˚₊‧꒰ა Capítulo 1 ໒꒱ ‧₊˚
˚₊‧꒰ა JENNIE KIM ໒꒱ ‧₊˚
Avancé por toda la biblioteca buscando un buen libro, ya tenía rato intentando buscar algo que me entretuviera, pero ninguno lograba alcanzar mis expectativas, quería algo que no solo fuese entretenido, sino que me quitara el sueño. Y aquí estaba, tenía una hora y pocos minutos y seguía sin encontrar nada.
Le dije a Mingyu que fuera avanzando, tal vez tarde más tiempo de lo que planeé, era así, cuando quería algo bueno, tardaba las horas que fuesen necesario y hasta no irme con ello, no me movía del lugar. Tarareé hasta encontrar uno que llamó mi atención, pero cuando abrí para ver el primer capítulo, aquel me recibió con un párrafo no muy de mi agrado.
Resoplé y seguí buscando, con la esperanza de encontrar un buen libro.
—Si buscas algo bueno, te puedo recomendar varios —dijo un chico, quien me sonrió al momento de que levanté la mirada—. Mi nombre es Javi, y bueno, trabajo aquí, ¿buscas algo en específico?
—Alguna novela que tenga fantasía con romance, no sé, quizás escenas interesantes —comenté—. Algo normal y que me saque de la monotonía.
—Bueno, por aquí hay varios, pero si quieres te muestro uno, el cual usualmente no se vende, o nunca se ha vendido, fue escrito por un hombre bastante curioso, o un joven, no sabría decirte con certeza —me regaló una sonrisa nerviosa—. ¿Vienes?
—Sí, por supuesto, —lo seguí hasta el último estante—. Es aquí, mira —tendió el brazo y bajó un libro—, se llama Confess to you.
—¿De qué trata? —pregunté.
Javi limpió la portada con un paño húmedo y me lo entregó. Le di una repasada, era bastante lindo. Su portada era gris, con unos colores que iban en contraste con el fondo. El chico me explicó quién lo trajo a la biblioteca y como este nunca se ha podido alquilar o vender, incluso, aunque en la biblioteca no suelen vender los libros, lo trajeron solo para que las personas le echaran un vistazo.
Lo analicé, y leí su fecha, fue lanzado hace un año.
—Trata de la perspectiva de un hombre y como vive su compromiso con una mujer, nunca cuenta la perspectiva de la chica, pero él la describe como alguien monótona, alguien aburrida hasta cierto punto y alguien con quien no quiere estar, pero tampoco puede dejar. No sé, tal vez y si le das una oportunidad puedas entenderlo.
Aún indecisa le acaricié sus hojas, no eran viejas, pero me gustó el diseño, no era de comprar libros sin antes pensarlo, pero en esa ocasión solo asentí y le pedí que lo pasara por caja. El chico asintió feliz y soltó un suspiro, como si se hubiese librado de algo, o quizás de alguna maldición. Me reí ante el pensamiento tan extraño, y salí de aquel lugar con el libro en mano.
Estaba segura de que había hecho una buena compra y luego de un trabajo de oficina donde solo escuché los reclamos de mi jefe, esperaba llegar a casa y dormir un poco, no sin antes lograr entender la trama de este libro.
Me di una ducha y dejé los papeles de trabajo a un lado para ponerme la pijama y empezar a leer. Apagué el celular para que Mingyu u otros de mis amigos no me molestaran, quería enterrarme en el libro, y desde la primera página, supe que eso pasaría.
Parte de la madrugada fue así, no pude dejar de leerlo, su manera de explicar, su traducción, pero me faltaba algo, yo no conocía a la protagonista, solo podía ver lo que el chico decía de su propia prometida.
—Todo mal, ¿por qué no dice nada? —discutí con la chica, que se quedaba callada—. No sabe defender lo que es suyo. Y la amiga está pintada, eres un personaje secundario, pero has algo.
Me puse de pie con el libro en mano para avanzar hasta la cocina, y en eso, cuando intenté pasar de página, sentí una corriente tan fuerte, que lancé el libro.
—¡Auch! —maldije por lo bajo—. ¿Qué tiene esa cosa?
Me acerqué a él y lo sostuve por una esquina, analizándolo, y dándome cuenta de que me faltaban pocas páginas para terminarlo. Supuse que fue un reflejo, que el libro no fue el causante de eso, sino mi falta de sueño. Froté la portada y no sentí nada extraño, por lo tanto, seguí leyendo. Eso hasta que estaba casi amaneciendo y el libro había sido terminado.
Lo dejé a un lado y me quedé mirando el techo por unos segundos, en una hora tendría que salir a trabajar como era de costumbre. Me pregunté si esta era la vida que quería seguir viviendo, una chica a sus veintinueve años, con solo experiencia de ser secretaria y llevando y trayendo cafés.
Ordenando papeles y fingiendo que soy feliz junto a mis otros amigos, comprando libros y alejando a cualquier persona que quiera un romance conmigo. No, no fue la vida que planeé y si la Jennie del pasado hubiera visto esto, quizás se niega a seguir así.
