La Batalla Final por Lady Sol en Inkitt
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La Batalla Final

Sinopsis

En vísperas de la batalla definitiva que decidirá el futuro del mundo mágico, Harry se ha propuesto hacer del que tal vez sea el último cumpleaños de Draco algo inolvidable. Disclaimer: El universo Harry Potter es propiedad de JK Rowling. Yo solo selecciono mis personajes favoritos y hago que se den como a cajón que no cierra.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
Lady Sol
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo Único

Nota: Este oneshot es la continuación de "Regalo de cumpleaños" si no lo habéis leído, recomiendo que vayáis a leerlo primero, para darle un poco de contexto al porno. Si no os apetece leerlo antes, os aclaro que esta historia es un AU donde la guerra duró más tiempo.


Obviamente aquí hay contenido sexual explícito. Si eres menor, lee bajo tu propia responsabilidad y, sobre todo, no me digas lo menor que eres.


En fin, nada más, os dejo con la historia.



★ . • ° • . ☆ . • ° ✾ ° • . ☆ . • ° • . ★



Draco observó cómo a su alrededor, una a una, todas las manos fueron levantadas. Las primeras en alzarse lo hicieron de forma contundente, con el ímpetu del guerrero; las siguientes, más dubitativas; y las últimas en hacerlo, con clara reticencia. Pero fuese como fuese, todas las manos de aquella habitación terminaron en el aire, irguiéndose por encima de las cabezas de sus propietarios.


Ya estaba hecho, la decisión estaba tomada, el voto afirmativo era unánime. No había vuelta atrás, mañana partirían hacia la que esperaban sería la última batalla.


No negaría que estaba nervioso, aunque su mano hubiera sido una de las primeras en alzarse. Él estaba tan harto de aquella guerra como todos, y sabía que no podían estar mejor preparados de lo que ya lo estaban. Aún así, saber que se lo jugarían todo a una última carta, que el transcurso de los acontecimientos del día siguiente marcarían el final de todo por lo que llevaban luchando durante años... Todo eso le tenía temblando.


No fue consciente de la voz de Minerva Mcgonagall, dando por finalizada la qué tal vez sería la última reunión de la Orden del Fénix en tiempos de guerra, hasta que todos los demás integrantes empezaron a levantarse y moverse a su alrededor. Se dio prisa en imitarlos, esperando que nadie se hubiera dado cuenta de su pequeña vacilación, de como por un instante se había perdido en sus temores.


Observó cómo el número 12 de Grimmauld Place iba vaciandose a medida que los miembros de la orden abandonaban la sede central mediante aparición o por red flú. Él pensaba hacer lo mismo, la chimenea de su casa estaba cerrada a cal y canto, nadie, ni siquiera él mismo, podría entrar a través de ella. Algunos lo tildarían de paranoico por ello, pero él prefería prevenir que curar. Por eso, esperaba pacientemente su turno para salir a las puertas de la casa, al pequeño espacio protegido por el encantamiento Fidelio que quedaba fuera de las barreras anti aparición, cuando una voz a sus espaldas le hizo girarse.


—¿Puedes quedarte un momento después de que todos se hayan ido? Tengo que hablar contigo.


El tono de voz y la extrema seriedad del rostro de Potter le hizo tensarse inmediatamente. Cualquier cosa que el héroe pudiera querer hablar en privado con él, en vísperas de la última batalla, sin duda no podía ser nada bueno.


Draco sabía bien cuál era su papel en la Orden del Fénix. Además de las pequeñas tareas como sanador, disciplina en la que se habia formado en el propio campo de batalla, con tutores de dudosa reputación, sabía que solo recurrían a él cuando había que hacer algo de dudosa moralidad, cuando se requería un hechizo oscuro, cuando alguna tarea era demasiado innoble para que un honorable miembro de la luz la llevase acabo. Puede que Draco no gustase a todo el mundo, puede que sus maneras de proceder no fueran las más ortodoxas, pero su falta de escrúpulos y su determinación eran necesarias entre tanta nobleza, y eso la orden lo sabía.


Por tanto, si Potter quería hablar con él a solas, lejos de oídos demasiado inocentes para escuchar lo que fuera que tenía que contarle, debía ser porque aún quedaba algún cabo suelto, una última tarea desagradable que resolver antes de lanzarse de cabeza contra el enemigo. Bien, si así era, aceptaba su rol y su destino, terminaría con ello cuanto antes y se retiraría a descansar antes de lo que bien podría acabar siendo su último día sobre la tierra.


