Kiss the Guy (vanoé ONE-SHOT)

Sinopsis

•One-shot del ship vanoé, conformado por Vanitas y Noé Archiviste. •Personajes originales del anime/manga 'Vanitas no Carte', creado por Jun Mochizuki. •La imagen de la portada no me pertenece, créditos a la autora Jun Mochizuki (@jun_mdesu en Twitter).

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo único

Un día soleado se cernía sobre la cabeza de un curioso peliblanco. Noé Archiviste se encontraba en una especie de azotea, observando a la distancia a su compañero de viajes, Vanitas.

El joven, de hermosos ojos azules, conversaba, o más bien, trataba de coquetear con una dama que circulaba por las calles de París.

A Noé le fascinaba lo carismático que podía llegar a ser, pues siempre estaba rodeado de mujeres y conseguía todo lo que quería gracias a su labia.

A pesar de que Vanitas parecía tener mucha experiencia en el ámbito romántico, el muchacho había dejado claro que jamás se fijaría en alguien que estuviera enamorado de él.

Noé centró su atención en el pelinegro, el cual tomó con delicadeza la mano de la joven, y haciendo uso de sus labios, le otorgó un simple beso. La muchacha se ruborizó.

No era la primera vez que lo veía realizar tales acciones. De hecho, había presenciado como él y Jeanne se besaban apasionadamente en varias ocasiones.

Por lo que ya debería estar más que habituado, no obstante, no se sentía cómodo con ello. Apretó sus dientes y su estómago se encogió.

Vanitas alzó la cabeza y enseguida reconoció la silueta de aquella persona que lo miraba distantemente. Sus miradas se encontraron en un fugaz momento.

Arqueó la ceja y le dedicó una pícara sonrisa.

El corazón de Noé comenzó a latir de forma anormal. Sintió que su respiración se entrecortaba.

Había sido atrapado.

Bajó de lo alto de aquel edificio y se reunió con su compañero.

—Espiar conversaciones ajenas es de mala educación, Noé.

—No estaba espiando.

El vampiro no sabía mentir, era como un libro abierto.

—¿Ah no? ¿Y qué hacías exactamente?

Hubo un tenso silencio.

—Tenía curiosidad.

—¿Curiosidad? ¿Acerca de qué?

Noé lo contempló y se fijó en sus labios. Enseguida desvió la mirada, pero Vanitas no tardó en adivinar lo que rondaba por su cabeza.

Levantó su brazo y colocó su mano a la altura de la boca del peliblanco. Volvió a sonreír y le formuló una pregunta que descuadró todos los esquemas de Noé.

—¿Tan interesado estás en los besos?

El muchacho quedó paralizado, sus mejillas adquirieron un leve tono rojizo parecido al de la sangre.

Vanitas estaba disfrutando de la escena. Sabía que lo negaría y empezaría a balbucear como un idiota. Eso pensaba, sin embargo, Noé a veces era una caja de sorpresas.

Este último tomó su mano de vuelta y se la llevó a su corazón.

—¡Sí! —exclamó—. Me pregunto cómo se sentirá besar a alguien que quieres. La sensación de compartir un instante tan íntimo con otra persona... Debe ser una vivencia única. Llevo pensando en ello desde que era pequeño y leía historias de amor. Quizá sigo siendo demasiado infantil... —dijo nervioso—. Pero como tienes tanta experiencia, pensé que quizá podrías darme algún consejo.

Vanitas entreabrió la boca. Casi se le desencaja la mandíbula. No esperaba que se lo tomase tan en serio, pero aquello podría resultar divertido.

—De acuerdo, te enseñaré cómo debes besar a alguien, para que cuando llegue el momento seas todo un experto. ¿Te parece?

Espera, ¿aquello significaba que Vanitas se estaba ofreciendo para que pudiese practicar con él?

No era lo que Noé había planeado, pero no se negó y mucho menos se quejó.

Asintió con la cabeza y se pusieron manos a la obra.

Caminaron por las amplias calles hasta que se desviaron hacia un prado repleto de flores que parecían sacadas de un cuento de hadas.

