생명을 건넜다 (Vidas cruzadas) © COMPLETO

Sinopsis

Luka Couffaine, es un enigmático y atractivo profesor con especialidad en literatura inglesa, es un hombre poco orgulloso de su pasado aunque consciente del prestigio que ha conseguido. Cuando la virtuosa señorita Tsurugi gana un cupo para el curso de magister que Couffaine imparte en la Universidad de París, la vida de esta cambia irrevocablemente. Pronto, Kagami se siente nuevamente atraída como un imán hacia él y se embarca en un viaje al pasado lleno de lujuria que promete explotar todo lo que está prohibido entre un profesor y una estudiante. ''Somos una casualidad llena de intención'' Créditos a la portada:@fanmery Créditos a los personajes:Thomas Astruc. Serie:Miraculous Las aventuras de Ladybug y Chat Noir. Empezado el 3 de noviembre de 2020 Termiando el 25 de marzo de 2021

Genero:
Romance
Autor/a:
Evans
Estado:
Complete
Capítulos:
44
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Kagami se encontraba sentada en su puesto escribiendo garabatos en su libreta, y mordiendo la punta de su lápiz a ratos. Había llegado temprano a su primera clase de Análisis del discurso, y se hubiese felicitado si de verdad le gustara la soledad, Pero no, ella odiaba el silencio porque era cuando más se adentraba en sus cavilaciones.


La joven, levantó la vista al oír a alguien arreglándose la garganta. Cuando lo hizo, ya habían llegado un par de estudiantes más, y junto a ella estaba sentado uno de sus colegas. Se había sobresaltado un poco, y al ver al hombre de cabello rubio junto a ella no ayudaba mucho. Aliviada de que no fuese el profesor, le sonrió y lo saludó con amabilidad. Era una característica que había heredado de su madre.


Quien se sentó a su lado, era Adrien de veinticuatro años, era profesor de bellas artes que había decidido tomar una maestría en literatura inglesa al igual que Kagami quién era licenciada en historia. Kagami se sintió interesada en la conversación, y una sensación de sosiego la invadió estando con él. Y fue entonces, cuando agradeció de todo corazón la compañía de Adrien, era amable y divertido y la distraía de todos sus pensamientos. No sabía que hubiera  hecho tantos minutos, sola, hundida en aquel asiento frío, esperando por el profesor.


La clase comenzó cinco minutos más tarde. Kagami miró al director de su tesis, un poco ojeroso y agitado ¿Era su primer día y ya llegaba atrasado? Debe ser un chiste.


La muchacha se sorprendió por lo joven que era, pensó que con ese nombre y apellido sería un doctor con años de experiencia y unos veinte años mayor que ella. Supo en ese entonces, que no le agradaría, y estaba en toda la razón. A simple vista se podía decir que era altanero, frío, cerebral y un sabelotodo. Y es que para Kagami ser sabelotodo era algo que le atraía en un hombre, pero no le gustaba cuando lo usaban en su contra. Pensó también en como podría cambiar de director de proyecto, iría a secretaria y pediría el cambio a otra sección con el profesor Nathaniel o tal vez iría a hablar con el encargado de la maestría. Haría algo para no estar encerrada tres horas con este profesor. Por un momento, luego de una pequeña presentación del curso y de los objetivos del curso, todos comenzaron a hablar e intercambiar conocimientos, entonces Kagami aprovechó la oportunidad de hablar con Adrien, su compañero de puesto, y se distrajo de la mirada fulminante de su profesor. Ella era consciente de que era la única quien no había hablado en su clase y quien no estaba tomando apuntes.


Durante el pequeño receso de diez minutos, tomó sus cosas lista para dirigirse al baño de mujeres y comprar una barrita de cereales.


-Señorita Tsurugi-Los ojos de Kagami se abrieron asustadizos al oír su nombre pronunciado con un acento francés. Se detuvo y su mirada se encontró por primera vez con la de su profesor. Era un adonis, con un cabello pelinegro claro, ojos azules como el océano, sonrisa seductora y hoyuelos que hacían que se viera más inocente de lo que era. Le sonrió para no asustarla, y para que Adrien, quien lo miraba como avestruz, no se alarmara.


''Es un lobo vestido de oveja'' Pensó la señorita Tsurugi.


Dejando torpemente sus cosas en su pupitre, Kagami o Gami, como sus cercanos la llamaban, asintió con su cabeza esperando por las palabras de su profesor.


-Sí, profesor Couffaine.


-Desearía que se presentara en mi oficina al término de la clase.


Kagami volvió a asentir de forma sumisa, apartando muy rápido la vista de sus ojos azules. Sabía que se encontraría con él al inscribir este curso, había escuchado maravillas de él, pero ahora que lo tenía frente a ella, sabía que no era para ella.


Al finalizar la clase, Adrien, la esperaba apoyado en el marco de la puerta. Era alto, musculoso, con una sonrisa de ensueño, educado y un caballero. Todo lo contrario al profesor. Pensó Kagami.


-Me voy o... ¿prefieres que te espere fuera del despacho del profesor Couffaine?


A esa altura, el profesor ya había salido del salón, dejando a todos sus estudiantes de posgrado atrás. Kagami, no deseaba llegar tarde así que tomó sus cosas a toda prisa y caminó por el pasillo con Adrien pisándole los talones. Ambos dirigiéndose al despacho del profesor Couffaine a grandes zancadas.


