Campo de flores

Sinopsis

Inicio de publicación: 01 - 08 - 20 Historia registrada en Safe Creative: 2103177196144 ¿Alguna vez has visto con tus propios ojos un campo lleno de flores? ¿Recuerdas cuántas veces los has visto? Izuku nunca ha visto un campo lleno de flores, nunca ha visto el mundo ni el espacio que lo rodea. Pero eso no le importa, porque mientras sus demás sentidos lo guíen, él podrá ver a su manera.

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
Double A
Estado:
En proceso
Capítulos:
30
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Frente a la ventana abierta del segundo piso de aquella casa se encontraba un chico pecoso con los ojos cerrados y unos lentes de sol, a simple vista se podría pensar que el chico se encontraba descansando o solamente dormido, no era así, el chico estaba completamente despierto; usando sus demás sentidos para poder percibir el sonido del viento y los diversos aromas que pasaban la ventana.


Podía sentir que el aire movía las hojas de las copas de los árboles que rodeaban la casa, también hacían girar los molinos de viento de la granja y escuchaba perfectamente el movimiento de las flores. Escuchaba también los sonidos que hacían los animales que pasaban frente a la casa o que se encontraban un poco más alejados de la casa misma. Podía oler el aroma a pay de manzana que su madre dejaba al pie de la ventana de la cocina, sabía que debía estar haciendo unos cuantos más para luego venderlos en el pueblo cerca de la granja donde vivían. Podía oler también las diversas flores que habían sembradas para él por su padre, el cual debía estar a punto de llegar.


El hombre trabajaba en el pueblo como veterinario, tenía su propio consultorio en el pueblo y solía ir a las demás granjas para cuidar de los animales que las personas no podían llevar a su consultorio, a él le gustaba escuchar las historias que su padre le contaba durante la cena y reía divertido por los regaños que le daba su madre por contar algo asqueroso mientras se comía, sentía el leve rechinido del suelo cuando su madre alzaba el pie para patear al hombre y pronto se escuchaba el quejido del mismo por la patada, aquello sólo provocaba más su risa.


Su madre era agricultora y pastelera, desde pequeño la sentía ir de un lado a otro dentro y fuera de la casa, trabajando en la granja o haciendo algún pastel o algún dulce que le daba a probar antes de venderlos en el pueblo o dárselos a su padre para que lo vendiera en el consultorio, todo aquello lo hacía la mujer mientras él estudiaba o recitaba alguna tarea en voz alta para recordar con mayor facilidad todo lo que leía en sus libros especiales.


Y ahora que se acordaba, él se suponía que estaba leyendo un libro, mismo que se encontraba abandonado sobre sus piernas, no era un libro que le hayan mandado en el instituto ya que estaba de vacaciones pero aún así le gustaba leer en sus ratos libres, a veces caminaba por la granja por el lado de los árboles para que no le pegara la luz del sol, paseaba descalzo por el monte de corte bajo con la mano por el tronco de cada árbol hasta que sus pies se detenían frente a la entrada del campo de flores, sus pasos se desviaban un poquito hasta encontrar el camino que su madre le hizo para que pudiera andar por entre las flores, le gustaba pasear las manos por encima de las flores y sentir el aroma de cada una de ellas, era el único momento en el que pasaba tiempo bajo el sol aunque evitaba la luz de sus rayos; a pesar de llevar los ojos cerrados dicha luz lo lastimaba.


Luego de unos minutos se decidió a largar un suspiro y cerró el libro sin antes colocar el separador para no perder la página, se levantó y dejó el libro sobre su mesa de noche, cerró la ventana con cuidado y caminó con confianza hacia las escaleras mientras tocaba su reloj para saber qué hora era. Bajó justo a tiempo ya que escuchaba los pasos de su madre dirigirse hacia donde estaba.


—¡Hijo siempre tan puntual! —Comentó Inko riéndose al ver a su hijo al pie de las escaleras. —Bueno, ponte el suéter y vamos de salida.


