Capitulo OO.
“El mundo es una comedia para los que piensan,yuna tragedia para los que sienten”
Horace Walpole, en una carta a Sir Horace Mann (1769)
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Algunas veces crees que Dios te detesta.
No, no te detesta, te odia.
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Tus oídos zumban, tu estómago duele, sientes una presión inexplicable en el pecho, y todo esto solo porque te mira.
Allí, recostado en una grada de fútbol, sus ojos mirándote fijo, con una sonrisa torcida a medio camino amenazando con salir.
Parece una burla. El destino se burla de ti.
¿Cómo mierda terminaste así?
Fácil, sólo estuviste en el momento equivocado, en el lugar equivocado.
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Si te preguntaran, dirías sin duda alguna que eres hermoso -aunque... ¿quién te lo preguntaría?-, aun cuando sabes que algo en tu mente se retorcería de la risa y te diría un “mientes”. Pero nunca se lo dejarías saber a nadie.
De cualquier manera, en un rating de belleza escolar, te posicionas cómodo entre la mitad de la tabla, desde la mitad -claro está-, más para abajo que para arriba. Tampoco es malo, no te molesta, eres bastante objetivo. Y es que, seamos honestos, habiendo personas como Eunwoo en el mismo espacio físico, no hay manera de competir.
Podrás ser muchas cosas, pero nunca un negador de tu realidad.
Y es verdad que la belleza es subjetiva, que puedes no tener un rostro de ensueño, pequeño, proporcionado, aquel estándar impuesto; pero si podrías tener mucha personalidad, carisma, ese encanto que dan las palabras.
Pero tampoco tienes ese, porque eres tímido, terriblemente tímido.
Si estás esperando para bajar en alguna parada del transporte y te preguntas “te bajas aquí” asentís y lo haces, aunque falten 15 cuadras para tu destino.
Ojo, sabes que eres divertido, lo sabes porque cuando alguien dice algo y alguno responde de manera ingeniosa, haciendo reír al resto, te habías imaginado la misma respuesta o alguna aún mejor, pero como eres tan tímido, no te animas a hablar.
Detestas eso de ti, porque te imaginas que deben pensar que eres un rarito, y sabes que no te debe importar lo que otros piensen de ti, y todo ese estúpido discurso posmoderno, pero no lo puedes evitar, te molesta, te incomoda, y te duele, todo duele.
Te gustaría ser más extrovertido, como los idiotas que molestan a los más nerd en la escuela cuando ninguna autoridad está cerca -claramente tu libreta de notas debe ser lo único que compartes con esos idiotas. Personalmente, nunca te había servido más que para ser castigado en tu casa, hasta que descubriste que lo bueno de ser introvertido y burro, era que no eras tan molestable; ojo, ni siquiera sabes si existe esa palabra-.
Y todo este pequeño relato de aparente sin sentido, tiene una finalidad; y es que se entienda que eras solo una víctima más de la situación, y no el victimario.
Pero bueno, para que se entienda mejor, deberías contar como comenzó todo...
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*Todo comenzó así...*
Habías llegado tarde a clases, no iba ni una semana de clases y ya estabas llegando tarde.
“Siempre triunfanding” pensaste.
Te llevabas bien con algunos compañeros, como Hyunjin y Felix, quienes ya entraban en la categoría de amigos -casi que te atreverías decir de mejores amigos-, pero también tienes que decir que a pesar del tiempo, aun intimidaba hablarles cuando sabías se llevaban más de una mirada.
Y vamos, es cierto que puedes ser más como tú mismo con ellos, pero si sientes otra mirada, te invade el silencio, invocas tu habilidad especial, la inhibición.
Detestas tanto ser tímido.
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Llegaste tarde, perdiste la primera clase, y si estás o no en matemáticas, no es mucha diferencia, porque ¡vamos!, nunca aprobaste por mérito propio esa materia.
Llegas, te sientas donde siempre -en el medio del salón- y escuchas murmurar y suspirar por el nuevo de la clase; y tal vez no recuerdes el nombre del susodicho, pero sabes que molesta su presencia, porque Dahyun es la chica con la que todos quieren salir, pero ella sólo ha mirado al nuevo.
Y eso molesta a muchos.
En especial a ese muñequito Playboy.
Pero has tomado como eslogan de vida “menos sabe Dios, más perdona”, así que prefieres ignorar todo tu alrededor, como siempre, siendo sólo uno más entre la multitud.
Un relleno en la historia de otros protagonistas, de esos que contratan y ni hablan para no tener que pagarles más en las series.
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¿Relleno?
¡Ja!
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Te habías obsesionado con esos juegos de “escape”, donde debes resolver acertijos, por lo que estabas todo el tiempo pensando cómo resolverlos.
