♚Pragma𝄢 ♕Kiis

Sinopsis

❦Introducción: "La familia Real que gobierna el Sacro Imperio Romano, ha sido contagiada de una enfermedad fuerte que provoca la muerte de todos, desde los hijos, futuros herederos, hasta del Emperador Marcus II. Sin embargo, quién sube al trono resulta ser de la misma sangre que el Emperador, alguien que durante años nunca fue tomado en cuenta, y ahora, es gobernante de un Imperio que poco a poco lo vuelve más poderoso y extenso, quién no perdona la traición ni las humillaciones del pasado. Michael Kaiser nació para ser un poderoso Emperador y no un peón más del Estado. Sólo le hace falta un amor pragma para ser feliz. Alguien que lo a complete y dé a luz a sus cachorros."

Estado:
Completado
Capítulos:
18
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5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

I.

El Presente



Yoichi se niega completamente a salir a recibir al Emperador, quien lo espera radiante con un ramo gigante de flores y una clara invitación a pasar tiempo a solas, esto sin mencionar la elegante carroza detrás de él y las decenas de soldados que lo acompañan como se esparcen alrededor de su panadería.


No quiere pasar tiempo con la persona que más detesta y aborrece en todo el Sacro Imperio Romano, ¿Tan difícil es entender que no le perdona lo que le hizo?


¿Cree que por qué trae bonitas rosas, a su guardia real y apestando el lugar con sus feromonas exóticas mientras saluda a sus padres lo van hacer querer estar con él?


Esperen, ¿por qué sus padres están hablando amenamente con él?¡Deberían correrlo de ahí! O él mismo lo hará antes de que la vena en su frente explote.


(...)


El Pasado...



Los Isagi son una familia de origen oriental, provienen de la isla de Nihon, hasta que inmigraron a occidente por diversos motivos.


Padre, madre y dos saludables hijos.


La hija mayor, de nombre Wataru, piel blanca como la nieve, cabello lacio castaño como su madre y orbes cafés oscuros. Quien se diferencia de su hermano menor, Yoichi, por seis años. La chica se manifestó a la tierna edad de catorce años como una Alpha, algo que asombro bastante a la familia y a la comunidad en dónde vivían, puesto una mujer Alpha lo consideraron sumamente extraño, como una anomalía, algo impensable para la sociedad nipona de aquella época.


Una de las principales razones por la cual tuvieron que inmigrar a otro lugar, fue la fuerte discriminación que sufría su hija y la amenaza hacia la familia, ya no sólo fueron algunos vecinos, sino que llegó hasta los máximos exponentes de la religión, como santuarios y templos hasta en lo político como el gobernante de la capital. Fueron meses de pesadilla y amenazas de muerte.


Sin embargo, habían descubierto un lugar donde es más común ver a mujeres Alphas, incluso teniendo cargos o puestos muy importantes dentro de la sociedad, ademas de que reciben a inmigrantes sin problema ni desconfianza, y ese resultó ser el Imperio Romano.


Mientras que por otro lado, el hijo menor, el pequeño Yoichi nació con la piel de color oliva clara, cabello azabache y orbes azul oscuro. Él todavía era muy pequeño por lo que aún no se manifestaba su segundo género, su casta.


Ellos al llegar a la capital de territorio romano, abrieron una pequeña panadería, que con el paso de los años fue ganando más popularidad y cariño entre sus clientes, haciendo se un poco más grande para un mayor alcance de clientes y variedad de productos.


Dicha panadería que igual se dedico a preparar variedad de panes con y sin relleno, la nombraron en honor a sus raíces asiáticas, y hacerse distintivos ante competencia.


No son otra panadería de origen Romano, son de raíces niponas y eso es exótico para el lugar en donde se han establecido, la gente ha sido muy amable y abierta de mente con respecto a su caso. Fueron aceptados de inmediato, mientras siguieran las leyes, pago de impuestos y respetaran las costumbres del pacífico Imperio, no tendrían ningún tipo de problema.


"Kurabē Pan", es el nombre que le pusieron a su panadería. Es innovador, evoca una sensación de paz y tradición como de calidad y amor a lo que preparan.


Dentro del acogedor y hogareño lugar, sientes el rico aroma del pan calentándose y una sensación de protección. Es cálido y familiar.


¿A quién no le gustaría quedarse?



(...)



Isagi Yoichi se encontraba preparando su primer pan, sin ayuda de nadie y con la receta aprendida de memoria. Ya había visto cientos de veces como sus padres y hermana mayor lo preparaban. Un bello pan con relleno dentro. La masa exterior es suave y tierna, de un tono dorado por fuera, mientras que el relleno es dulce y ligeramente granulado por la pasta de judía roja dulce. En su antiguo hogar la llamaban "anko" a dicho granulado. Este pan es exquisito y muy popular entre la gente, se vende mucho cada día, y no es tan complejo de hacer.


