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⩩📞| 𝙋𝙃♡𝙉𝙀 {𝐄𝐌𝐈𝐋𝐈𝐎 𝐅𝐋𝐎𝐑𝐄𝐒}

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Sinopsis

(RESUBIDO DE LA APP CON LA W EN NARANJA) ♡ Emilio, un militar dulce, disciplinado y de corazón noble, se ha vuelto tu mejor amigo por las casualidades de la vida. Han compartido mucho desde que se conocen y se sienten el confidente del otro. Como suelen hacer cuando está en la base militar, le has llamado por la noche para saber de su día, sin saber que te deparaba aquella llamada. ♡ ONE SHOT DE EMILIO +18 ♡ ADVERTENCIA; Este one shot contiene una "sex-call", además de incluir vouyerismo y exhibicionismo. Si no te gustan estos fetiches, NO ABRIR. Este one shot es tanto canon para la línea temporal alternativa de POLYGLOT como para la línea temporal alternativa de TARÁNTULA. Emilio Flores es un personaje original (por sus siglas en inglés, OC) mío, por lo que esto es un producto neutro. De más está decir, NO ACEPTO REINTERPRETACIONES NI COPIAS DE ESTE SHOT.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
Bobifresa
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

No es amor, solo es lujuria.


La tenue luz roja de las luces LED en mi habitación es lo suficientemente brillante para que pueda ver por donde camino. Con una mano sostengo mi cabello en una cola baja mientras con la otra la peino con un cepillo para quitar los nudos mientras aún sigue el cabello ligeramente húmedo. El suave aroma de aceite de coco y el jabón de avena es relajante y me siento al borde de la cama para contemplar mi borrosa imagen en el espejo. Un débil suspiro sale de mis pulmones y dejo sobre la mesita de noche el cepillo que parece ser la única compañía que tendré en un tiempo. Me tomo un momento para poder recostarme ligeramente sobre el colchón y veo a mi lado la parpadeante luz de mi teléfono al recibir una notificación.


Alzando una ceja, tomo el teléfono y lo desbloqueo con una mano, intentando con una mano mantener el equilibrio de mi cuerpo mientras veo la notificación .


[Emilio; 8:47 pm]

"¿Estás ocupada?"

"Me hace falta algo de compañía"


Al leer los mensajes, una suave sonrisa se dibuja en mis labios, inclino mi cabeza hacia un lado, pensando que responder.


Emilio y yo nos conocemos hace un tiempo, quizás hace unos meses. Un hombre militar de ensueño: Dulce, caballeroso, que mantiene sus ideas políticas y su trabajo al margen, sensible y como la cereza sobre el pastel, es un hombre guapo. Con su cabello castaño rapado bastante bajito, ojos verdes que parecen tener brillo único, la piel cremosa y tosca, cicatrizada por su oficio como militar y unos lunares que decoran muy bien su cuerpo. Un hombre totalmente simpático, con quien desde el principio hemos tenido una increíble química como amigos y poco después nos hemos vuelto confidentes.


Me recuesto sobre la cama totalmente, sosteniendo con ambas manos el teléfono y puedo escuchar en la radio una canción distintiva; Sons de Concorde. Como si el ambiente fuese perfectamente narrado. Esta es mi canción favorita. Exhalo con algo de tranquilidad y tecleo al hombre.


[Tú; 8:48 pm]

"He salido de ducharme."

"¿La base militar es tan aburrida?"


Es complicado saber que pasa en esas horas que no estoy. He ido a visitarle un par de veces, muy temprano en la mañana siempre. En una rutina ajetreada donde la base me queda de paso a mi trabajo y hago una pequeña parada para saludarle. Hay soldados que me reconocen, quienes le llaman cuando no está cerca. Y de algún modo, esa ha sido la mayor interacción que he tenido con su trabajo, sin saber a profundidad que hace.


El teléfono vuelve a sonar y he abierto de inmediato su notificación.


[Emilio; 8:50 pm]

"No realmente, solo de noche, si soy honesto."

"No tengo mucho que hacer :/."


He reído por debajo de mi aliento y he tocado el ícono de un teléfono para llamarle. Las llamadas se han vuelto parte de una rutina no escrita entre los dos. Tal vez una o dos veces en semana nos llamamos solamente para hablar, para hablar del trabajo o simplemente hablar de algún chisme que nos interese a ambos. La conversación sobre Hailey Bieber y Selena Gómez fue entretenida; tal vez no tanto como la de Taylor Swift con Kanye West, pero fue muy relajante.


¿De qué hablaremos hoy?


Escucho el teléfono sonar por un par de segundos y veo por unos segundos mi reflejo en el espejo una vez más. La camiseta de algún equipo de baseball que habré robado de mis hermanos mayores y un short hasta encima de las rodillas que aprieta la carne ligeramente; un conjunto cómodo, sencillo y al cual estoy acostumbrada a este punto. Ruedo en la cama para quedar contra mi abdomen y por fin escucho la voz del castaño.


— ¿Hola? ¿Me escuchas?— Me dice desde el otro lado, algo preocupado de que la señal esté interfiriendo. He sonreído con algo de ingenuidad ante sus preguntas.


— Te escucho más que bien. ¿Cómo te fue? — He preguntado en una voz suave, sintiendo algunas gotas de mi cabello algo húmedo aún caer sobre mis brazos.


— ¡Bien! Espero no estuvieses ocupada.. solo necesito algo de compañía. — Ha susurrado con una voz que detonaba vergüenza, como si le diese pena admitir aquello.— Discúlpame si has tenido que aplazar algo.— Ha agregado


— ¿Qué? Nada que ver, por Dios. Es viernes en la noche, no tengo nada que hacer mañana. En parte me alegra que me hayas llamado. — Le respondo en un tono más animado, a lo que puedo escuchar al de ojos verdes reír. — ¿Cómo te fue en el trabajo?— Le pregunto


Ha habido algo de silencio por un momento de parte del castaño. Podía escuchar un suave pero rechinante sonido metálico, que me da a entender que se está acomodando en su cama, de la que solo he podido ver fotos. Una cama individual minúscula comparada a su tamaño, sin embargo, creo que ha aprendido a dormir en ella, puesto que no sufre de calambres o dolores de espalda. Tras un par de segundos rechinantes, escucho un leve quejido salir de la garganta del pálido y no he podido evitar reír.