—Mi cuerpo sabe cuando toca salir —Respondió Izuku caminando hacia la puerta y deteniéndose frente al perchero para colocarse el suéter de lana. —¿Hiciste tu pay de manzana?


—Así es, tu olfato está tan bueno como siempre mi niño —Respondió Inko entre risas y le puso a sostener una de las cestas con los pays. —Dejé uno para el postre de la noche, así que podrás comer tanto como quieras.


Izuku asintió levemente, agradeciéndole por ello y ambos salieron de la casa mientras llegaba al lado del peliverde, un perro mediano, un pastor aleman, el cachorro había estado con él desde hacía cinco años siendo su guía y protector, su padre había decidido que, cuando saliera sin él o sin su madre debía ir acompañado y llegó con el cachorro de ocho años el cual era como su mejor amigo, All Might era como lo había decidido llamar y el cachorro solía vigilarlo desde lejos, sólo se acercaba a él cuando veía que iba hacia el pueblo y entonces se colocaba a su lado obedientemente, Izuku le colocaba la correa y salían de la granja hacia el pueblo. All Might solía indicarle cuando detenerse al cruzar la calle, le indicaba cuando alguien se acercaba a ellos, le indicaba los baches de las calles, el cachorro era su ángel guardián en todo momento a pesar de él tener su propio animal interior y por ello era que sus demás sentidos estaban mucho más desarrollados.


Todos en el pueblo sabían de su discapacidad y aún así no lo trataban diferente, sabían lo que podía y lo que no hacer, su ceguera no se interponía en las demás cosas que podía hacer ya que sus padres lo criaron de manera que su discapacidad no fuera un problema, aunque debía asistir a un instituto especializado para él y las personas como él, aún así no recibía bullying y él estaba bien con ello.


Una vez llegaron al pueblo fueron deteniéndose en algunos negocios para vender los dulces del día, su madre iba de un lado mientras él y All Might iban del otro, se detuvieron frente a la tienda de carpintería y entraron con cuidado.


—¿Buenas tardes, señor Fumikague? —Cuestionó Izuku una vez dentro.


—¡En seguida salgo! —Avisó desde la parte de atrás.


Izuku esperó junto a All Might mientras acariciaba la cabeza del cachorro que yacía sentado a su lado y manteniéndose alerta a cualquier sonido o persona desconocida, el cachorro conocía a todos en el pueblo, humano y animal, pero también sabía que habían días en el que se podía apreciar personas desconocidas a las cuales les terminaba gruñéndoles en advertencia. El hombre al que esperaban se hizo presente minutos después, limpiándose el sudor de la frente y buscando a la persona que lo había llamado.


—¡Izuku! —Saludó el hombre y prontamente frunció el ceño al caer en cuenta en algo. —¿Me llamaste señor?


—Así es y lo llamé por su apellido —Confirmó y comentó Izuku sin darle importancia. —Traje pay de manzana. ¿Va a comprar?


—Me lastimas. ¿Lo sabías? —Cuestionó el hombre ignorando su pregunta. —Te he dicho que me llames Tokoyami, sé que nos llevamos tres años pero me haces sentir demasiado viejo.


—¿Entonces no va a comprar? —Cuestionó Izuku ignorando su pedido.


Tokoyami resopló y le pidió el pay, pagándole el costo de dicho postre antes de despedirse y verlo salir, era imposible convencerlo pero tenían la esperanza de lograrlo algún día. Izuku salió de allí para caminar hacia la siguiente tienda donde vendió un par de pays y salió de allí para ir a la siguiente, vendió un par y salió para ir a la siguiente, así hizo hasta llegar a la panadería, allí sólo se detenía para comprar el pan de cada noche ya que su padre nunca recordaba llevarlo, así que él se encargaba de comprarlo.


