Una nana para dormir (Prologo)
"Cuando era niño, mi padre solía llevarme caminando a la casa que teníamos en la ciudad del Este y hacia la tarea conmigo.
Siempre estuvo sorprendido de mi facilidad para las matemáticas y los cálculos tan rápidos que no todos los niños podían hacer en aquel momento. E incluso llegó a considerar que yo era un superdotado e intentó llevarme a una escuela para “niños listos”.
Siempre estuvo detrás de mi, intentando (tanto como su trabajo se lo permitiera) estar en los eventos escolares, en las ferias de ciencias, en las graduaciones, en mis festejos. En todas esas ocasiones en las que yo necesitaba de un guía.
En aquella vez en la que tuve que aprender a ponerme una corbata, el me enseñó como. En la ocasión en la que tuve mi primera cita, el fue quien me llevó y quien me llevó de vuelta a casa. En la ocasión en la que iba a tener relaciones con una chica por primera vez, el fue quien me aconsejó que si y que no hacer. En casi todas las situaciones de mi vida el ha estado presente como mi manager. Como mi guía. O como mi todo.
Pero lo que más recuerdo de el es cuando me cantaba esa hermosa canción de cuna para dormir. Cuando tenia pesadillas o no tenia sueño, el siempre llegaba a sentarse en mi cama y cantaba la misma tonada que (según sus palabras) mi madre me cantaba cuando yo era un bebé. Y siempre dormía tranquilo tras escucharla. Era una melodía reconfortante, era un canto amable amable, era nostálgica. Era todo. Esa canción era mi mundo.
Pero los tiempos cambian. Y mi padre, eventualmente, ya no podía estar tanto tiempo conmigo como antaño. Y yo cumplí diez... y luego once y doce y trece y catorce y muchos años más. El nunca estaba en casa y tuve que aprender a hacer muchísimas más cosas por mi propia cuenta. Cosas que muchos chicos de mi misma edad no hubieran podido hacer con la misma facilidad que yo.
Muchas veces dejé de sentirme contento con quien era y con lo que hacia. Muchas veces dejé de sonreír. Y muchas veces más, me sentía mas huraño, marginado. Sentía que, en veces, a mi padre no le importaba más en lo mínimo.
Pero incluso en medio de esos pensamientos de soledad, el siempre estaba en mi cabeza, recordándome todo lo que había hecho por mi cuando chico. Y siempre que podía, tarareaba esa canción que siempre me arrulló para recordar esos bellos momentos junto a el. Y para pensar en como era mi madre.
Aunque a veces se me olvidan algunos trozos de la canción, siempre la tengo dando vueltas en mi memoria. Y siempre.
Lo amo. Y no se que haría sin el a mi lado."
— Ashton Belmont.
SIGUIENTE EPISODIO: El mensajero.