— ¿Te duele algo, abuelo?— He bromeado contra el teléfono, a lo que Emilio ha reído.


— Muy graciosa. Solo tengo los pies molidos, no tienes ni idea.— Ha pensando por unos segundos como continuar aquella conversación.— El trabajo estuvo bien, los nuevos cadetes andan algo problemáticos, se acerca Halloween y se comportan como niños pequeños. Han creído que era buena idea llenar de avena toda una pared.— Ha dicho el hombre entre suaves quejidos en forma de suaves "s" que hacía con la punta de su lengua.


—Disfrutaste de sancionarles, por lo que veo.


—Como no tienes ni idea. Los pobres no querrán volver a ver una astilla en sus vidas.— Se ha burlado un poco. Al ver que solo me mantenía en silencio, ha agregado. — ¿Y como te fue a tí? No me has dicho absolutamente nada de tu trabajo hoy.


He reído con algo de nerviosismo. No por nada particularmente malo, si no porque no había nada de interesante que contarle. Así que he pensado por unos segundos qué decirle. Inclino mi cabeza hacia un lado y me decido al final por algo sencillo.


— Realmente no tengo mucho que decir, es mucho más de lo mismo todos los días. Un jefe molesto, compañeros de trabajos haciéndome reír y la máquina de café se ha vuelto a romper.


— ¿¡Otra vez!?


—Sí, otra vez.


Hemos reído de forma muy ligera por unos segundos y me he girado despacio para quedar con la espalda contra la cama. He peinado un par de cabellos fuera de mi rostro y he vuelto a mantener la conversación a flote.


— En la tarde he hecho la compra, he conseguido huevos bastante baratos, siéndote honesta. Y la leche ha subido de precio.— Tal vez contarle algo tan banal no le interesa. Sin embargo no parece interrumpirme. — Y los árboles de aquí han empezado a tornar sus hojas de color naranja. No puedo esperar a poder lanzarme contra los montos de hojas caídas.


— Eso suena como una actividad que disfrutas demasiado. — Ha dicho en un tono un poco más suave y bajo el de cabello castaño.


— ¿Y como no? Es invierno pero sin nieve, frío, comidas ricas, excusas para comer dulces todo el día... es perfecto. — He bromeado un poco a lo que el castaño ríe.


—Mm.. tienes razón.


He escuchado un suave tintineo bastante lejos de el micrófono, pero se ha captado muy ligeramente.


— Continúa hablando, quisiera escucharte un poco. — Ha susurrado el chico, en un tono relajado, entre adormilado y embriagado. Como si estuviese borracho.


— ¿Estás bien? — He preguntado de forma casi de inmediata.


— ¿Mm? Sí, solo estoy acomodándome un poco en la cama.— Ha reído el chico antes de suspirar. — Solo que gritar tanto en la base militar me ha dejado la garganta lastimada. Quisiera que hables tú.. si no es mucha molestia.— Ha agregado


—Eso tiene más sentido. No hay problema. Acomódate en la cama, sí? Hablaré un rato para que puedas dormir a gusto. Si roncas me burlaré.— He bromeado


— Yo no ronco.


— Sí que lo haces. Tienes cara de roncar; Y mucho.— Los dos hemos reído y he pensado por un segundo. — ¿Te parece mejor si te leo algo?


— Lo que sea, tu voz es relajante y eso es lo que cuenta.— Ha dicho en un tímido gruñido bajo.


— Está bien, está bien. A ver, creo que te puedo contar sobre las vacaciones que tengo planeadas para navidad. Puedes apuntarte si así lo deseas.


— ¿En serio puedo?


— Claro, si encuentras un boleto de avión para las fechas puedo hacerte un cupo. Encontré un Airbnb bastante barato para las fechas, Dios, precioso. Un jacuzzi y sauna espectaculares, iremos unos amigos y yo, aprovechando que sus hijos se quedarán con los abuelos. — He reído. — No planeamos hacer nada extravagante, harán una cena pequeña y cantaremos reggeaton viejo hasta quedarnos afónicos.— Puedo escuchar a Emilio reír algo bajo.


— Mándame los detalles, eso suena como unas vacaciones de ensueño para mí.— Ha susurrado, raspando su voz.


— Me parece, lo haré en cuanto tenga tiempo.— Un suave sonido de la garganta del castaño se escapa, como un gruñido en forma de aseveración. — Dios, ojalá y caiga nieve el día de navidad. Amo la navidad con nieve, si todo sale bien, será precioso de ver la aurora borealis y la nieve caer.


He tomado un pequeño respiro y parte de el pegajoso aceite de coco cae por mi frente, a lo que he bufido en frustración, intentando no parecer totalmente molesta.


— ¿Correos del trabajo? — Pregunta Emilio


— No, es el aceite para el pelo. Lo unté muy mal y ahora está cayendo por mi frente y me siento algo sucia. — He bromeado un poco.— Ni siquiera creo que penetre tan bien el pelo.


— Pues a mí me gusta como deja tu pelo. Se ve muy suave.— Ha agregado


— Ese es el punto, dejarlo suavecito.— He reído con algo de ingenuidad. — ¿Qué más te gusta?


— ¿Mm? ¿Sobre tu pelo? Cuando lo llevas en trenzas... y en coletas. Es.. lindo. — Ha respirado hondo, al parecer intentando no dormirse en el proceso.— Perdóname, tu voz es muy relajante y dulce. Sigue hablando..


— Está bien. Sabes, a mi me gustan tus ojos. A veces brillan muy lindo. Y cuando me mandas tus selfies de recién despertado tus ojos se ven.. lindos. — He dicho de forma nerviosa. — Pareciera que siempre sueñas lo más bonito del mundo.


— Es raro.. casi nunca sueño.


— ¿Y eso? Pensé que eras un espíritu creativo, con eso de que cantas a veces con tus amigos. — Le he preguntado.


— Creativo sí que soy, mucho. No tienes ni idea. Pero no tengo casi sueños, puesto que no es en base a creatividad, si no de.. deseo del inconsciente. — Me ha respondido. Se ha tomado un segundo en el que puedo escuchar como humedece sus labios. — No necesito soñar. Tengo casi todo lo que quiero.


— ¿Casi?


— Casi. Tampoco me hace falta lo que no tengo. A veces sí, pero no es nada grave. —Ha dicho en una voz ligera.


De forma curiosa, me he acomodado en la almohada y he soltado un suspiro, intentando formular bien la pregunta.


