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—Jiang WanYin, vuelve a Gusu conmigo.
La grandiosa elección de palabras hizo reír a carcajadas al líder de Yunmeng. Lan WangJi, de pie frente a él, bufó exasperado y apretó los dedos en la empuñadura de su fiel Bichen, repasando mentalmente las reglas de su secta para no perder la paciencia.
Noteníaque perder la paciencia.
—Creo que te equivocaste de cultivador, Lan WangJi —se burló Jiang WanYin, cruzando los brazos—. Es evidente que no soy esa molestia con patas que tienes por esposo, pero me hiciste reír con tu broma de mal gusto.
—No es una broma —espetó el jade dando un paso hacia adelante. Estabaperdiendola paciencia—. Los tres iremos a Gusu —exigió, haciendo énfasis en las personas involucradas.
SanDu ShengShou frunció el ceño por el tono autoritario e impertinente que empleó el segundo jade. ¿Es que acaso no recuerda su posición? ¡Es un líder de Secta, que falta de respeto!
—¿Y si no quiero? —desafió con aspereza, alzando la barbilla orgullosamente.
El rostro eternamente impávido del inmaculado HanGuang-Jun no cambio mientras decía, con firmeza y severidad en su voz:
—Arrastraré tu cadáver hasta allá.
Los preciosos ojos azules del loto chispearon de cruel regocijo, Zidian destelló fugazmente de un vívido violáceo por la pelea que posiblemente se avecinaba.
—Me gustaría verte intentándolo.
—Mnn.
El contacto visual entre los dos cultivadores persiste por un par de minutos, ninguno dispuesto a dejar que el otro ganara su pequeño enfrentamiento. En la entrada de la oficina del Líder de Secta, Wei WuXian y el discípulo principal de Yunmeng charlaban animadamente, sin embargo al escuchar lapacíficacharla de los dos hombres decidió que era buen momento para intervenir en la conversación. Tragó el último trozo de su bollo relleno de semillas de loto y rebotó alegremente hasta ellos.
—Awww ¡son tan adorables juntos! —chilló WuXian, interponiéndose sutilmente entre los dos—. ¡Me encanta que sean mejores amigos! ¡A ver una sonrisita! —los orbes de oro de su esposo se iluminaron con exasperado cariño, los de su hermano con cruda irritación—. Bueno, bueno ¡que amargados! ¿Ya nos vamos, Lan Zhan? XiChen-ge nos espera. ¡Estás haciendo esperar a tu futuro esposo, Jiang Cheng!
El mencionado giró su reprobatoria y mortal mirada a su cuñado.
—No mencionaste que Lan Huan te envió, Lan WangJi.
La respuesta del segundo jade arrancó una ligera risita divertida de Wei Ying.
—Es evidente que sería Xiongzhang, Jiang WanYin —resopló fastidiado.
—Lan Huan debió enviar una carta —farfulló el Jiang, poniendo los ojos en blanco— Así me ahorraría tener que ver tu insoportable existencia.
—Lo mismo digo.
Con una nueva disputa a la vuelta de la esquina, el maestro Wei gritó:
—¡Se está haciendo tarde! ¡Andando!
Wei WuXian los arrastró por las concurridas pasarelas de madera, animando el silencio con su parloteo sobre lo deliciosos que eran los bollos rellenos de semillas de loto que vendían en el mercadillo local. Los jóvenes discípulos de túnicas púrpuras no se mostraban sorprendidos de ver al extraño trío, no cuando la presencia de Lan WangJi y Wei WuXian en Muelle de Loto era cotidiana en su día a día. Eso y que ambas sectas eran prácticamente una desde que Lan XiChen, Líder de la Secta de la nube, se convirtió en el prometido oficial de su gruñón SanDu ShengShou. ¡Yunmeng seguía celebrando por su próxima Madame!
Gusu Lan les dio la bienvenida cuando el atardecer exhalaba sus postreros rayos de luz, la barrera protectora del Receso de las Nubes abriéndose para los tres cultivadores.
Jiang Cheng saltó de Sandu una vez que había tierra firme a la vista, Wei WuXian y Lan WangJi aterrizando a su espalda. Los discípulos que protegían la entrada los saludaron respetuosamente, los tres maestros agradecieron la cortesía y entraron, los colgantes de jade en sus cinturones capturando el delicado rubor de la tímida luna plateada y la luz ligeramente brillante de las amarillentas lámparas en las ramas de los árboles.
