Capturando a la Belleza [ChengXi]

Sinopsis

Después de la muerte de Jin GuangYao, la paz ha regresado a las sectas. Jiang Cheng se fue a dormir maldiciendo su futura vida de soledad, pero el lugar donde despertó parece... ¿algo anda mal? Jiang Cheng es ahora un líder cultivador demoníaco de Yunmeng Jiang. Y Lan XiChen llegó frente a él, lleva una mirada que exige justicia. "Sandu Shengshou, debe rendirse y pagar por sus crímenes." Jiang Cheng frunció el ceño y reflexionó por un minuto... no tuvo más remedio que recurrir a una medida desesperada para salvar a su secta. Cabalgó hasta él y a la vista de todos ¡se lo llevó en sus brazos! Empeorando todo, pudo escuchar la proclamación unánime: "¡Sandu Shengshou acaba de iniciar el ritual del cortejo!" Jiang Cheng se dio cuenta de que había cometido una gran equivocación, ¡él no era un manga cortada! Para su desgracia, guarda un vergonzoso secreto que hace que otros hombres le teman. Ahora Jiang Cheng debe esforzarse por mantener a esta belleza a su lado, para proteger su secta...

Genero:
Romance/Lgbtq
Autor/a:
Zia
Estado:
En proceso
Capítulos:
19
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Fue en el décimo tercer día después de que la paz volviera, cuando la vida solitaria y aburrida de Jiang Cheng se acabó.

No, no es que él lo supiese todavía.

Habían pasado varios días ya desde la muerte de Jin GuangYao, las grandes sectas comenzaban a reestablecerse con Nie Huaisang como el Cultivador Jefe.

Como cada día de su rutina de líder de la secta Yunmeng Jiang; Jiang Cheng se encontraba trabajando sin descanso entre esas montañas de papeleos, idas y vueltas de zona a zona para supervisar el control de su secta; discípulos jóvenes buscando torpe e inocentemente consejos, a punto de sufrir un colapso con sus regaños; los más mayores balbuceando nuevos problemas en los que debería ocuparse, huían hábilmente evitando sus regaños.

Ese era básicamente su día a día en su vida como un líder de secta.

El anochecer había llegado de imprevisto cuando este orgulloso líder de secta sentía que sus rodillas temblaban y estaba a punto de reventarle la cabeza del dolor.

¿Acaso llegará el día en que tenga un mísero descanso?

Lo que es peor, cada vez que vuelve a sus aposentos la realidad lo golpea despiadadamente antes de dormir... está solo.

Frotó su entrecejo caminando, los seguros pasos de Jiang Cheng resuenan a través de los puentes que conectan los pabellones del Embarcadero de Loto, la sede de la secta Yunmeng Jiang. El murmullo de los insectos y las voces lejanas acompañando las luces del pueblo más allá de este recinto, son la melodía rutinaria del ambiente.

Apenas entra por aquella puerta doble con el más hermoso símbolo del loto con nueve pétalos, los pasos se detuvieron abruptamente.

El frescor del viento nocturno entró por su ventana, puede olfatear también esa fragancia natural del lago y los lotos a su alrededor.

Jiang Cheng cerró la puerta de la habitación tras de sí y dio un largo suspiro de cansancio, se debatía si debería atrancar la puerta para que nadie lo molestara.

Siendo sinceros, nadie tendría la osadía de molestarlo. Especialmente hoy que el ceño fruncido del líder de secta fue más remarcado de lo normal.

Al menos eso pensaba, hasta que una delicada voz se escuchó desde el otro lado y una muchacha abrió las puertas sin la mínima cortesía de esperar respuesta. Jiang Cheng maldijo en su mente mirando a través de la rendija el rostro delicado de la mujer asomándose, sostenía una espada para ofrecerla.

—Maestro Jiang, olvidó su espada.

—Lo que me faltaba ¡olvidar mi espada como Wei WuXian!— Jiang Cheng masculló entre dientes, dando un rígido “Gracias”

—El Maestro Jiang es un hombre ocupado, no se culpe por un pequeño descuido.