Debido a que es bastante tradicional en su tierra natal es común para ellos, pero para la gente de la capital del Imperio es algo bastante nuevo y delicioso, sin importar la temporada del año en la que se encuentren. Además que es imposible para otras panaderías o dulcerias copiar e imitar la receta de este pan tradicional nipon, no saben exactamente como prepararlo para que sepa igual de bien.


Sus padres y hermana siempre le han dicho que debe seguir la receta, a la gente así le gusta y así se evita cualquier tipo de error o catástrofe en la preparación.


Sin embargo, el quiere innovar y salir un poco de lo tradicional, solo un poco.


El relleno será de un sabor completamente diferente.


Algo que ha descubierto que en Nihon no había, es este tipo de ingrediente totalmente nuevo para él y su familia que casi no consumen a diario. Al parecer y por lo que averiguo de su hermana mayor más experta en el tema, se llama cacao. Es exportado desde otro continente que recientemente—hace algunas pocas décadas—, fue descubierto por algún imperio de Europa. Este nuevo continente nombrado América, es de dónde exportaron bastante de este producto llamado cacao, que puede hacerse desde liquido hasta en polvo, o en su estado puro e original, lo cual es bastante costoso, por lo que es un tanto difícil que su familia lo consiga a grandes cantidades y por ello rara vez lo consumen.


Por lo que lo relleno en su pan con cacao de manera moderada. Con ayuda de su hermana, está tuvo que ayudarla a calentar el pan en el horno de leña, ya que consideraba que Yoichi era muy pequeño y podría ser peligroso para él.


El pequeño estaba tan emocionado e ilusionado por probar su creación.


—Yo te avisaré cuando este, hermano. Ve atender a los clientes por mientras.—dijo su hermana tranquila, él asintió para luego ir corriendo hacia la parte de adelante del negocio.


Era un viernes por la noche. Por lo general la panadería suele estar llena todos los días o con gente haciendo bastante fila pero durante la mañana y moderado en la tarde. En la noche, debido a que ya quedan pocos productos y varios ya no están tan calientes y con ese aire de recién preparado, es que no hay mucha clientela por la noche, a excepción que sea por algún evento o encargo grande de alguna familia ricachona.


Esta vez solo le toco atender a una mujer con lo que parece ser su hijo. Aunque para Yoichi, la mujer se veía tan joven que fácilmente podría ser su hermana mayor, usando ropas típicas de alguien que trabaja como sirvienta u obrera. Mientras que el hijo iba más abrigado, sosteniendo la mano de la mujer, mirando a su alrededor con cierta expectación pero desconfianza.


Él la atendió amablemente, ella venía acompañada con más gente, quienes en realidad solo están ahí para ayudarla a cargar las cosas.


Ella pidió todo lo que quedaba en el lugar, el menor sorprendido, atendió su orden. Regreso y con ayuda de su madre les envolvió todo lo que quedaba en bolsas y se las entregó. Ella mientras pagaba, el resto de las personas que cargaron con las cosas, fueron saliendo, dejándola sola a ella y el otro niño.


La mujer, a pesar de poseer rostro joven y hermoso, se notaba un poco magullado y sucio, hebras rubias y largas, con orbes preciosos ámbar.


—Mamá, tengo hambre.—le dice el menor.— ¿Qué quedó para nosotros?—pregunta mientras se lleva sus manos al estómago, apegándose a la mayor.


—Sabes que eso que pedimos no es para nosotros, sino para la familia real...—le murmura apenada, mientras piensa en que darle de comer a su hijo está noche.


Y las siguientes.


—Ugh, pero olían demasiado bien...—gruñe, aunque sabe que su madre no tiene la culpa de la situación actual de ambos, pensó que al menos quedaría algo de pan para ellos.


El Isagi menor mira entre apenado y triste la situación, escuchando todo de lo que hablan. Ambos lucen delgados, tal vez mucho. Pero asume que la mujer si trabaja, ¿por qué no les alcanza para comer bien?


Él y su familia no son ricos en dinero, pero nunca las falta techo ni mucho menos comida. Nunca ha pasado hambre, ni él ni su hermana, se limitan los lujos pero viven cómodamente. Además que desde que viven en la capital de Imperio, viven muy bien por los clientes.


Aun existen muchas cosas que no termina de entender, y mientras continúa reflexionando con la mirada un poco perdida, la voz de su hermana lo descoloca.