Una carcajada salió de la boca de WuXian nada más dar un par de pasos dentro de su hogar. El hombre se lanzó hacia adelante y con dificultad atrapó un conejo blanco y esponjoso que intentaba huir entre los arbustos. Su marido soltó un suspiro enamorado, Jiang Cheng apresuró sus pasos para dejarlos lo más atrás posible.
—¿Dónde está mi prometido?
—Xiongzhang está esperando por ti en el Hanshi —murmuró su cuñado detrás de él, ya alejándose con su consorte al corral de sus mascotas.
WanYin chasqueó la lengua y marchó por el conocido sendero zigzagueante en dirección contraria al área de invitados. La música se alzaba desde el interior de algunos pabellones, el sonido de cantos y ligeras risas de los discípulos animaban la frialdad que trajo consigo la noche. El repentino pensamiento de que no sabía el motivo de su llamado apresurado al clan de la nube lo asaltó, deteniendo sus pasos abruptamente.
Lo pensó detenidamente por unos instantes, llegando a la conclusión de cuán débil era ante Lan XiChen y lo irremediablemente enamorado que estaba del hermoso hombre. ¡Wei WuXian sólo tuvo que mencionar al primer jade para que él lo siguiera sin chistar e incluso conversó con Lan WangJi de camino a Gusu!
Las grandes maravillas del amor, supuso, sumergiéndose en una laguna de recuerdos que involucraron a su flamante hombre y a él mismo. No pudo evitar suspirar dramáticamente como si fuera una doncella enamorada.
Entonces, mientras más pensaba en su perfecta y amorosa relación con Lan Huan, la conclusión cambió de rumbo, tornándose extraña principalmente porque su amado jamás lo mandaría a llamar como si fueran meros socios comerciales o algo menos que conocidos. ¡Iban a casarse en unos meses, por el amor del Cielo! ¿Qué sentido tenía?
Todo estaba siendo demasiado raro.
Con muchas dudas y sin ninguna respuesta siguió su trayecto hasta el Hanshi. Al llegar vio las luces de la morada del segundo venerable encendidas, un agradable aroma a gencianas flotando a través de la brisa nocturna, lirios meciéndose con suavidad en el jardín que los rodeaba. Jiang Cheng subió los escalones de madera oscura de la entrada y tocó la puerta, misma que cedió bajo el primer toque de nudillos.
—¿Puedo pasar?
ZeWu-Jun se rió desde el interior, una risa suave, casi tierna y cariñosa mientras su débil voz se elevaba a través del silencio.
—Adelante, cariño. Mi hogar es tu hogar, mi A-Cheng.
Lan XiChen, sentado frente a la mesa baja en el centro de la tenuemente iluminada habitación, sirvió humeante té en un par de tazas de porcelana blanca. Al verlo esbozó una sonrisa tan encantadora que el corazón de Jiang Cheng saltó en su pecho. Tomó asiento frente a su prometido y agradeció el té caliente que le ofreció el mayor.
—¿Me extrañaste tanto para tener que obligar a tu hermano a ir por mi a Yunmeng? —se burló el joven loto.
—Mi corazón no está tranquilo si no te veo, mi amor. En todo caso es tu culpa por hacer que me enamorara tanto de ti —siguió XiChen, complacido con el ligero rubor en las orejas de su prometido—. ¿Tú me extrañaste, A-Cheng?
—Nos vimos la semana pasada en Baling —expresó abiertamente el Jiang.
—Eso no contesta mi pregunta.
—Todos los días te extraño, A-Huan —admitió, escondiendo su rostro detrás de su taza—. Ahora dime lo que sucede. ¿Son esos vejestorios otra vez? Si te están molestando de nuevo no dudaré en azotarlos por acosar a quien me pertenece.
XiChen negó con una sonrisa divertida y sorbió un poco de su té.
—Los ancianos no son un problema, de hecho, están muy felices con nuestro compromiso. Mi tío te adora más que a mí —puntualizó con un adorable mohín que hizo reír ligeramente a su compañero.
—Entonces si no son los ancianos o tu tío dime qué hago aquí.
—Aww, pensé que dijimos que nos extrañamos —bromeó el jade, dejando en la superficie de madera su taza de té a medio terminar.