La joven se sonrojó, mirando a los ojos al líder de secta, parecía esforzarse en mostrar todos sus encantos para él. Estaba sonriendo cuando un enfadado Jiang Cheng tomó la espada y le cerró la puerta en la cara.

La esquina de la boca de la mujer sufrió de un tic nervioso, estupefacta su cara blanca se puso roja, mordió la uña de su dedo pulgar dándose la vuelta con un gesto sombrío.

Del otro lado, Jiang Cheng que no tenía ni idea de las reacciones de aquella mujer, dejó cuidadosamente la espada contra la pared y caminó lentamente hacia la ventana; su andar es seguro, el porte tan altivo y orgulloso, así como siempre suele mostrarse. Este feroz líder de secta desea mostrarse fuerte hasta el último minuto del terrible día que tuvo hoy.

Por dentro maldice, lamentándose del dolor a todo su cuerpo; está agotado física y mentalmente, ¡qué jodida vida llena de responsabilidades y cero compañía!

El anochecer cayó como una manta que cubre los cielos y los lagos, apenas se logra ver el blanco reflejo ondulante de la luna y las estrellas sobre el agua. El viento sopló una vez más contra su cara y le trajo una extraña sensación de quietud vacía.

Jiang Cheng mantuvo el entrecejo fruncido, con ambos brazos cruzados, persiguió la trayectoria de una luciérnaga zigzagueando por la superficie. A través de aquellos ojos almendrados, los orbes de color oscuro parecen estanques helados y abismales reflejados con una pequeña luz iluminando el cansado rostro. Es un hombre en sus treinta y tantos años, pero luce tan joven como uno de veinte, gracias a su alto nivel de cultivo.

Su belleza representa el perfecto equilibrio entre rasgos atractivos elegantes y penetrantes; la piel bronceada es de un tono más pálido gracias al cansancio. Cejas delgadas y ligeramente arqueadas adornan el par de ojos feroces; cuerpo esbelto y músculos prolijos que tornean la figura de una forma imponente pero nada tosca. Ha ocupado el quinto lugar entre los cultivadores más atractivos; ciertamente no es de tipo de hombre que te abofetearía la cara para presumir ese tipo de verdades, pero suele mascullar entre dientes cómo ha logrado llegar a esta vida solitaria con sus supuestas cualidades.

Impensable para cualquiera que le eche un vistazo, descubrir que ese hombre es un soltero lamentándose cada noche por estar destinado a mirar una cama vacía.

¡No entiende por qué no hay ninguna mujer dispuesta a casarse con él!

Es en esos lapsos de tiempo, cuando Jiang Cheng se enojaba consigo mismo por tener esa condenada lista de “La esposa perfecta”.

Él solo quiere ser recibido al final del día por una esposa hermosa y obediente, preferiblemente debería venir de una buena familia. Debe ser compasiva, dispuesta a escuchar sus quejas, no debe temblar cuando está furioso o huir cuando él sonríe (algunas mujeres lo hicieron). Una esposa que pueda cocinar las delicias de Yunmeng, que no hable mucho, de carácter gentil y que tenga una hermosa sonrisa. Debería tener un cultivo no tan alto para que pueda defenderla y no gastar tanto dinero para que no lo lleve a la quiebra. Por sobre todas las cosas, ¡ella debe ser buena con su sobrino, Jin Ling! Esa mujer debería adorar y cuidar de Jin Ling, necesita la aprobación de su sobrino...

Si Jin Ling dice que esa mujer es hermosa y perfecta, ¡esa NO debe ser! Tampoco quiere a una que pueda corromper a su sobrino.

Jiang Cheng piensa que no pide mucho para su esposa ideal, entonces ¿por qué diablos todas las mujeres huían al escuchar sus requisitos?

La “Lista de la esposa perfecta” se ha convertido en su sueño ideal y en su pesadilla.

Ahuyentó a tantas posibles esposas, que las casamenteras ya lo tienen en su lista negra y las mujeres lloran o huyen cuando lo ven pasar.

¿Acaso es una maldición?

¿Se convirtió en un hombre temible y soltero de por vida?

