Capitulo 1

—¡Lan XiChen!— una voz llena de resentimiento resonó sobre la tormenta. Dentro de este tétrico templo, la sombra tambaleante se proyectó encima.
La ropa que una vez fue parte de la imagen impecable y muy elegante de Jin GuangYao, estaba por completo manchada en sangre. Se aferraba a la hoja de la espada atravesada en su pecho, riendo de ira mientras fulminó al hombre que le propinó la herida mortal.
Lan XiChen solo pudo permanecer atónito, su corazón latiendo a toda prisa porque no era capaz de entender lo que pasaba. Sí, él fue quien perforó el pecho de su hermano jurado pero lo hizo movido bajo las continuas advertencias que le dio para que no intentara nada.
Sin embargo, mientras más escuchaba las palabras de GuangYao, más sintió que no debería haberlo hecho.
Lan XiChen apretó los labios en una delgada línea, lo sobrepasaba la tristeza y el arrepentimiento. En realidad, GuangYao tenía razón, las personas que apreciaba siempre saldrían lastimadas.
Jin GuangYao fue capaz de percibir su arrepentimiento pero ya estaba tan furioso, en el último gramo de fuerza antes de morir, que no le importó y solamente quería venganza.
Shuoyue abandonó su pecho en el momento en que empezó a dar pasos hacia atrás. Casi al mismo tiempo, Lan XiChen lo persiguió.
Detrás de ellos estaba el hueco, dentro de ese ataúd esperaba el cadáver feroz de Nie MingJue. Los fríos vendavales abrieron la puerta de entrada de golpe, en compañía de los rayos y truenos de la tormenta y a la vista de todos, GuangYao se aferró a las prístinas túnicas de su querido hermano jurado.
Lan XiChen leyó sus intenciones un segundo antes de que esto pasara, lo miró con absoluto pesar y en su mente lo aceptó.
Ahí en la tumba los esperaba su tercer hermano jurado. Qué poético final para la Triada Venerada. Traición, engaño y dolor, así es como iban a ser recordados.
La mano lastimada de Jin GuangYao dudó en cuanto notó que Lan XiChen daba pasos al frente, apresurando su destino.
—Honorable hasta el final, Er ge.— los pálidos labios de Jin GuangYao dejaron escapar esta voz temblorosa.
—Ya no queda nada para nosotros en este mundo, A-Yao.— la garganta de Lan XiChen dolía a horrores, con el dolor, con el temor de lo que esperaba adelante. —Ya es suficiente. Para ti, para mí y para Da ge.
Las dos personas avanzaron unos últimos pasos hacia el ataúd antes de que las poderosas manos de Nie MingJue, el cadáver feroz, capturara sus gargantas y tiró de ellos adentro con violencia.
Lan XiChen había creído escuchar el doloroso gemido de Jin GuangYao sobre su oído antes de que su cuello crujiera arrancándole el último aliento de vida. Todo estaba oscuro, el sudor frío se mezcló con las débiles aspiraciones, por la distancia creyó escuchar la fuerte y demandante voz de alguien que lo reprendía por su torpe sacrificio.
Lan XiChen ahogó una risa, cerró los ojos y no supo más de la vida misma.
La muerte era silenciosa, oscura, hueca y extremadamente cómoda. No debería tener una consciencia, pero Lan XiChen todavía era capaz de pensar en lo que dejó atrás, en los arrepentimientos, los momentos más felices, en su familia, sus hermanos jurados y hasta en la última voz llamándolo.
“Lan XiChen tonto mártir ¡todavía quedaba algo!”
Los párpados del primer jade temblaban, con el pecho apretujado de inquietud ¿Qué fue lo que quedaba?
Apenas dos aspiraciones provocaron que le doliera el pecho. Tan incómodo. Como caer en las profundidades del estanque helado recibiendo dolorosos espasmos.
Aquel frío adormecimiento de pronto se terminó, la sensación dolorosa se concentró en su labio con un entumecimiento ardiente. El ruido hueco trajo voces algo confusas, le estaban gritando.
Fue como haber emergido de las profundidades, recibiendo de golpe el ruido del ambiente.
—¡Golpéalo, Lan Huan! ¡No te dejes vencer por ese alfa gañán!
—¡Lan Huan recibió otro golpe! ¡qué aterrador!
—¡El pobre alfa no tiene oportunidad!
—¡WanYin, no te dejes intimidar!
—¡Ey, ¿por qué estás apoyando al contrincante de mi amigo? ¡Discúlpate con el hermano Huan!
