Prólogo: Un poco de tequila .
Cuando tenía apenas 7 años, fantaseaba con la idea de platicar con la vida, me acostaba debajo de la cama y garabateaba con crayolas la base de madera. La primera figura similar a un ser omnipotente, sería la viva personificación de la vida misma. Hablaba con aquella figura de mi puño y pulso; le preguntaba cómo me vería en 10 años.
— Bella diosa, que en tu ojos está el vivo reflejo de mi destino, ¿Cuál es la historia que has escrito para mi?, Cerraba los ojos y esperaba su respuesta. En su mayoría eran malos presagios. Me gustaba creer que era la vida con la cual estaba hablando y no mi propia voz. Cuando éramos insignificantes nuestra tonta mente pensaba en anhelos para distinguirse, ser feliz, encajar y estar satisfechos. Cuando éramos pequeños. Pensábamos en tener una enorme casa hecha de caramelos mientras combatíamos el crimen con dragones y unicornios de aliados. Los adultos se ríen, los adolescentes se irritan y los ancianos se enternecen. ¿Por qué esas reacciones? Ladeamos la cabeza en señal de confusión e inocencia. Sin saber que pronto todos tus sueños se convierten en patéticos recuerdos sin convicción alguna y a veces ni eso. Y por fin entiendes aquellas reacciones. Hasta que un día, en una cena familiar esperando recibir el año nuevo, vuelven a preguntar sobre tus aspiraciones. Ya habías crecido, ya sabías que responder.
— Quiero ser abogada y marcar una generación llena de moralidad sin usar procedimientos vetados por la ley — y presentar asistencia jurídica con absoluta Fe — termine por agregar.En la mesa había un silencio sepulcral, solo se escuchaban algunos cubiertos chocando entre sí o con el plato de cerámica. Pero en cuestión de segundos ese silencio desapareció por un bullicio orquestal de carcajadas. — Cuando logres hacer eso niña, me hablas — claro si aún no está muerto. Las carcajadas aumentaron y una sensación extraña recorrió tu cuerpo, te sentías incómodo. Finalmente al paso de las estaciones dejas de ser feliz, te conviertes en un adulto común con un sueldo bajo y nada cambia sigues siendo... insignificante. Solo que por fin lo entiendes todo y en silencio esperas pacientemente el día de tu muerte. Fue la razón por la cual termine en el pueblo de Fordville. Por adolescentes sin aspiraciones que a la vez aspiraban a todo. En un pueblito que aún en pleno 2019 no logra prosperidad. Y está rodeado de lujos exorbitantes pero sin poder tocarlos o tomar un ticket de tren e irse muy lejos sin rumbo en cabeza, pero feliz por ser el tu último día en ese pueblo tan vano. Con una botella de tequila para el camino mientras observo por la ventana a los árboles pasar y a un gran rebaño de ovejas blancas pastar por el verde y abundante prado, junto con un Border Collie blanco y café, con los ojos azules, un par de orejas que están en el rebaño y una nariz en el frío pasto. Ver cómo el paisaje pasa y cambia lentamente hasta que el tren llega a su última estación y sin mapa o brújula en mano , caminar con media botella de Tequila hasta llegar a una ciudad lujosa y hospedarse en un hotel tres estrellas y mirar por décima vez Orgullo y prejuicio, enumerar una por una las diferencias que hay con el libro de Jane Austen. Beber un poco más de Tequila y dormir en el pasable colchón del hotel. Despertar con el cálido sol y ser contratada en una cafetería durante medio tiempo para poder entrar a una universidad prestigiosa, dudar un poco entre artes escénicas o psicología... o quizás derecho. Seguir bebiendo Tequila hasta darme cuenta que ni siquiera tengo una botella, ni una ciudad lujosa o una universidad con propiedad. Estar encerrada en un sin fin de fantasías.