— ¿Y con qué sueñas?— He dicho finalmente


Se hace un silencio profundo en la llamada, escuchó la respiración de el castaño. Pesada y sutilmente agitada. Un débil gruñido ahogado sale de su garganta e intenta no sonar frustrado.


— ¿Honestamente? Contigo.— Ha soltado sin más, como si le causase cero remordimiento. Suspira de una forma que hace que tenga un escalofrío. Balbucea por lo bajo algo inaudible, algo que no puedo comprender.


— ¿Perdón?— He murmurado.


— Que sueño contigo, mami. No es difícil de entender. — Se ha reído de forma nerviosa, tal vez arrepintiéndose de lo que acaba de decir.


— No, sí lo entiendo. Pero a ver.. — He tomado una pequeña pausa, tragando saliva, relamiendo mis labios. — ¿Por qué conmigo? Y más importante: ¿Qué sueñas?


Realmente es algo obvio.. pero caer en conclusiones me ha llevado a metidas de pata. Por lo que dejo que hable.


— No creo que quieras saber a detalles.— Ha bromeado con algo de timidez. Su voz es suave, rasposa, como si le costase hablar e intentase mantenerlo en susurros.— Solo debes saber que sueño contigo.


— Tal vez si te pregunto es porque quiero saber. Quizás, eh? No sé— Le he susurrado en un tono más suave, como una caricia a su oído.


—Mierda..


— Entonces.. ¿Me dirás?


En unos segundos, la tensión ha escalado de forma rápida, haciéndose palpable. Es difícil de ignorar y mi respiración se hace algo pesada.


La idea de él, fuerte y hasta intocable para mí, teniendo cualquier tipo de sueño conmigo es algo incluso erotico. Imaginar su rostro, la respiración caliente y cada reacción posible me parece incluso un festín. Siempre ha habido una barrera de respeto que solemos tener hacia el otro, sin embargo, se ha acortado mientras más cercanía nos tenemos. Empezó con ligeros abrazos y besos en la mejilla al vernos mutuamente, escalando despacio hasta encontrarnos con su brazo sobre mi hombro en los encuentros que tenemos en bares y karaokes. Su rodilla rozando la mía y yo apoyando mi cabeza en su hombro. Situaciones inocentes que nos hacen sentir el tacto del otro; la piel del otro.


Creo que eso nos está pasando factura de algún modo.


— ¿Realmente entre nosotros no existe la demasiada información? — Me ha preguntado, con la voz ligeramente cortada.


— No, no existe eso. Así que dime.. ¿Qué has soñado? — He preguntado de nuevo


— Que hacemos cosas.— Ha respondido de forma muy vaga, a lo que hemos reído.


— Emilio, vamos, dime.— He dicho algo entre frustraciones, sintiendo mi cuerpo ligeramente caliente.


— Tal vez que te beso. Sí.. Tal vez he soñado eso. — Me responde ya un poco más bochornoso. — A veces usas un brillo labial rojizo, hace parecer que tus labios están hechos de dulce.— Ha agregado entre risas.


— ¿Y te gusta cuando lo uso?


— La verdad es que sí. Sueño que lo usas. Y que me besas con él puesto, tus labios saben muy bien, a cereza..—Mientras más habla, su voz se vuelve más firme, tomando confianza en lo que dice.— Y tu figura es muy pequeñita. He soñado más de una vez que te cargo en brazos.


Mi corazón se acelera al escuchar esto e intento no ponerme nerviosa. Si bien Emilio es alto, no me considero realmente una muchacha bajita. Entro perfectamente en una estatura promedio. Río con algo de nerviosismo ante sus palabras y me humedezco los labios.


— ¿Sabes? Podrías cargarme y ver si realmente sabe a cerezas. — Le he susurrado, sintiendo una sutil presión en el pecho. Puedo escuchar su respiración pesada por el otro lado del teléfono, balbuceando, como si buscase las palabras correctas.— Si vamos a hablar de cosas que nos gustan.. a mí me gustan tus manos. — He dicho en forma de que se sienta cómodo compartiendo lo que hay en su mente.


— ¿Mis manos?


— Sí, son grandes y.. el tatuaje en tu mano izquierda es lindo, peculiar incluso. Me parecen atractivas; más porque son toscas.— He explicado, cerrando mis ojos, haciendo una imagen mental de sus manos. Me he mordido el labio, suspirando al aire.— Es lindo cuando haces cosas sumamente delicadas; tu apariencia algo ruda y tus manos rasposas pueden ser gentiles cuando quieren.


— Mm.. contigo quiero ser gentil, en todo caso.— Ha dicho entre risas nerviosas.— Tu piel es sumamente suave y no me perdonaría si de algún modo le hago daño.— Esa aseveración hace que mi piel se erice. Tomó una bocanada de aire e intento no parecer intrusiva.


— A mí me gustaría verte siendo rudo a veces, sabes?— Le he susurrado en ese tono suave que parece darle escalofríos al castaño. Sus reacciones a través del teléfono me generan un cosquilleo en la parte baja y como si no tuviese control sobre mi cuerpo. Los dedos me pasean por el abdomen y mi piel respinga a mi propio tacto. — Siempre tratas tan bien a todos.. que no pega con tus manos, con tus ojos.— He tentado las aguas un poco.


— Si vamos a hablar de cosas que nos gustarían hacer y de rudezas.. pues me gustaría halarte el cabello. He soñado eso un par de veces. — Susurra Emilio de forma bochornosa. — Halarte ese bonito cabello tuyo y poder besar tus labios es una escena muy..


— ¿Muy...?


— No, debo parar. Si lo imagino a detalles voy a ser irrespetuoso. — Ha respondido el castaño con algo de nerviosismo. — Y yo a tí te adoro.. entonces no.


Se ha formado un ligero silencio, donde el ritmo de esta conversación va a ser marcado por mi siguiente paso. La tensión es palpable, casi tan presente como para ser cortada con un cuchillo. Pero debo respirar hondo, los nervios me carcomen.


— ¿Seguro que eso es lo que deseas? No me molestaría saber qué estás imaginando.— Le he preguntado con mi mano en mi abdomen y la respiración algo caliente y pesada. Su respiración parece estar igual, chocando sutilmente contra el micrófono de su teléfono.