Habiéndose marchado el último integrante de la orden, Draco esperó a que Potter le soltara la bomba, de pie, en medio del salón, indicativo indiscutible de las ganas que tenía de marcharse de allí de una vez, pero Potter no parecía tener prisa alguna.


Se acercó al aparador y sirvió dos vasos de whisky, le tendió uno de ellos, invitándole a tomar asiento con un gesto de su mano. Aquello le hizo tensarse aún más, debía ser algo gordo si Potter estaba dando tantos rodeos.


Aceptó el vaso y se sentó en uno de los sillones individuales con cierta reticencia, Potter lo imitó, ocupando el asiento central del sofá que estaba justo enfrente de él, en completo silencio, mirándole fijamente a los ojos de una manera que lo puso terriblemente incómodo. No pudo más con aquella tensión.


—Suéltalo ya. —Le espetó— ¿Que tarea horrible necesitas que haga? No irás a decirme que aún queda algún horrorcrux por destruir, ¿Verdad? Porque si es así más te vale que seas capaz de resolver eso antes de mañana o la batalla no tendrá ningún sentido.


—¿Por qué piensas que quiero pedirte algo así? —Preguntó con una voz extremadamente calmada que le ponía los nervios de punta.


—¿Por qué si no querrías verme a solas?


—Quería desearte un feliz cumpleaños, aunque dadas las circunstancias puede que feliz no sea la palabra correcta.


—¿Y para eso tanto misterio? — bufó enfadado— Ya me habías acojonado, pedazo de imbécil. ¿Y desde cuándo sabes tú cuándo es mi cumpleaños?


—Desde la escuela.


Draco se apretó el puente de la nariz, delatando con ello su cansancio y la tensión que acumulaba. Decidió cortar aquella estupidez por lo sano, lo único que quería era llegar a su casa y prepararse lo mejor posible para la batalla definitiva.


—De acuerdo Potter. Gracias por los buenos deseos. Me largo de aquí.


Se levantó y le dió la espalda sin miramientos, caminando hacia la puerta con claras intenciones de marcharse y no alargar más esa charla absurda, pero la voz del chico de oro le hizo detenerse de forma inmediata.


—Si no recuerdo mal... Te debo un regalo de cumpleaños.


Se tensó sin remedio. Incrédulo ante las palabras de Potter. ¿De verdad estaba hablando de lo que él creía que estaba hablando? Aquello no había pasado, nunca hablaban de ello, y si nadie más lo sabía es que nunca pasó. Era un acuerdo tácito entre ambos, ocultar aquel desliz de una noche, ebrios de alcohol, adrenalina y miedo. Había sido un desahogo sin importancia, y ninguno de los dos había vuelto a mencionarlo en casi un año. ¿Y Potter creía que la víspera de una batalla era el mejor momento para traer el tema a colación?


—No sé de qué me estás hablando. —Mintió al tiempo que los nervios que creía ya esfumados volvían de nuevo a asentarse en su estómago.— No me debes nada.


—Yo creo que sí. De hecho, tú mismo me lo dijiste el año pasado, que ya sabías lo que querías que te regalara por tu cumpleaños.


Vale, Potter quería jugar. El problema era que él no estaba de humor para juegos.


—Aquello no pasó. Olvídate del tema.


—Aquello no pasó y lo que pase esta noche tampoco tiene por qué salir de aquí. —Replicó encogiéndose de hombros.


—Una vez es un error. Un pequeño descargo en un momento de debilidad. Dos veces ya es reincidencia. Deja las cosas como están, Potter, es lo mejor para todos.


—Lo he dejado estar durante todo el maldito año. No querías hablar de tema, querías fingir que nada había pasado y que todo seguía exactamente igual y lo respeté. No te he molestado con esto en absoluto, y si estoy volviendo a hacerte la misma propuesta esta noche, es porque las circunstancias de hoy se me asemejan mucho a las de entonces. Ambos podríamos morir mañana ¿Que tienes que perder?


—¿Mi última noche sobre la tierra, quizás?


—¿Acaso tienes alguien mejor con quién pasarla?


—¿Y eso a ti que cojones te importa? —Cruzó los brazos, poniéndose inmediatamente a la defensiva. No era un secreto para nadie que toda su familia luchaba en el otro bando, y que él había sido inamoviblemente repudiado cuando decidió que no quería formar parte de aquella barbarie.