Mirabas programas con idols masculinos -cuando solo te gustaban los girl’s group’s por los mismos motivos que a cualquier adolescente o adulto joven en Corea del sur- de los cuales solo tenías conocimiento de su existencia por estos programas.
Pero en la escuela no podían usar celulares, te los quitaban si te veían en clase o en los pasillos, incluso en el patio, si no tenias un motivo o razón verdaderamente importante para usarlo (como que se este muriendo un familiar, a ese nivel de importante); porque habían grabado a una chica subiendo las escaleras, lo viralizaron, y la chica, aunque no se sabe quién es, -lo triste es que ella seguro lo sabe-, había sido el tema por días, ya que se reían de ella por tener “granitos”.
Y aunque no se sepa quién era, seguro ella sabía que era ella.
Estúpido, pensabas.
Porque sería como que alguien se ría de una barriga promedio, con grasa uniforme por nunca hacer ejercicios -cuando Dios sabe que el 90% de los que pisaban esa institución tenían ese estilo de barriga, incluyéndote a ti, claro esta-.
En fin, la cuestión es que para poder jugar tus juegos, te escondías en el baño.
En el cubículo del medio, el que todos odiaban porque la traba estaba rota y cuando tirabas la cadena, se rebalsaba el inodoro, por tanto, nadie usaba, a menos no quede alternativa.
Podrías esperar para jugar, pero estabas trabado con una parte que tenías que conectar cables, y no podías dejar de pensar en eso, y no escuchaste que entraban personas al baño hasta que hablaron lo suficientemente fuerte y cerca.
- Ella le habla, lo mira todo el tiempo, pero él hace como si fuera más que nosotros, quiero romperle la cara.
- Lo sé
- Lo que más me molesta es que a vos te gusta ella, y pareciera que no te importa - escupió uno fuerte, pero habías creído descifrar el problema, eso era claramente más importante que la charla que estaban teniendo.
- ¿Y qué querés que haga? - que idiota eras, claramente esa era la lógica - no puedo golpearlo porque Dahyun lo mira.
- Pensar algo para que ella pierda la esperanza en él - sí, ibas a poder pasar al siguiente nivel al fin.
- Igual, creo no le gustan las chicas, no las mira siquiera - conectaste, conectaste, y tus manos sudaban de la emoción.
- Y si probamos que algún chico pruebe llamar su atención - solo faltaba conectar uno, comenzaste a contar hasta diez mentalmente, para ponerle algo de suspenso, más emoción para ti
- ¿Quién sería tan estúpido como para intentarlo?
- Debería ser alguien que no levante sospecha - y lo hiciste, y el juego liberó una pieza, y una nota, y gritaste, emocionado.
No fue un gran grito, fue un “sí” fuerte, sentido. Pero es que, mierda, se sentía tan bien haber descifrado el enigma.
Tanto, que no notaste las 3 cabezas que te miraban, con la puerta abierta del cubículo, sus ojos posados en tu figura, sentada en la tapa del inodoro con las piernas cruzadas sobre el mismo -Buda estaría orgulloso de vos por la posición-.
- Creo que encontramos a quien - escuchaste, y se sentía cerca, MUY cerca.
Levantaste la mirada del celular, y supiste en ese momento que tal vez, hubiera sido mejor idea terminar el juego en tu casa, recostado en la comodidad de tu cama.
- Han Jisung - dijo uno, sonriendo, con maldad - creo deberíamos ser amigos - y mierda, donde te habías metido.
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Habías sido invitado, de manera muy cordial -¡ja!, ¿cordial? sí, claro; a menos que quisieras ser golpeado por primera vez en tu vida. Y no, gracias; prefieres inclinarte levemente en forma de saludo y seguirlos silenciosamente cuando te pidieron amablemente (solo en tu imaginación) que los acompañaras-
Ibas unos pasos detrás, tus piernas temblando como gelatina, tu dedo gordo de la mano izquierda en tu boca, siendo tu uña triturada por tus dientes. Estabas nervioso, ansioso, querías llorar -no lo ibas a hacer, porque podrías ser muchas cosas, pero dignidad tenías, poca, pero tenías. Bah, eso creías-.
Habías vivido tranquilamente, sin levantar interés, ni bueno ni malo. Habías soportado las burlas por tu rostro, tus cachetes. Habías aprendido a comer a escondidas para que no se rían de que parecías un hámster.
Habías aceptado que, quizás, hasta la universidad, no ibas a conocer a alguna chica que se fijara en ti, que te tuviera paciencia, que notará la persona grandiosa y graciosa que eras.