— Deja de hablarme en esa voz. Solo haces que cualquier pensamiento que tengo sobre tí se vuelva más sucio.— Me ha respondido, como una plegaria que su mente pide a gritos que ignore. Puedo imaginar su rostro en un débil puchero y la idea de que justo como yo, sus dedos se pasean por su abdomen entrenado de forma tentativa me mata.


— Entonces paro; pero me causa una terrible curiosidad. Tal vez también tengo cosas por contarte.— He molestado un poco y escucho un débil gruñido provenir de su garganta.


— ¿Si te digo me dejarás de molestar?


— Tal vez.. O tal vez te ayude a imaginar cosas mejores.— Le he respondido


El silencio nos inunda a los dos. Los grillos fuera de casa se hacen presentes y por el teléfono puedo escuchar los búhos haciendo su cántico fuerte y característico. Me he lamido los labios por un segundo, sintiendo el miedo revolotear por mi estómago.


¿He ido demasiado lejos?


¿Considera esto una falta de respeto?


Mi garganta se seca e intento pensar en cómo cambiar el tema de conversación.


— Más de una vez he soñado con tu piel, con tu tacto. Y que puedo besarte como se me da la gana.— Ha dicho sin más. Ha soltado un suspiro de alivio al hacerlo. — Creo que es obvio de algún modo.. que busco siempre tu contacto físico.— Ha agregado a la conversación, ahora algo dudoso de sus palabras.


—Sí, se nota un poco. Pero me gusta cuando lo haces. Se siente.. de algún modo íntimo. Por favor, continúa.— Le he susurrado.


— He soñado con tus labios, con tu cuello.. con tus hombros.— Le he interrumpido.


— ¿Mis hombros?


— Sueño con poder besarlos.. y de algún modo poder marcarlos con mis dientes. — La forma con la que habla tiene ligereza, su voz tiembla un poco pero la temperatura sube en sí mismo y a su vez, su voz es rasposa. — Cuando usas camisetas que enseñan tus hombros, vestidos en escote cuadrado.. Dios, perdóname por pensar en tí de la forma que lo hago.


Sus confesiones, su voz, el cómo puedo imaginarme cada una de sus acciones por el otro lado del teléfono; todo hace que mi cuerpo y zona baja se calienten de sobremanera, haciendo que por instinto aprete mis piernas una contra la otra, subiendo mi sensibilidad. Entrecierro los ojos, perdiéndome entre su respiración pesada y mis manos tentándome a mí misma en saber si lo que estoy a punto de hacer tan siquiera es bueno.


— ¿Por qué no la próxima vez que nos veamos.. cumplimos tus sueños?— Le he dicho en forma de invitación. — Tal vez yo tengo ganas de lo mismo. De tus labios contra los míos, de mis manos en tus hombros; de tus manos sobre mi cuerpo, tocándome donde tú quieras. — He agregado y la respiración del castaño se respinga.


— No digas esas cosas. No me estás ayudando..


— ¿Ayudando a qué?— He dicho en un tono un poco más irritante, para escucharle frustrado. Gruñe por debajo de su aliento e intenta no impacientarse al parecer.


— A no tocarme mientras escucho esa vocecita tuya.— Ha dicho en un tono más rasposo, algo molesto incluso. Se lame los labios y aclara su garganta antes de continuar. Para este punto mi piel está erizada y solo intento escucharle con atención. — ¿Eso querías escuchar o querías que fuese más explícito?— Ha agregado a regañadientes.


— Deja de hablar así; en ese tono de voz. Tampoco la estoy pasando de rositas aquí. — Le he reprochado, respirando hondo. — Déjame escuchar más de lo que hay en tu cabeza. Solo por una noche... y si no te gusta, haremos como que esto nunca pasó.— Le he propuesto entre susurros. El castaño se ha quedado callado, dubitativo.


— ¿Por qué me propones esto?


—Porque los dos parecemos querer.. solo que tenemos que dar un paso.


El silencio...

La tensión...

El deseo...

Tan palpable.


Queremos hacer algo y está en nuestras manos si dejar que nuestros instintos jueguen por sí solos. Sin testigos, sin ningún peligro tan siquiera. El único rastro que habrá tan siquiera de esta pequeña y juguetona aventura...


Será el historial de llamadas de cada uno.


Con algo de frustración escucho la voz del castaño una vez más, nervioso incluso.


— ¿Es buen momento para decir que llevo un rato ya?— Ha dicho ansioso. Mis ojos se abren por unos segundos y todo en mi cabeza empieza a conectar. Solo he podido reírme de nerviosismo. — No estoy masturbandome del todo.. pero ya hace un rato la erección está molestándome. — Termina de confesar.


— Si te hace sentir mejor, mis cuerpo está pidiendo a gritos que me toque. Así que.. creo que lo prudente es que le hagamos caso a lo que queremos.— He bromeado por lo bajo. Mis dedos se deslizan por la bragueta de mi pantalón despacio, tirando hacia abajo para poder quitármelo por mera comodidad.


— Tranquila, tengo toda la noche para esto.— Se ha burlado el castaño. Escucho la cremallera de su pantalón y algo de roce entre el micrófono de su celular y telas, como si se moviese contra la cama.— Tengo toda la noche para imaginarme besándote. Devorando cada parte de tu cuerpo.— Ha susurrado, ahora con más decisión.


— ¿Eso significa que me dirás por fin en qué consisten tus sueños?


— Definitivamente, corazón. — Ha dicho mientras se le escapa su suave y ya algo diluido acento colombiano. — He soñado contigo más veces en las que me gustaría admitir. Sueño que te beso, que toco tu cuerpo.. y que en más de una ocasión..— Se ha tomado una pausa. Conozco a este pobre diablo, probablemente busca no ser vulgar.


— No creo que hagamos el amor. ¿O sí?— Me burlo un poco, a lo que él suelta un bufido.


— No, tal vez una que otra vez. Pero no es la palabra que busco.— Ha hecho un sonido de chasquear la lengua, frustrado.— Digamos que te hago mía.. y solamente mía.


— ¿Oh? Vamos.. cuéntame.


El castaño se toma un segundo, donde escuchó un ligero sonido de roce contra el celular.


— He soñado como te desvisto con mis propias manos. Pienso en como apartar el cabello de un camino de besos que quiero hacer desde tu nuca hasta tu espalda baja, frente a un espejo, así puedo tener una imagen completa de el desastre que haré. — Ha narrado el chico y mis orejas se alertan al escuchar aquella palabra.


Espejo...