¿Debería cambiar o remover algún requisito de su lista de la esposa perfecta?

Luego de meditarlo en la soledad de su habitación, Jiang Cheng resopló, se giró sobre sus talones, tomó una gran aspiración y se volvió gritando por la ventana: “¡No me importa!”

Lanzó un brusco azote de su Zidian hacia la pobre luciérnaga felizmente volando al frente, las aguas se agitaron y partieron por la mitad desde donde surge el mortífero látigo envuelto en rayos púrpuras. Posiblemente los aldeanos del Embarcadero habrán tenido el susto de sus vidas, suspirando por el mal temperamento del líder de secta.

Poco después de su alboroto, recobró la calma y ni un insecto se atrevió a volar frente a él.

El orgulloso líder de secta pensó que era capaz de lidiar con este tipo de vida, es mejor estar solo a casarse a lo tonto con cualquier mujer... o peor aún, ¡con un hombre! Así como Wei WuXian lo hizo.

Ese tipo de deshonrosos actos le ponen la piel de gallina, ¡que se jodan los mangas cortadas!

Jiang Cheng maldijo de la nada a estaclase porque hoy había visto accidentalmente, en sus andadas por el bosque, a unos hombres besándose... ¡vaya indecencia!

Los mangas cortadas parecen estar aumentando últimamente, es eso o este líder de secta se había vuelto más consciente de la existencia de estos desde que vio esa escenita de Wei WuXian jugando a saltar a los brazos de HanGuang-Jun, ¿qué de bueno tiene abrazar a otro hombre? Debe ser incómodo tocar una masa de músculos, un cuerpo nada delicado ni perfumado, algo igual a ti mismo ¡qué escalofrío!

Es impensable que incluso estos hombres indecorosos puedan estar más acompañados que él.

Entre resoplidos cansados y unas cuantas maldiciones en voz baja, el líder de secta cerró la ventana, se cambió la ropa de mala gana y dejó caer su cuerpo contra la cama.

—Prefiero estar solo...— Jiang Cheng pensó girando sobre la cama, ya solamente usaba la fina túnica interior; sobresalían las líneas suaves de sus clavículas y esa piel bronceada que no se preocupaba por mostrar estando solo en sus aposentos.

Se removió para poder acomodarse mejor en la dolorosamente dura almohada de madera; instantáneamente cayó en un sueño bastante pesado, de aquellos donde puedes escuchar todo a tu alrededor y te sientes más cansado. Durante su sueño, pudo oír cómo las ventanas se abrían de golpe debido a los fríos vendavales colándose por su habitación; su cuerpo fue azotado por el viento haciéndolo temblar.

Por los cielos aparecieron rayos y truenos, una repentina tormenta había arribado al Embarcadero de Loto, cubriendo las estrellas y la luna llena. Era un espectáculo de destellos, entre la cortina de densa lluvia que arribaba desde el horizonte y luego hasta ese lugar.

Jiang Cheng quería levantarse para cerrar la ventana, temiendo resfriarse si se dormía en esas condiciones pero se sentía demasiado cansado y su cuerpo no lo obedeció. Además, estaba teniendo un maravilloso sueño donde comía sopa de raíz de loto rodeado de toda su familia y una bella esposa a la que no podía verle la cara.

En el décimo tercer día después de haber vuelto a su pacífica y solitaria rutina, Jiang Cheng se quedó dormido temblando en su cama con el sueño más fantasioso de su vida. Y despertó acalorado, bajo un cielo despejado y los vientos levantando la tierra del terreno árido. Olfateó la sangre, luego sus oídos se llenaron del furor de la batalla desatándose a su alrededor.

Se quedó con la mente congelada y evitó por un pelo una flecha lanzada indiscriminadamente hacia su cabeza.

En ese momento, un numeroso grupo de cultivadores se lanzaron salvajemente contra aquel que había osado lanzarle la flecha a su venerable líder.

Los que iban al frente sostuvieron los arcos y lanzaron flechas, los que iban en la línea detrás, emitieron conjuros siniestros que elevaron una nube de polvo cubierta por energía resentida, tocaban los cuerpos de los muertos a su paso y estos mismos se levantaban con rugidos guturales, para unirse a la batalla.

