Prólogo.
En sus ojos escondía un abismo de misterios. Yo quería resolverlos.
Todo en ella exclamaba prohibido.
Siempre he amado los retos.
Mis valores, mis aprendizajes.
Todo lo que mi familia me enseñó, se vino abajo cuando lo supe.
¿Todo era una mentira?
Solo sé que siempre tuve una prioridad, mi familia.
Es lo que siempre me ha importado, lo que siempre he antepuesto hasta de mi.
Pero vi el dolor en sus ojos, vi el claro sentimiento de traición y de confusión en ellos. Ahí lo supe, mi prioridad ya no eran ellos.
Mi prioridad ahora llevaba su nombre y apellido.
Mi corazón solo la aclamaba a ella.
Y si tenía que luchar contra mi propia gente por su bienestar, lo haría una y otra vez.