Tampoco Potter estaba equivocado al suponer que ya no le quedaban amigos cercanos, la mayoría estaban muertos, y los que continuaban con vida se habían convertido en algo muy lejano a lo que fueron en la escuela, algo con lo que Draco no quería tener nada que ver. Pese a todo, la pulla implícita en la pregunta le molestó sobremanera.


Potter levantó la palmas de las manos en gesto de paz, sorprendiéndole con una calma pasmosa que ya comenzaba a irritarle.


—No pretendía atacarte. Tampoco yo tengo una opción mejor, por si no lo habías notado.


Draco bufó con incredulidad, molesto por lo que pensaba que no era más que una mentira piadosa.


—Permítame que discrepe, Potter. Estoy seguro de que más de la mitad de los miembros de la orden estarían más que encantados de pasar las horas previas a la batalla compartiendo anécdotas y chascarrillos con el chico de oro.


Ahora fue el turno de Harry de bufar como un gato enfadado.


—Cualquier otra noche te daría la razón, pero cuando uno se encuentra a las puertas de la muerte, lo que quiere es estar con su familia, y yo de eso no tengo.


—¿Y los Weasley? —Preguntó tratando de ignorar la punzada de lástima que le había sobrevenido sin previo aviso.— ¿Granger?


—Ron y Hermione me aceptarían con ellos, sin duda, pero sé que preferirían estar a solas una noche como hoy, y no voy a ser tan cabrón como para imponerles mi presencia. Y el resto de los Weasley... Más de lo mismo, cada uno tiene su propia familia ya, y Molly y Arthur estarán aterrados ante la posibilidad de perder a alguno de sus hijos... No me apetece aparecer por allí y vivir estas últimas horas con tensión, masticando el miedo de que un ser querido muera. Prefiero canalizar la ansiedad de otra manera. Y ahí es donde entras tú.


—Osea, que lo único que quieres de mí es que sea una especie de terapia anti estrés —Comentó a medio camino entre la burla y la molestia.


Potter solo se encogió de hombros.


—Interprétalo como quieras, Malfoy. Te he hecho una propuesta, eres libre de aceparta igual que eres libre de marcharte.


—Si decidiera quedarme... ¿Que implicaría exactamente?


Potter esbozó una sonrisa ladina. Sin duda alguna, el muy cabrón sabía que ya había caído, quizás lo hubiera hecho desde el primer momento y toda aquella conversación no había sido más que el teatrillo previo que su orgullo le obligaba a representar.


—Lo que tú quieras que implique.


La sonrisa ladeada y el brillo travieso en los ojos verdes le molestaba sobremanera. Esa confianza, esa tranquilidad, esa pasmosa calma llena de lujuria en un hombre que debería estar aterrado a las puertas de lo que tal vez fuera su propia muerte... Era exasperante, quería callarle la boca.


—Si no recuerdo mal... Tú tenías un talento especial desconocido para el vulgo.


La sonrisa de Potter se hizo más amplia. Se levantó del sillón en el que estaba sentado y caminó hacia él con andares felinos y un destello de picardía en los ojos.


—Así es. Y estoy seguro de que llevas todo este tiempo pensando en eso cada vez que te tocas a ti mismo. —La distancia entre sus cuerpos ya era inexistente. Potter se le había pegado tanto que podía sentir el aliento a menta y whisky de fuego sobre la piel de su rostro. Tragó saliva, respirando de manera entrecortada por la expectación.— ¿Con cuantos has estado desde entonces? ¿Has pensado en esa noche mientras estabas con ellos? ¿Pensabas en mi lengua lamiendote? ¿Recordabas como tu polla se enterraba en mi garganta? Estoy seguro de que sí.


Tembló. A pesar de su reconocido y estudiado autocontrol, aquellas palabras le hicieron temblar, elevando un par de grados la temperatura de su sangre.


No había estado con muchos más chicos desde aquella noche, no era su prioridad en medio de una guerra, y tampoco confiaba lo suficiente en nadie del mundo mágico como para exponerse de esa manera. Sus encuentros se limitaban a polvos anónimos en los baños de algún bar muggle, con chicos de rostros que olvidaba nada más terminar, y de los que no se molestaba en aprender sus nombres. Pero Potter tenía razón en algo, había pensado en aquella noche, en aquella lengua y en aquella garganta. Había recreado toda la escena en la intimidad de su mente infinidad de veces, cada vez que estaba con alguien, cada vez que se masturbaba... Cada vez que había tenido ocasión en realidad.


