Capítulo 1
-Circe, cariño despierta,-llamó su padre desde la puerta, ella definitiva no quería, era demasiado temprano y no quería dejar su tibia cama.-Vamos, niña.-volvió a llamar, pero esta vez, quitó sus mantas, el frío golpe la hizo gemir de frustración.
-¡Papá!-protestó, molesta, odiaba eso, pero aún así abrió los ojos, y estiró los brazos para ser alzada, el hombre sonrió contento, su pequeña bebé, era sin duda increíblemente manipuladora, con un puchero y los ojos medio cerrados, estiraba los brazos para ser alzada.
Solo era así con él, a pesar de que ella sin duda amaba a su madre, y otro padre, que bueno tenía cierto, descontento por esto mismo.
-Mi niña, es hora de levantarse, tus padres te esperan,-murmuró el hombre mientas la tomaba de la cama, y la acurrucaba contra su pecho.
-No quiero, no he dormido bien,-señaló la niña de apenas 6 años.
-¿Te han vuelto a doler?-preguntó el de ojos bicolor. Ella asintió, las "pequeñas" marcas, en su espalda volvieron a doler anoche, por lo que dormir comodamente no fue una opción. Él la miró, pero no tocó su espalda en intento de consuelo como lo había intentado antes, sabía que eso lo empeoraba.-No importa, dormirás la siesta antes de que me vaya.
-¿Por qué?-se alarmó la niña, mientras el mayor caminaba con ella en brazos.
-Sabes bien porque Circe, no puedo quedarme por siempre,-alegó el hombre, siempre había sido honesto con ella.
-Pero yo quiero que sí,-lloriqueo la niña mientras lo abrazaba por el cuello.
-Lo sé, yo también créeme, pero no se puede.
-¡Mamá!-gritó Circe saliendose de los brazos de Gellert, y corriendo a donde su madre.
-¿Que pasa, princesa?-preguntó esta, mientras la levantaba del suelo, y besaba su cabeza.
-Papá Gellert, se va a ir,-volvió a lloriquear, sin lágrimas, pero con profundo dolor. La mujer lo miró mal, se suponía que no se lo dirían, el hombre se encogió de hombros, restandole importancia, mientras el otro, castaño, reía bajo.
-Si, mi vida, sabes que él tiene otros asuntos que solucionar.
-¿Por qué no los soluciona desde aquí? O me lleva con él-se cruzó de brazos haciendo un puchero, Albus miró a la niña, era idéntica su pareja y madre, no a él, sin embargo se sentía como la niña en este momento.
-No se puede, Circe,-habló este desde donde bebía su taza de té,-Sabes que por más que queramos, él tiene que irse,-le dedicó una sonrisa de boca cerrada. Ella lo miró mal.
-Mamá, papá Albus, también esta triste, no es justo, aquí ganamos por mayoría,-habló sacudiendo sin fuerza a la mujer mayor. Haciendo reír a los adultos.
-Si mi vida, yo también quiero que se quede, pero esta fuera de nuestro control, no podemos hacer más. Ahora ve, y cámbiate para empezar a desayunar así aprovechas todo el día con él.-la niña asintió desanimada.
En la garganta de los adultos, se instaló un nudo, y el sabor amargo de la tristeza de la niña, los tenía con el peor peso en la espalda, que hayan tenido nunca. Sus padres Gellert, y Aceline, compartieron una mirada que solo fue apagada por la risa baja de Albus.
-Si que se parece a ambos-comentó llevando la taza de té a su boca.
-Si, pero tiene tu carácter manipulador,-se burló Aceline, ella amaba a Albus, eran mejores amigos, y compartían compañeros, pero no lo soportaba en estas situaciones.
-No empiecen,-negó con la cabeza Gellert.
-¿Por qué le dijiste?-recriminó Albus,-Se suponía no le diriamos nada.
-No pude evitarlo,-murmuró el de pelo blanco, sentandose en la silla del comer muggle, -La vi ahí toda tierna, y simplemente no pude evitar sentir que traicionaba su pequeño corazoncito.
-Quién te ve-burló Aceline, -Todo un mago oscuro demasiado débil por su hija,-Gellert frunció el seño.
-Y por sus compañeros, no lo olvides Ace,-apoyó Albus, riendo por la cara de su compañero.
-¿Otra vez un complot en mi contra?-Molestó el hombre. Aceline, se acercó a él, suspirando, mientras lo abrazaba por detrás colocando su cabeza encima de la de él, él al estar sentado y ella de pie, quedaba mucho más bajo.
-Debiste decirnos que se lo dirías, sabes lo dificil que será, ahora para ella.-medió la mujer.
-Hubiera sido peor, ella lo hubiera tomado como si la estuviera abandonando, no podía dejarla creer eso.