Mi cama está justo al otro lado del cuarto, donde hay un espejo gigantesco que separa la habitación del armario. Tomo una bocanada de aire y le propongo.


—¿Deseas ver?


— ¿Perdón?


— Dijiste que querías un espejo para ver todo el desastre.. puedo cumplir eso, ¿sabes?— Le he susurrado y parece que el de ojos verdes se toma un momento para pensar en ello.


— No lo haces solo porque lo mencioné, ¿o sí? ¿Quieres hacerlo?— Pregunta algo escéptico.


— Claro que quiero. Tú solo.. acepta.


Me he arrodillado sobre a la cama, apartando de mi oreja el celular para presionar el icono de videollamada. Veo la cámara frontal abrirse de inmediato por lo que, como un reflejo absurdo, he peinado mi cabello para hacerme ver un poco mejor. Emilio no tardó mucho en aceptar la invitación, solo se ha quedado en silencio viendo lo que reflejaba la llamada. El fondo de color carmesí y yo, la chica con la que ha tenido fantasías que le llenan de vergüenza admitir. Está en su habitación de la base; tiene una casa no muy lejos, en Nueva York, donde es mucho más cómodo. Pero por ahora, la luz tenue de una luz apartada naranja amarillenta es su fuente de luz. Lleva aún el uniforme, se ha despojado de su camiseta y deja reposando en su abdomen el celular, sosteniéndolo con su mano derecha. Su pecho se expande y contrae en un ritmo lento y sus ojos están clavados en mí.


— ¿Las Luces en rojo son para ambientalizar el momento?— Se ha burlado castaño, con una sonrisa pícara, a lo que mis mejillas se acaloran e intento agitar la cabeza suavemente.


— Todo es pura coincidencia, pero.. mira. — He tocado un botón en la pantalla y la cámara trasera se activa, dando paso a mi reflejo en el espejo. Como un niño en navidad, sus ojos se iluminan de ese brillo característico de él. — ¿Todo se ve bien?


— Más que bien; tranquila. Solo.. estoy algo nervioso. — Ha confesado. — No es como que con anterioridad haya hecho esto, ¿sabes? Solo que.. si eres tú realmente esto me parece hasta más emocionante. — Ha dicho con una pequeña sonrisa en los labios.


No he podido evitar reír de ternura ante su comentario, recostándome un poco hacia atrás y alzando la camiseta despacio. Es grande, por lo que incluso sosteniéndola entre los dientes, termina solo exponiendo mi abdomen. La fascinación en los ojos de Emilio me llena de euforia y aún con mis rodillas contra el colchón, he empezado a abrir las piernas, exponiendo contra el reflejo del espejo la ropa interior blanquecina.


— No tienes que taparte la boca, quiero escucharte si haremos esto. Más cuando.. bueno, cuando incluso estaré viendo lo que haces. — Dice Emilio, por lo que mis labios sueltan la tela de la camiseta y ha sonreído de gusto. — Que rostro tan precioso tienes, maldita sea. Mantén la cámara así, — Ha pedido por lo que asiento.


— Y bien? Dime.. ¿Qué sucede en ese sueño?


— Bueno, estoy desde atrás, besando tu nuca, tus hombros, paseando mis manos sobre tu vientre. Como puedo ver en el reflejo del espejo tu rostro lleno de lujuria, de deseo, de ganas de que seamos uno. Sueño como me tomo mi tiempo, jugando con tu pecho por un rato, dejando que recuestes tu espalda en mi pecho y como expones las caderas más a la luz.— Narra a la perfección; y como si fuesen órdenes no escritas, cada una de sus acciones narradas, las interpreto despacio.


Tengo un par de almohadas en mi espalda, almohadas que me ayudan a lograr la pose que narra Emilio. Mi espalda ligeramente hacia atrás y mis caderas se deslizan hacia al frente. Parece que es justo como imaginaba, ya que sus pupilas se dilatan y sus labios se abren un poco. Ha asentido despacio y mi mano ha empezado a pasear en mi vientre mientras la otra sostiene el teléfono; tarea algo incomoda, la verdad. Y de mi vientre ha ido despacio por debajo de mi camiseta hasta acariciar uno de mis senos. El movimiento es lento y la sugestión de la luz al hacerlo debajo de la camiseta parece fascinarle a Emilio, puesto que ha empezado a jadear.


— Creo que podría escucharte un rato más. ¿Puedes continuar?— Le he preguntado a lo que asiente entre jadeos


—Quédate justo así... He imaginado como una de mis manos juega con tu pecho y la otra mano juega sobre tus muslos.. claro que en este contexto no puedes hacerlo. Pero tranquila. Solo escúchame y decide cuándo ir al siguiente paso.— De forma casi instintiva sabe que tiene el control de lo que estoy haciendo, sin embargo parece querer darme esa libertad de escoger cuando y cómo hacerlo.— He soñado como tus piernas se abren a mi tacto, el como poco a poco podría deslizar mis dedos por debajo de tus faldas.


— ¿Te gusta cuando uso falda? — Le he preguntado con una sonrisa algo tímida, a lo que Emilio solo ríe.


— La verdad es que sí. No todas, pero hay una especifico que me encanta.— Ha cerrado los ojos y deja un gemido bajo salir de su garganta.— Esa falda de tablones que usas.. la de color beige.— Ha suspirado y una sonrisa de dibuja en sus labios.


— Parece gustarte mucho esa. — Los ojos de el castaño se abren por un momento y se pasean por su cuarto, pensando en que decir.


— Si me dejas frotarme contra tí con esa falda puesta no me quejo.— Ha dicho entre burlas. — Porque solo Dios sabe la de veces que he tenido que controlar mis deseos frente a tí.


He deslizado mi mano fuera de la camiseta, llevándola desde mi muslo a mi rodilla en un vaivén tentativo. Viendo cada una de las reacciones del castaño. Sus ojos se entrecerraban al momento que se acercaban a la bragueta de mi ropa interior y volvían a abrirse en cuanto se paseaban hacia mi rodilla. Mis dedos dan vueltas y me generan un ligero cosquilleo que contengo en una sonrisa suave.


— ¿Por qué controlarte ahora? Vamos, dime lo que piensas.


