Capitulo 1♡
¿Sabes cual fue el inicio de todo, la razón del por qué tu estas aquí, oyendo esta historia?
El pequeño Law negó ante las misteriosas palabras de Rosinante. Su cobija se hallaba hasta el inicio de su nariz, cubriendo su pequeño cuerpo del torrencial frío que azotaba contra su ventana. Llevó su mirada hacia al hombre rubio que yacía frente a él, observándolo con una sonrisa cálida en sus labios.
ㅡNoㅡCerró sus ojos, dejándose llevar por las maternales caricias de las fue privado por mucho tiempoㅡ¿Por qué?ㅡPreguntó con inocencia y curiosidad.
Se escondió entre sus cobijas, expectante a la respuesta.
ㅡTodo fue por una gran explosión, Law.
Los ojos de Law se abrieron con sorpresa y su gran felicidad al descubrir algo nuevo para él, se hizo presente.
ㅡEl Big Bang, Law, el inicio de todo y de todos. Ese estallido que en vez de destruir, nos regaló una base para todo lo que conocemos hoy en día.
»Desde los árboles, los ríos, la suave brisa que golpea tu cara y las inocentes risas de los bebés. Desde la mínima molécula hasta el edificio más grande del mundo. Todo lo que tus ojos pueden ver, todo lo de tu alrededor. Como las construcciones, naturaleza, animales, los seres humanos y aquello que ante los ojos del hombre es difícil de existir.
Esas fábulas las cuales tienen una historia por detrás y un increíble propósito.
El ratón de los dientes, el coco, el conejo de pascua, cupido...
Las típicas leyendas que podrían tener un diferente nombre para cada región y cultura, pero al final compartían la misma historia.
Cuentos que solo serían cuentos, nada que existiera de verdad, ¿O si?
ㅡNo te creoㅡDecidió Law con la terquedad que solo un niño sería capaz de entender. Se dio la vuelta, mostrándole la espalda a su padre.
ㅡ¿Sobre el estallido?ㅡInterrogó su papá más divertido que enojado.
ㅡNoㅡ la infantil voz se escuchaba adormilada con pequeñas pausas para las respiracionesㅡSobre las leyendasㅡEspecíficóㅡNo creo que exista un hombre tan pequeño con alas, arco y flechas.
Su padre se levantó de su lado. El espacio, antes hundido, se volvió a levantar, dejándole más sitio al pequeño Law que muy de vez en cuando se movía.
ㅡNo necesariamente tiene que tener esa apariencia, aparte te sorprenderías de las increíbles cosas que existen en este mundoㅡSe agachó a la altura del pequeño niño y posó sus labios en la frente del menor.
ㅡLo creeré cuando lo veaㅡRosinante río, divirtiéndose de la terquedad y crudeza que poseía el niño.
ㅡBuenas noches, LawㅡCaminó hacia la puerta entreabierta, deteniéndose en el umbral a la espera de la otra despedida.
ㅡNoches, Cora-san.
Llena de ira, se levantó con su vaso de malteada casi lleno y lo lanzó sin piedad alguna al hombre que tenía en frente. Por desgracia él no tuvo ninguna oportunidad de esquivar el desastre sabor a fresa que le cayó encima, empapando su oscuro cabello, su rostro y su camisa.
ㅡ¡Law, eres el más idiota, tienes que retractarte de lo que me dijiste!ㅡ Le gritó, y no contenta con lanzarle malteada tomó las patatas fritas y también se las lanzó encima.
Todos en la cafetería se quedaron viendo en completo silencio a esos dos, creando teorías en sus cabezas del porqué de la discusión.
Él se limpió la malteada del rostro con su antebrazo, se puso de pie, con una mirada desafiante sobre la mujer.
ㅡ¿Y no tengo razón con lo que te dije?ㅡ golpeó con fuerza la mesaㅡ¡Eres una ofrecida, y no tengo porqué seguirte el juego!
Todos a su alrededor quedaron sorprendidos, la mujer notó los ojos de los clientes y los meseros juzgandola.
ㅡTodos los malditos hombres son igualesㅡse escudó bajo ese argumento tratando de ocultar la vergüenza.
ㅡMe alegra que existan mujeres mucho mejores que túㅡse pasó una mano por la frente para despejarla del líquido rosa que caía desde su cabello.
