Almas nocturnas

Sinopsis

Después de una serie de eventos extraños, que afectaban su percepción de la realidad, Tweek comenzó un camino de autodescubrimiento. Todo gracias al desconocido que irrumpió en su vida al salvarlo. AU con los superpoderes del juego Retaguardia en Peligro.

Genero:
Romance/Horror
Autor/a:
Ginebra_3
Estado:
Completado
Capítulos:
14
Rating
5.0 2 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Advertencia:no recomiendo leer esta obra. La escribí sintiéndome comprometido a hacerlo, no es para nada mi mejor trabajo ya que no tiene nada de desarrollo.

El gusto a sangre dentro de su boca no impidió que dejara morderse. La carne y la piel adormecida había adquirido una textura similar a la goma, especialmente porque había perdido toda sensibilidad.

No importaba cuantos meses habían pasado ya desde la última pelea en el ring, Tweek nunca perdió la costumbre de vendarse las muñecas y los dedos como si estuviera preparándose para competir.

La tela blanca se manchó con sangre y el moho creciente en la pared gris del callejón. Sabía que estaba mal ser sincero con el psiquiatra, se maldijo por no tener habilidad para mentir. El médico movió la cabeza en un gesto de frustración cuando lo descubrió, la respuesta a su pregunta estaba frente a sus ojos, solo bastaba con echarle una mirada para que descubriera todo su tormento.

Las sombras seguían aumentando con el tiempo, Tweek no había podido ignorarlas cuando aparecían delante suyo con un movimiento serpenteante. Estaban allí cuando despertaba y danzaban alrededor suyo hasta la hora de dormir. Le había mentido a sus padres, ellos habían mantenido la gran ilusión de que ya no necesitaría pastillas diarias para sobrellevar su vida. ¡Había sido tan tonto! No solo no las iba a dejar, sino que debía consumir una dosis que duplicaba a la anterior. ¿Qué tan dormido debía estar para no ser una molestia para nadie?

Arrojó el frasco al lado de un basurero junto a los folletos de personas desaparecidas que inundaban la ciudad, la nieve lo cubriría en unas horas. No volvería a consumir nada que lo hiciera dormir durante el día, no importaba que tan asustado se encontrara, o qué tanto le costara vivir sin lo que amaba.

No había otra forma de sentirse, perdió el motivo de su vida a los veintiún años. ¿Qué más podía hacer? El boxeo lo era todo, lo sabía desde cuando era niño. Ahora no tenía nada más que la vergüenza de una derrota.

Entró por la puerta de servicio del café, los empleados se movían de un lugar a otro como solía ser común en aquel horario. Tweek caminó con el perfil bajo hasta la cocina de panificado, allí solo podían entrar sus padres, algún encargado y él, para su suerte no había nadie. A esa hora de la tarde se comenzaba a hornear los pasteles que servirían al día siguiente.

Se quitó las vendas para meterlas a su mochila, se lavó las manos y el rostro. Dudaba que el agua borrara sus ojos hinchados por el llanto, pero probablemente ayudaría a disimular.

El calor asfixiante de los hornos lo marearon más de lo que ya estaba, era un lugar oscuro, pero lo era aún más por la mala jugada de su mente. Habían siluetas apenas visibles, lo bastante como para considerarlo una molestia. Detuvo sus ojos encima de una que resaltaba sobre las demás, era la más oscura e inquieta, parecía querer acercársele, pero en cuanto lo enfocaba volvía alejarse como si estuviera jugando a las escondidas.

Ignóralas.Ignóralas.

Respiró profundo, cerró los ojos por algunos largos segundos. Solo era su mente, nada real que pudiera lastimarlo físicamente. Ni siquiera los sonidos chillantes e incomprensibles eran otra cosa más que su mente confundiéndolo.

Apenas recordaba la época en la su cabeza era coherente, cuando era feliz.

Luego de un humillante knockout en vivo en la televisión nacional, su vida cambió radicalmente. Fue un error de principiante a la vista de todos, un error que hizo que perdiera su carrera profesional en el boxeo. Esa noche, esa maldita noche, sus ojos le mostraron algo que no había visto antes; una imagen horrorosa de un hombre hecho de sombra frente suyo. Creyó que alguien más lo había visto, su oscuridad era tan profunda encima del escenario iluminado, se distrajo, lo siguiente que supo fue que estaba siendo llevado en ambulancia por una hemorragia en la cabeza.

Cuando quiso dar una explicación de lo que le había ocurrido, las personas lo miraban con lástima y le decían que había sido producto del golpe. Tiempo después, Tweek comenzó a aceptarlo. Su cabeza estaba mal. Estaba enfermo, y nadie quería a un enfermo en su academia.

Entre más pensara que era real, más se hundiría en un mundo lleno de fantasía. Cualquier mínimo colapso podría dejarlo en un universo inventado mientras su cuerpo aún seguía moviéndose en el mundo real.

No iba a llorar, no ahora.

Abrió los ojos ante el ruido de la cocina. El temporizador estaba marcando que el tiempo se había acabado, los panes brillantes y pomposos debían retirarse para luego colocar la siguiente tanda de bollos.

Las personas solían decirle que era un afortunado por sus padres y el dinero que amasaban como panes dulces, pero él nunca se había imaginado estar en el café por el resto de su vida. Era una prisión de la que había creído que escapó.

Observó el pan inflándose por unos minutos, luego su mirada se dirigió hacia su madre que acababa de entrar. La mujer se había sobresaltado, luego se le acercó con la mano en el pecho.