Que notará que eras introvertido con desconocidos, pero muy extrovertido y divertido cuando tomabas confianza - Hyunjin y Felix son la prueba de ello -
Habías imaginado un mundo ideal, feliz (no un mundo feliz como el Huxley, uno más real, no tan prefabricado, triste y vació). Y todo eso se fue a la mierda en dos segundos, por no contener la emoción de ganar un juego de mierda -claro, la culpa ahora era del juego, y ahora era de mierda-.
Estaban solos, los 4 debajo de las gradas de fútbol, y ya no tenías uñas ni en tu dedo gordo ni índice.
- Coquetea con Minho - dijo una voz, y sólo pensaste ¿quién?
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Eunwoo -un idiota no tan idiota como los idiotas con los que se juntaba, pero idiota en fin- gustaba de Dahyun, pero cada vez que la veía quedaba mudo, y no se animaba a hablarle.
Eso lo entendías, porque te pasaba sin que alguien te gustara siquiera.
En fin, Dahyun parecía interesada en el nuevo -¿Lee Know era?-, y Eunwoo quería saber si él estaba interesado en ella.
Si te preguntaran, dirías que es una estupidez su plan, porque si no puede hablarle a ella, no tiene sentido que te preocupe que otro le hable -y ojo, lo entiende completamente a Eunwoo, Dahyun es hermosa, hasta a él, un don nadie, le gusta la niña de sonrisa carismática. Pero si algo sabía Jisung es que solo en sus sueños ella lo miraría a él, así que para qué perder el tiempo en algo que nunca iba a prosperar-.
Te habían propuesto -era más una orden que una propuesta, pero ese era sólo un pequeño detalle (sí, claro)- que como eres un don nadie -no lo dijeron así exactamente, las palabras que usaron fueron “bicho raro marginado”, y ojo, Han no sabía muchas cosas, pero le sorprendió hubieran usado esas tres palabras en una oración dado que compartió casi el mismo nivel intelectual- eras el indicado para probar establecer un vínculo con el nuevo y conocer sus secretos y contarles todo.
¿Y qué ganabas?
Fácil, que tu cara se conservará exactamente como tus padres te la habían heredado.
Y no es que tuvieras mucho aprecio por tu rostro, es más, algunos retoques no serían malos y que te la desfiguraran a golpes podría ser el incentivo, el empujón, que te faltaba para tomar la decisión.
Pero seamos honestos, si la simple picadura de un mosquito ya hacía estragos en tu persona, los golpes no serían algo que se te pasaría en una hora.
Básicamente, no eras exactamente paciente, ni mucho menos tolerante al dolor.
Así que mejor dejar tu cara como esta.
Habías aprendido a amarla, o algo así. Tampoco estabas tan mal, en otra institución estarías en la mitad de tabla, quizás para arriba. Pero en un lugar donde había personas como Eunwoo, o Hyunjin -hablemos de lo injusta que era la genética con el resto de los mortales-, sobresalir, para bien, era un reto.
Lo que te pareció gracioso, y realmente recordarlo te hacía sonreír, es que ellos hablaron, armaron todo, no te consultaron nada, -es más, crees que ni siquiera alcanzaste a asentir o negar con la cabeza-, se fueron, no sin antes volver a amenazarte, y uno apoyar su mano en tu hombro con fuerza.
Y nunca pronunciaste ni una vocal.
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Al día siguiente, cuando entraste al aula, recordaste que no habías pensando un plan para acercarte a ¿Hee No?
Y no es que no te preocupara tu salud, tu rostro, tú vida en sí. Es que eras muy perezoso -pensar en dos cosas a la vez te agotaba-.
Horriblemente perezoso, inclusive te animarías a decir que eres más perezoso que tímido.
Y cuando llegaste a tu casa, tu cuerpo toco la cama, con un manga de Naruto sobre la misma, lo tomaste y te pusiste a leer la parte de los exámenes Chunin -otra vez-, y eso llamó más tu atención, inclusive te dormiste recreando en tu cabeza la pelea de Gaara con Rock Lee en tu mente.
Qué se yo, tal vez Eunwoo y su grupo de idiotas lo habían olvidado.
Un bollo de papel golpeó tu rostro, cuando sacabas tu cuaderno y al levantar tu mirada, veías a uno de los idiotas sentado sobre su pupitre en la otra punta del aula, al frente, mirarte, una sonrisa muy poco amistosa si te preguntaran.
“O tal vez no lo olvidaron” pensaste.
¿Qué tan idiota se debía ser para no darse cuenta que acababan de pedirle al más callado e introvertido de la clase que le saque información a otra persona?
Tal vez debería posicionarse intelectualmente un escalón más arriba que esos idiotas.
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