Entre tantos gritos, Lan XiChen masajeó su cabeza, parpadeando varias veces hasta que lograra acostumbrarse al nuevo cambio de luz. La última vez estuvo casi en las penumbras, a la luz de las velas crepitantes contra la tormenta nocturna. Ahora mismo, era un día soleado y brillante, rodeado de tantos adolescentes que lo miraban con una mezcla de temor y admiración.
—¡Lan Huan, a tu espalda!
El primer jade se inclinó al mismo tiempo que escuchaba la advertencia pero fue tan torpe en este cuerpo que perdió el equilibrio y buscando un soporte para evitarlo, terminó sujetando aquel puño que venía en su dirección.
El brazo del atacante tembló con el peso extra, antes de sacudirlo con fuerza. —¡Voy a romperte las piernas!— declaró furioso. La voz resultaba algo conocida, tenía ese parecido a la última voz que escuchó antes de morir.
Lan XiChen estaba tan conmocionado que inconscientemente aumentó la fuerza del agarre. Su cuerpo pendía casi en el aire hacia atrás. Sentía la cabeza más ligera en esta posición, como si la larga melena oscura que solía caer sobre su espalda, no estuviera...
Sin embargo, se distrajo por algo más: un chico que le gritó antes. Ojos almendrados y expresivos, acompañados con las delgadas cejas descendentes curvadas de sus puntas; el intenso sentimiento de ira brotaba en el tono púrpura de sus pupilas. Su piel ligeramente bronceada agudizaba la belleza de sus rasgos juveniles, la nariz recta se arrugaba entre cada forcejeo; tenía el cabello atado en una pequeña coleta, muy pequeña para lo que sería normalmente visto, aunque algunos mechones más cortos y rebeldes sobresalían en su frente y los lados de su rostro. De aproximadamente dieciocho años, el chico estaba cubierto por una fina capa de sudor, usaba encima una camiseta blanca que se ceñía la silueta esbelta de su cuerpo con la humedad y unos pantalones negros con una línea vertical de color blanco.
Eran prendas de ropa que Lan XiChen jamás había visto antes.
Y estaban siendo usadas por una versión más joven, hasta podría atreverse a decir que era una versión inmadura y doblemente rebelde de aquel líder de la secta Yunmeng Jiang: Jiang WanYin.
Mientras reflexionaba lo que estaba pasando, este chico lo miró amenazante, el color púrpura de los feroces ojos brilló con más intensidad mientras se esparcía un extraño aroma a castañas y lotos. Tan fuerte, como si estuviese olfateando directamente, mezcladas con armonía, no era nada desagradable aunque inexplicablemente lo hizo temblar de miedo.
Este era el aroma de advertencias de un alfa furioso. Los alfas podían usarlo durante las peleas para intimidar a su contrincante. Un alfa dominante fácilmente aturdiría a un alfa recesivo, o en su defecto, a un omega o un beta.
Jiang WanYin era un alfa recesivo, la clase más baja de alfas. Sus intentos de usar feromonas contra el tirano Lan Huan, el alfa dominante del colegio, iban a ser inútiles. Pero WanYin siempre estuvo orgulloso de sus feromonas, nunca dudó de usarlas. No importaba que siempre recibiera las burlas de que “sus feromonas son como perfume de omegas bebés”
—Ugh es el aroma de WanYin otra vez.
—¿Ya lo está usando contra Lan Huan? Jajaja no tiene vergüenza.
—Su aroma de alfa es tan penoso que hasta yo siento vergüenza.
Los comentarios no se hicieron esperar, entre los grupos apilados alrededor que reían sin dejar de grabar todo con sus celulares. Otros simplemente miraron con lástima, siempre era la mismo.
Ellos estaban seguros que el débil alfa Jiang WanYin iba a sufrir otra nueva derrota, ¿qué lo obligaría a hacer esta vez el tirano Lan?
La reacción de Lan XiChen fue diferente a lo que ellos pensaban; primero estuvo confundido sobre este escenario, la coincidencia de encontrarse con el líder Jiang, su extraña pelea y ese aroma que lo aturdía. Su corazón latía como si estuviese a punto de estallar, además de los temblores involuntarios de su cuerpo y perdía la fuerza como si algo lo sometiera.
Poco a poco perdió la fuerza para aferrarse al puño de WanYin y cayó de sentón sobre el duro concreto de la calle, con el rubor melocotón apareciendo por su rostro. No podía ser fácilmente detectado entre los incandescentes rayos del sol y los golpes a su mallugada cara. Tenía el labio roto y dos manchones rojos en los pómulos cortesía del feroz Jiang WanYin.