—Tweek, ¿te sientes bien? —preguntó. Se obligó a sonreírle para darle una respuesta satisfactoria. —No tienes que estar aquí, no necesitamos ayuda. Ve a casa a descansar, luego te enviaremos algo para comer.

Le dio unas palmaditas cariñosas en la espalda, Tweek no respondió. Observó en silencio como la mujer tomaba la bandeja con los panes y se iba de la habitación.

Sí, lo sabía. No era necesario en ningún lugar, podía evitar estar allí y quedarse en casa hasta encontrar algún motivo para vivir. Sin embargo, en el silencio de la soledad no podía evitar culparse por ser un completo inútil.

Sus manos temblaron, incluso cuando apretó su propio cuello para evitar que el aire pase con naturalidad hacia sus pulmones.

No llores, no llores.

¿Qué debía hacer?

El mundo comenzaba a distorsionarse, sus oídos percibían sonidos mecánicos, las sombras lo rodearon como si se estuvieran burlando de él. Se sentía cansado, dolido y con el corazón sangrante.

El sonido del horno lo sacó de su ensoñación, una furia inexplicable lo llevó a golpear el aparato de acero para lastimarse así mismo. Sus articulaciones se inflamaron ante el golpe, pero no dolía lo suficiente. Aún no, no lograba el dolor necesario como para sentirse satisfecho.

—Tweek, ¡detente! —gritó su padre. —Oh, Dios. ¿Qué estás haciendo? ¡¿Por qué haces esto?!

La voz del hombre lo hizo paralizarse. No había roto nada más que la piel de sus manos, las heridas viejas se abrieron y la sangre fluía sin ningún reparo. Richard lo estaba mirando con espanto, no se atrevió a acercarse ni tampoco le quitaba los ojos horrorizados de encima.

Estaba mal. Le dolía la cabeza.

Tiró de su cabello y miró hacia el suelo. ¿Qué estaba haciendo?

No pudo darle la cara a su padre antes de salir del lugar. Corrió con todas sus fuerzas por la frialdad de la noche, no miró hacia donde se dirigía, solo quería estar lejos y desaparecer para siempre de la ciudad.

Quizás era eso lo que necesitaba.

Se detuvo en un callejón oscuro, su boca entreabierta buscaba recuperar el oxígeno con desesperación. Los músculos de sus piernas se sentían extrañamente pesados y la energía mermó de su cuerpo de forma dolorosa.

Quiso retroceder cuando su vista enfocó a una figura oscura en frente suyo, pero la imagen irreal lo dejó estático. No era igual a las demás, era solo una con un tamaño inhumano, sobrepasaba su altura por al menos dos metros y... ¿Tenía ojos? Podía divisar dos esferas rojas en la parte superior. Era su mente, no había duda, pero lo hacía temblar al sentirse observado por algo tan monstruoso.

Sus piernas flaquearon y sus rodillas se doblaron sobre la nieve como si alguien las hubiera golpeado desde la parte trasera. No podía respirar, su garganta se cerró cuando la sombra se movió.

Todo era producto de su mente. ¿Verdad? No había nada a qué temerle.

Aquella oscuridad apareció a milímetros suyo en un parpadeo, se obligó a arrastrarse por el suelo para tomar distancia, sin embargo, sus músculos se paralizaron cuando aquel ser extraño rodeó su cuello y lo elevó lentamente hasta que su cuerpo quedó tendido como un muñeco de trapo.

Apretó débilmente los lazos negros con los que lo sujetaba. Aunque lo hubiera pensado miles de veces, aún no estaba listo para morir. No de esa forma.

Sintió un cosquilleo extraño en sus manos junto a un chirrido, la sombra se removió y presionó con más fuerza su cuello.

¿Qué estaba esperando para deshacerse de su existencia?

Escuchó un correteo dirigirse hacia él, cada paso ajeno sonaba como el golpe de un yunque cayendo. En menos de un segundo, su cuerpo había quedado suspendido en el aire. Apenas pudo ver como la sombra se alejaba a causa del impacto.

Antes de golpearse contra el suelo, Tweek fue sacudido y luego acomodado sobre los hombros fornidos de un hombre. La mano con la que lo sostenía era áspera, pero el toque era gentil y cálido.

—Estarás a salvo conmigo, solo quédate quieto —le ordenó con firmeza la voz desconocida.

No tenía una gota de energía en su cuerpo como para intentar desobedecerlo. Lo único que podía hacer era sentir terror por los movimientos bruscos del hombre, ¿hombre? Lo vio saltando exageradamente alto y golpeando a la figura maciza como si fuera un saco de boxeo. La sombra emitió un sonido sobrenatural, casi sonaba agónico, y se esfumó.

¿Era un sueño?

Se obligó a abrir los ojos una vez más para poder ver el rostro del desconocido. Pero su gorro de color azul cumplía la función de esconder sus facciones.

Lo único que pudo apreciar era aquel extraño color amarillo en sus iris brillantes.

—Duerme, mañana será un día mejor para ti.

...

¡Hola!

Debo admitir que es un AU difícil, es algo nuevo para mí este género. Espero lograr algo que me guste.

Siempre lo digo, pero vuelvo a advertir que no corrijo lo que escribo y tampoco tengo ayuda de un lector beta. Así que es un poco difícil saber cuando algo podría arruinar la historia.

¡Espero que les guste! Y perdón por empezar otra vez con Tweek depresivo jajaj.

Está historia estuvo en borradores dos veces, la vuelvo a publicar a ver si me dan ganas de continuarla