera pues no podía ser que todos los días viniera alguien a pedir todos los sabores de dorayakis.
Takemichi tardó un poco en reaccionar pero asintió y rápidamente fue por el pedido del chico rubio, aunque fueran niños parecían delincuentes y él no quería problemas con los delincuentes, aunque no estaba bien juzgar por las apariencias no se iba arriesgar.
Después de que atendiera al chico rubio y a sus amigos, suspiró aliviado pues al fin se habían ido, al menos esos chicos le estaban dejando buenas ganancias pero realmente no quería verlos seguido pues aún le intimidaban.
Takemichi se equivocó.
El chico rubio de cabello largo venía casi todos los días, cuando no venía en la mañana solo, venia por la tarde con toda su pandilla como él había apodado a los pequeños delincuentes, Senju llegó atenderlos más veces que él, él solamente se asomaba cuando estaban ahí, prefería no atenderlos el ya que por lo menos si querían hacerle algo a Senju ella sabía defenderse pues a lo que le había comentado desde pequeña había entrenado artes marciales, mientras Senju les golpeara él llamaría a la policía y luego ayudaría a Senju, si ese era su plan de contingencia.
Mikey por su parte había ido casi todos los días a la tienda de dorayakis donde se encontraba ese chico distraído, a veces lo atendía otra chica lo cual le empezó a molestar pues le daba mas gracia cuando lo hacia el de pelo negro pues parecía que se haría del baño con solo verlos ahí.
Había tomado el hábito de observar lo que ocurría en la tienda, a veces fingía estar escogiendo algún pan pero la realidad es que miraba y escuchaba con atención, a veces iba lo que parecía un detective a visitar al chico, otra veces iba una chica con pelo color coral aunque al principio le molestó la presencia de la chica parecía que solo eran amigos, también descubrió que el nombre del chico era Takemichi, pero para el seria Takemitchy o repostero idiota pues debía reconocer que era el mejor repostero que había conocido, no por nada el lugar de Takemitchy era su favorito.
Ese día a Mikey se le había hecho tarde para ir a la escuela así que llegaría por un dorayaki y por supuesto debía ser de su tienda favorita, igual ya iba tarde así que qué más daba, sin embargo el rubio no esperaba ver esa escena ante el.
La tienda de Takemitchy tenía un vidrio roto y estaba toda grafiteada, Takemitchy se encontraba angustiado y ahí estaba con el detective que había visto antes, al parecer estaba tomando notas de lo que había pasado.
Manjiro se quedó observando hasta que el detective se fue, fue entonces que decidió acercarse a Takemitchy.
— ¿Estás bien? — preguntó el rubio, no tenía caso preguntar qué había pasado pues era obvio.
Takemichi volteo a ver de quien se trataba, se sorprendió al ver que era su cliente estrella como le había apodado pues ya sabía que iba todos los días.
— Si...descuida, solo son cosas materiales, no pasó a mayores — contestó con una media sonrisa, pues aunque sabía que solo había sido eso le dolía pues era algo en lo que había invertido mucho esfuerzo como para que vinieran a robarlo y destruirlo — Lo...lo lamento pero por hoy no habrá dorayakis.
— Entiendo — contestó Mikey, sintió pena por el otro pues la cara de Takemitchy decía que le dolía y bueno a quien no, era el negocio del mayor — Te ayudare.
— ¿Eh? — Takemichi no entendió a qué se refería el menor pero quedó pasmado cuando el rubio entró a la tienda y empezó a recoger lo que se había caído por la ventana rota — ¡Espera! ¡Es peligroso, te puedes cortar!
— Claro que no Takemitchy, descuida — Mikey rio pues le causo gracia lo que el mayor le preocupo — igual no sería la primera vez que mis manos tienen sangre — esto último solo lo pensó pues no quería que el otro lo escuchara pues tal vez se asustaría.
— Pero...tienes que ir a clases y...espera...¿Cómo es que sabes mi nombre? — Pregunto confundido, ¿había escuchado bien? si, había sido su nombre el que el chico rubio había dicho solo que con una particular adición.
— Yo...sabes que si tengo que ir ya a clases ya es tarde — Manjiro se levanto con la cara roja, como había sido tan estúpido de soltar el nombre del mayor así como si nada, seguro quedó como un idiota.
— ¡Espera!
Antes de que Mikey saliera de la tienda se detuvo al escuchar al otro nombrarlo, sin embargo él no quería que el mayor le preguntara nada más pues ya se sentía lo suficientemente avergonzado por la situación.
— Toma — Dijo Takemichi extendido lo que era un taiyaki envuelto.
Mikey solo volteo a ver a Takemitchy quien estaba sonriendo, eso solo hizo sentir más como su cara se estaba sonrojando.
— Se que venias por tu ración, anda ve a clases o se hará mas tarde — termino de decir el mayor para poner su mano sobre la cabeza del rubio y darle lo que fue una caricia — gracias por la ayuda.
Mikey salio lo mas rápido que pudo pues el gesto que había hecho el mayor hizo que su corazón se acelerara, estúpido takemitchy como se atrevía a ser tan...tan ¡¡idiota!!
Takemichi estaba confundido al ver como el chico tomó el taiyaki y salió casi corriendo, ¿había hecho algo malo acaso?









Ame!!👏