Las adorables mejillas del menor se pintaron de un rosa cohibido, la risita del Lan se volvió una carcajada. Jiang Cheng lo dejó reírse a sus espaldas (porque amaba la risa tan hermosa y melódica del mayor) e insistió al verlo terminar su ataque de hilaridad.
—XiChen.
WanYin se asustó al ver como la brillante sonrisa de su amado desapareció dando paso a una mueca afligida y angustiada. La postura del Lan se tensó y una máscara de oscuridad cubrió sus orbes.
—Tendremos un bebé.
El cerebro borroso de Jiang Cheng explotó, ignorando momentáneamente que ambos son hombres (¿Cómo demonios tendrían un hijo, duh?) y que jamás habían tenido sexo. Simplemente todo pensamiento coherente lo abandonó, dejando uno solo: ¡Iba a ser papá!
¡¡Iba a ser papá, joder!! ¡¿Cómo es que sería papá?! ¡¿Cómo?!
¡¡NO ESTABA LISTO PARA SER PAPÁ!!
—¡¿Qué?!
WanYin escupió su té, gorjeando en busca de aire y mirando con absolutoterrora su prometido. Lan XiChen, ese desgraciado rufián, estaba doblándose de la risa en su asiento, lágrimas de diversión acumulándose en sus bonitos ojos. Con dificultad se tambaleo hasta él, dándole palmaditas en la espalda.
—A-Cheng, A-Cheng, ¿en verdad lo creíste? ¡Los dos somos hombres, mi amor! —el Jade continuó carcajeándose.
—¡No digas tonterías! —regañó el Loto, su rostro tan rojo como las granadas. Nada lo haría admitir que si pensó que su prometido estaba embarazado. En su lugar bufó y puso los ojos en blanco para disimular su vergüenza—. ¿Sólo para esto me hiciste venir? ¡Deja de reírte, Lan Huan!
—¡Es que fue muy gracioso! —pellizcó una de sus mejillas y el otro lo apartó de un manotazo—. ¿Tu quisieras tener una familia conmigo, A-Cheng? —abultó sus labios melocotón en un puchero, esperando su respuesta.
—¿Por qué estamos hablando de esto? —gruñó, desviando su mirada.
El puchero de Lan XiChen se hizo más pronunciado y un resplandor pícaro quemó en sus ojos broncíneos. Jiang WanYin abrió los ojos sorprendido cuando el hombre se sentó en su regazo, las piernas abiertas a cada lado de su cuerpo y sus manos abrazando su cuello. XiChen tarareo felizmente, acomodándose mejor encima de él. Jiang Cheng jadeó por el arrebato.
—¿Q-qué haces, Lan Huan?
—¿Quieres saber para qué te hice venir, A-Cheng? —susurró cerca de su oído, la exhalación de su aliento cálido erizó los vellos de la nuca del menor, su columna se estremeció. Tragando con dificultad, Jiang WanYin presionó sus manos tímidamente en las caderas de su prometido y asintió, cautivado por el embriagante calorcito del peso ajeno.
—Sí, quiero saberlo.
XiChen asintió en respuesta, tirando del listón púrpura en el pelo del Jiang, hundiendo sus dedos de músico entre las hebras de cabello oscuro como alas de cuervo.
—La cacería de anoche no salió como esperábamos —dijo contra su mejilla, sacando la lengua y lamiendo una húmeda línea descendiente a la mandíbula afilada del loto. Jiang Cheng se estremeció—. A-Zhan y yo fuimos descuidados y un demonio me maldijo.
WanYin, que se mordía fuertemente el labio para evitar soltar un gemido vergonzoso, inquirió en voz baja y preocupada:
—¿Qué demonio fue?
La respiración del menor se hizo inestable y agitada bajo las caricias seductoras del primer jade. En su regazo XiChen sonrió victoriosamente, tiró del otro hacia atrás y atacó la exquisita boca ajena en un beso arrebatador. Jiang Cheng gimió por la increíble e inesperada invasión, sus labios siendo chupados, succionados y mordidos de una manera tan erótica y excitante que su parte inferior cosquilleo de anticipación.
Lan XiChen no se limitó e introdujo su lengua en la húmeda cavidad de su prometido, danzando dentro de su boca con entusiasmo, abriendo los labios jugosos de su amado más y más. Las manos de Jiang Cheng cayeron descaradamente a su trasero, tomando en cada palma los carnosos y tiernos montes del mayor que manoseó con gusto. XiChen gimoteó y presionó más agresivamente su beso, saliva escurriendo por las costuras de sus bocas hasta caer por su barbilla. A ninguno pareció importarle, perdidos en la deliciosa sensación abrasiva de la boca del otro.