La miró con desprecio una última vez, después se apresuró para salir del local, sentía vergüenza y la incesante mirada de los demás sobre su espalda.
Un poco de alivio lo acogió al salir a la acera para encontrarse con las gotas de lluvia que caían desde hace un rato, al menos así podría deshacerse de la malteada que tenía encima.
ㅡEstúpidaㅡ pronunció entre dientes, abriéndose camino por la acera entre las pocas personas que caminaban por ahí bajo sus paraguas.
Se arrepentía de haber aceptado esa cita, la peor decisión de la semana, sin importar cuántas personas se le acercaran, ninguna lograba sacudir sus sentimientos.
El día se estaba convirtiendo en noche con cada minuto que pasaba, Law caminó con más prisa, harto de que la lluvia se saliera con la suya.
ㅡMierda, con que así será mi último díaㅡ murmuró con una risa desanimadaㅡOdio todo esto.
Esquivaba de manera rápida a los transeúntes. La lluvia se infiltraba por su pelo, mojándolo. No tenía ni un paraguas a la mano, aceleró el paso.
No tenía destino alguno, dejó a sus pies marcar el camino, como últimamente hacía. En cualquier aspecto de su vida. ¿Que era lo que iba a ganar con esa cita?
Lo que sea, no importa. Salió enojado y con su ropa manchada de malteada de fresa. Era como un patrón, el cual se trataba de arruinar sus citas. En todos estos años a salido cita tras cita, sin encontrar a la ideal o el ideal.
Siempre fallaba algo, a veces era lo físico, otras veces no compartían las mismas opiniones o simplemente un mal hábito que no le gustaba para nada a Law. Como hablar alto, comer con la boca llena o decir estupideces sin parar.
Pero siempre, siempre, había algo, aunque sea un mínimo detalle.
A tal punto, no sabía porque seguía aceptando citas. Tal vez sea por la incomodidad, esa incomodidad que cada vez siente en su cuerpo cuando ve a una pareja en el parque, agarrados de las manos y compartiendo un solo helado.
Tal vez sea porque ya no quiere llegar del trabajo y ser recibido por su solitario apartamento, quiere que una persona siempre lo esté esperando con una sonrisa tan brillosa que necesite lentes para apreciarla bien. Tal vez sea por el vacío que siente su pecho...
Porque era la verdad. Él está vacío. Llegó a una edad que el amor puro de sus amigos y familiares no lo llenan, y no quiere escucharse egoísta, pero es así.
Ya no es un niño que puede ser satisfecho con libros y juguetes. Busca comodidad, calidez en una persona y ninguna se lo había dado.
Se detuvo en una esquina, apoyando su espalda contra la pared, viendo las gotas de lluvia caer sobre el asfalto y fundirse en un charco. Todo el mundo parecía gris a su alrededor, el frío ya le calaba los huesos aprovechándose de que lo único que cubría el torso de Law era una camisa empapada.
De repente, su alrededor blanco y negro fue interrumpido por un destello rojo, Law levantó la mirada para observar al otro lado de la calle, para buscarlo, pero no lo vió. Parpadeó un par de veces, y siguió caminando, tenía muy claro su destino, y ya no haría ninguna parada.
La lluvia empezó a caer más fuerte, las duras gotas y el fuerte viento le hicieron entrecerrar los ojos, mientras avanzaba por la acera entre personas que se apuraban para llegar a casa o encontrar un local cálido para refugiarse.
Sin saber la razón exacta, se sintió impulsado a mirar hacia atrás, y en medio de los paraguas negros de las personas que caminaban con prisa, pudo ver nuevamente y con más claridad aquel abrigo de color rojo, no hizo contacto visual con la persona que lo vestia porqué prefirió seguir caminando.
A medida que sus pasos tomaban velocidad, el pánico crecía, el mismo pánico que lo estaba absorbiendo desde hace meses, el mismo hoyo en su pecho, la misma sensación de que había perdido algo.
Cruzó la calle sin fijarse si era seguro hacerlo, sonaron muy lejanas las bocinas de los autos que le reclamaban por su imprudencia, mas él no les prestó atención.
ㅡ¡Law!ㅡa lo lejos se oyó su nombre.