—Lo primero es encontrar un buen sitio —añadió señalando un antiguo banco que se hallaba al lado de un gran roble y desde el que se podía ver un caudaloso río.

Se sentaron el uno al lado del otro. El pelinegro percibió que Noé se había colocado en el extremo del banco.

—A diferencia de otros, yo no muerdo, ¿sabes? Puedes acercarte. A menos que quieras que te bese a distancia.

Noé hizo caso y se aproximó a él. Sus cuerpos se rozaron levemente. Ambos notaban la presencia y el calor corporal del contrario.

Las manos de Noé comenzaron a sudar.

Vanitas ojeó el rostro de su compañero. No lo admitiría en voz alta, pero era realmente hermoso.

Su piel morena relucía a causa de los rayos anaranjados del sol. Sus largas y blancas pestañas combinaban con su lacio cabello, el cual parecía moverse a cámara lenta debido a la primaveral brisa que sacudía con fuerza las hojas de los árboles.

—¿Qué es lo que sigue? —cuestionó el vampiro, irrumpiendo en sus pensamientos.

—Mmm... —Puso su mano sobre la mejilla de Noé—. Supongo que una vez que estéis a solas, lo siguiente que deberás hacer es contacto visual. Asegúrate de que la atención de la otra persona esté únicamente puesta en ti y que se olvide de todo lo demás.

Sin duda, Vanitas había logrado aquel paso, y es que Noé lucía hechizado, o más bien hipnotizado por esos ojos que le recordaban a la luna azul que tanto solía admirar.

Tragó saliva.

—¿Y ahora? —preguntó. La distancia que los mantenía separados se acortaba conforme iban respirando.

—La parte más importante;el beso.

Noé estaba a punto de explotar. Vanitas se arrimó aún más, y después de analizar los temblorosos labios de su compañero, le dedicó una mirada burlesca.

—¿Preparado?

Al escuchar aquello, el joven no pudo contenerse. Por poco conocimiento que tuviera, optó por tomar la iniciativa, pues de lo contrario, si hubiese esperado más, los nervios habrían acabado con él.

Noé juntó sus labios con los de Vanitas. La primera toma de contacto fue extraña y difícil.

No dominaba lo que estaba haciendo, no tenía ni idea de donde poner las manos, si debía abrir la boca e incluso olvidó cómo respirar.

Vanitas se alejó un poco manteniendo la cercanía y trató de contener la risa.

—Bueno, eso ha sido...

—Penoso, horrible, triste —lo interrumpió y se tapó la cara para ocultar lo avergonzado que estaba.

—Iba a decir interesante —aclaró—. Creo que has querido apresurarte demasiado, mejor vayamos paso a paso. Además, es tu primera vez besando a alguien, es normal.

—Mi segunda.

—¿Eh?

—Mi segunda vez. La primera fue con Louis. Pero fue un beso inocente, pues ambos éramos niños —confirmó con nostalgia al recordar a su viejo amigo.

Vanitas lo miró. El órgano encargado de bombear sangre recibió una descarga eléctrica. Aquel comentario lo molestó.

Lo agarró del cuello de su elegante traje y se acercó todavía más a él. Las puntas de sus narices se tocaron de forma sutil.

—Voy a mostrarte cómo debe sentirse un beso de verdad.

Se deshizo de la lejanía y apretó sus labios, sin utilizar una fuerza excesiva, contra los de Noé.

Esta vez, Vanitas era el que llevaba las riendas, pues a fin de cuentas lo estaba guiando para que el otro se fuera habituando.

Noé se estremeció. Fue un primer beso simple, pero dulce. Los labios de Vanitas eran suaves y estaban fríos, algo que pronto cambiaría.

Se separaron un poco para retomar el aire. Cuando los pulmones de Noé recuperaron el oxígeno perdido, el joven utilizó ambas manos para sujetar el rostro de Vanitas con gentileza.

Sus bocas volvieron a conectarse. Se movían despacio, pero intensamente. Vanitas se sorprendió, en poco tiempo había mejorado gratamente.