-No te preocupes, Adrien. Yo estaré bien-Se volvió a verlo.


-¿Estás segura?


-Sé cuidarme sola-Ambos se detuvieron en medio del pasillo, ella se acercó a él y le besó la mejilla-Nos vemos en la próxima clase.


Con el corazón en la mano, Gami tocó en la puerta de su despacho. Al escuchar la voz ronca pronunciar ''Entrez, c'est ouvert'' con un francés fluido, entró con su bolso de mano de forma tímida, asegurándose de no mirarlo a los ojos otra vez. En otras ocasiones a sus profesores los miraba a los ojos, y a la defensiva pero esta vez estaba demasiado cohibida por sus ojos escrutándola.


Stone, la observó. No era una joven fuera de lo común, pero tampoco pasaba desapercibida. La observó largos segundos, desde que entró, cargando su mochila con una mano, hasta que se situó frente a su escritorio y se dio cuenta que no le devolvía la mirada.


-Gami ¿no?-Preguntó para llamar su atención, y lo logró. Los ojos marrones de ella lo observaron pero no a los ojos y fueron solo segundos.


-Kagami Tsurugi, professeur-Dijo con la cabeza gacha.


Cuando la observó con mayor precaución convencido que parecía un ángel por aquella piel blanca, ''una musa'' pensó Stone para sus adentros. Vio también, entre toda esa belleza, perversidad e imperfección, y verla sentarse e inclinar su cuerpo hacia él, mostrando sus pechos llenos y firmes en un movimiento involuntario e inocente; no ayudaba mucho a concentrarse. Trató de apartar aquellos pensamientos que no le ayudaban mucho, la señorita Tsurugi debería tener diez años menos que él. Había olvidado por unos minutos que él era autoridad y debía comportarse profesionalmente, teniendo en cuenta lo que la última vez había ocurrido.


-¿Por qué cree que la he llamado señorita Tsurugi?-Comenzó, levantando la vista a sus ojos, que no la miraban en lo absoluto.


-No lo sé, professeur.-Susurró ella encogiéndose donde estaba.


-Claro que lo sabe-Reprendió con voz dura, haciendo que al fin aquellos ojos cafés lo mirasen directamente-¿Hay algún problema? ¿Desea cambiarse de director de proyecto? Porque si es así puedo hablar con el profesor Nathaniel.


Por unos segundos, Kagami entrecerró sus ojos, preguntándose como aquel hombre era capaz de leer su lenguaje corporal y su mente.


Kagami tragó saliva y negó con su cabeza.


-No, señor.


-Entonces hágame el favor de participar en mis clases. Conozco su historial a la perfección, y si está en esta maestría de especialidad es por sus notas e inteligencia, no creo que alguien le haya subido sus notas por amabilidad. Así que desearía que demostrara su sabiduría como su certificado de notas lo dice.


Kagami no podía creer lo que ese asno y cretino le había dicho. Quizás era el mejor francés con doctorado que habían contratado en aquella universidad pero no podía negar que era un maleducado. Le había humillado de una forma vergonzosa. Se tuvo que disculpar con él y luego se marchó furiosa.


Limpiando las mesas de la cafetería de su padre en la que trabajaba algunos fines de semana, aún recordaba su voz ronca con un francés fluido diciéndole que debía demostrarle que era inteligente. ¿Acaso él creía que esas notas habían sido cortesía de algún profesor con el que se había acostado? ¿Quién se creía que era? Era una falta de respeto hacia ella y hacia sus profesores.


-Si no supiera que estás soltera diría que has peleado con tu novio-Marinette a su lado sonríe de forma cómplice viendo como las mesas brillan. Gami se detiene para mirarla.-¿Tan mal ha estado la clase?


Como si era necesario que se lo recordara. Pensó Gami. Dio un suspiro desesperanzado y asintió. Y se movió a la siguiente mesa donde había desayunado una familia.


No quería hablar del tema pero Marinette era su mejor amiga. Había trabajado en la cafetería de su padre hace ya cinco años, convirtiéndose en la fiel amiga que era ahora. Ambas de veinticuatro años habían sacado un licenciado en historia. En el primer año, Marinette necesitaba un trabajo y así fue como Gami le pidió su curriculum para sí mostrárselo a su padre. Marinette era su alma gemela, su mejor amiga, su hermana; no podía mentirle.


-En otras palabras me ha llamado tonta y puta en una misma oración-Tras decir estas palabras, Kagami, se sintió avergonzada y el rostro se le enrojeció de cólera.


-Guau... ese tío está mal.


-Ya lo sé...


Gami terminó de limpiar las mesas y aprovechó de llevar los platos sucios a la cocina, luego se dirigió detrás de la caja registradora ya que su padre se había tomado el día libre. Desde que falleció la madre de Gami no tenía tantos ánimos como antes.


Las campanillas resonaron, ambas muchachas miraron con precaución de quién se trataba. Marinette tomó su cabello en una coleta y camino hacia el cliente. Gami, detrás del mostrador, no podía creer lo que estaba viendo. El profesor, quien la había humillado un par de día atrás estaba en la cafetería de su padre. Sabía que su suerte se había perdido cuando sus ojos se encontraron con los de ella, y le daba una mirada de desprecio.