Jiang Cheng sentía que le dolía la cabeza. Sus cejas descendieron y se tensaron, mirando la batalla a su alrededor, medio perdido y medio furioso. Mientras más observa, más se convencía de que esos hombres que lo defienden están usando técnicas de cultivación demoníaca.

Casi por inercia, movió sus manos hacia el mango de su espada pues Zidian no le estaba respondiendo en estos momentos. Siente una mezcla de ira y confusión, ¡¿qué demonios es este lugar?!

¿Por qué está en esta batalla?

Se supone que las sectas están en paz ahora y esta batalla se siente algo como aquellos días durante “La Campaña para Derribar al Sol”.

Repentinamente, un aura más intensa de energía resentida comenzó a rodear el campo de batalla, se formaba una bruma de color rojizo-negruzca que estremecía a los enemigos, el torbellino de energía entorpeció sus sentidos y se detuvieron un momento para poder adaptarse al nuevo cambio. Los hombres jadearon con miradas acusadoras hacia Jiang Cheng, poco después hacia el otro hombre que emite este tipo de energía intensa.

—¡Sandu Shengshou y el Patriarca de Yiling acaban de mostrar la cara!

Por el frente, del mismo lado donde el confundido líder de secta se encontraba; pudo ver la figura de un hombre de túnicas negras con sonrisa descarada, sostenía una flauta entre sus manos y movía magistralmente sus dedos soplando a través de ella para emitir una melodía apresurada y violenta; las bellas notas agitaban los cadáveres feroces, emitiendo lamentos y chillidos rotos antes de lanzarse con premura a sus adversarios.

Jiang Cheng inmediatamente lo reconoció, tendría que haber sido un ciego o un sordo para no hacerlo. Ese era Wei WuXian, su antiguo hermano de secta, en este momento la representación del Patriarca de Yiling en todo su esplendor.

¡¿Por qué diablos estaba él de vuelta?! Se supone que había muerto y regresó en el cuerpo de ese tal Mo XuanYu...

¿Estará soñando con el pasado?

A pesar de sentirse resentido por verlo de nuevo, Jiang Cheng prefirió guardarse sus impulsos muy profundo y no llamarle la atención. Lo que más lo está inquietando ahora es el hecho de haberse dado cuenta de que sus aliados son todos cultivadores usando técnicas bastante parecidas a las de Wei WuXian. Además, él mismo lleva túnicas en tonos púrpuras mezclados con colores oscuros, llegan a contrastar con los de esos mismos cultivadores.

—¡Maestro Jiang!

Alguien gritó a su costado, irritando su humor que ya de por sí era malo. El líder de secta fue movido por sus agudos instintos y blandió a Sandu con un solo movimiento brusco pero certero. La flecha a su dirección se había partido como si un rayo la hubiese impactado; el caballo que montaba galopó lejos de otra sucesión de flechas atacando a su dirección.

El caballo que Jiang Cheng montaba era de color negro brillante, un semental tan imponente como el cultivador que lleva. Su pelaje oscuro brillaba bajo la luz del sol, relinchaba mientras avanzaba esquivando varios atacantes. Atrás lo seguían dos hombres, como dos guardaespaldas de fuerte porte, blandiendo su espada contra los enemigos que el líder dejaba atrás.

—Maestro Jiang, no podremos durar mucho tiempo, ¡necesitamos más hombres! Aún somos muy pocos los que...— el hombre detuvo sus palabras cuando Jiang Cheng lo miró de la misma manera de una flecha apuntándole.

Con profunda reverencia y temor, este discípulo dijo: —Necesitamos volver, maestro Jiang. Los dos jades gemelos de Gusu acaban de arribar.

En respuesta, Jiang Cheng frunció el ceño, el caballo se detuvo abruptamente, ahora está en un lugar que consideraba más seguro. El loto no tiene ninguna intención de participar en esta absurda batalla.

Analizando las palabras del discípulo, llegó a confundirse más.

¿Los dos Jades Gemelos de Gusu?

