Letras perdidas en esta ciudad

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Sinopsis

Letras perdidas en esta ciudad es un libro que busca narrarle al mundo una historia con momentos que van mas allá de las letras, una vida pero no cualquier vida. La vida de Odalys, una vida llena de colores que ella misma pintaba en sus lienzo, en su arte. Una vida que deja plasmada en letras, letras perdidas, borradas o muertas en el bullicio de la ciudad. Un libro que lo narra ella para dejarle al mundo el significados de muchas de sus huellas.

Estado:
En proceso
Capítulos:
15
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

La vida es bella

Hay circunstancias en la vida que nos lleva a tomar diversas decisiones, muchas de estas buenas, muy buenas para ser verdad que muchas veces ni nos damos cuenta de estas, pero otras, bueno otras no tanto. Y estaba bien, porque todo lo que hemos aprendido desde el día en que nacemos no lo hemos hecho de la forma más fácil posible, nos hemos equivocado, hemos errado y llevamos con nosotros golpes que las personas no notan porque después de todo las peores heridas son las que llevamos allí adentro donde nadie ve.


La muerte, aunque duela, muchas veces nos sirve para darnos enseñanzas en nuestra vida, he aprendido a disfrutar de la vida después del fallecimiento de mi abuela, era una adolescente que aún no entendía muchas cosas que ocurrían a mi alrededor y quería echarle la culpa a todos los que me rodeaban por lo que pasaba sin darme cuenta de que la vida era así con buenos, malos y peores, con negros, blancos y colores.


Y aunque me costó mucho aprendí a compartir conmigo misma, aprendí a aceptar los dolores y las risas que llegaban a mi vida y dejar ir todo lo que llega para darle paso a otras cosas. No quedarme estancada en nada y nadie.


A veces era bueno perderse del bullicio de la ciudad, así que tomaba mi bolso y salía en mi motocicleta hasta acá, un río poco concurrido a las afueras de la ciudad. Era mi lugar seguro y nadaba hasta cansarme en este o hasta que el sol empezara a ocultarse, como hoy día.


Le di una última mirada a mi alrededor, sonreí agradecida de este día y conduje de regreso al centro de la ciudad, la noche hizo presencia y la cantidad de personas en las calles junto a la algarabía dio aviso al fin de semana.


-Buenas noches doctor Marco- le sonreí abiertamente y el hizo lo mismo.


-Buenas noches Odalys ¿Cómo te encuentras?


No había ser en este edificio con más hospitalidad que él, a pesar de su edad podía considerarlo el mejor doctor que yo había conocido.


-De maravilla- Me dio una sonrisa confiada de mi respuesta, se despidió y entré a mi departamento.


Dejé todo en su lugar, encendí mis velas favoritas y empecé a preparar mi merienda mientras me preocupaba por la próxima exhibición en mi galería, se me era imposible quedarme tranquila en ls día previos a este evento. La señora Rocío quien me ayuda a organizarlo todo se encontraba delicada de salud y poseía de poco tiempo para ultimar detalles por mí misma.


El celular sonó y tomé la llamada con una sonrisa en la cara al divisar el nombre en la pantalla.


- ¿Acordándote de la mujer que más amas? - pregunté.


- La segunda mujer de mi vida siempre estará en mi corazón.


Escuché su risa al otro lado y no pude evitar reírme.


-Ya sé que no puedo competir con esa pequeña niña.


-Nunca, Oda Oda.


-Deja de decirme así o te cuelgo.


-Uy que miedo.


Llevé mis platos hasta el balcón, mi lugar favorito de este departamento y lo suficientemente grande para quedarme a vivir aquí si lo deseara.


- ¿A qué debo este milagro de llamada?


- ¿Vamos mañana a esa premiere juntas? No tengo compañía, mi querido esposo tiene guardia en el hospital. Di que sí.


Podría jurar que estaba con un puchero en los labios donde sea que esté esperando una confirmación de mi parte.


-No lo sé, sabes que me da pánico pasar por esa alfombra.


-Nos metemos por donde entra el personal de servicio.


No pude evitar reír ante esa idea, una muy buena idea para ser sincera.


-Si entramos por ahí me lo podría estar pensando.


-Vamos Odalys, las cámaras te aman.


-Pero yo no a ellas.


-Lo sé, solo quería ver si podía convencerte esta vez.


No es que no quiera ir, si no que prefiero alejarme de todos los medios posibles. Odio sentirme abrumada cuando salga, desearía que no me reconocieran por la calle, pero son privilegios que mi arte no me permite.


Mientras menos me recuerden, mejor.


-No tengo vestido- me excusé.


-Sabes que puedes conseguirlo con solo cerrar los ojos si te lo propones.


Suspiré y me lo pensé por varios minutos mientras comía y ella no colgaba esperando mi respuesta. Llevaba meses sin asistir a un evento público y creo que hacía falta una pequeña aparición. Estoy segura de que me escaparé de esta mujer a medio evento.


-Nos vemos mañana en tu apartamento.


Reí ante su grito de emoción y sus continuos "gracias"


- ¿Sabes que te amo? ¿Verdad?


-Sí, ya lo se Pau.


-No traigas a tu equipo, el mío estará temprano.


-Está bien, te amo.


-Y yo a ti, cuídate.


Dejé la cocina en orden, me di una ducha y me senté a leer sobre los poemas que iban junto a mis cuadros, no había pintura sin letras. Y es que mantenía una idea de que todo arte se complementa entre sí, creo que sin uno no existiera el otro. Entendía que el arte se podría interpretar de diferentes maneras, pero al crearles un poema a mis obras podía transmitir de mejor manera mi mensaje.