No contestó. No estaba dispuesto a exponerse a corazón abierto y tampoco creía que Potter le creyera si mentía descaradamente. En su lugar inclinó ligeramente la cabeza, atrapando el suave mentón de piel morena entre sus dedos, y besando de una vez por todas aquella boca tan descarada, que hablaba demasiado y hacía cosas demasiado sucias.


Las manos de Potter ya reptaban por su cuerpo, palpando todo aquello que querían por encima de la ropa, iniciando un viaje que tenía destino en sus nalgas, las cuales apretaron con fuerza, atrayéndolo más al cuerpo ajeno, hasta que sus pelvis se tocaron y una incipiente erección rozó contra la suya, que ya había hecho acto de presencia en cuanto Potter se le acercó.


Ondeó la cadera, buscando una fricción más estrecha y enredando los brazos en la cintura firme de músculos tonificados. Los años y la guerra habían hecho maravillas en el escuálido adolescente que fue en sus tiempos de escuela, el Potter adulto era infinitamente mejor, más fuerte, más duro, y mucho más sexy.


Cuando sintió como el moreno batallaba con el cierre de sus pantalones, liberó sus brazos para poder buscar su varita en la manga de su túnica. En cuanto la halló, los desnudó a ambos con una impaciente floritura que arrancó un resoplido de risa del moreno mientras sus ropas, mágicamente desterradas de sus cuerpos, se esparcían sin orden ni concierto por toda la habitación.


—Vaya, Malfoy, me sorprendes. Si te soy sincero, esperaba algo más de resistencia por tu parte.


Miró el cuerpo que tenía delante de arriba a abajo, recreándose los ojos a placer. Potter era todo un espectáculo para la vista, el cuerpo fuerte, sin un gramo de grasa, duro como una piedra y la piel morena plagada de cicatrices... Todo el conjunto era una invitación al pecado, al olvido, a dejarse arrastrar por aquella marea y olvidarse aunque sólo fuera por un rato de todos sus problemas.


—Cállate. —Gruñó colocando las palmas de sus manos sobre los hombros de Potter, empujándolo ligeramente hacia abajo, llevándolo a donde realmente quería.— Ocupa tu lengua en algo mejor que las palabras.


Obtuvo solo una sonrisilla de superioridad que le resultó irremediablemente familiar, era la misma que le brindó en aquella única ocasión en la que habían estado juntos, cuando se jactaba de tener una lengua mágica.


Cuando le tuvo de rodillas ante él, con su miembro erecto rozando superficialmente sus labios, tuvo que aferrarse aún más fuerte a los hombros anchos y fuertes para disimular sus piernas temblorosas.


Había fantaseado largo y tendido con eso, con volver a tener esa boquita tan sucia a su disposición.


Apresó la nuca ajena haciendo garra con sus dedos al mismo tiempo que envolvía su miembro con la otra mano y lo pasaba de un extremo a otro de los labios entreabiertos. Potter sacó la lengua y lamió con ella la punta de manera sutil, ligera, antes de apresarla entre sus labios de una forma que a Draco se le antojó como una parodia de un beso. Estaba jugando, torturándole exactamente igual que lo había hecho en aquel piso franco de la orden. Pero al contrario que aquel día, esta vez Draco tenía libertad de movimientos, y no pensaba mantenerse quieto.


Subió la mano que aún tenía sobre su nuca hasta enredarla en los cabellos oscuros, tirando de ellos quizás con demasiada fuerza, obligando al moreno a echar la cabeza hacía atrás, conteniendo un gemido que escapó de sus labios rojizos en forma de jadeo. Apretó el glande contra aquella boca sacrílega, que se abrió inmediatamente para recibirle.


Draco era consciente de que su tamaño era algo más grande que la media, y hacia su mejor esfuerzo por contenerse y no follarse esa boca hasta el fondo, previendo un ahogamiento accidental si lo hacía. Pero entonces, Potter hizo eso. Esa cosa extraña que Merlín sabría como demonios lograba hacer con la garganta. Su miembro se deslizó limpiamente por la estrecha, suave y húmeda cavidad, al mismo tiempo que las manos de Potter viajaban inmediatamente a su caderas, anclándose allí y ejerciendo a modo de tope para evitar que envistiera a su propio ritmo.