¿Por qué vienen ellos aquí?

Más importante... ¡¿por qué diablos están luchando?! ¡Necesita respuestas!

Pero es demasiado orgulloso como para pedir explicaciones.

Mientras más lo piensa, más confundido se siente y llegó a pensar que esto se trataba de alguna clase de sueño.

En el lugar donde está ahora, hay muchos discípulos jóvenes, chicos de no más de quince años usando ropas holgadas, tiemblan cuando las flechas son lanzadas en una lluvia y celebran al momento de ver esos cadáveres feroces derribando los enemigos.

Al momento de ver a su venerable líder de secta, los niños miraban con fascinación su heroica figura bañada por la luz del sol, entre sombras acompañando sus movimientos.

Jiang Cheng ya poseía unos rasgos atractivos de manera penetrante, como la belleza de un rayo que te impacta y paraliza en admiración temerosa; pero al usar las vestiduras de batalla, su cabello atado en una coleta alta; espada en mano, rodeado de energía resentida y un aura de meditación silenciosa; se volvió fríamente hermoso.

Si supieran que su venerable líder de secta es un manojo de nervios y confusión, ¡no entiende nada de lo que pasa! Al menos puede valerse de sus expresiones rígidas, ese aire inaccesible jamás permitirá filtrar que se muere por correr muy lejos de ahí con su caballo. No le verán ni el polvo si decide irse.

¡Jodidas alucinaciones! ¿Qué cosa tenía su té para tener semejantes sueños?

“¿Acaso estoy atrapado en alguna ilusión?”

Hay demasiado caos a su alrededor, cadáveres apestosos gruñendo atacando a los cultivadores del frente. Por allá, Wei WuXian parece liderar dicha batalla, al menos hasta que una melodía de Guqin resonó con la fuerza de un tsunami y el haz de luz espiritual impactó contra un cuarto de su batallón.

Dos hombres emergieron desde las alturas, al contraste celeste y soleado del cielo, resaltarían indudablemente aquellas nobles y pulcras figuras de blanco; lucen iguales, como dos lunas; un par de jades tallados bellamente. Parecen inmortales que descienden de los cielos listos para castigar a los mortales.

Los caballeros de blanco se quedaron unos momentos suspendidos sobre sus espadas; observan impasibles mientras sus cabellos, de color oscuro como la tinta, revolotean contra el viento y las cintas blancas con patrones de nubes adornan sus frentes. Es el distintivo de la secta Gusu Lan y solo dos hombres de extraordinaria belleza pueden llevar aquel título de “Los Jades Gemelos de Gusu”.

—Lan Zhan, ¿no pueden darnos un respiro?— con un tono de voz casi burlesco, Wei WuXian fue el primero en atreverse a levantar la voz.

Lan WangJi había sido el primero en lanzarse al ataque para detener otra de las tonadas de su flauta.

Para Jiang Cheng, aquello no era del todo anormal, después de todo, solía presenciar muchos de los enfrentamientos entre estos dos durante la Campaña para derribar al Sol. Lo más extraño es ver que están ocupando dos frentes de batalla opuestos y ¡él también está incluido!

Detesta este maldito escenario, ¡no puede simpatizar con un montón de hombres usando esa técnicas oscuras! Aunque, por otro lado, no puede azotar a sus propios aliados en esta clase de situación.

Jiang Cheng se tragó toda la ira, respiró profundo y consideró sus opciones: Correr lejos o azotarse a sí mismo para dejar de alucinar...

—Maestro Jiang, debemos irnos. El mayor Wei dijo que no podríamos enfrentarlos sin perder demasiados soldados. La secta podría perderse y usted podría ser capturado.— aquel discípulo ruidoso a su lado insistió.

En ese momento, un nuevo instinto de peligro despertó en el líder de secta. Ladeando su cuerpo logró evitar el filo de una espada que cortó los vientos igual a los mismos vientos de una tormenta. Jiang Cheng había visto su propia larga coleta balancearse y perdió unos cuantos cabellos; su caballo se alteró relinchando y elevando su cuerpo en dos patas, casi estuvo a punto de caer. Al mismo tiempo, logró ver ese brillo de espada blanquecino tan puro como nieve, siendo acompañado del hombre atractivo de blanco.

