Alas de libertad

Sinopsis

Orochi ganó la guerra civil de Wano, extinguiendo al clan Kozuki y a su líder, Oden. 13 años después, Roronoa Zoro vive en paz como un estudiante, escondiendo su pasado a todo aquel que pretenda acercarse a él. ¿Qué ocurrirá cuando sus decisiones lo expongan al filo de una espada negra? Universo alternativo de One Piece. Todos los personajes pertenecen a Echiro Oda. Esto es un fanfic de un seguidor de la obra con mucha imaginación.

Genero:
Drama/Action
Autor/a:
Adrián
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Un día normal

—Zoro, debes seguir adelante. Aunque estés solo, sigue adelante... —El viento se agitó esparciendo pétalos azules hacia el cielo nocturno mientras la voz se hacía cada vez más distante y una senda oscura se abría ante su vista borrosa por las lágrimas.

Roronoa Zoro se despertó con aquella voz distante resonando aún en su mente. Tras tantos años, no conseguía recordar cómo terminaban aquellas palabras que acudían a él cuando cerraba los ojos. La luz del sol entraba por la ventana y le daba directamente en la cara, impidiéndole abrir los ojos. Se desperezó, y se dio la vuelta en la cama para que los rayos cegadores dejaran de molestarle. “Mierda, ¿qué hora es?“, pensó de pronto, levantándose con la velocidad de un rayo.

Miró el reloj del diminuto salón, eran las 7:34 y Zoro llegaba tarde a la universidad, otra vez. Todas las mañanas tenía el mismo problema. Aunque se fuera a la cama temprano, el sueño siempre era más fuerte que él, y lo retenía en el mundo abstracto de los sueños hasta que era consciente de que debía hacer algo más con su vida aparte de dormir. Aunque la idea de vivir en un sueño eterno se le antojaba deliciosa y pacífica de no ser porque las pesadillas terminaban arruinando su breve paz.

Se vistió, y salió del apartamento sin desayunar, intentando calcular si esta vez podría llegar a tiempo. Normalmente, tardaba unos treinta minutos en llegar a la universidad, y la primera clase comenzaba a las 8 de la mañana.

Corrió hasta quedarse sin aliento, la ciudad se convirtió en una carrera de obstáculos que eludía sin fijarse en ningún detalle concreto. Solo tenía en su vista a las personas que apartaba bruscamente de su camino. Recorriendo el campus a toda prisa escuchó una voz reclamando su atención, a la que hizo caso omiso y siguió adelante.

Al llegar frente a la puerta de su clase, la abrió tan rápido que llamó la atención de todos sus compañeros.

—Vaya, buenos días, Zoro. Hoy solo llegaste 8 minutos tarde. Puede que mañana consigas bajar a cinco minutos—dijo la profesora Nico que parecía divertirse con la tónica habitual del peliverde—. Puede que consigas llegar temprano antes de que se acabe el año. —Toda la clase rio al unísono, lanzándole miradas y cuchicheos de burla.

Zoro pidió disculpas, ya estaba tan acostumbrado a las risas a su costa que ni se molestaba en prestarles atención, y se sentó en el lugar más cercano a la entrada. A su lado se encontraba Rob, un chico un poco más mayor con una larga melena negra y una perilla recortada de forma particular. No solía ser muy hablador, así que sabía que no le molestaría durante la clase ni le despertaría si el aburrimiento le cerraba los párpados.

—Ahora podemos empezar con la lección de hoy. Hoy veremos la etapa más especial de la historia de nuestro país. ¿Alguien sabría decirme cuál es? —preguntó la maestra. Dirigió su mirada a Zoro esperando que levantara la mano, pero el peliverde siempre evitaba participar activamente durante las lecciones aunque supiera la respuesta.

“Es su forma de castigarme, ¿o algo así?“, se cuestionó. Vivi, sentada en primera fila, se adelantó, levantando la mano con excitación. Era una chica con el pelo azul que siempre se mostraba muy afable y respetuosa con Zoro. A veces incluso demasiado respetuosa, el peliverde solía pensar que lo trataba como si fuera un anciano o como si ella hubiera sido criada por la realeza.