—¡Buenas tardes, Izuku! —Saludó la chica detrás del mostrador con una sonrisa bastante amplia. —¿Quieres lo mismo de siempre?


—Buenas tardes, Ochako —Saludó Izuku al reconocer la voz tan animada del otro lado. —Si, por favor.


—Enseguida te lo preparo todo —Respondió la chica, dejado a Izuku en donde se encontraba.


Izuku recordaba el día que conoció a la chica, estaba vendiendo las galletas que había hecho su madre y ella se había intentado acercar para preguntarle la dirección de dicha panadería donde se encontraba y All Might terminó ladrándole y asustándola, tuvo que calmar a su amigo y también calmar a la chica que había estado llorando desde el primer ladrido. Le había invitado una malteada como disculpa por el susto y luego fue que ambos se presentaron, Izuku la presentó ante All Might y éste había decidido no quitarle la mirada de encima por todo lo que restaba de tarde, Ochako le contó que había llegado para ayudar a su tía con la panadería ya que la mujer no se encontraba en las condiciones saludables para manejarla y era demasiado necia como cerrarla, así que hacia allá se dirigía pero se había perdido en un mal cruce.


Izuku comprendió y luego de haberse tomado las malteadas, fueron hacia la panadería familiar Uraraka donde ya esperaba la mujer desde hacía un rato y se lo hizo saber, regañándola por haberse tardado y por ni siquiera haberla llamada, Izuku terminó interponiéndose entre las dos y le explicó a la señora lo sucedido, aunque aquello de nada sirvió porque la mujer siguió regañando a Ochako por torpe y le hizo disculparse con él y con All Might por los inconvenientes causados.


Desde entonces son amigos no muy cercanos, Inko la había conocido una vez que la chica fue hasta su casa a llevar unas cosas que se le habían olvidado a Izuku y que éste creyó perdidas, la mujer creía que su hijo no la había escuchado hablar con la chica acerca de su ROP, su discapacidad, él sabía que su madre le contaba de ello a las personas para que entendieran a tiempo y así evitar que lo vieran como un inútil, la respuesta que le dio Ochako ese día fue la mejor que pudo haber escuchado y que hasta esos momentos, seguía gustándole a él como persona y a su animal interior.


Salió poco después de la panadería con sus panes en una bolsa y la cesta con los pays colgando de su muñeca para seguir su camino hacia los demás locales e incluso fueron hasta el parque y allí con los niños pudo vender todo, se quedó un ratito más sentando en una banca, liberando a All Might para que éste jugara con los niños, el cachorro era muy juguetón y más cuando se trataba de niños, era cuidadoso aún así y se preocupaba por cada uno de ellos cuando alguno se caía y lloraba, la primera vez se preocupó bastante ya que había pensado que había sido culpa del cachorro pero tanto él como los padres se quedaron tranquilos cuando el mismo cachorro lo tranquilizó.


Eran un pueblo bastante tranquilo y diferente, no se regían por la típica jerarquía de "los alfas son los que mandan por y para todo", no, ellos trabajaban todos juntos como un igual y no había problemas cuando algún omega quería un trabajo en vez de quedarse en casa, todos en el pueblo creían firmemente que aquellos ideales eran machistas y denigrantes, por ello levantaron ese pueblo con sus campos donde podían sembrar vegetales, frutas, verduras, tenían ganado lo, caballos e incluso algunos eran comerciantes, se escuchaba una campanada cuando algún comerciante entraba o salía del pueblo, desde ese momento todos le deseaban suerte ya que había otros pueblos que terminaban acabando con su gente o eso era lo que Izuku escuchaba de las conversaciones de las personas, no es que fuera un chismoso, sólo era que escuchaba de casualidad mientras se encontraba vendiendo la mercancía de su madre.


Habían veces en el que algunos comerciantes de otros pueblos ingresaban a su pueblo para vender sus mercancías ya que recorrían más de un pueblo por días, ellos los recibían con los brazos abiertos ya que habían cosas que ellos no tenían en el pueblo y que terminaban haciendo negocios con dichos comerciantes.