—Joder... —Masculló con los dientes apretados.— Tienes... Tienes que decirme... Como cojones... Haces eso.


Le costó sangre, sudor y lágrimas pronunciar la maldita frase, alternando cada palabra entre gemidos ahogados. La lengua de Potter no dejaba de moverse en torno a su miembro, lamiendo en círculos a todo lo que daba, mientras entraba y salía hasta lo más profundo de su garganta y notaba como sus bolas chocaban con el mentón ajeno a cada succión profunda. Nadie más en su vida se la había chupado así.


Potter no dijo nada, pero un eco risueño reverberó a lo largo de su miembro, un resoplido de risa mal disimulado. Afianzó el agarre que tenía sobre sus cabellos y empujó hacia delante, internándose aún más en su garganta, las manos sobre sus caderas apretaron los dedos a modo de advertencia, la indicación estaba clara, Potter quería hacer las cosas a su manera.


Dejarse llevar no era algo que estuviera en su naturaleza, necesitaba tener el control en todos los aspectos de su vida, y el ámbito sexual no era una excepción. Pero la ocasión merecía la pena.


Lo dejó hacer, lamer y succionar a su antojo, limitándose solo a gozar de los expertos toques que estaba recibiendo, con la vista fija en aquel rostro congestionado por el esfuerzo, observando como los ojos verdes se humedecían y un fino hilo de saliva resbalaba de sus labios para ir a morir sobre el suelo de madera.


La vista que tenía ante si ya era suficiente para hacer que hasta el más frío de los amantes estallara inmediatamente, presa de un estado de éxtasis para todos los sentidos. Aún así, hizo su mayor esfuerzo para contenerse, alargando el momento todo lo posible, centrándose en el aquí y el ahora, disfrutando de la lujuria en su estado más puro, mientras sentía como todos sus temores, su inseguridad respecto a la inminente batalla y su miedo al fracaso, se desvanecían poco a poco, quedando relegados a una parte de su cerebro que no tenía cabida en ese momento.


Un firme apretón en sus testículos y una mano aferrándose a su trasero con fuerza fue lo único que necesitó para que todo su autocontrol se fuera a pique, haciendo vibrar su cuerpo como una cuerda de guitarra, derramándose en lo más profundo de aquella garganta sin fondo, sin siquiera darle tiempo a avisar de lo que estaba apunto de ocurrir. El orgasmo fue como una supernova, rápido, breve, imprevisible, pero tan intenso como para arrasar todo un planeta.


Sus piernas temblaban como las de un cervatillo recién nacido, incapaces de sostenerle. Se dejó caer al suelo de rodillas, quedando de esa forma a la altura del moreno, que se había sentado sobre sus talones, y lo miraba con un indudable gesto de socarronería.


—¿Siempre eres así de engreído? ¿O solo cuando logras que alguien se corra en tu boca? —Se burló, no sin cierta dificultad, mientras trataba de regular su respiración.


Potter rió sin vergüenza alguna, inclinándose sobre él de forma seductora.


—Solo cuando consigo que alguien se corra en mi boca, en menos de tres minutos. —Contestó con una sonrisa altanera.


Ahora fue el turno de Draco de soltar una risilla nerviosa. Le encantaba ese descaro mezclado con orgullo que Potter lucía, como si esa habilidad suya fuera su mayor talento, uno que mereciera ser exhibido y presumido. Quizás hasta tuviese razón.


Lo atrajo a un beso, más suave, más lento, mientras su cuerpo se iba recuperando poco a poco de las reacciones post orgásmicas que lo invadían. La ardiente erección ajena se le clavó en el muslo, delatando el estado de necesidad de su portador. Llevó su mano a ella, acariciando lánguidamente, despacio, delineando cada vena, disfrutando del tacto aterciopelado contra su piel.


—Deberíamos ocuparnos de esto. ¿No te parece?


—Necesitarás un poco de tiempo para recuperarte.


Draco esbozó una media sonrisa, una idea interesante cruzando por su mente.


—No necesariamente. —Se medio arrastró unos centímetros por el suelo para alcanzar su varita, que había quedado tirada de cualquier manera entre sus ropas— Siéntate allí, en el sofá.