Al cabo de un rato, el pelinegro decidió que había llegado la hora de introducir su lengua en la cavidad bucal del contrario.

Lo intentó, no obstante, Noé lo miró con preocupación.

—Espera —respondió agitado—. ¿Y si te hago daño? —inquirió apuntando a sus colmillos.

—No lo harás. Confío en ti.

Se arrepintió de inmediato de haber expresado tales palabras, ya que Noé se puso insoportable. El chico se emocionó tanto que al abrazarlo casi termina espachurrándolo entre sus brazos.

Vanitas introdujo sus dedos en la cabellera del vampiro y tiró de ella hacia atrás.

—¡Cállate y déjame besarte de una maldita vez!

Noé soltó una sonrisa y no tardó en dejarse besar.

Sus lenguas chocaban, jugando entre ellas para determinar quién tenía el control de la situación. La agitada respiración de ambos se entremezclaba con pasión.

La mano del peliblanco descendió y se posicionó en la cintura del otro. Hizo presión sobre su piel, provocando que Vanitas respirara aún más fuerte y emitiese un ahogado sonido.

Su reacción lo excitó. Noé, se estaba volviendo loco, él lo volvía loco. A pesar de estar tan cerca, aquello no era suficiente.

El peliblanco necesitaba más. Quería poseer cada parte de su cuerpo.

Vanitas sentía lo mismo. Y es que, a pesar de haber besado a otras personas en el pasado, nada podía compararse a aquello que estaba experimentando.

Aquel beso no era algo meramente físico, y es que ciertos sentimientos que aún no había logrado descifrar podían ser los causantes de ello.

Siguieron besándose acaloradamente por un tiempo, hasta que se alejaron, muy a su pesar, para recobrar el aliento.

Noé aún sujetaba la cara del pelinegro, por lo que lo observó con detenimiento. Sus ojos azules también se fijaron en él.

Era el ser más bello que jamás había visto.

Su mente empezó a flotar, quizá a causa de las mariposas que revoloteaban por el interior de su organismo.

—¿Por qué me miras así? —quiso saber Vanitas.

Y es que la mirada de Noé resplandecía en el instante en el que sus ojos coincidían.

—¿Así cómo? —inquirió.

—Como si estuvieras profundamente enamorado de mí.

Hubo un silencio sepulcral.

Noé por fin pudo ponerle nombre a lo que su corazón sentía.

“Amor”.

—Puede que lo esté —contestó seguro de sí mismo.

Vanitas lo miró incrédulo.

El peliblanco se levantó de un salto y se giró hacia él señalándole con el dedo índice.

—¡Me da igual que creas que eres incapaz de ser amado por nadie! Porque te equivocas, yo soy la prueba viviente de ello. Y no pienso dejar que te aísles y pienses que estás solo cuando no es así. Voy a demostrarte que mereces todo el amor de este mundo. Y por mucho que trates de alejarme o de autosabotearte, quiero que sepas que siempre podrás contar conmigo. Haré que te enamores de mí, eso te lo aseguro.

Después de esta confesión algo agresiva, pero sincera, Noé se volteó y empezó a caminar rápido. Sus piernas temblaban, si llegaba a detenerse podría caer estrepitosamente y chocar contra el suelo.

—¡¿Qué?! ¡¿De qué estás hablando?! —gritó. Sus mejillas ardían y su corazón palpitaba de tal forma que en cualquier momento se le saldría del pecho. —¡¿Oye, a dónde te crees que vas?!

Vanitas corrió detrás de él.

Los dos empezaron a discutir; uno acerca de lo estúpido que era por decir aquello y el otro de cómo lograría conquistarlo.

Sus siluetas se iban distorsionando a medida que se alejaban de aquel mágico lugar.

FIN

Muchas gracias por haberle dado una oportunidad.

Espero que os haya gustado y que hayáis pasado un buen rato, que eso es lo importante 🌷

(Si lo compartís con otras personas a las que les guste el ship os lo agradecería).

¡Nos vemos (leemos) pronto!