Una hora y media después, Izuku se encontraba caminando junto a All Might de regreso hacia su casa, iban con calma ya que no tenían porqué apurarse en llegar, era un pueblo tranquilo aunque hubiera toque de queda, aún así era temprano por lo que no tenía temor, escuchaba los pasos de las demás personas, los pasos de los caballos y algún que otro auto pasar por las calles en distintas direcciones pero estos ni siquiera inmutaban al cachorro ya que al parecer éste se había entretenido con algo más.


Siguió a su guardián sin siquiera saber la razón de que lo guiara hacia otro lado hasta que lo escuchó ladrar y saltarle a alguien muy conocido para ambos, Izuku conocía esa risa dondequiera que fuera.


—Padre —Nombró Izuku tranquilo de que no fuera un desconocido.


—¿Otra vez volviendo solos a casa? —Cuestionó Yagi acercándose a su hijo para rodear sus hombros con suavidad. —¿Y tu madre?


—Estaremos bien mientras no tengamos la hora del toque de queda, así que estate tranquilo —Respondió Izuku dejándose abrazar por el hombre. —De seguro mamá debe estar chismeando con el viejo Todoroki, de nuevo.


Yagi carcajeó por la respuesta dada por su hijo y asintió en conocimiento, su esposa solía llevarle lo que preparara a su amigo Enji y solía quedarse a "

curiosear

" con el hombre y la mujer de éste, así que tenían tiempo antes de que su esposa llegara a casa.


—Por cierto. ¿Quieres acompañarme? —Cuestionó Yagi viendo hacia su hijo.


—¿A dónde vamos? —Cuestionó Izuku de regreso con bastante interés.


—Iba de camino hacia la granja de los Iida que tienen un cerdito a punto de dar a luz, yo sólo iré a ver que nada se les complique —Contó Yagi con una sonrisa amplia al ver la expresión de su hijo.


—¡Si quiero! —Exclamó Izuku con emoción. —¿Qué hacemos con los panes?


—¡Oh! Puedes dejarlos en el auto, no creo que All Might se los coma —Respondió Yagi viendo al cachorro ladear el rostro al escuchar su nombre.


Izuku asintió y los tres caminaron hacia el auto de Yagi para abordarlo. El hombre acomodó a su hijo en el asiento del copiloto con el cinturón puesto y al cachorro lo acomodó en los asientos traseros junto con la bolsa de panes antes de cerrar bien ambas puertas y rodeó el auto para meterse del lado del piloto para colocarse el cinturón, acomodó los espejos y encendió el auto para salir rumbo a la granja de la familia, llevaba todo material necesario en la cajuela del auto por si necesitaba hacer algo más.


Izuku iba contándole a su padre su día vendiendo los pays de manzana que había hecho su madre, Yagi reía por las cosas que le sucedía a su hijo, estaba feliz desde el momento en el que su niño pudo hacer su vida como una persona normal a pesar de su ceguera, su lado animal lo ayudaba más al ampliarle un poco más sus demás sentidos y veía a su manera.


—¿Entonces sólo lo llamas señor para fastidiarlo? —Cuestionó Yagi luego de que su hijo terminara de contarle todo.


—Si, es divertido que haga dramas —Respondió Izuku divertido. —Siempre se escucha como un hombre serio, pero se le llama '

señor

' y toda seriedad se le esfuma —Explicó entre risas. —Además, siento que él sabe que sólo lo fastidio porque aún así me compra los dulces de mamá.


—Creo que te los compra para que no te sientas mal, hijo —Comentó Yagi sin quitar la mirada del camino.


—Uhm también puede ser —Comentó Izuku con una mueca adornando sus labios. —Pero si es por eso también me sentiré mal.


—A lo mejor eso él no lo sabe.