—Hermano, tu pan ya esta listo. ¿Vamos a probarlo?


El Isagi menor se volteo hacia la mayor para tomar su pan, mientras ella contaba el dinero recién recibido. El azabache apenas partió el pan caliente por la mitad, salió un aroma encantador y el cacao salió derretido, le dio una probada y gimió con gusto. No sabe si pudo haberle salido mejor ya que apenas es novato haciendo estas preparaciones, pero está realmente delicioso así, además que esta seguro que lo que le dio el sabor aún mejor, ha sido el cacao.


Su hermana le miró y se dio cuenta, con extrañes la pregunta que ingrediente le hecho al relleno, porque eso no se trata de anko, que eso huele familiar pero no sabe qué es.


Él le medio explica con la boca llena que se trata de cacao y que al derretirse parece que se hizo más, haciendo reír a su hermana por lo tierno que se ve. Yoichi entonces se da cuenta de que el niño que todavía sigue ahí, se lo queda observando fijamente.


O bueno, no a él, sino al pan que preparó.


El niño y la mujer salen del local, Yoichi recuerda las palabras del pequeño de tener mucha hambre y su madre respondiendo le que todo lo que compraron no será para ellos, sino para alguien más. Entre duda y pena, decide salir rápidamente, alcanzando sin problema al niño. Su hermana le pregunta a donde va, pero el contrario no alcanza a responder.


—¿Quieres probar lo que hice?—le pregunta sonriente, respiración agitada por haber corrido hace poco pero al menos alcanzando al niño.


Es de ebras rubias como su madre, ojos azul claro y ceño fruncido.


El niño le miró curioso y desconfiado, su madre le sonrió para que se acercará.


—¿Lo hiciste tú?—alzó la ceja dudoso. No creía que alguien tan joven podría preparar algo que luce y huele delicioso.


—Claro, toda mi familia es de panaderos. —agrega orgulloso, mientras el entrega el gran pedazo de pan sobrante.


El contrario toma el pan, entre sus manos lo siente de inmediato caliente. Una sensación increíble, fácilmente lo huele y su estómago ruge más fuerte. Se siente avergonzado por haber sido descubierto, pero su boca se le hace agua para probar el primer bocado.


Quedó encantado, maravillado.


La sensación en su lengua como garganta es dulce y caliente, el cacao derretido es magnífico. Jamás lo había probado así, mejor dicho, nunca había probado el cacao, es demasiado costoso que la única forma que pensó en probarlo sería robarlo de la cocina donde trabaja su mamá. Sin embargo, sabe a qué huele porque en la cocina donde trabaja su madre lo preparan ultimente demasiado por petición de la Emperatriz y sus hijas, parece que les gusta mucho.


Las llemas de sus dedos se sumergen en la suavidad del pan calientito. No dudó en comer, su mamá le pidió que fuera despacio o se atragantaria, también que debe aprender a apreciar este tipo de comida. El pequeño le ofreció a su mamá, ella solo sonrió dulce y negó lentamente, explicando que es mejor que lo coma todo él solo.


—¿Cuántos años tienes?—pregunta, terminando los últimos bocados. Entonces le presta más atención al físico del contrario.


Ojos medio abiertos, lucen pequeños, su estilo de cabello es curioso, luce delicado, su acento al hablar es marcado, claramente delata que no es de aquí, aunque es obvio con sus rasgos faciales. Su color de ojos lucen exactamente igual a las rosas del jardín del Palacio Imperial.


Las rosas azules no son comunes, es más, se consideran exóticas por su belleza única y son muy difícil de conseguir debido al clima, ambiente, entre otros factores. Él único lugar donde crecen en todo el mundo es en el Sacro Imperio Romano. Para los turistas es majestuoso observalas de cerca.


—Once años.— responde encogido de hombros.


El contrario termina su pan, un poco sorprendido por la edad del panadero.


—Cacao derretido, sabe tan bien...—añade mientras se derrite ante lo último que saboreo su paladar.


—Me alegro que te gustara, lo hice con mis propias manos. —agrega fanfarrón, evidentemente se siente muy feliz porque a alguien más le gustó mucho su creación.


Lastimosamente ya no podría compartirle a su hermana.


—Imposible que lo hicieras tú, ¿No estás mintiendo?—agrega incrédulo. Las manos del azabache son demasiado pequeñas, decalidas y suaves para ser un buen panadero. Al menos así lo sintió cuando las tocó, una sensación rara recorrió su cuerpo de inmediato por tocar manos ajenas.