Las feromonas de alfa afectaron la mente de Lan XiChen, una voz interior le gritaba que corriera lejos de ahí.
Normalmente, este jade podría mantener el temple con una sonrisa respetuosa, un aura cálida y gentil mientras enfrentaba el problema razonablemente.
La realidad después de haber avanzado a su muerte con sus hermanos jurados le volvió inseguro. Una parte de su corazón se quebró, comenzó a cuestionarse sobre sus propias decisiones y la manera de lidiar con los problemas.
Si intento hablar con él ¿seré perdonado?
Si respondo a su agresión, ¿lo lastimaré injustamente?
Lan XiChen no pudo encontrar una respuesta. No podía entender nada de lo que estaba pasando ni cómo enfrentarlo.
No huyó pero se levantó de un salto, dando pasos hacia atrás para evitar los continuos golpes de Jiang WanYin. Sin embargo, a mitad de su discreto escape, un alto adolescente lo bloqueó sujetando sus hombros con firmeza.
Con cabello corto y rebelde, despeinado con puntas hacia atrás. Rasgos fuertes, cejas de espada siempre alineadas en un gesto rudo, los oscuros ojos brillaron con travesura acompañado por una media sonrisa.
Este varonil y atractivo joven, usaba varios piercings en sus orejas, y había uno especialmente llamativo en su labio. Incluso aunque denotaba mayor juventud con la que XiChen lo conoció, fue capaz de reconocerlo al instante.
Una mezcla de emociones lo dejaron inmóvil, entre la alegría y el dolor. Nie MingJue... su hermano mayor jurado... ¡estaba vivo! No era una cadáver feroz ni tampoco estaba dentro de un ataúd a punto de romperle el cuello.
Lleno de vitalidad, hasta sonreía y lo palmeaba con toda familiaridad. Este alto joven sujetó a su amigo, esquivando la arremetida de Jiang WanYin, al tiempo que decía: —Tú puedes ganar, hermano Huan ¡Agárralo de atrás! Eso siempre funciona, ¡lo tendrás a tus pies, te lo aseguro!
Lan XiChen, más perdido que sorprendido por la desvergonzada sugerencia, solo atinó a balbucear:
—¿F-funcionará para detener la pelea?
MingJue asintió vigorosamente mandando a su propio amigo al centro de la caótica pelea. Ni siquiera se preocupaba por la manera en que XiChen tropezaba con su expresión tan perdida.
El temible Lan Huan de pronto había perdido su infame aura, dejó de soltar palabras venenosas contra el alfa de baja categoría que siempre intimidaba. A todos les sorprendía la repentina suavidad con la que hablaba, cómo esquivaba los golpes en lugar de usar algún truco sucio para ganar la pelea y hasta la manera en que su atractivo rostro dejó de mostrar una cínica sonrisa, como un perro rabioso que era peligroso de mirar.
La gran mayoría pensó que tal vez era un nuevo truco para ganar la pelea. Además, su contrincante era Jiang WanYin, con lo débil que era ese alfa, ¡hasta podría usar sus feromonas para ahuyentarlo cuando quisiera!
MingJue aplaudió para seguir animando a su amigo, mientras tanto por un lado de él Nie Huaisang asomó la cabeza. —Da ge, ¿por qué le das esos consejos a XiChen-ge?
El pequeño omega, con una belleza delicada, tenía el cabello castaño oscuro a la altura de su hombro, con un carácter suave y algo tímido, no paraba de mirar la pelea con gran desaprobación mientras se echaba aire con un abanico.
Estuvo escuchando la conversación pero su pobre estatura contra el alto y fornido cuerpo de su hermano cubrió por completo su presencia.
MingJue se encogió de hombros. —A mi me sirve ¡y no puedo perder mi dinero! Ya hice muchas apuestas. Si pierdo, nos quedamos sin el Maserati. Tendrás que regresar en limusina todo el año escolar.
Huaisang se encogió como si fuera el gran tormento de su vida. No era el típico tormento de un niño rico el tener que cambiar de auto, sino porque viajar en limusina significaba acompañar a su escandaloso padre todas las mañanas.
De pronto una oleada de jadeos de sorpresa llamaron la atención de los Nie.