Jiang Cheng fue quien rompió el beso, jadeando erráticamente en busca de aire. Miró como un hilo de saliva cayó entre ellos y se encendió. Persiguió la boca de XiChen para volver a besarlo, este le correspondió gustoso y enrolló una vez más su lengua juguetona con la ajena.
—Jiang Cheng —jadea contra su pómulo, la boca dominante del Jiang mordisqueando su cuello—. Jiang Cheng, fue unqian keng*... ¡Ah, A-Cheng!
Cerró los ojos y movió su cabeza hacia un lado, suspirando por las feroces lamidas y succiones que el menor iba dejando a su paso. Jiang Cheng lo presionó más hacia sí, sus pechos chocando juntos.
—¿Un qian keng? —se mofó el loto sin dejar de morderlo—. Que conveniente.
—Muy conveniente —coincidió el Jade, sonriendo lascivamente—. ¿Qué harás al respecto, SanDu ShengShou?
Jiang Cheng, para su sorpresa, se rió alegremente y lo empujó sobre la mesa. La tetera y las tazas ya olvidadas se hicieron añicos al caer descuidadamente al suelo, la espalda del jade chocando bruscamente en la madera caoba. Jiang Cheng se dejó caer entre sus piernas abiertas, mordiendo cruelmente sus labios y después devorando su boca. Atrapó las manos del Lan entre las suyas y las sostuvo con fuerza encima de sus cabezas, Lan XiChen gimió guturalmente por lo caliente de verseatrapadoydominadobajo su prometido. Se dio cuenta que al parecer le gustaba ser sometido por Jiang Cheng.
No es que se quejara, verdad.
—¿Quieres saberlo, ZeWu-Jun? Te haré mi desastre —gruñó el loto salvajemente, admirando como su precioso hombre tenía los ojos llorosos por el deseo, las mejillas enrojecidas y los labios brillantes e hinchados.
Tan endemoniadamente apetitoso.
Y completamente suyo.
—Desnúdate, Lan XiChen.
Lan Huan, todavía apoyado en sus codos, se estremeció de lujuria por el tono demandante que usó su prometido. Estando medio sentado medio acostado en la mesa, comenzó a desatar los lazos de sus pesadas túnicas y mandó a volar la faja celeste. La mirada hambrienta de Jiang WanYin no se apartó ni un instante, sonriendo ampliamente al ver la cascada de túnicas blancas caer dócilmente por los hombros desnudos de su Lan Huan.
—Mírate, eres tan precioso —Jiang Cheng se maravillo. El primer jade tiró su cabeza hacia atrás y rió cantarín.
—No mires demasiado —dijo burlonamente, recostándose completamente en la extensión de la mesa para patear su pantalón interior, quedando completamente desnudo frente al Jiang.
—¿Cómo podría no hacerlo cuando estás tan hermoso y dispuesto sólo para mi?
Jiang Cheng se arrodilló frente a él, el cuerpo del mayor tembló cuando el loto palpo cerca de su erección. Los broncíneos ojos del Jade estaban entrecerrados, la boca ligeramente abierta. Se lamió los labios y profirió un ronroneo en tanto las manos del más joven acariciaban el interior de sus sensibles muslos abiertos.
—¿Es lo que quieres, Lan Huan?
Las puntas de las orejas de ZeWu-Jun se pintaron de un tímido rosa.
—Ignoraré que preguntastesi quiero.¿Lo haces o lo hago?
Su prometido se carcajeó, provocando que el Lan se retorciera y jadeara entre dientes por la suave caricia de su aliento acariciando sedosamente su miembro erecto.
—¿Quién diría que la paciencia no es una de las muchas virtudes del venerable ZeWu-Jun?
XiChen frunció el ceño e intentó levantarse.
—Bien, lo haré yo.
—¡Está bien, está bien, ya lo hago! ¡Tan impaciente!
Jiang Cheng cerró su puño alrededor de la base, sacando la lengua para darle una lamida a las gotitas de líquido cremoso que salían de la abertura, luego los labios voluptuosos de su prometido se sellaron en la hinchada cabeza, saboreando la carne caliente y húmeda. Lan XiChen enloqueció con la hermosa vista de Jiang WanYin con su polla en la boca, gimiendo por lo bajo e instintivamente empujó sus caderas hacia adelante para obtener más de esa deliciosa humedad.