Me sentía vacía, no estaba feliz, estaba pretendiendo ser feliz. La alarma sonó dándome el aviso y me puse de pie, sintiéndome algo mareada, pero sin prestarle mucha atención me puse de pie y me dirigí a la ducha. Un día monótono, no iba a visitar a mi madre el día de hoy, hasta ella tenía cosas más interesantes que hacer.
Pensé en invitar a mi hermana a comer, pero presentía que iba a salir con otra excusa, seguro sus amigas son mucho más divertidas. Borré la idea de mi mente y me vestí, me subí en mi coche y me dirigí a la empresa. Como era costumbre, saludé al guardia y me dirigí a la oficina de mi jefe, donde este ignoró mi presencia y como todas las mañanas me mandó por su café.
Mingyu corrió hasta donde yo estaba.
—No dormiste bien —dijo mientras se servía un café—. ¿Mala noche?
—Me la pasé leyendo, creo que nunca dejaré esas mañas —respondí mientras le echaba azúcar al café—. Pero es mucho mejor que quedarse haciendo nada.
—Oye, esta noche tenemos una reunión, ven conmigo, sal y distráete.
Sopesé, —Si estará la pesada de tu jefa, mejor no.
—Jennie, ella no estará, y es mucho mejor a que te quedes otra vez encerrada en tu lindo departamento y matándote la cabeza por todo lo que te pedirá el idiota de tu jefe al día siguiente —me arregló el cabello—. Quiero estar hoy contigo, ven a distraerte.
—No me siento muy bien, pero te estaré avisando, ¿bien?
—Es mejor que una respuesta negativa, déjame ayudarte con ese café, así te acompaño. ¿Hoy por lo menos te dio los buenos días?
Negué, —Ni por asomo, pero me imagino que algún día lo hará. Pienso renunciar.
—¿Tienes una mejor propuesta?, este te trata mal, pero paga muy bien.
—Paga bien, ¿pero a qué costo?, es mejor nada, y sí, tengo una que otra propuesta, no pagan así de bien, pero tampoco necesito tanto. Con lo que tengo ahorrado me dará para vivir un buen tiempo como quiero.
—Sabes que cuentas conmigo, y si quieres puedes venir a mi depa, ahí tengo espacio de sobra.
—Seguro en madrugada llevas a tu jefa, cochino —le golpeé el hombro.
—Hey, claro que no, yo ser una persona de paz, tranquila, ella no es quien me interesa —me guiñó el ojo y dejándome en la puerta de la oficina de mi jefe, se retiró.
Negué entrando a la oficina y dejando el café sobre el escritorio de mi jefe, para luego recibir los papeles del trabajo. Y así transcurría mi día, hasta que llegaba el final, y me tenía que regresar a casa. Como era común, al llegar lanzaba mis tacones a un lado y soltaba un suspiro.
Era mi grito de paz, al fin estaba descansando, miré en dirección a la mesita, donde había dejado el libro de anoche, pero no lo encontré. Supuse que antes de irme lo cambié de lugar y no lo recordaba, pero busqué por todas partes, y seguía sin dar con él. Fruncí el entrecejo y en mi desesperación busqué debajo de la cama, pero no estaba.
—Mierda —me llevé la mano a la cabeza—, ¿lo habré llevado a la empresa y no me di cuenta?
No me daba por vencida, pero lo seguí buscando y no daba con su paradero, me dejé caer en la cama e hice memoria, pero todo me llevaba a lo mismo, lo dejé en la mesita de noche, pero seguía sin recordarlo.
Me dejé caer hacia atrás en la cama y cerré mis ojos, me sentía mareada, como si el desvelo de anoche hoy me esté pasando factura. Podía escuchar mi corazón latir y sentía que en cualquier momento se saldría de mi pecho. No sé qué me ocurría, pero era de las primeras veces que todo me daba vueltas, ni cuando tuve mi primera borrachera, hoy era diferente.
Agudicé mi mirada en el techo, y lo que era inevitable es que me durmiera, por esa razón, cerré mis ojos y solté un último suspiro para ver todo negro.
Pero fue por pocos segundos, porque ahí apareció una luz. Era grande, me cegaba, incluso me tomé un segundo para caminar hacia ella, preguntándome que era. Pero no me detuve, permanecí con la vista fija en la luz, con mi mano intenté alcanzarla, estaba lejos, pero sí podía.
Y ahí fue cuando desapareció y yo quedé nuevamente en la nada, esta vez sintiendo mis pies calientes y mi cara arder, no supe con seguridad que me estaba pasando.
Pestañeé unas cuantas veces, hasta que otra vez, caí y sin saber esta vez donde.
****
No vas a llegar a nada.
Bien sabes que tu sueño no es ser una secretaria.
Mírate, tanto que te creías y lo poco que eres.
Si pudiera reírme de ti, pobretona, lo haría.
Te dije que el baile es algo imposible.
Todos se ríen de ti, incluso yo.
Un balde de agua fría me cayó en la cara, y ojala hubiese sido metaforicamente, me desperté de la nada con la respiración agitada y escupiendo el agua. Con los ojos desorbitados y la respiración dando asco, miré a los lados buscando una señal de quién lo hizo, hasta que mi mirada fue al frente y vi una chica rubia de ojos lindos, con una cubeta la cual había vaciado sobre mí.