— No es lo que pienso, es lo que deseo. Y cada que te veo en esa falda, con tus ojos llenos de felicidad y ese labial es en arruinarte. En romperte. — Confiesa con algo de frustración. Sus palabras me llenan de adrenalina y le escucho con atención.— En esa misma posición, solo deseo ver como abres tus piernas y dejas que mis dedos se paseen por donde yo quiera, cuando yo quiera. — Ha agregado de forma casi que inmediata al ver mi reacción.


— Sigue.. continúa hablando. — He pedido en un susurro bajo.


Tal vez sea la tensión del momento, el como mi cuerpo anhela que haga caso a mi excitación o tal vez sea lo calienta y húmedo que puedo sentir mi sexo con solo el roce por las dos cosas que ya mencioné; pero deseo tocarme para él. Deseo que vea cada uno de mis movimientos y el como poco a poco me empiezo a derretir entre sus palabras. Mis dedos se frotan sobre la ropa interior blanca y sin mucho esfuerzo, la tela se carcome entre mis labios húmedos y me deslizo como un tobogán de arriba hacia abajo. La sensibilidad está por los cielos, una mezcla de sensaciones entre el placer y el alivio que me genera el tocarme aunque sea un poco, me llenan de una euforia brutal que solo me incita a continuar. Veo por un segundo la pantalla, la mano que está fuera del encuadre de Emilio y que no sostiene el teléfono, se agita despacio igualmente. Me pregunto como lo hará. ¿Un ligero masaje? ¿Aún se despoja de su bóxer? La intriga de hacer esto juntos mas no tener muy claro las acciones de él me parece excitante. Por lo que no hago preguntas; dejaré que si él desea, lo revele.


Mi garganta deja escapar bajos y muy gentiles gemidos que parecen ser la mayor perdición de Emilio, quien entrecierra y asiente despacio, dejándome saber que lo estoy haciendo bien. Abro un poco más mis piernas para dejarle ver una bochornosa vista a como mis dedos se revuelven en mi sexo sobre la ropa interior. El castaño tira su cabeza hacia atrás, intentando no perderse ninguno de mis movimientos, como un coyote deleitándose con su presa.


— Así me gusta, mami. Hazlo despacio. Déjame ver cómo te desesperas, está bien? Hablaré el tiempo que sea necesario para ello.— Ha dicho con una sonrisa. — Vamos, déjame ver. ¿Te gusta que te diga a detalles todo lo que he querido hacerte? — Se burla un poco.


—Por Dios, cállate, claro que me gusta. — He reprochado, sintiendo como mis mejillas se enrojecen ante su pregunta. Intento mantener la compostura y un ritmo lento ante sus palabras.


— Que linda eres. Tan frágil; como si pidieras a gritos que mis dedos te moldearan a mí, mientras te lleno de besos, mientras cada parte de tu cuerpo es marcada con mi nombre. — Susurra Emilio, a lo que deja soltar un gemido bajo. Se ha lamido los labios y aleja un poco su cámara y devela su secreto.


Tiene unos bóxers ajustados, color gris sucio. Puedo ver perfectamente cómo se marca la silueta de su erección hacia un lado, su mano masajea de arriba hacia abajo el tronco y la punta tiene una muy visible humedad que me parece algo erótica. Parece que mi cara me delata, puesto que sostiene un momento el tronco y lo levanta un poco, dejando que pueda ver la tela humedecida. He sonreído con timidez y Emilio ha reído, sabiendo muy bien que lo que acaba de hacer me llena de deseo. Ha vuelto a acomodar su teléfono sobre su abdomen y me ha visto en silencio la pantalla, el como mis dedos van de arriba hacia abajo sobre la ropa interior. Se muerde el labio, en trance con lo que ve, sin embargo, cierra los ojos y se deja un momento la cabeza hacia atrás.


— Dios mío, no me puedes atraer tanto. No me puedes estar haciendo esto. — Ha susurrado contra su propio aliento. — He tenido sueños húmedos donde solo te tengo para mí. Donde sudas, gritas, gimes, donde parece que llorarás del placer. Donde dejas tus labios manchar cada parte de mi piel.


— Emilio..— He gemido despacio, sin poder reaccionar de forma coherente ya a lo que me dice. La punta de mis dedos apretan la tela contra mi sexo y solo jadeo su nombre una vez más. Su atención va directamente hacia la pantalla y sus ojos se abren del asombro. Sus pupilas se dilatan un poco incluso.


— ¿Sí? Dime..— Me ha pedido


— Solamente cállate y mira. ¿Sí? — Le he suplicado. — Dios, no sé qué más hacer.. solo pedirte que me mires.


Sus ojos clavados en mí

Sus gemidos y jadeos

El claro efecto que tengo en él


Todo se complementa para que mi cuerpo sólo desee complacer una sucia fantasía que parece haber despertado a base de esta llamada. Meto mi dedo pulgar dentro de la bragueta de mi ropa interior y tiro de ella, dejándola solo sobre una de mis piernas, liberando mi sexo de aquella tela que ya está empapada. Jadeo desesperada y mi mano va una vez más a mi sexo, caliente y húmedo que parece suplicar que haga caso a mi instinto carnal y primitivo. Mis dedos se deslizan por mi clitoris despacio, en movimientos circulares que no tardan en hacerme gemir por lo bajo. Gimo el nombre del castaño por lo bajo y mis ojos se cierran. Pongo el mayor esfuerzo en que mi mano se mantenga en posición y mi celular no caiga, puesto que siento debilidad en mi cuerpo. Mis labios se abren un poco y puedo sentir mi propia respiración caliente.


— Sigue así, vamos.. déjame ver.— Ha susurrado el de ojos verdes a lo que he asentido.


Escucho por su parte como se mueve un poco. Pero me enfoco en mis propias acciones y en sus gemidos. Masajeo cada parte suave, con una sensibilidad que no puedo comprender. Me lleno de alaridos que poco a poco se vuelven más altos y como si no fuese suficiente con mis gemidos y los de Emilio, a la sinfonía de sonidos se ha sumado un ligero y viscoso chapoteo de su parte. He abierto despacio mis ojos, avergonzada de no poder controlar mi deseo en este momento, de estar haciendo esto con él. Sus ojos están entreabiertos y un rubor también es bastante notorio en su rostro. Bajo el ritmo de mis dedos para poder tomar aire y hablarle.


— ¿Estás bien? ¿Qué pasa?— He jadeado


— ¿En serio quieres que te diga? — Ha respondido de igual modo. — Creo que esto es algo que quisieras ver más que el que yo te lo diga. — Ha agregado algo más bochornoso de sí mismo.