El gentil caballero; un amanecer invernal, cuyos ojos son un par de soles cálidos crepusculares y en su expresión afable se vuelve fríamente peligrosa al ataque. Es una mezcla perfecta de nobleza y letalidad.

Conoce bien ese rostro de rasgos elegantes y excepcionalmente atractivos; el aura de gentileza que no puede ser ocultada ni en batallas, la pureza de sus ojos de suave tono ocre, los movimientos elegantemente hermosos, el aroma dejado a su paso parece la fresca brisa primaveral...

Su alta y esbelta figura aterrizó al frente, con un giro elegante las túnicas blancas se mecieron como si una brisa lo hubiese agitado; lo acompaña la cascada de sedosos cabellos de ébano y aquella cinta llegando hasta la altura de su cintura estrecha. Un hombre inquebrantable, de rasgos hermosos; es la serenidad de una montaña nevada enfrentándose a esta tormenta púrpura que mira desde abajo; es decir, al hombre de túnicas púrpuras montado en su caballo.

Blanco y púrpura se han encontrado, no parece ser la primera vez, pues el cuerpo de Jiang Cheng se había movido casi acostumbrado a esa clase de ataques, ¿será que habían peleado antes?

Aquel confundido, molesto y exasperado líder de secta bufó con más dudas, ¡ahora tiene un gran problema encima!

En ese momento, Jiang Cheng logró controlar al caballo y miró al mismo sitio donde antes había sentido el filo de la espada; incrédulo ante la ofensiva recibida, giró lentamente la cabeza para mirar al hombre de blanco. Inmediatamente tuvo que fruncir el ceño, siempre que mira a este cultivador, siente que está frente a alguna clase de cosa resplandeciente.

Ambos se quedaron callados, mirándose fijamente a los ojos, el viento sopló e incluso Wei WuXian y Lan WangJi pausaron su batalla.

Fue tanta la tensión, que muchos de los testigos de tal ataque, se quedaron congelados, con profundo temor pensaron: “Hoy no vamos a regresar a casa”

Jiang Cheng movió su mano, los jadeos se escucharon alrededor y todos se tensaron, excepto aquel caballero de blanco; si bien no lleva la típica sonrisa, sus gestos son sutiles; puede verse la tensión en esas cejas ligeramente arqueadas, suaves y confusas.

Lo que el líder de secta hizo fue repasar el largo de su cabello, comprobando que no le trozaron un gran tramo y solo fueron unos cuantos cabellos, miró hacia abajo y torció una sonrisa.

—Zewu-Jun... cuánta osadía la suya.— toda su voz rebosaba de la apatía de un hombre cansado de esta serie de situaciones absurdas.

—Le estoy devolviendo la cortesía de la última vez.— el hombre de blanco dijo, aunque su voz es calma, Jiang Cheng cree haber captado un poco de enfado, solo un poco...

Esta vez el loto no pudo evitar mostrar el gesto de confusión, parecía llevar un gran signo de interrogación entre las delgadas cejas que se fruncían.

Aunque los hombres alrededor habían vuelto a la batalla, supuestamente para demostrar la lealtad a sus líderes, más bien lo hicieron para no seguir viendo aquella escena que muchas veces han visto antes. Sus espíritus no pueden lidiar con ese tipo de tensiones.

Los jóvenes discípulos detrás de Jiang Cheng lidiaron con un mismo dilema; era su primera vez mirando el enfrentamiento de los dos líderes, querían ayudar a su venerable líder Jiang, pero al mirar bien al contrincante... un cultivador de alto nivel con cara bonita, ¡ni hablar! Dicen que los guapos son los más peligrosos y ya lo han comprobado bien con su líder.

Lan XiChen, ese noble y gentil jade, lleva una actitud que exige justicia, de pronto apuntó con Shouyue hacia Jiang Cheng, la voz era como una campana de plata, clara y helada:

—Sandu Shengshou, debe rendirse y pagar por sus crímenes.

