Prólogo: Sombras del pasado
El viento frío siseaba entre los árboles desnudos, arrastrando consigo el eco de un pasado oscuro. En lo profundo del bosque, una figura solitaria se movía con la elegancia de un felino, sus pasos apenas audibles sobre la hojarasca muerta.
Era Hannibal Lecter, un hombre cuya presencia inspiraba tanto fascinación como temor. Su mente era un laberinto de secretos oscuros y motivaciones retorcidas, ocultas tras una máscara de cortesía y refinamiento.
En esa noche sombría, Hannibal se encontraba en busca de algo más que la simple tranquilidad que el bosque podía ofrecer. Sus pensamientos estaban atrapados en los recuerdos de su infancia, en las sombras de un castillo en Lituania donde había perdido todo lo que amaba.
La luna brillaba débilmente entre las nubes, arrojando una luz pálida sobre el paisaje desolado. Hannibal se detuvo junto a un claro en el bosque, su mirada perdida en la oscuridad infinita que se extendía ante él.
En lo más profundo de su mente, un eco de risas infantiles resonaba, recordándole un tiempo anterior, un tiempo de inocencia perdida. Pero la risa se desvaneció rápidamente, ahogada por los gritos de angustia y el eco de la violencia que habían marcado su juventud.
Hannibal apretó los puños, sintiendo el frío metal de un cuchillo oculto bajo su abrigo. Pero aquél no estaba del todo sólo, pues Will Graham caminaba junto a Hannibal, sus pasos en sincronía con los del hombre conocido como "El Destripador de Chesapeack" o también conocido cómo "Il Mostro." La luna colgaba baja en el cielo, bañando el paisaje en una luz plateada que realzaba los contornos del bosque oscuro. Hannibal caminaba a su lado, su presencia imponente envuelta en un aura de misterio y peligro. Había algo en él que atraía a Will, una fuerza magnética que lo arrastraba hacia lo desconocido. Juntos eran una pareja única en su perversa conexión. Will había caído bajo el hechizo de Hannibal, seducido por su mente brillante y su comprensión retorcida del mundo.
Pero incluso en medio de la oscuridad, Will sabía que había límites que no podía cruzar. Había una línea delgada entre la razón y la locura, entre la justicia y el caos, y él se aferraba desesperadamente a ella, temeroso de perderse en las profundidades de la mente de Hannibal.



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parece buena che
Primera que leo algo sobre hannigram