—El renacimiento de Wano. —contestó la peliazul con un tono orgulloso.

—Exacto, Vivi. Gracias por tu aportación—contestó la profesora—. El Renacimiento es como el fallecido erudito Clover llamó a la Guerra Civil que asoló a nuestro país durante 7 años. Un proceso mediante el cual el General Orochi, el Libertador, liberó nuestra tierra de la tiránica dictadura del Gobierno del Loto. El líder de dicho gobierno era Oden, conocido popularmente como El Gobernante Tonto. Todo empezó cuando la Gran Hambruna se extendió por el país debido al reparto desigual de la riqueza y el incremento del precio del pan....

A Zoro le llamaba la atención que la maestra Nico nunca se refería a Wano como nación, como procuraban hacer el resto de profesores, y siempre se saltaba el tradicional agradecimiento al presidente que, por norma general, se realizaba antes del comienzo de cada clase. Los alumnos debían ponerse en pie y dar las gracias al presidente Orochi por su heroico sacrifico para liberar el país de la maldad, además de hacer la respectiva reverencia frente a su retrato, que coronaba cada clase. Aunque a él le encantaba la idea de saltarse esa maldita costumbre.

La mujer había llegado a la universidad ese mismo año, siendo su primera vez como profesora, así que podía ser normal a ojos de cualquiera que se tratara de un simple despiste. Terminaban realizando el agradecimiento al final de la clase gracias a que los alumnos se lo recordaban. Lo preocupante eran los murmullos en los pasillos insinuando que podía ser una traidora y, cuando alguien te acusaba de traición, eras detenido instantáneamente o pasabas un tiempo en un Centro de Conciencia Libertaria. Cada semestre había varias detenciones, y nunca se volvía a saber nada más de los arrestados.

—... así que, durante la Batalla de la Gran Línea, el ejército del General Orochi derroto a las fuerzas comandadas por el hijo del malvado Oden, Momonosuke. Tras su arresto, lo acusaron de maltrato al país y de todos los crímenes que se le podían imputar a su padre, siendo castigado con la horca—seguía explicando, pero algo llamó la atención a Zoro que levantó la mano por impulso—Vaya, debería pedir un deseo. ¿Cuál es tu duda, Zoro?

—¿Por qué Oden envió a su hijo a luchar en lugar de ir él mismo? A Oden le encantaba pelear, incluso cuando no había motivo para hacerlo. ¿Por qué dejar a un niño de ocho años al cargo de un ejército cuando podía comandarlo él en persona?

—Bueno, esa es una buena pregunta. —la profesora parecía sorprendida. Miró hacia arriba, tratando de encontrar una respuesta—Supongo que el sobrenombre de Gobernante Tonto tiene un sentido—y se apresuró a continuar con su explicación como si nada hubiera pasado.

Zoro se dio cuenta de que Rob lo miraba con aparente curiosidad, aunque notaba que había algo más en sus ojos negro azabache.

—¿Qué pasa?—le preguntó en voz baja.

Su compañero no le contestó y volvió a mirar hacia delante. “Imbécil”, pensó Zoro para sus adentros. Tras una hora y media terminó la clase. Mientras el resto recogía, el peliverde aún tenía un regusto amargo en la boca. No debería haber preguntado nada. La reacción de la maestra y la de Rob ocupaban su mente, a veces solo bastaba una mirada para levantar sospechas de traición. Y sí eso ocurría, se podía olvidar de su tranquilidad.

Al levantar la cabeza, Nico estaba justo delante de él, observándolo en silencio. Su ojos color cielo intentaban meterse en su cabeza para descifrar lo que pensaba, su piel era blanca como la leche. Se apartó un mechón de cabello negro y le dijo: “Zoro, cuando puedas ven a mi despacho”.

Entonces, Zoro entendió que no debería haberse dejado llevar por aquel impulso de curiosidad. En Wano, la curiosidad te costaba la vida.