El loto enterró sus dedos en la cintura desnuda de su prometido, obligándolo a mantenerse quieto. Con su lengua lamió una línea recta a lo largo de su endurecida polla, rasgando ligeramente con los dientes la parte inferior de la corona para después aliviar el suave ardor con su lengua, succionando aquí y allá, saboreando las palpitantes venas a lo largo del tronco caliente.
—¡Jiang Cheng!
La boca maliciosa del loto era húmeda, suave y jodidamente cálida. Lan XiChen, aquel prominente hombre, se había reducido a un lío lloriqueante de gemidos y jadeos. La garganta del menor recibió su polla con complacencia, abriéndose gustosamente para él.
Lan XiChen soltó una fuerte maldición. El fuego en las venas de Jiang Cheng ardió con más intensidad.
La cabeza del Jiang se movió hacia adelante tomando más de aquella gruesa y larga polla hasta que su nariz chocó con la piel cremosa y el ligero vello oscuro de Lan Huan. Aguanto las arcadas y dejo que algunas lágrimas fluyeran libremente por sus mejillas. Quizás fue esa muestra de falsa ingenuidad la que desató la fiera interior de su amado Lan, pues las caderas de XiChen se sacudieron insistentemente, la punta de su llorosa polla golpeando el fondo de la garganta de Jiang Cheng.
La olvidada erección del menor exigió atención, sin embargo es dejada de lado por los dos hombres. Lan Huan enredó sus dedos en el cabello del loto e inició un rápido vaivén, follando la boca de su prometido, gemidos saliendo de su garganta en cada embestida. La lengua de Jiang Cheng endulzó su paladar con el líquido preseminal de su amante, sintiendo el sucio palpitar de las venas hinchadas de esa jugosa polla estirando sus labios.
—¡Ah, así, así!
El temido Líder de Secta Jiang, entonces, abrió las níveas nalgas del primer jade, mirando extasiado el agujero rosa que se contraía de excitación. De repente la urgente necesidad de destrozar ese bonito lugar prohibido de Lan XiChen lo embargó completamente. Con un lascivo pop sacó la polla del mayor de su boca y se alejó unos centímetros.
—¿Por qué te detienes? —se quejó lastimosamente, dándole una mirada agraviada. El loto se mofó y puso los ojos en blanco.
—¿Dónde hay lubricante?
—¿Para qué quieres lubricante? —Huan-Huan cuestionó, inclinando la cabeza con perplejidad. Jiang Cheng estaba incrédulo... no podía creerlo.
¡Lan Huan no podía ser tan... inocente!
... ¿O si?
—Quiero lubricante para meterlo —explicó ácido y sin tacto, rogando porque sus pensamientos fueran erróneos.
Sin embargo, su precioso Lan Huan se sonrojó fuertemente y rompió el contacto visual.
—No tengo nada de eso.
Lo era. Maldición, su HuanHuan era completamente adorable.
Realmente no había nada de malo con no saber sobre esas cosas pero sí sorprendió un poco al menor. ¿Qué clase de adulto no tiene lubricante para satisfacerse en las noches difíciles? O mejor dicho, ¿Qué clase de bendecido ángel puro era su amorcito para que no supiera de esas cosas depravadas?
Daba igual, él podía enseñarle.
—No tengo lubricante —la voz divertida y juguetona del Lan lo sacó de sus cavilaciones—, pero tengo algo mejor.
Lan XiChen le agarró por la muñeca y se metió dos dígitos en la boca, chupando y enredando la viscosa lengua entre los delgados dedos, empapándolos de saliva. Jiang Cheng quedó embelesado por la exquisita vista, volviendo a colocar el miembro del Lan en su boca como si ese fuera el lugar a donde pertenecía. La mano que tenía libre se dirigió a su propia excitación, el grueso pedazo de carne caliente se endureció más con sus entusiasmadas atenciones.
—¡Ah, uhmp, A-Cheng! —Lan Huan gritó, soltando sus dedos lubricados y follando activamente la garganta complaciente de su grandioso prometido. ¡Nunca se imaginó que esto se sentiría así! Se lamentaba no haberlo probado antes.