Dejé todo de lado al sentir como el sueño se apoderaba de mi cuerpo, miré el techo que me hacía sonreír, este tenía una particular característica. Lo había pintado hace años, con nubes y ángeles ese arte que surgió por el renacimiento.


Fue un impulso del cual nunca me he arrepentido, sentir que estoy en ese ambiente celestial y de tranquilidad, en calma y entre ángeles mirando todo desde arriba, quiero creer que así es después de la muerte.


******


-¡Oda! ¡Oda!


Una pequeña niña corrió por el pasillo al escucharme y gritaba mi apodo tal cual ritual de aquellas tribus que existían.


-Mi pequeña Stela- la tomé entre mis brazos- ¿cómo has estado?


-Bien, mi mami está en el salón de belleza.


-Vamos para allá entonces.


La casa de Paula era extremadamente grande, y no exageraba. Le encantaba tener todo lo necesario en su hogar para su pequeña, un lugar donde podía disfrutar sin las cámaras encima de ella. Y aunque no lo diga en voz alta ambas aman salir a la calle juntas.


- ¿Me das un cocholate antes de que se vayan? - me susurró al oído como si alguien nos escuchara.


Pau le ponía límites con los dulces y siempre que me veía me pedía uno. Se volvió una rutina con Stela, desde entonces siempre que me ve me pide un dulce y yo con la autorización de Paula se los daba siempre que se me sea permitido.


-Claro que sí, pero recuérdamelo antes de irme. Ya sabes que a veces me olvido.


Asintió, me regaló un beso y llegamos a la habitación favorita de mi pequeña, había una gran cantidad de personas moviéndose con ropa, maquilla y accesorios. Como si fuera una docena de artistas y no solo dos chicas.


- ¡Llegaste!


Paula se encontraba en una silla frente a un espejo mientras la maquillaban. Me acerque a saludarla y tomó a su hija en brazos.


-Hola Pau, te veo un poco nerviosa- la estilista reía ante mi sarcasmo.


-Lo estoy, y no sé cómo tú no puedes estarlo. No es cualquier premiere, es La Premiere ¿Me entiendes?


Reí-Sí te entiendo, pero calma mujer o vas a terminar en el hospital y no en el evento.


-Tienes razón, ahora ve a darte una ducha. Tu vestido llegó en la mañana, ya sabes que amo a tu diseñador y ese vestido está de infarto.


Me di una ducha y apenas puse un pie fuera del baño fui acechada poco a poco por los estilistas, me sentaron junto a Pau y a Stela que, aunque no asista al evento le encantaba sentarse con nosotras y que la arreglaran. Los estilistas le seguían el juego y al final termina solo con un brillo en los labios.


-Entonces el profesor creyó que no podía pelear con ese niño solo porque dice que soy pequeña, pero igual nos dejó competir y le gané ¿Verdad mani?


A pesar de su corta edad Stela hablaba muy bien, llamar a su madre de esa manera nunca se le pudo quitar. Le di una mirada divertida a Paula burlándome de su apodo de fruto seco por parte de su hija.


-Verdad pequeña.


La conexión que tengo con la pequeña es extraña, nació dos meses después de que falleciera mi abuela, fue para mí un mensaje. Aquello que me dice que la muerte no es mala, es un ciclo que vivimos, que tenemos que aprender a soltar con la misma tranquilidad con la que recibimos.


Nacer para morir, dos sentimientos en cada palabra.


Mi abuela siempre me dijo que la vida era maravillosa solo con el simple hecho de respirar, que lo demás estaba en nuestras manos para decidir cómo vivirla, que las decisiones que tomemos no las debemos seleccionar ni con el corazón porque siente mucho, ni con la cabeza que le da muchas vueltas, debemos tomarlas en un punto neutro, con el alma tranquila y en paz. Que de aquella manera las decisiones siempre serán las mejores.


Y cuánta razón tenía en aquello.


Me miré al espejo cuando tuve el vestido puesto, un azul que traía calma pero que impactaba al mirarme. En la parte superior se ceñía a mi cuerpo, con unas pequeñas mangas que caía por mis hombros, el resto del vestido caía hasta el suelo.


-Que belleza de mujer.


-Gracias Pau, tú también estás preciosa.


- ¡Oda! Mi cocholate.


Le entregué el dulce a la pequeña, me dio un beso y salió corriendo de la habitación mientras les presumía a todos su dulce.


Miré a mi alrededor y vi a los estilistas recogiendo todo-Gracias a todos, se merecen todo lo bueno del mundo.


Me agradecieron y continuaron con su labor.


-Eres como un ser de luz en las personas Odalys.


-Solo a ti te hago maldades.


Su cara fue un poema al acordarse de alguna de mis travesuras. -No supero mi cumpleaños


Reí-Ni yo, ahora debemos irnos antes de que lleguemos tarde.


Paula decidió el auto más discreto para evitar ser atascados entre las calles, de tal manera que llegamos rápido al lugar ya repleto de gente.


Sentí como la adrenalina se instalaba en mi cuerpo y un ligero temblor se apoderaba de mí, por esto casi no me gustaban estos eventos.


Miraba desde adentro la cantidad de gente y las cámaras, respiré y me mentalicé no abrumarme, tenía que actuar normal y disfrutar del evento.


-Si deseas aún podemos entrar por la puerta de los del servicio.


Me reí-Aunque parezca buena idea, creo que nos vemos asombrosas como para que las cámaras no se deleiten con nosotras un poco.


Ella bajó primero y enseguida los gritos se escucharon, tomé un respiro y sonreí cuando las luces se posaron en nosotras. 

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