El auto se mantuvo en silencio luego de eso, All Might mantenía la cara apoyada en la ventana recibiendo el aire en su cara con la lengua afuera y moviendo la cola con emoción mientras su dueño, Izuku se mantenía sintiendo el viento en su rostro al igual que los diferentes aromas, él mismo no sabía decir su su oído era mejor que su olfato o viceversa ya que en sus días de celo ambos eran igual de buenos y enteramente sensibles, al igual que dolorosos en algunas ocasiones, al no tener pareja eran días complicados y aún así se decía que estaba bien.


Una media hora les tomó llegar a la granja de los Iida, conocía a los hijos del matrimonio ya que ambos trabajaban para la policía y de vez en cuando pasaba por la estación a dejarles los dulces que hacía su madre, tenía una semana que no pasaba por la estación, así que le emocionaba poder saludarlos. Bajó en cuanto su padre le abrió la puerta, se había quitado el cinturón en cuanto el motor del auto se apagó por lo que sólo tuvo que sostenerse de su padre y tomar la correa de All Might para luego comenzar a seguir a Yagi hacia el granero donde tenían a la cerdita que iba a dar a luz.


Los tres recién llegados anunciaron su llegada y saludaron a la familia que se encontraba en el granero observando a la cerdita acostada de lado, faltaban unos pocos minutos antes de que por fin los cerditos salieran y la familia cruzaba los dedos para que todos salieran vivos y saludables, hacía unos meses habían perdido una camada de cerditos de la misma madre y por ello se encontraban preocupados por éstos.


Los hijos del matrimonio Iida se quedaron hablando con Izuku a petición de Yagi para que su hijo no se aburriera esperando, a pesar de que el chico escuchaba todo lo que los demás decían y por ello era que no se encontraba aburrido, aún así se puso a hablar con Tenya y con Tensei para ponerse al día con lo que habían estado haciendo. En el pueblo no es que hubiera mucha delincuencia, pero siempre estaba la persona que se quería pasar de lista y que llegaba de otro pueblo cercano a hacer de las suyas y ellos estaban para detener a esa clase de personas.


—¿Y hasta dónde lo siguieron? —Cuestionó Izuku con bastante interés por lo que los hermanos le contaban.


—Hasta el puerto, el tipo no sé en qué pensaba, quizá quería huir nadando, pero lo veo un poco imposible —Respondió Tensei con un tono de voz lleno de burlas.


—No es imposible hermano —Comentó Tenya llevándole la contraria al mayor. —Recuerda que a medio metro del puerto parecía que había un bote esperándolo.


—¿Ya lo había planeado con alguien más? —Cuestionó Izuku esperando que los hermanos no pelearan ni discutieran como siempre.


—Es posible Izuku, pero no encontramos al posible cómplice cuando revisamos el bote, así que eso nos hace pensar que la otra persona huyó al ver que atrapábamos a su amigo —Respondió Tenya de manera pensativa.


—Igual estamos pendientes ya que el alcalde ha tenido un par de solicitudes de personas que le piden que los acepten en la manada —Contó Tensei a modo de secreto, sabía que el chico no diría nada a nadie o al menos confiaba que fuera como pensaba.


—Pero nosotros no somos una manada como tal, quizá los otros pueblos sí, pero es porque ellos se rigen por las jerarquías —Comentó Izuku de manera pensativa. —A menos que quieran venir y hacer lo que se les viene en gana aquí sólo porque no hay jerarquía.


—Es lo mismo que pensó el alcalde, que las personas de las solicitudes se enteraron de como vivimos aquí y quizá buscan hacer lo que se les venga en gana —Contó Tenya cruzándose de brazos y suspirando intranquilo. —O quizá buscan hacerse del pueblo para reformar el pueblo y que se rija todo por la jerarquía.


—Eso sería una masacre para los que vivimos en paz y libres aquí —Respondió Izuku con temor, se imaginaba todo aquello y no daba crédito alguno de como podrían ser las cosas luego de que empezaran a regirse por las reglas de la jerarquía. —Muchos de nosotros con alguna discapacidad e incluso yo, terminaríamos muertos a manos de esas personas.


