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Una noche era lo que el peliblanco quería. ¿Era tan difícil dárselo?
Habían pasado 3 días desde que su madre lo había visto en aquel callejón inspeccionando la boca de aquel bajito de nariz respingada.
-¡Imperdonable!- dijo la mujer habido ya regresado a su casa junto con el alto. -¿Cómo es posible que tú siendo mi único hijo logres decepcionarme así? me das asco.- concluyó su regaño.
La vida no era justa, eso lo sabía perfectamente y es que, su única familia ahora lo aborrecia. ¿Por qué tenía que ser tan difícil para ella entender que su hijo no iba a acatar al pie de la letra lo "normal"?
Para mala suerte del peliblanco, aquella mujer con la que compartía sangre es la persona más religiosa que conocía. Rigiendo su vida con forma a la palabra del señor.
"vaya mierda" pensó el joven.
[...]
Pasó poco de una semana cuando su progenitora decidió "componer" a su hijo pues, habido pasado su coraje y pena; la mujer fue debidamente aconsejada por la lider de su comunidad religiosa, quien estaba dispuesta y convencida en que "Dios nos pone pruebas en la vida, si tu hijo esta por mal camino debes inducirlo al camino iluminnado de nuestro señor".
Aquellas palabras fueron suficientes para convencerla de disponer ante la voluntad de su hijo, que si bien era mayor de edad y podía dar su opinión no bastaba para ser escuchada por aquella mujer.
-No te estoy preguntando, irás a ese retiro y punto.- le ordenó.
-¿Por qué no solo ouedes aceptar lo que soy? ¿Por que tienes que ser así conmigo?- las palabras de su madre le dolían. Y a quién no lo harían, lo último que un hijo desea de sus padres es apoyo, no recriminarles lo que son.
Desgraciadamente Mingi no disponía de esa comprensión.








