Single Chapter
Sentado en la banca de un solitario parque bajo la luz de una lámpara y la oscuridad de la noche, observando las pocas estrellas que podían divisarse. No pensé volver a estar en esta situación, ni tampoco sentirme tan vacío ante lo que estaba por suceder.
Sentir la brisa helada era de lo más relajante, calmaba mi mente atormentada por las paranoicas consecuencias. Esperar a tu posible asesino no era lo más motivador, pero no había de otra. Era mejor sacarse un peso de encima.
El sonido de pasos, tan tranquilos como su dueño. Él había llegado. la razón de mis paranoias y quién debería ser dueño de mis ilusiones. Pero eso ya no importaba, pues el asesinato iba a empezar.
—Lamento demorar en llegar— tu voz que tanto me gusta, como siempre tranquila
—Esta bien, igual no he esperado mucho— era la verdad, pero los minutos se habían sentido como una eternidad
—Entonces, ¿Sucedió algo?¿Que debías decirme?— sonabas preocupado, ¿después de mis palabras seguirás preocupándote por mi?
—No hay prisa, ¿Por qué no te sientas?— ofrecí, en un intento de demorar lo inevitable —Debes estar cansado, has estado ocupado y he venido yo a molestarte a estás horas—
—No me molestas— has asegurado sentándose a mi lado — Entonces, ¿Me dirás?—
—Perdoname, soy realmente un cobarde— he confesado con una sonrisa, soy un tonto cobarde
—No eres un cobarde, estás aquí preparado para decirme— me miras, con esos ojos que ponen de los nervios —No eres cobarde—
No mencionaste nada más, dándome tiempo para reunir valor y pensar bien mis palabras. No quiero pensarlo tanto. Mi mente es un enredo y mi corazón a puesto frente a ella lo que serían las mejores palabras para poder decirte, para poder confesarte. Pero al abrir la boca, otras son las que han salido.
No me culpen, no soy cursi. El miedo me ha ganado. La ligera incertidumbre de como reaccionara ha llenado de temor mi ser y ha nublado mi alma. He usado palabras que extrañan la sinceridad.
—Si después de lo que diré, tomas la decisión de no cruzar palabra conmigo lo entenderé— comencé lo que será mi perdición —Pero espero de todo corazón que podamos seguir como si nada—
—De acuerdo—
—Quiero sacarlo de mi cabeza y ser totalmente sincero…— me siento nervioso, ya no estoy seguro de lo que estoy haciendo —Me gustas—
Me he condenado. Ya he dicho aquellas palabras que pensé no volver a decir, pero puedo decir una sola cosa. Tengo miedo. Más sorprendentemente no me arrepiento.
Puedo jurar ante cualquiera, que no sacar a la luz estos sentimientos, sería mi mayor arrepentimiento. Desvió la mirada al cielo en un intento de no mirar a quien con simples palabras me destrozará en pedazos, y no será su culpa. La culpa es solo mía.
Te has quedado en silencio, la ausencia de sonidos nunca había sido tan tortuosa. Aunque quiero que el silencio acabe, no deseo escuchar la ya sabida respuesta a mi confesión. No soy tan tonto para creer que un "si" existirá entre los dos.
Mientras piensas en lo que he dicho y la mejor manera de decir las cosas (innecesario la verdad, ambos sabemos que solo hay una manera de destruirme), los recuerdos simplemente han llegado.
Sin importar a quien le preguntes, todos te dirán que los ojos son la ventana al alma. Pensé que era una tontería, pero he visto tantos ojos tormentosos, tantas almas desgarradas en soledad. Tal vez viste algo en los míos. ¿Qué fue lo que viste?.
Tal vez de observar mi alma, decidiste acercarte para hacer una buena acción desinteresada. ¿Qué tan destruido me viste? ¿Qué tan arruinado te parecí? Dime qué tanta lastima pude darte.
Mejor no me lo digas, no me importa. Prefiero saber que tanto te divertiste a mi lado, que tan feliz pude hacerte el tiempo que me permitiste. Tu sonrisa era una obra de arte, tus ojos el mejor de los paisajes. Tu eras toda una inspiración.
Pero aquí estamos, yo confesándome y muy seguramente tus próximas palabras serán las que más duelen en este momento.
—Lo siento pero, no es mutuo—
Lo entiendo, claro que entiendo que no es mutuo. Es algo que sabía. No importa cuánto lo sepa, no deja de doler. Una opresión se instala en mi pecho, duele cómo no imaginas. Pero solo sonrió.
—Lo sabía, pero que te digo? Necesitaba escucharlo de tu boca— cerrar los ojos y sonreír es lo más fácil, así no puedes ver mi triste alma.
Como si ya no fuera suficiente con todo esto, mi boca, más rápida que mi cerebro, me condena un poco más. No quiero perderte pero simplemente vuelvo a condenarme.
—¿Podemos… seguir como antes?—
—¿Como antes?— preguntas sabiendo a lo que me refiero
—Si, como antes— respiró lo más hondo que puedo y me obligó a actuar normal —Como amigos—
—Yo no tengo problema con eso— una pequeña felicidad se instala en mi ser "no te había perdido aún"
—Gracias— no pude evitarlo, necesitaba un abrazo y eras el indicado aunque realmente fueras la causa de mi dolor.