Arrugué el ceño y me pregunté para mis adentros quién era esa chica, y el porqué tuve ese sueño tan extraño donde todas esas personas me decían eso. Me pasé la mano por la cara y pasé saliva, buscando una explicación, seguía en shock y la voz no me salía. Intenté recuperar el aliento y me enderecé en la cama, la chica me miró con extrañeza.
—¿Dónde estoy? —inquirí por lo bajo—. ¿Y tú quién eres?
—Eso mismo te pregunto yo a ti, ¿qué haces en mi departamento a estas horas de la mañana?, me desperté y te vi aquí, en la habitación de servicio.
—Yo, bueno... no sé —me froté los ojos—. No sé quién eres, ¡esta es mi habitación!
—¿Tu habitación?, me perdonas, pero lo dudo, esta es mi habitación, esta es mi casa y esta es mi cama, ¡bájate de aquí! —la rubia me empujó y caí al piso, soltando un quejido—. Seguro eres una de esas de la calle que quería descansar.
—No me ofendas de esa manera, que no sé ni donde carajos estoy —me puse de pie y mire a los alrededor, aún perturbada—. Esta no se parece en nada a mi habitación, ¿tomé mucho?, ay, Diosito.
—Te llamaré a la policía, así que mejor vete, estoy tratando de ser amable —señaló la puerta.
–Sí, me largo en cuanto sepa quién eres tú y el porqué estoy aquí, no entiendo nada —me eché el cabello hacia atrás—. Y no soy nadie de la calle, tonta.
—¿Tonta?, ¿me dices tonta a mí?, mira...
—No me señales con ese dedo.
—Estas en mi casa.
—¡Pero no sé como llegué aquí! —exclamé—. En estos momentos, solo deseo entender que carajos me pasa, yo compré un libro, lo leí y mírame, me dormí en mi cama.
—¿Entonces... quién eres? —preguntó.
—Jennie Kim. Y no sé de donde saliste tú, pero este parece otro mundo... ¿Cuál es tu nombre?
—Mi nombre es... Espera, ¿cómo estoy tan segura de que no es para otra cosa?
Me crucé de brazos, —¿En serio?
—Yo solo decía. Mi nombre es Park Roseanne, la mayoría me dice solo Rosé o Chae, como gustes, pero a todo esto, ¿tú que haces aquí?
—Eso quiero saber yo, no lo sé, me acosté luego de estar buscando un libro como desquiciada y... —hice una pausa y miré a la chica—, ¿cómo dices que te llamas?
—Park Roseanne o Rosé —respondió.
Recordé lo que decía el libro.
"Era una trabajadora de Lisa, ella solo observaba, Park Roseanne era de las mejores, y sin duda una mujer hermosa. Yo veía a todas las mujeres como piedras preciosas, y no es una mentira que muchas veces intenté acercarme a ella, pero simplemente me rechazaba, como si tuviera miedo de los hombres. Asimismo, intenté buscar otra distracción por otros lados, diciéndole a Lisa que tenía que trabajar, ella no me discutía. Invité a Roseanne a una cena a la cual no asistió, por esa razón, siempre quise que fuese despedida, pero Lisa no lo hizo".
Di un paso atrás asustada. Quería fingir demencia, para no caer en la demencia.
—¿Co-como se llama esta ciudad? —hice otra pregunta.
—Mira, niña, no sé quién seas para estarte respondiendo eso, si vives aquí ya deberías saberlo, no sé qué tanto...
—¿¡Cómo se llama!? —grité al borde de los nervios.
—Dios, tranquila, se llama Brok, pero no entiendo, ¿por qué tanto afán?
—No, no, no, no entiendo nada —abrí la ventana y lancé una mirada fuera, era exactamente como decía en el libro—. Casas hermosas, colores similares, niños saltando por todas partes, calles seguras.
—Oye —Rosé hizo el intento de tocar mi hombro, pero yo la aparté—, ¿qué carajos te pasa?, te llamaré a la policía.
—¡No, solo contéstame algo más! —pedí—. ¿Con quién trabajas?
—Con Lalisa Manobal, es mi jefa. Está comprometida, pronto se casará, pero es un patán de lo peor. De igual forma, si no se da cuenta rápido, puede cometer un gravísimo error. No, espera, tú eres Jennie Kim, ¡si te recuerdo!
—¿De dónde? —me apresuré a preguntar.
—Tú eres esta chica —chasqueó los dedos—, ¡claro, te vi en la televisión!, la empresa de Lisa es una agencia, y tú participaste en ella, pero su prometido te descartó, Lisa ni siquiera te dio importancia y saliste con el alma destrozada.
Por eso escuché esas voces acerca de bailar, a mí nunca me gustó bailar, ni siquiera sabía si podía hacerlo, pero ahora esto tiene sentido.
—Eso quiere decir que...
Soy un personaje secundario de este libro.
En el cual ni sé quiera sé como entré.
Esto tiene que ser una broma o un muy mal sueño.