¡¡¿¿??!!

El desconcertado líder de secta miró a Lan XiChen de arriba a abajo, luego aquella espada apuntándolo. Olvidó cualquier formalidad y dijo:

—¿De qué demonios estás hablando?

Lan XiChen esbozó una sutil sonrisa de cortesía pero nada de ella reflejaba amabilidad. Era un hombre decidido, de pie frente a una injusticia. —Por favor, no ponga más resistencia.

Los deseos de agitar las riendas de su caballo y huir muy lejos de ahí jamás fueron tan fuertes, pero si había algo por lo que era bien conocido este líder de secta era su enorme orgullo. Su dignidad estaba en juego aunque no entienda ni la mitad de lo que está pasando, ¡no se dejará intimidar! Menos por un hombre tan dolorosamente atractivo.

—Líder de secta, acuérdese que no tiene suficiente poder para una batalla contra Zewu-Jun.— muy a tiempo, ese condenado discípulo que siempre estaba gritando a su lado, le advirtió cuando él estaba a punto de blandir su espada.

Todo el cuerpo de Sandu Shengshou se tensó, sus hombros temblaron un segundo y cada uno de los discípulos rezó en sus corazones porque su venerable líder desquitara los regaños con el caballero de blanco.

La verdad, Jiang Cheng estaba llorando lágrimas de rabia por dentro, su jodida suerte, hasta en sus sueños le va tan mal al enfrentarse a estos jades.

“¡Qué poca fe me tienen estos malditos niños! ¿Quién diablos los está educando? ¡¿Qué tipo de alucinación es esta?!”

Estaba tan enojado, su rostro se ensombreció y preparó su espada para atacar a cualquier cosa viviente, cuando escuchó la clara voz de Lan XiChen decir: —No enfrentaré a Sandu Shengshou si no está en condiciones, baje del caballo y sígame por favor.

Los hombros del loto temblaron más y apretó los puños, ¿por qué siente que le están hablando como a un niño? ¡Como si fuera a obedecerlo!

Después de haberlo escuchado, Jiang Cheng levantó la mirada hacia donde puede visualizar la marcha de más cultivadores acercándose a caballo y otros más por los cielos. No puede ser... ¡está a punto de desatarse una nueva batalla!

Y tiene el vago presentimiento... casi está seguro... de que va a perder.

¿Cómo lo sabe? Más de la mitad de sus guerreros parecen bestias torpes y ruidosas, imitando las técnicas de Wei WuXian... y muy mal por cierto.

Por más que le duela admitir, ¿qué oportunidad tendrían ellos contra los dos Jades Gemelos de Gusu? ¡Esos hombres no son normales! Hay que ver la increíble velocidad con la que fue atacado por Zewu-Jun, apenas logró esquivarlo y en el proceso casi le cortó el cabello (con cabeza incluida si no se hubiera movido).

—¿Por qué tenemos que entregarnos? ¿Qué crimen pudimos haber cometido?— por allá, la voz de Wei WuXian se escuchó, mantenía cortesía aunque llevaba una mueca de claro desacuerdo. —¿Quiénes se creen ustedes para impartir castigos? ¿Acaso creen que están del lado de la justicia?

—¡Wei Ying! El cultivo demoníaco no debe ser usado indiscriminadamente. Ahora toda una secta está practicándolo.— una voz irrumpió, llevaba una carga de preocupación.

Lan WangJi estaba muy cerca de Wei WuXian, la frialdad que llevaba en su rostro era más rígida, desprovista de cualquier emoción. Así llegaba a distinguirse de su hermano, entre otras muchas cosas que a simple vista no pueden percibirse.

Jiang Cheng retractó la mirada de vuelta hacia el cultivador de blanco que le apunta con la espada. Si no hace algo, está seguro de que esta batalla se va a prolongar por días y será la caída de su propia secta.

Aún si esto es una ilusión, no piensa desechar tontamente su vida o la de sus discípulos. Respiró profundo y miró fijamente a Zewu-Jun, reflexionando unos instantes.