-¿Lo dejarán volver?-preguntó Aceline, a Albus, él fue quién consiguió que por varios años, lo dejaran estar cerca de ellos.
-Temo que no, Aceline,-negó Dumbledore, con una expresión contrariada,-No creen que sea bueno que la niña crezca cerca de él.
-¿Que?-la voz de Aceline sonó sorprendida, pero más enfadada,-¿Por qué? ¿Qué creen? ¿Qué le va a enseñar a matar muggles? -gritó sin mediar palabra.
-Aceline, Circe esta arriba,-regañó gentilmente Gellert, no quería que ella se asustara.
-No, nada de Aceline, es una tontería Gellert, sé que no eres un santo, y nunca lo vas a ser, pero me parece simplemente absurdo, ¡Una idiotez!
-¿Que es una idiotez?-preguntó Circe entrado al comedor, donde estaban los mayores, ahora sin la pijama y con un vestido rosa pálido, corto y unas zapatillas blancas. Lo había escuchado todo, pero no quería que sus padres la regañaran por eso.
-Nada querida, ¿Qué más escuchaste?-intervino Albus.
-Que mamá Aceline, dice idiotez, ¿no es una mala palabra? -Circe puso su mejor cara de niña inocente, haciendo reír a Gellert, por lo que dijo.
-Sí, pero a veces a los adultos se les sale decir ciertas palabras, cuando están frustrados.-explicó el castaño, algo canoso.
-¿Por qué estás frustrada mamá? -preguntó haciendo que el corazón de todos se encogiera,-¿Es por papá Gellert? -el mencionado sonrió, dedicándole una mirada a su hija con aprensión, era demasiado lista.
-Si, mi vida,-se acercó la mujer mayor,-arrodillándose frente a la niña,-yo tampoco quiero que se vaya,-explicó, la niña la abrazó y acarició el cabello de la pelirroja, en señal de consuelo.
-Al menos nos tendremos a nosotros tres, mamá-señaló la niña, intento no llorar, como lo había hecho apenas subió las escaleras.
Los mayores le dedicaron una sonrisa, amable, sin saber que probablemente, está sería la última vez, que los tres estarían juntos.
El resto del día, la pasaron de compras en Londres muggle, donde los aurores, los custodiaban desde lejos, Circe fingió no verlos, pero, sentía sus miradas en la nuca, y la picazón de sus marcas no ayudaba a poder disfrutar estar con sus padres, lo cual la frustraba. Lo peor vino, cuando su padre Gellert la llevó alzada por todo el pequeño parque, porque ella no quería irse, se estaba divirtiendo demasiado, sin estudiar o aprender a controlar su magia, como para que el día terminara, no quería que terminara nunca, y poder estar con toda su familia reunida.
Al llegar la noche, cenaron como era costumbre, y alargaron lo más que pudieron el postre, Circe sentía el corazón latirle con demasiada fuerza, como si se le fuera a salir, no entendía porque, amaba a su padre con todo su corazón, era su mejor amigo, el que le contaba un cuento antes de dormir, y mantenía los monstruos lejos de ella, siempre cuidandola, y amandola, más que cualquier otra persona.
-Circe, ven, es hora de dormir,-la llamó, pero ella negó, sabía que si se dormía, mañana él ya no estaría.
-¿Por qué no, mi niña?-habló el bicolor, mirándola a los ojos, uno verde esmeralda, y el otro gris, parecidos a los suyos.
-Si duermo, mañana tú no estarás, no quiero que te vayas papi,-sollozó, era la primera vez, que Gellert, veía gruesas lágrimas bajar por sus mejillas, sonrojadas.
-Mi niña, no podemos hacer nada, pero te prometo, que te cuidaré donde sea que estemos.-se lo prometió de verdad.
-No, no quiero, quiero que te quedes, toda la vida, quiero que siempre seamos nosotros cuatro,-gritó llamando la atención de los aurores en la puerta, y de su madre y otro padre. Gellert suspiro.
-Quiero que entiendas, Circe, la vida es cruel y no siempre podremos tener lo que queremos, pero ahora puedo prometerte que cada que mires a las estrellas, yo estaré cuidándote, y por cada una de ella, será un te quiero.-los ojos de Aceline, se volvieron acuosos y se retiró lejos de donde estaba su compañero y su hija, ella sabía que esto iba a pasar pero no cuanto dolería.
-Pero papá,-intentó nuevamente.
-No, cariño, te llevaré a dormir, te contaré un cuento como cada noche, y mañana cuando yo no esté, lo recordarás, hasta que nos volvamos a ver, ¿bien?-la niña negó pero se dejó llevar, a su alcoba.