Potter lo miró con una ceja alzada, pero no le cuestionó e hizo lo que había pedido sin mostrar reticencia alguna. Mentiría si dijera que esa disposición a obedecer que tenía el héroe del mundo mágico no le gustaba.


Se levantó, caminó hasta el sofá de manera deliberadamente lenta, varita en mano y los ojos fijos en la nada desdeñable erección que le incitaba desde allí


El rostro de Potter era lujuria pura, él le gustaba, lo veía en sus ojos, le encantaba verle así, caminando hacia el sofá, desnudo y con la varita en la mano. Se notaba que estaba más que dispuesto a dejarse llevar hacia donde Draco quisiera. Tal entrega hacia que su ego se elevara hasta la estratosfera.


Con un pequeño movimiento de su mano, y un conjuro básico de inmovilización, en un instante lo tuvo anclado al sofá, completamente quieto, incapaz de moverse. Aplicó un par de hechizos más sobre sí mismo, esos que hacían que todo fuese más fácil, y sin darle tiempo a un confuso y expectante Potter de cuestionar nada, se montó a horcajadas sobre él.


Delineó con la punta de los dedos la enorme cicatriz que le cruzaba el pecho desde el hombro hasta el abdomen, la que él mismo le había curado el día que lo rescató de aquel castillo infernal. Él también tenía una buena cantidad de cicatrices surcando su piel, las más vistosas eran las de su torso y su cuello, causadas precisamente por el hombre que tenía debajo, el resto se las había ido ganando a pulso batalla tras batalla. Pero desde luego, ninguna era tan terrible ni llamativa como la que ahora tocaba, había sido una herida muy aparatosa, y había sudado lo suyo tratando de cerrarla mientras el héroe suicida seguía inconsciente, pero había sanado bien, la marca que ahora quedaba le resultaba tentadoramente sexy, le daba a su portador un aspecto fiero y peligroso que a Draco le atraía sobremanera. La recorrió de un extremo a otro con la punta de su lengua, deteniéndose a morder sin fuerza el pezón partido por la mitad, logrando así arrancarle un gemido impaciente al moreno mientras se rozaba lentamente con la erección estratégicamente colocada entre sus nalgas.


Frunció el ceño inconscientemente cuando comenzó a empalarse a sí mismo. Los hechizos ayudaban, pero no eran perfectos y no restaban todo el dolor y la molestia inicial que la intrusión ejercía. Además, él no era muy dado a adoptar ese rol, había pasado mucho tiempo desde la última vez que se había visto asumiendo ese papel. A pesar de todo, no pudo evitar esbozar una sonrisa burlona ante el gesto incrédulo que compuso Potter cuando comprendió lo que estaba haciendo.


—Creía que eras de esos a los que les gusta llevar siempre la voz cantante en todo. —Masculló Potter a duras penas.


—¿Que te hace pensar... —Medio habló medio gimió con los dientes apretados, aún tratando de acostumbrarse a las sensaciones que la intrusión ejercía sobre su cuerpo.— ...Que tú tienes algún tipo de control en esta situación?


Remató sus palabras dejándose caer con fuerza sobre su regazo, y arrancando con ello un gemido gutural de los labios de Potter, que ya comenzaba a luchar contra el conjuro de inmovilización, tratando de liberar sus brazos.


Comenzó a moverse deprisa, usando los hombros del héroe como punto de anclaje, danzando sobre su regazo como y cuando quería, haciendo con su polla lo que le daba la gana, mientras disfrutaba de los jadeos y gruñidos ajenos, y de su lucha por salir del influjo de su hechizo.


—Déjame tocarte. —La súplica le encendió como el fuego de una chimenea en pleno invierno. Pero eso solo hizo que se reafirmase en su intención de dejarlo tal y como estaba.


—No.


Echó su cuerpo hacia atrás, aferrándose a la nuca de Potter con los brazos estirados, anclando firmemente las rodillas entre los cojines del sofá, y cambiando así el ángulo de la penetración, en busca de aquel punto que tan bien se le daba encontrar en otros cuerpos.


Potter gruñó ante su negativa y redobló sus esfuerzos por tratar de librarse del hechizo. Pero Draco apenas le prestó atención, atrapado en el latigazo de placer que le sobrevino al dar por fin con la postura exacta que le permitía rozar su próstata una y otra vez en cada movimiento. Cerro los ojos, echando la cabeza hacia atrás y moviendo las caderas en círculos, subiendo y bajando de manera frenética, impulsandose únicamente con la fuerza de sus piernas, cuando de repente todo su torso se vio rodeado por unos brazos fuertes y duros, que lo apresaron en una cárcel de carne y músculo, tirando de él hacia adelante y pegándole al cuerpo al que pertenecían. Contra todo pronóstico, Potter había conseguido librarse de su hechizo de inmovilización.


