Dos desconocidos
Es algo aterrador cómo el dar un número equivocado puede llevar a una persona a conocer a alguien más, no cómo quisiera conocerlo... pero también, los ayuda a conocer mejor a alguien, aun sin saber quién se esconde al otro lado de la pantalla.
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***POV GRACE***
— ¡Grace!, ¡Grace! ¡Es hora de ir al colegio! — gritó la madre de aquella joven desde la cocina, — nuevo día, nueva escuela — una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro — a está niña parece no importarle que hoy es su primer día en una nueva escuela, se está tardando mucho — susurró.
Grace ya se encontraba rondando en su habitación, ella no le había prestado atención a su madre, ya que se había sumergido en sus pensamientos.
Suspiró — Nueva escuela y un nuevo día en el que no me siento tan emocionada, quisiera regresar a mi anterior vida — se lamentó — odio el hecho de que de nuevo nos tuviéramos que cambiar de ciudad — dijo un poco triste mientras volteaba a ver a una mesa a lado de su cama y tomaba una foto entre sus manos — quisiera estar contigo — soltó mientras miraba con bastante nostalgia aquella foto, en la cual se encontraban ella con otro chico abrazándose cariñosamente — Te prometo que a pesar de la distancia, te demostraré que esta no es un impedimento para poder amarnos — se secó una lágrima para luego darle un pequeño beso a la foto y ponerla de nuevo en su lugar.
Grace era una joven de 17 años, estatura de un metro con sesenta centímetros y cabello ondulado, se acababan de cambiar a un nuevo lugar y era algo que no le agradaba en lo más mínimo.
La madre de esta chica entró a su habitación y la pudo ver que estaba sentada en el borde de la cama.
— Vamos cariño, esta es una buena oportunidad, ya que podrás conocer nuevos lugares y podrás hacer nuevos amigos — soltó su madre con una leve sonrisa mientras se sentaba a un lado de ella.
Suspiró — Eso está bien supongo, pero no entiendo por qué nos cambiamos de ciudad... De nuevo, ya estaba feliz y habíamos estado más de lo normal, pensé que ahora sí nos quedaríamos, estaba pasándola bien y de repente me dijeron de la nada que nos cambiariamos — dijo un poco molesta.
— Cariño, verás que tomar un nuevo rumbo en nuestras vidas, en una nueva ciudad no será tan difícil como crees, solo nos tuvimos que cambiar por el trabajo de tú padre, pero tú eres una joven tan amigable que estoy segura que harás amigos tan rápido, ¿Quién no quisiera ser amigo de alguien tan adorable cómo tú?— pregunto mientras le apretaba las mejillas, intentando poder hacerla sonreír, después de lo mal que esta se sentía.
Grace hizo un pequeño puchero y asintió, ella había aceptado vivir en una nueva ciudad, aunque todo esto no era lo que ella hubiera querido, se conformaba, después de todo no tenía opción... Lo que le molestaba más, era que en la antigua escuela no le había podido decir a su novio en persona lo importante que él era para ella y hacerle un regalo especial por su cumpleaños que se aproximaba, pero pronto habría tiempo para eso y le haría una visita sorpresa.
Ella pensaba que con esto él se sentiría demasiado feliz, de solo pensarlo, hacía que empezará a sentir como revoloteaban pequeñas mariposas en su estómago y esto le agradaba.
La madre de Grace salió de su habitación y se fue a terminar el desayuno, mientras que su hija se puso de pie y empezó a buscar en su armario que era lo que iba a ponerse... Grace estuvo por un rato buscando hasta que optó por ponerse una sudadera roja y unos jeans junto a unos tenis blancos... Con esto ella estaba lista, y se sentía muy bien... Después de todo quería causar una buena impresión, se notaba un poco más emocionada.
Grace estaba a punto de salir de su habitación, pero volteó a ver y pudo ver a un lado de la foto que estuvo observando con anterioridad, vio su celular y lo tomo entre sus manos.
De inmediato entro a una aplicación de mensajes y abrió el chat que decía, *Mi bonito*, nombre cariñoso que le decía a su novio.
“Buenos días, cariño” le envío, aunque este chico estaba en línea, Grace no obtuvo respuesta alguna.
— Tiene que estar ocupado — suspiró y dejo el celular a un lado de la foto.
Grace ya estaba lista, así que empezó a bajar las escaleras.
Ella mostraba una sonrisa deslumbrante después de la pequeña conversación que había tenido con su madre, sabía que también debía demostrarle a su padre que estaba feliz con este gran cambio, después de todo, se habían cambiado porque el trabajo de su padre así lo requería.