Las de su mamá y demás empleados con los que ha convivido tienen callos, son más grandes o se sienten rasposas. Las de sus mamá se sienten un poco frías pero aún así las envuelve con las suyas cuando duermen o salen.


Pero las de ese niño, son totalmente diferente.


—¿¡Cómo!?—expresa ofendido el pequeño Isagi.


Le da de comer a un niño y este es un mal agradecido. El contrario solo parece burlarse por su expresión.


—Michael, se agradecido. El noble y lindo niño panadero te obsequio su pan. —le regaña la mujer mayor, su madre.


—Está bien, mamá.—suelta un bufido, de cruza de brazos, luego fuerza una sonrisa y mira al azabache.—Gracias.


—Puedes venir cuando quieras, a probar mis creaciones.—dice divertido ante la expresión de cachorro regañado del rubio.


—Sí tanto insistes.—lleva sus manos a su cintura y suspira, sin saber si sera posible venir con regularidad a la panaderia que tiene un estilo diferente a las que ha visto.—¿Cómo te llamas?


—Isagi Yoichi.


—¿De dónde vienes?


—De las islas Nihon. Mi nombre de pila es Yoichi, apellido Isagi como el resto de mi familia.—explica brevemente ante la curiosidad del rubio.


Por lo general los clientes y vecinos los conocen como la familia Isagi, y cuando se quieren dirigir a uno de ellos, es por el apellido. A los padres le dicen los Isagi mayores, y a los hijos los menores. Aunque a Yoichi le dicen "niño" o "pequeño Isagi".


—Isagi Yoichi, prometo en el futuro, pagarte por el pan que me has obsequiado.—agrega con determinación mientras estrecha repentinamente su mano con la del nombrado, quien se ruboriza del asombro.


Tal vez a Isagi le pareció lindo esa expresión, o tal vez fue algo más. Posiblemente lo olvide al siguiente día. Nunca había entablado conversación con otro niño de su edad, al menos no de forma amistosa. Las pocas veces que algún niño viene es meramente para comprar pan, no jugar con él.


—Eso no es necesario...—trata de negarse, ya que él se lo dio del corazón sin recibir nada a cambio. Sin embargo, no terminó de hablar puesto es interrumpido.


Wataru lo siguió preocupada ya que se tardó en regresar, así que escucho parte de la conversación entre ambos niños. La mayor solo puede decir:


—Serán tres táleros.—le cobra al niño.— Aceptamos monedas u cosas de gran valor.


—¡Hermana!


Los táleros también son conocidos como la gran moneda de plata en aquella parte de Europa.


—Tenemos que aprovechar el negocio, hermano tonto.—responde, luego se cruza de brazos y mira al otro menor.— Lo anote en tu cuenta, pequeño niño rubio.—dice para darse media vuelta y regresar a casa, a la vez que le advierte a su hermano que regrese pronto porque está siendo mucho frío afuera y sus padres podrían molestarse.


Yoichi le responde que solo se despedirá del rubio y entrará pronto.


—Ignora a mi hermana, siempre quiere sacarle provecho monetario a todo.—añade el azabache. Realmente la quiere mucho pero a veces es sobreprotectora y siempre quiere sacarle dinero a todo.


—En el futuro sería grandiosa para las finanzas.—comenta pensativo, para despues proseguir a despedirse, se le esta haciendo tarde a él y a su mamá. —Entonces nos vemos, Yoichi.


—¿Cuál es tu nombre?


El rubio lo piensa detenidamente, luego se encoge de hombros, suspira y le responde:


—Solo llámame por Michael.


Isagi atesoro ese agradablemente momento. Casi no convive con niños de su edad, estudia desde casa y posiblemente sea algo tímido, pero resultó ser muy agradable convivir con otro niño.


Desde entonces, Michael junto a su madre asisten a la panadería con bastante regularidad, solo que esta vez mucho más temprano por órdenes de su Majestad.


Asistiendo por lo menos, una vez a la semana. Donde Yoichi les tiene siempre preparado su pan especial secreto, porque si, también a la mamá le prepara uno.


Es secreto porque sus padres no deben saber que cambio la receta tradicional como que esta regalando pan gratis, su hermana le prometió ayudarlo a que no lo descubran y que por supuesto, guardaría el secreto.


Michael y Yoichi crearon una bonita y hasta inocente amistad.


Hasta que llego la pubertad en ambos y el conflicto entre sus emociones.


Cuando supieron la complejidad de que Alpha y Omega no pueden verse con ojos de amistad cuando sus cuerpos se desean.



Palabras: 2,963

Escritor: JaquiiAleWorld

Fecha de Publicación: Viernes 29 de septiembre del 2023.

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