Él no volteó, continuó avanzando por la acera, lo único que sabía era que faltaba poco para su destino cuándo vió las escaleras que daban entrada al metro, hasta que esa voz lo llamó una vez más:
ㅡ¡Law, detente!
Él miró hacia atrás por reflejo, observó que el del abrigo rojo lo estaba siguiendo, y que su nombre provenía de la boca de esa persona. Se aferró a la barandilla y comenzó a bajar las escaleras dos peldaños a la vez, con la esperanza de ser más rápido.
Una vez en la estación, respiró profundo, y todas las personas a su alrededor dejaron de importar. Avanzó, dejando a un lado la prisa que hace unos momentos tenía, el metro llegaría pronto, eso era un hecho, él lo sabía.
Se detuvo al borde de las vías, miró hacia el túnel, y contempló la máquina que ya se acercaba. Durante esos instantes, el sonido del metro se desvaneció y todo pareció ir tan rápido aunque en cámara lenta.
Era el momento para hacerlo, y Law no tenía miedo.
Justo cuando estaba a punto de dar el fatídico paso, una mano firme se aferró a su brazo, deteniéndolo y obligándolo a retroceder.
Law salió de su trance, o más bien fue obligado a regresar a la gris realidad, una realidad en que seguía con vida y ese sentimiento de perdida y desolación lo quemaba con más fuerza.
Se volvió hacia atrás para observar a quién había interrumpido su acto final, se encontró con unos ojos grandes, en los que se perdió durante largos segundos, hasta que notó el abrigo rojo.
No logró articular ninguna palabra, porqué su mente era un torbellino de pensamientos, recién estaba procesando la magnitud de haber estado dispuesto a atentar contra su propia vida.
Pasó rozando el hombro de aquel desconocido, huyó con prisa de la estación que ahora lo sofocaba. Al estar de regreso en las escaleras tomó un respiro, sintiendo como la vida todavía corría en sus pulmones.
Miró hacia atrás, notando que esa persona de abrigo lo seguía, y que lo había estado siguiendo antes, desde hace mucho antes.
ㅡ¿¡Qué es lo que quieres de mí!?ㅡ le gritó, llamando la atención de las personas a su alrededorㅡ¡Maldito acosador!
Law pudo detallar mucho más el rostro y las facciones de su acosador. Se trataba de un joven, con cabello negro, mucho mas bajo que Law, y algo curioso en él era una cicatriz bajo su ojo.
ㅡ¡Deja de seguirme!ㅡle ordenó, dándole la espalda y retomando sus pasos.
ㅡ¡Estás arruinando las cosas, deja de ser tan idiota!ㅡle reclamó aquel desconocido de abrigo rojo.
La primera impresión de Law fue creer que esas palabras iban dirigidas hacia cualquiera excepto él mismo, hasta que se dió la vuelta y vió a ese joven mirándolo muy fijamente.
ㅡ¡Espantaste a tu última cita!ㅡcontinuó hablando el desconocidoㅡ¿Hasta cuándo seguirás haciendo todo mal?
ㅡ¿Por qué me hablas con tanta confianza?ㅡse aproximó a él, tratando de imponer su altura ante el acosadorㅡVoy a enviarte a la cárcel, mi vida privada no te importa, estás enfermo.
El de abrigo rojo no se veía nada alterado ante las amenazas de Law.
ㅡNo me importaría si no hubieras estado arruinando tus citas en los últimos meses.
ㅡ¿Desde hace cuánto me observas?
ㅡLo suficiente para saber todas tus citas terminan malㅡconcluyó el acosador con tanta naturalidad que abrumó a Law.
ㅡ¿Y de casualidad sabes cuál fue la última vez que llevé a alguien a la cama?ㅡ preguntó incrédulo, con una risa nerviosa.
ㅡEl sábado, como a las nueve de la nocheㅡprecisó seriamenteㅡPero nadie es suficiente para llenar tu vacío, ¿O sí, Law?
Las palabras de su acosador sonaron en un eco dentro de la cabeza de Law, esto lo aturdió, así que retrocedió con algunos pasos torpes, abrumado por la forma en que ese joven lo observaba, se sentía transparente ante él. El desconocido podía ver a través de él, y juzgarlo.
El corazón de Law latía con temor, formando un hoyo de desesperación, se dió la vuelta y caminó lo más rápido que pudo para alejarse de ese extraño.