Atrapado en ese abrazo avasallador, lo sintió moverse debajo de él, envistiendo de forma certera, con una de sus manos asentada en la parte superior de su espalda, mientras la otra bajaba hasta su trasero y apretaba una de sus nalgas, siendo él quien ahora marcaba el ritmo.


—¿Cómo has... —Comenzó a preguntar, realmente sorprendido de que Potter hubiera logrado deshacer su conjuro, pero fue interrumpido antes de que lograra formular su pregunta.


—Luego te lo explico. —La respuesta del moreno vibró en su garganta, donde unos dientes empezaban a clavarse de manera intensa, acompañados de unos labios que succionaban y una lengua que lamía la sensible piel. Dejó escapar un par de jadeos y gemidos ahogados, asumiendo que ya no podía tener el control absoluto y dispuesto a disfrutar de la experiencia a pesar de su reticencia.


Trató de moverse por sí mismo, recuperar un poco del terreno que había perdido inesperadamente.


Potter pareció darse cuenta de sus intenciones y dejó de elevar las caderas, ajustando sus movimientos al ritmo que Draco marcaba, pero ya sin mantenerse inmóvil en absoluto. Sus manos acariciaban y palpaban todo aquello que estuviera a su alcance, subiendo y bajando por su espalda, rastrillando la piel con las yemas de los dedos; se aferraban a sus nalgas, apretándolas y separándolas; reptaban por su torso, recorriendo sus abdominales y delineando sus pectorales...


—Joder... —Masculló entre dientes cuando los dedos ensalivados de Potter envolvieron su miembro y comenzaron a masturbarlo, creando un fricción ardiente y húmeda que, unida a los golpes rítmicos en su próstata, amenazaba con mandarle de forma inminente hacia el segundo orgasmo de la noche.


—Deja de contenerte. —Los ojos verdes estaban fijos en los suyos, brillando en fuego y lascivia, y un escalofrío le recorrió la espina dorsal.— Quiero ver cómo te corres.


Todo estalló. Una nube blanca ocupó el lugar de su cerebro mientras que intensas descargas eléctricas recorrieron hasta el último nervio de su cuerpo. Sentía su piel hormiguear y una sensibilidad extrema en la punta de su miembro que Potter estaba acariciando con el pulgar. Convulsionó un poco por el esfuerzo, un instante antes de que el torso firme y plagado de cicatrices que tenía enfrente se pegase al suyo, envolviéndolo entre los músculos de sus brazos, sosteniéndole sin dejar de embestir desde abajo, acompañando su orgasmo mientras buscaba el suyo propio que no tardó en llegar.


—Ojalá pudieras ver tu cara cuando te corres —Potter jadeó con la frente pegada a su pecho— Es lo más jodidamente sexy que he visto en mi vida.


Draco dejó escapar una risilla nerviosa, apoyando todo su peso en el cuerpo que lo sostenía, agotado después de tanto ejercicio.


—Lo tendré en cuenta —Bromeó aún con la respiración agitada.


Se concedió a si mismo unos segundos más para recuperar el aliento antes de levantarse de encima de Potter, provocando que su erección saliera y los restos de semen chorrearan por sus muslos. Torció el gesto de forma inconsciente, odiaba esa sensación de suciedad que le quedaba después del sexo. Se agachó para buscar su varita que había dejado caer de cualquier manera. La encontró medio oculta debajo del sofá, debía haberse caído y rodado hasta allí sin que se dieran cuenta. La tomó y lanzó un hechizo de limpieza sobre ambos, sintiéndose mejor instantáneamente.


Se dejó caer de nuevo en el sofá, al lado de Potter, que sonreía repanchingado de cualquier manera, con los ojos cerrados y aspecto relajado. ¿Se estaba durmiendo? Esa capacidad de caer como un muerto después del sexo le despertaba la envidia, quien pudiera dormir así, sin pesadillas ni sobresaltos.