Grace se dirigió hacia el comedor en el cual su padre junto a su hermano menor se encontraban acomodando la mesa para el desayuno, y su madre mientras se encontraba preparándolo en la cocina.
— Ya estoy lista — soltó con una ligera sonrisa.
— ¡Por fin te despertaste garrapata!, En la anterior casa y aquí, siempre te levantas tarde — soltó fastidiado su hermano menor.
— ¡Claro que lo hice pulga! Después de todo no soy una holgazana — soltó fingiendo indignación para luego con rapidez dirigirse hacia él y le empezó a hacer cosquillas.
— Pa - para por favor — soltó entre risas.
— ¡Qué hermosos!, Me agrada que mis dos pequeños se quieran mucho — el padre de aquellos jóvenes, los miro con mucho cariño.
Ambos padres cada vez que podían le demostraban su amor a ambos por igual y ellos habían crecido con esto, siempre se habían llevado bien.
— ¿Cómo no querer a Benjamín si siempre es mi cómplice?— Grace jalo una silla y se sentó, luego tomo una papa frita y le dio una mordida.
— ¡Grace!, Tienes que esperar como todos, yo llevo rato esperando para poder comer y mira, tú ya te adueñaste, yo estoy acomodando y no he comido ninguna y tú nada más la tomaste — le dijo Benjamín muy molesto para luego quitarle la papa frita y comérsela.
— Oye, eso era mío — soltó ahora Grace mostrando molestia en su rostro.
— Era— soltó con orgullo.
La mamá de ambos chicos soltó una pequeña carcajada y dejo un gran plato a la mesa para que su familia se pudiera servir.
— ¡Listo mis amores!, La comida está servida, sírvanse —
Era pollo a la crema, el favorito de Grace.
— Gracias mami por hacer mi platillo favorito, yo les sirvo— soltó mientras les servía a cada uno en sus platos.
— No, no nos sirves — soltó Benjamín con sarcasmo.
— ¡Mamá, papá...! Benjamín me está molestando — empezó a fingir molestia.
— Tranquilos — soltó su padre después de reírse un poco.
— Grace, te mereces esta comida por tomar todo con tranquilidad, estoy tan orgullosa de ambos por apoyar a su padre y a mí en esta nueva etapa — la señora Leslie se escuchaba muy feliz.
— No sé por qué a Grace no le gustaba la idea de estar en una nueva ciudad, aquí es muy hermoso — soltó Benjamín con una gran sonrisa, mientras que Grace rodaba los ojos.
— Admiro tú, madurez — le halago su padre.
— Mis pequeños se llevan muy bien — soltó la madre de ambos viendo a cada uno con amor.
— Grace, sabemos que esto ha sido tan duro para ti, dejaste muchas cosas atrás, pero este será un buen comienzo, de eso puedes estar segura, pequeña— soltó su padre mostrando seguridad.
Grace soltó una pequeña risita — tranquilos, tranquilos, sé que todo lo hacen por el bien de mi hermano y por mí, estoy tan agradecida con ustedes y por ser unos buenos padres, a decir verdad si me duele dejar tantas cosas atrás, pero sin importar que, sin importar cuantas veces nos tengamos que cambiar, siempre los apoyaré, somos una familia — les dijo con una gran sonrisa y con esto les dio tranquilidad a sus padres, quienes estaban sintiéndose mal por hacer que la vida de esta joven diera un giro inesperado.
La pequeña plática terminó y todos terminaron de comer, el señor Agustín iba a llevar a sus hijos a la escuela y después se iría a su trabajo.
— Vayan por sus maletas, los iré a dejar a la escuela—
Grace subió hasta su habitación por su mochila y tomó su celular, por un momento miro el chat de su novio y este no llevaba mucho de haberse desconectado y por si fuera poco no le contesto, Grace sintió una punzada en el pecho, pero prefirió pensar que tal vez seguía ocupado y que, por esa razón, no le había respondido, así que guardo su celular y se apresuró para luego bajar las escaleras.
— ¡Estoy lista!— dijo con media sonrisa.
— Por fin, tardaste demasiado solo para quedar igual, ya vámonos — soltó aquel pequeño dándose la vuelta y corriendo en dirección al carro, su padre le quitó los seguros y con rapidez este pequeño se subió en el asiento del copiloto.
— ¡Agh!, está vez era mi turno, peque mocoso — soltó Grace fastidiada.