Lan XiChen también lo miró, en sus pupilas chispea la determinación; sin sonrisa, prepara una postura de ataque. La ligereza de su movimiento lo acompaña cierta elegancia; a los ojos de los demás parece un hombre gentil y hermoso incapaz de enfrentarse al venerable líder de la secta demoníaca; para cultivadores más experimentados como Jiang Cheng, es la señal de retirada.

¡Este hombre debe estar loco! Jamás pensó que aquel jade pudiera ser tan letal en batalla, la energía espiritual fluyendo a su alrededor es... ¡peligrosa!

Frunció el ceño y reflexionó...

Aún así, no perdió la oportunidad para regañar, muy inconforme con esta situación:

—¡¿Te volviste loco?!

—Si no existe un acuerdo, debemos proceder por la fuerza. Sandu Shengshou, será el primero.— Lan XiChen dijo.

Antes de que ese hombre pudiera dar el primer paso a otro ataque, Jiang Cheng ya se había movido más rápido que su mente. Envainó su espada, atrapó la muñeca de la mano donde Zewu-Jun sostiene la espada y...

Los que aún miraban la escena, apenas lograron ver el revoloteo de las túnicas púrpuras, su sombra inclinándose veloz al paso de su caballo; el cabello negro cual cascada de tinta agitándose al compás de los galopes.

Aquel líder de secta hizo lo más disparatado, los jóvenes discípulos sentían que sus mandíbulas casi se desencajaban; por allá, la melodía de la flauta de Wei WuXian se desafinó como si hubiera estado por soltar una carcajada en el acto; Lan WangJi empalideció hasta que su rostro era casi tan blanco como sus túnicas y sus dedos también emitieron una nota desafinada de su guqin.

Pues aquella belleza de blanco, el gentil caballero, había sido recogido como una flor arrancada del terreno hostil; estuvo tan sorprendido que no pudo ni defenderse de tal acto.

Zewu-Jun era llevado en la parte del frente donde Sandu Shengshou va sentado.

El líder de la secta demoníaca de Yunmeng Jiang... ¡se lo llevó entre sus brazos!

Lan XiChen fue abrazado y llevado en los fuertes brazos de Jiang Cheng; la cabeza cuelga de un costado del caballo, el estómago es presionado por la montura y sus piernas cuelgan del lado contrario. Perturbado y sumamente sorprendido, este hombre que era llevado sintió el calor saturando su rostro, percibió el tacto de las manos de Sandu Shengshou sobre su espalda baja, parecen aguijones recorriendo su cuerpo con ligeras descargas que cosquillean sus terminales nerviosas; los dedos presionan su cintura como si afirmara el control para que no se escape, sin embargo, también hay duda en la manera en que evita poner las manos por completo encima.

Girando trabajosamente su cabeza para mirar al hombre que se lo está llevando, Lan XiChen miró al imponente Jiang Cheng; a sus ojos parece orgulloso de sus actos, aunque la verdad, este tiene un tic nervioso y la mente en blanco.

Lan XiChen puso rígidamente una mano en las riendas del caballo pues había perdido a Shouyue durante este inesperado acto.

—De... Deténgase...

Jiang Cheng se dio cuenta, pero antes de que iniciaran alguna batalla del control de las riendas, alguien de entre la multitud exclamó:

—¡Sandu Shengshou acaba de iniciar el ritual de cortejo!

Fue como si rayos impactaran contra los cuerpos de los que iban sobre aquel caballo; la mente de Jiang Cheng fue destruida ante la conmoción mientras aquel caballo parecía haberse puesto de acuerdo para restregarle a la cara la humillación, galopando al frente de todos los que batallaban, relinchando ruidosamente antes de alejarse a toda prisa, para huir como un ladrón con su botín.

A medida que la exclamación resonaba en su cabeza, el confundido y extremadamente avergonzado líder de secta se dio cuenta de que había cometido una terrible equivocación, porque... ¡él no es un manga cortada!

¡Eso es lo que tenía pensado! ¡¿Por qué todos piensa eso?!

En el décimo tercer día de su solitaria rutina como líder de secta, Jiang Cheng había despertado en una línea de tiempo donde su destino había cambiado.