Los dos enemigos Lan XiChen y Jiang WanYin, que no podían ni mirarse cinco segundos a la cara antes de que saltaran chispas, los alfas que se odiaban a muerte, estaban... ¡enredados en una posición muy sugerente!
Lan XiChen solo había querido poner fin a esta absurda pelea de una vez por todas.
En primer lugar porque no tenía ni idea de cómo empezó, ni tampoco quería golpear a alguien parecido al líder de secta Jiang WanYin; estaba en contra de todos sus principios, por más en serio que el otro se tomara esta pelea.
Ingenuamente pensó que la sugerencia de ese joven MingJue lo ayudaría, pero quizás fue demasiado... intrépido.
Había esquivado cada golpe de puño de WanYin, se deslizó a su espalda con la idea de aplicar una llave para retenerlo pero entonces recordó la sugerencia de MingJue ¿Qué cosa de atrás tenía que agarrar?
Su mirada cayó sobre el trasero del joven Jiang, aún entre las prendas sueltas se remarcaba el par de redondeces.
Jiang WanYin estaba punto de darse la vuelta para propinarle un gancho derecho y Lan XiChen entró en pánico. Su mano se extendió hacia ese lugar y cerrando los ojos lo apretó.
Era firme y suave...
Fue un simple pellizco pero Lan XiChen ya se sintió tan avergonzado con su atrevimiento que no era capaz de levantar la mirada. Todos se quedaron callados.
¡Cómo pudo hacerlo! Tocó el trasero de otro chico.
A decir verdad la forma era algo parecida a la del líder de la secta Jiang... el primer jade sacudió los pensamientos, con el cuerpo ardiendo de vergüenza.
La sombra de Jiang WanYin se proyectó encima.
—¡Voy a matarte!— nadie advertía el fuerte sonrojo de Jiang WanYin, si alguien llegara a mirarlo, creerían que era parte de todo el ejercicio de la pelea y el clima.
El público estuvo más interesado en cómo Lan Huan abrazó por la cintura a WanYin para evitar la lluvia de golpes, en su descuido metió la mano por debajo de su camiseta. WanYin se estremeció dando de golpes de codo a la cabeza del acosador.
Esas partes de su cuerpo solamente fueron tocadas por él mismo, estaba tan alterado, tan en pánico que se fue de bruces hacia el frente, ambos cayeron girando como un par de gatos salvajes. Al menos uno de ellos, el otro solamente lo abrazaba. Hasta que terminaron de girar por el suelo, con Lan XiChen debajo y Jiang WanYin encima, su cara estaba hundida al pecho del jade con las manos enredadas a su cintura.
Así fue como los descubrieron los hermanos Nie cuando se distrajeron hablando.
—¡Quita tus malditas manos de encima! ¡Voy a quebrarte las piernas y las manos! ¡quedarás incapacitado de por vida, Lan XiChen!
—Me estoy disculpando, ¿podemos parar la pelea? Líder Jiang... No, Jiang WanYin, por favor recuerde sus modales.
—¡Modales mi trasero! ¡Jamás voy a perdonarte!
—P-pero no tiene sentido... ¿por qué deberíamos estar peleando?
Por más que intentaba adaptarse a esta extraña situación, Lan XiChen no era capaz de entender ni la razón de la pelea ni el lugar donde estaba. Se suponía que debería estar dentro de un ataúd con sus dos hermanos jurados, muerto desde hace tiempo...
¿Por qué tenía que estar rodeado de tantas personas llamándolo tan informalmente? ¿Y cuál era la razón por la que Jiang WanYin lo trataba como a su peor enemigo?
¿Por qué parecía que él era el responsable de este incidente?
Inmerso en tanta angustia, sus manos se resbalaron por la espalda baja de WanYin, el desliz hizo escapar un jadeo muy extraño en el alfa malhumorado. Jiang WanYin se cubrió la boca sorprendido del sonido que se le escapó, las personas alrededor se quedaron en silencio un segundo antes de estallar en risas.
—¡Jiang WanYin acaba de gemir!
—¿Qué alfa se pone a gemir por otro?
—¡Es como su padre! De seguro le gusta acostarse con alfas en el sucio bar de su familia.
—¡Jiang WanYin ya perdió, es el alfa más patético de toda la escuela!
El brillo púrpura de aquellos ojos se posó sobre el que lo tocó hace un segundo. Jiang WanYin tenía una expresión ensombrecida, era como un tigre a punto de lanzarse al ataque.
Lan XiChen no sabía si reír o llorar, ya podía olvidarse de parar la pelea...