He asentido despacio y tras meditarlo un par de segundos, me ha dejado ver. Separa su cámara un poco de nuevo, enfocando su parte baja, de fondo se ve como si buscase un ángulo donde sea cómodo y más atractivo a la vista. Tal vez menos amateur. Ha mirado alrededor y ha dejado su teléfono en una pequeña mesita de noche que tiene contra su cama, apoyándome de lo que creo es su fuente de luz. Puedo ver desde un costado todo su cuerpo; desde su rostro en un perfil precioso que exalta su nariz en gancho, pasando por su brazo tatuado con un tribal y decorado con pecas y lunares hasta llegar hasta su cadera desnuda, con sus pantalones ligeramente hacia abajo y su amontonado bóxer. Sostiene su miembro con su mano y tira su cabeza hacia el lado para poder verme, con una sonrisa que mezcla su dulzura natural con la picardía que emana este momento.


— ¿Mejor? — Me ha preguntado en su tono que parece acariciar mi oído.


Mis ojos están expandidos, impresionados por la escena que estoy viendo. Su miembro tiene una ligera capa transparente y brillante y su mano tiene un vaivén lento que genera un sonido de chapoteo viscoso que hace que mi cabeza se funda en el calor que me produce. He asentido ante su pregunta y mis dedos han vuelto a su ritmo principal. He cambiado los movimientos, yendo de arriba hacia abajo, no solamente en el clitoris, si no que se deslizan por todo mi sexo hasta llegar hasta la entrada a mi interior y vuelven a subir para torturar un poco. He dejado mis labios entreabiertos y mis gemidos se vuelven mas altos al ver como su mano se mueve al ritmo que yo estoy marcando a través de la cámara. Mis piernas tiemblan ligeramente y reclino mi espalda un poco más hacia atrás, un gruñido se escapa de los labios de Emilio al verme.


— Así, ahora.. ¿Por qué no me dejas ver como entran, princesa?— Me ha preguntado y aquel apodo hace que mis mejillas se acaloren.


— No me llames así, Dios.


— ¿No? ¿Prefieres otros nombres?


— No es eso.. es que me gusta de más ese. — He dicho algo avergonzada.


— Conque es eso.. Entonces hazlo para mí, sí? Hazlo para papi. — Ha susurrado.


Siento un escalofrío en mi parte baja y he asentido de inmediato a su petición. Cierto los ojos y de forma lenta, he dejado que a la hora en que mis dedos se deslizan hacia abajo, se inserten despacio. Entran con facilidad debido a mi humedad y que no es la primera vez que uso mis dedos. Tiro mi cabeza hacia atrás, jadeando, llena de placer, casi embriagada en este. El castaño gruñe, jadea, intento que la mano que sostiene el teléfono no me falle, pero mi cuerpo se debilita ante el placer. Abro mis labios y dejo que mis dedos se deslicen de adentro hacia afuera, encorvo estos para que den en las áreas más sensibles y mis fluidos hacen un sonido de chapoteo suave que incluso para mí es erótico. En pequeñas pausas, dejo mis dedos en mi interior, agitando la punta de estos despacio de arriba hacia abajo, tocando ese punto de nervios que está adentro. Es ahí donde mis gemidos parecen no tener control, donde mi cuerpo cede a lo que siento.


— Mierda, mierda, mierda. — Susurra Emilio repetidas veces, jadeando, como un animal hambriento. Sus gemidos son calientes y parecen estar en sincronización con los míos, perfectamente hechos para que pueda escucharlos. — Despacio, no quiero arruinarte tan rápido.


— Dios, no me hagas esto.— Le he suplicado en un débil sollozo.


— Puedes hacerlo, sé que sí. Lento, deja que tu cuerpo engulla tus dedos.


He agitado mi cabeza en desesperación, como si no pudiera más con lo que escucho salir de su boca. Mis dedos se vuelven un vaivén lento complementado con su mano haciendo coros suaves en su miembro. Me mareo un poco y tengo que levantar un poco mi cabeza para no embriagarme en el placer. Jadeo despacio, viendo como el castaño poco a poco asiente, lamiéndose el labio. Con ello, agita su mano un poco más rápido y he seguido su ritmo. La forma que toman mis dedos y como mi cuerpo poco a poco sube su sensibilidad me pierde en un trance indescriptible. Agito un poco mis caderas y el dorso de mi mano roza mi clitoris, haciéndolo incluso más placentero. Mis pies se ponen en punta y levanto un poco las caderas.


— Princesa, despacio.. Déjame ver. Déjame ver como te vas arruinando poco a poco.


Su voz hace que llore; no por un dolor o una tristeza que no siento. Si no por el placer intenso que me genera. Dejo que mis caderas se relajen y mis dedos tocan el area más sensible en mi interior. Un alarido se escapa de mi garganta y mis piernas se apretan contra mi mano. Emilio se alerta y por un momento ha fijado su atención total en mí.


— ¿Estás bien? — Ha preguntado en seco


— Sí, no te preocupes, es solo que.. — He jadeado por lo bajo. — Ahí se siente bien.


El castaño toma un momento para pensar, cerrando los ojos y luego asiente.


— Hazme un favor, sí? Quiero que sigas, que te dejes llevar. Solo quiero que me dejes ver tu rostro al terminar. No quiero ver el espejo..— Se ha tomado un momento para pensar. — Solo tu rostro.


Su petición me deja desprevenida y he mirado un momento la pantalla. Él sonríe con dulzura, casi de una forma que parece querer darme comfort. Con la mano algo temblorosa, relajo mi cuerpo y he hecho que la llamada refleje mi cámara frontal. Mi rostro está ligeramente sudado y mis ojos algo llorosos del placer. Es mucho más cómodo verle, el cómo se masturba, puedo ver como apreta con su dedo índice y pulgar el glande y cada que lo hace, jadea y gime. Como el sonido que hacen sus movimientos es casi burbujeante, cremoso. Me he lamido los labios y en cuanto mi cuerpo se relaja un poco, he vuelto a mover mis dedos en mi interior.