—¡Mi mandíbula se está cansando y aún no te corres! —se quejó Jiang Cheng después de un rato, todavía acariciándose. Lan XiChen se rió alegremente entre jadeos entrecortados.
—Es parte de la maldición, querido —respondió, reposando una de sus largas piernas en los hombros del menor. Realmente la mesa no había sido una buena idea, su espalda estaba protestando con furia y le recordaba que ya estaba lejos de ser un adolescente. La cama en la otra sala del Hanshi se burlaba cruelmente de ellos y su desesperación.
—Uh-hum —tarareo WanYin, extendiendo una sonrisa maliciosa.
El primer jade exclamó y se sostuvo de los bordes de la temblorosa mesa en tanto Jiang Cheng le abría nuevamente las piernas y se metía entre ellas, sus anchos hombros manteniéndolas obscenamente separadas. Se deslizó hacia abajo, los dedos índice y corazón burlándose cruelmente de su hinchado agujero. El jade gimió por la sensación electrizante del dígito en aquel lugar oculto y el loto rió complacido por su reacción.
Jiang WanYin, sin aplicar esfuerzo, presionó lentamente aquel dulce punto, deleitándose con la tentadora calidez y jugosa humedad del interior rosáceo. XiChen gritó de placer por la invasión y se llevó una mano al pecho, pellizcando sus pezones para aumentar su estímulo. Debajo, el loto insertó dos dedos en la entrada de su jade, zambullendo a profundidad cada dígito. El aroma del sexo bailo en su nariz y lo hizo embriagarse, las piernas del mayor en sus hombros temblaron y sus gemidos sonaban como una melodía delirante a sus oídos.
—Grita todo lo que tengas que gritar, mi A-Huan.
—¡A-Cheng!
Entonces, uno de los dedos en su trasero alcanzó ligeramente el amasijo de nervios en lo más profundo de su interior. XiChen soltó un dulcechillidoy luego se rió.
—¡Otra vez! —gorjeo todavía riendo. Jiang Cheng se unió a su risita entrecortada y le dió un beso en la cadera.
—En serio eres tan jodidamente adorable, mi amor.
XiChen asintió una vez y lanzó un besito a su amado antes de volver a concentrar su atención en la vorágine de fuego que atravesaba sus venas. Admitiría que el placer es bueno. Demasiado bueno y adictivo. Jiang Cheng, ahora que sabe donde se encuentra su punto de quiebre, no duda ni un segundo en masacrarlo, dando golpecitos cada dos por tres hasta que el jade sólo puede aferrarse con fuerza a la mesa y jadear en voz ronca, gimiendo por todo lo alto.
Ni siquiera parece importarle que sus sollozos fueran escuchados por la patrulla de discípulos merodeando fuera del Hanshi o si casualmente HanGuang-Jun anda por los alrededores antes de dormir. No puede pensar en nada de eso cuando el tercer dedo se desliza con facilidad en su canal resbaladizo y su WanYin se enfoca en tocarlo, en saciarlo.
—¿Te gusta así, Huan-Huan? —pregunta el loto traviesamente, torciendo sus dedos en un ángulo angustiosamente placentero y excitante.
—Me gusta... —dijo Lan Huan sin aliento, meneando sus caderas para llevar las penetraciones más profundas. Con los ojos entrecerrados vio como Jiang Cheng se acaricia con fiereza, casi con desesperación para alcanzar su orgasmo—. Quiero...
Quiere probarlo como el loto lo probó a él, sin embargo, eso no sucede. O por lo menos, no todavía.
Puntos blanquecinos desenfocan la visión de Jiang Cheng antes de estallar, su polla expulsando chorros de líquido viscoso en el vientre y el agujero enrojecido del Lan. XiChen gimió de éxtasis al sentir el calor de la semilla de su prometido en su entrada, su propio miembro se retorció para liberarse.
—A-Cheng —jadeó XiChen temblorosamente.
El mencionado parpadeo con lentitud, bajando de su nube de relajación orgásmica y lo miró con una expresión cariñosa. Impulsando su cuerpo hacia arriba atrapó la boca de su prometido con la suya, ZeWu-Jun lo acepta gustoso y corresponde de manera desesperada, casi frenética.
—Quiero correrme.
Un peligroso brillo resplandeció en los ojos azules como una tormenta de Jiang Cheng antes de volver a besarlo.
—Si lo quieres, te lo daré, mi amor.