Pensó que ya no le quedaba nada más que hacer allí, así que reunió su ropa y comenzó a vestirse, dispuesto a marcharse a su casa ahora que todo había acabado. Pero Potter abrió un ojo al percibir el movimiento a su alrededor y se incorporó en el sofá, abandonando su postura relajada para mirarle con el ceño fruncido.


—¿Te marchas?


—Creí que te habías dormido.


—Casi. Pero no. De todas formas, no tienes por qué irte, puedes quedarte a dormir aquí si quieres.


—Eso pondría las cosas un poco raras ¿No crees?


Potter se encogió de hombros.


—Las cosas en mi vida siempre son raras, esto no lo va a empeorar.


Draco se rió y cediendo, aunque solo fuera temporalmente, terminó de ponerse los pantalones y volvió al sofá.


—La verdad es que hay algo que no quisiera marcharme sin preguntarte. —Potter hizo un gesto distraído con su brazo, dándole a entender que podía preguntar lo que quisiera— ¿Como te has librado del hechizo de inmovilización? Ni siquiera llevabas tu varita encima.


—Ahh eso... —Sonrió tímidamente y Draco fingió que el aspecto infantil que ese gesto le hacía lucir no le daban ganas de besarle. No iba a poner las cosas aún más incómodas de lo que ya eran— En realidad... Eso es culpa tuya.


Alzó una ceja, confundido por la respuesta.


—Explícate.


—Bueno... Aquella vez, en el piso franco de la orden, me ataste con un incarcerous, y traté de deshacerme de él por todos los medios, tengo que admitir que llegados a cierto punto estaba bastante desesperado, y aún así no pude hacerlo. Eso me hizo pensar que si algún mortífago me atrapaba de la misma forma, iba a estar realmente jodido y no en el buen sentido. —Esbozó una pequeña sonrisa pícara y le guiñó un ojo antes de continuar— Así que he pasado este último año practicando para librarme de hechizos de atadura o inmovilizadores estando desarmado, y mira, parece que tanto entrenamiento ha dado sus frutos.


—Tiene sentido. —Reflexionó— Aunque es una pena que...


Se calló a mitad de la frase, enrojeciendo inevitablemente al darse cuenta de lo que había estado a punto de decir.


—¿Qué es una pena?


—Nada. —Se apresuró a contestar. Casi se le escapa que sería una pena no poder volver a inmovilizarle, dando por sentado que lo acababa de pasar iba a repetirse. Y no, no iba a hacer eso, y mucho menos teniendo en cuenta que tal vez los dos morirían dentro de unas horas. No tenía sentido plantearse nada más allá de aquella noche, quizás literalmente no tuvieran un mañana.


Volvió a sentir el peso del mundo sobre sus hombros cuando la bofetada de realidad caló en su pensamiento. Lo habían pasado bien, pero al día siguiente les esperaba una dura prueba, la prueba definitiva, tal vez la última de sus vidas. Tenían que mentalizarse y descansar, y si se quedaba allí, no harían nada de eso, precisamente.


—Voy a marcharme, Potter. Y tú deberías ir a dormir, mañana tienes que estar al cien por cien de tu capacidad.


—Harry.


—¿Qué?


—Que después de todo lo que hemos hecho, creo que puedes llamarme Harry.


—Creo que me quedo con Potter. ¿Pero sabes qué? Gana mañana, vence a Voldemort, haz una de tus cosas disparatadas de héroe que nos sorprenden a todos, y luego vuelve a preguntarmelo. Quizás la respuesta sea distinta.


Se puso en pie, tomó su camisa arrugada del suelo y caminó hacia el punto de aparición sin molestarse en ponérsela, se iba directo a casa. Pero la voz de Potter le retuvo una vez más.


—Si ganamos mañana, y te pido que te quedes a dormir ¿La respuesta también será distinta?


Se giró, brindándole una sonrisa burlona, desandó lo andado y regresó hasta el sofá, inclinándose sobre él y dejando un último beso sobre sus labios.


—Quizás.


Caminó hacia el punto de aparición, con una sonrisa juguetona en el rostro y ya sin intención de detenerse, si lo hacía, sabía que al final no se iría, se quedaría allí toda la noche y eso era algo que no les convenía a ninguno de los dos.


Sus átomos ya giraban deshaciéndose en el proceso de aparición cuando alcanzó a escuchar la voz de Potter una vez más.


—Feliz cumpleaños, Draco.


FIN.

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Impactante

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Bien escrito

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Trama absorbente

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Buenos personajes

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Diálogos potentes

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