Al llegar, cambió su ropa por una pijama gris, y fue acomodada en la cama por su padre, mientras Albus los observaba desde la puerta, sin intervenir. Acomodó todos los peluches a su alrededor, como cada noche, espantó a los monstruos de su closet y de debajo de su cama, para que durmieran con ella, cuidándola.
-Bien cariño, ¿Qué tipo de cuento quieres escuchar hoy?-le preguntó, ella tenía una estantería repleta de cuentos muggles, y mágicos.
-Uno con un final feliz, invéntalo,-murmuró la niña en respuesta, él asintió.
-En un reino muy lejano, donde el sol salía cada mañana, cantándole a los pájaros un nuevo amanecer, había un rey y una reina, profundamente enamorados, tanto así que tuvieron una niña, de ojos bicolor, y cabellera rojiza,-Albus sonrió al verlo, ¿por qué no podían ser ellos felices como siempre?- La niña, creció preciosa, y encantadora, amaba bailar, y hablar con los animales, pero un día, una bruja de cuernos grandes, piel pálida como la leche, salió del lado del bosque donde la niña no debía jugar, y la encantó, haciéndola ir, sin importar cuanto gritaron sus padres, que no fuera, la niña encantada por toda la magia que vibraba alrededor de aquella mujer, cedió, y fue a donde la malvada bruja, estaba. Al pasar los días, semanas, meses, la niña no volvía, por lo que el rey, le encomendó a sus cinco mejores soldados, la misión de pasar por el bosque, enfrentar a lo que fuera que retuviera a su niña, y la trajera de vuelta, los caballeros aceptaron la misión del rey, y colocando su armadura color oro, montaron thestral, para ir a por la princesa, mientras la reina y el rey esperaban. Lo que no sabían era que la princesa, estaba encerrada en una gran torre, custodiada por un dragón escupe fuego, mientras la mujer la engañaba para que nunca intentara salir, o hablar con el dragón,-Gellert hizo una pausa, mientras acariciaba la cabeza de Circe,-Los cinco caballeros llegaron, y enfrentaron al dragón, matándolo para así...
-¿Mataron al dragón?-preguntó Circe, molesta,-Pobre dragón, no quiero que se muera.
-Bien,-cedió el mayor,-Enfrentaron al dragón, quien también estaba hechizado por la malvada bruja, al ellos terminar con su hechizo el dragón sobrevoló el mundo, buscando su libertad, mientras los caballeros escalaban la torre, para salvar a la princesa, al llegar la mujer, fue despojada de toda su magia, devolviendole el color a la parte del bosque que estaba prohibido, y salvando a la princesa. Todos volvieron al reino, y vivieron felices por siempre. Fin.
-¿Tú eres el rey?-preguntó Circe, sin pizca de querer dormirse.
-Albus y yo lo somos.
-Mamá la reina,-Gellert asintió.
-Ahora duerme, roja, -Circe asintió, dejándolo salir de la habitación.
Circe podía escuchar el bullicio en la parte baja de la casa, podía sentir que su corazón se rompia, y no podía parar de pensar que mañana no podría ver a su padre, y en un arrebato, corrió escaleras abajo, Gellert ya había salido de la casa, esposado, con cuatro aurores como escoltas, Circe corrió, lo más rápido que sus piernas se lo permitieron.
-¡Papá!-gritó saliendo de la casa, quería acercase a él, pero su madre y padre no se lo permitieron,-¡Papi por favor no te vayas!-volvió a gritar, siendo sostenida por Albus, quien la acurruco, contra si.
-Ya Circe, todo estará bien,-intentó consolar.
-¡No! ¡Quiero a papá Gellert! ¡Por favor!-suplicó mientras su rostro enrojecido era cubierto por lágrimas, mientras, su cabello se incendiaba con un fuego azul.
-Calma princesa,-habló Gellert, siendo solo entendido por sus parejas y su hija,-papá no irá lejos, pronto volverá así que no llores, nunca llores.
La niña, se calmó al escucharlo, pero sus lágrimas seguían bajando, mientras su cabello, antes hecho fuego, bajó, para Albus no quemaba en realidad, era cálido, pero no al punto de hacerlo sufrir, sabía que era su magia accidental, pero si los aurores se daban cuenta que ella tenía ese fuego azul, grabado en su magia, querrían llevársela, por lo que sin haber sido subido al carruaje Gellert, él entró a la casa con la niña en brazos. La dejó llorar, y gritar, él también quería hacerlo, pero no se lo permitía, por la niña, después de todo, ella era como su hija biológica, nunca permitiría que a ella le pasara nada, sin importarle que debía hacer para cumplirlo.
Este es un nuevo fanfic, pero no se los negaré es más para mi que otra cosa, si veo que es bien recibido lo seguiré si no lo dejaré en borradores, para mí, espero les guste, besos en la cola xox