Engullo mis dedos cada que entran y anhelo cada que salen; mareada entre jadeos, puedo sentir un par de lagrimas resbalarse por mi rostro debido al placer. Siguiendo su comando, el ritmo de mis dedos ha empezado a coincidir con mi deseo: desenfrenado y lujurioso, vulgar para cualquiera que me conoce. Las palabras de este hombre hacen que me sienta en una nube intoxicante de placer, que parece contagiarle a el también, puesto que el chapoteo se vuelve más pertinente y marcado. He lloriqueado por lo bajo y mis piernas se relajan, abriéndose un poco más para mi comodidad. Mi cuerpo se agita cuando doy en los lugares que me hacen débil y mis labios se abren.


— Emilio, Emilio estoy cerca. — He sollozado entre gemidos y jadeos, agitando mi cabeza.


— Vamos, dámelo, princesa.— Ha susurrado. — Sigue, estoy cerca, mami. — Ha agregado mientras ladea su cabeza.


He seguido sus instrucciones y agito mis dedos de adentro hacia afuera como gusto y placer me da. He rodado mis ojos y de mi garganta se escapa un chillido agudo. Me mareo un poco y siento la sensibilidad de mi sexo desbordarse. Como una ola de calor en mi cuerpo, todo explota en un fuerte cosquilleo que me avisa que estoy a punto del clímax. Apreto mis dientes un poco e intento tomar aire por mis fosas nasales, algo en lo que fallo estrepitosamente y termino gimiendo su nombre. Aún en el trance que me produce esta situación, puedo escuchar que Emilio está en una situación igual; gimiendo mi nombre repetidas veces, maldiciendo bajo su aliento y el rechineo de su cama se hace cada vez más fuerte. Entonces, llegamos juntos a el clímax. Como si nuestros cuerpos estuviesen el uno para el otro, gemimos una última vez en un ahogado gruñido el nombre del otro y todo se vuelve silencio. Mi rostro está sumamente caliente, enrojecido, como si tuviese una terrible fiebre. He entreabierto los ojos y el rostro de Emilio está contra una almohada que está a su lateral. Ambas manos están en su miembro, la derecha sosteniendo su tronco y la izquierda, cubriendo el glande, probablemente para no crear ningún desastre. En cuanto su rostro se descubre, puedo ver sus labios entreabiertos y sus ojos algo llorosos del placer. Como si no pudiese creer lo que acaba de ocurrir y eso le preocupase, sus cejas están arqueadas y alza la mirada hasta la pantalla de su celular.


— Dios mío, perdóname.— Ha susurrado, algo que no parece estar dirigido a mí. Su respiración agitada parece llenarse de alivio al ver que me encuentro en una situación similar a la de él. — ¿Estás bien? ¿Necesitas un momento?— He reído ante sus preguntas entre jadeos.


— No, tranquilo. Todo está más que bien. Solo estoy.. impresionada. — He respondido algo avergonzada.


— ¿En el buen sentido o en el mal sentido? — Ha bromeado el chico


— Cállate. Sabes a qué me refiero.


— Sí, sí lo sé.— Muy despacio, ha llevado su mano derecha hasta la mesita de noche y ha abierto lo que suena ser un cajón. De ahí, ha tomado un par de servilletas y ha apartado su mano izquierda. Su miembro está cubierto de semen, que cae hasta la la base despacio y su miembro se contrae un poco, dejando salir un par de gotas más de la punta. —Perdón por eso, déjame limpiar un poco aquí.


He reído un poco mientras veo el proceso, me levanto un poco de la cama, sintiendo las piernas temblorosas y unas terribles ganas de ir al baño. Veo la pantalla de mi teléfono y como el castaño se toma su tiempo para limpiarse despacio, no solo su miembro, si no sus muslos ligeramente sudados y sus manos. Toma una servilleta limpia y seca su rostro de sudor y entonces, toma con sus manos ya limpias su celular.


— Mucho mejor... Oye, este... — Veo un fuerte rubor en su rostro, realmente avergonzado de lo que acaba de suceder. — Perdón si de algún modo dije algo que te incomodase. Yo lo disfruté pero— Le he interrumpido


— Que bueno que disfrutaste, porque realmente yo también. —Le respondo con una sonrisa suave en los labios. Ha entendido el mensaje y ha asentido. — ¿Te molesta si dejo mi teléfono un momento aquí? Debo ir al baño. — Le he dicho a lo que Emilio ha reído y ha negado con la cabeza.


Dejó el teléfono sobre la cama, me he puesto la ropa interior y he salido del cuarto a ir al baño en un paso tembloroso. Mientras estoy sentada, pienso en lo que acaba de suceder. Siento una sensación de vértigo en el estómago, una mezcla de desear que esto se repita y un total arrepentimiento que me carcome. Los dos nos hemos dejado llevar y esto puede costarnos una relación íntima de amistad que siento que puede estar en una cuerda floja. Al limpiarme y bajar la llave del baño, me he mirado en el lavamanos. Unto algo de jabón en mis manos y miro mi reflejo con algo de nerviosismo.


Tengo que saber que piensa Emilio.


Al terminar de lavarme las manos, he vuelto a mi habitación y Emilio parece estar más relajado. Tomo el teléfono y sus ojos se iluminan al ver mi rostro, aunque de igual modo, se llenan de nerviosismo. Ninguno de los dos sabe que decir, ninguno de los dos sabe muy bien como entablar la conversación.


— Así que.. ¿vacaciones de navidad?— Pregunta Emilio


— ¿Cómo?


— Dijiste que puedo ir a las vacaciones de navidad contigo y con tus amigos... ¿No es así? — Su pregunta me toma por sorpresa.


— Ah, claro. ¿Por qué preguntas?— Le he contrapreguntado


— Bueno, en navidad puedo salir de la base.. y podemos pasarla juntos. — Ha susurrado el de ojos verdes.— ¿No te molesta si con el frío de invierno termino durmiendo contigo? — Ha intentado bromear un poco, a lo que he terminado riendo.


— No, no me molestaría, también me gusta dormir acurrucada en las noches frías de invierno..— He pensado por un segundo, pero antes de que pueda agregar algo, el chico habla.


— O tal vez no tengamos que dormir. — Ha dicho de forma ligera; como si se escapase de sus labios. He sonreído al entender su insinuación.


— No, no es necesario dormir. ¿Sabes? Ahora que irás, tal vez sea bueno que lleve otra cosa además de pijamas y camisas feas.— He dicho de forma un poco más calmada. — Tal vez lleve una falda de tablas.


— ¿Y un labial sabor cereza?— Ha preguntado Emilio


He sonreído ante su pregunta y he respondido


— Sí, un labial sabor cereza también.

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