—¡No pasará! —Exclamó Tensei con bastante seriedad al notar que Izuku había comenzando a temblar. —Quédate tranquilo. ¿De acuerdo? El alcalde se está encargando de todo eso.


Izuku asintió en silencio, era cierto que tenía miedo por él y por sus compañeros, algunos que como él tenían una discapacidad y fuera de ese pueblo los tachaban como inútiles y defectuosos ya que a algunos no les llegaba su celo regularmente, otros como él no podían utilizar sus feromonas y aroma cuando querían, y otros tenían problemas con sus animales e incluso había quienes no tenían un animal como tal, esos eran a los que más despreciaban e incluso llegaban a matarlos en otros lados. Nadie sabía porqué les pasaba aquello pero allí en el pueblo creían que los Dioses y la madre naturaleza tenía algún plan para ellos, nadie allí los veía como defectuosos e inútiles, eran sólo uno más en el pueblo, puede que sí sean una manada pero una que no se regía por la jerarquía.



Luego de casi dos horas los Midoriya se dirigían hacia el auto de Yagi, el parto de la cerdita se había complicado y de cinco cerditos, tres de ellos murieron al no haberlos podido sacar a tiempo, Izuku iba triste por aquel acontecimiento pero era parte de la vida en las granjas, todos los que vivían en una granja sabían que a veces se ganaba o se perdían animales cuando alguno de éstos estaban esperando. los tres subieron al auto y justo como llegaron también se fueron, ahora en dirección hacia su casa.


—Al menos se pudo salvar dos de cinco —Murmuró Izuku luego de un rato en silencio.


Yagi largó un suspiro, estaba agotado. Su trabajo no era fácil y menos cuando había pérdidas como esas, hubiera querido que su hijo no hubiera estado presente pero ya no podía devolver el tiempo para evitarle pasar aquello.


—Si, pero ahora ya no podrá tener más cerditos —Le comentó Yagi con una mueca. —No es una pérdida enorme como pasa cuando da a luz una yegua o una vaca, pero el gasto es igual.


—Es parte de la vida, los Dioses son los que deciden quién vive y quién no, así que no hay porqué llorar esas pérdidas, siempre llegan a nosotros una ganancia el doble que esas pérdidas —Comentó Izuku con una sonrisa para que su padre se relajara.


—¿Y desde cuándo te volviste más maduro con respecto a estos temas? —Cuestionó Yagi con sorpresa.


—Desde hace un año, es lo que dice mamá —Respondió Izuku divertido.


—Con diecinueve años y ya habías madurado, ahora con veinte quieres venir a darle un poco de madurez a tu padre, supongo que te he criado bien —Comentó Yagi asintiendo levemente mientras se reía junto a su hijo. —Y bien. ¿Qué has pensado estudiar a futuro, chico maduro? Sabes que puedes estudiar lo que quieras y lo que te guste, que nada te detenga.


—Aún no me he decidido y tampoco lo he pensado —Murmuró Izuku desviando el rostro hacia la ventana.


—Ya veo. Está bien que te sientas inseguro acerca de eso y por ello sea que no has escogido, igual tienes hasta final de vacaciones para que elijas una carrera —Le recordó Yagi. —No importa cuál elijas Izuku, si es lo que te gusta, tu mamá y yo estaremos para apoyarte en todo.


—Lo sé papá, gracias.


Luego de aquella conversación el auto volvió a quedarse en silencio, era cierto que Izuku estaba inseguro acerca de la carrera que quería estudiar, habían diversas de ellas y sus profesores le habían dicho que no se detuviera a pensar en su discapacidad, incluso había un comentario de uno de sus profesores que le causaba risa.


"

Mira más allá, usa tu tercer ojo y escúchalo

" —Decía su profesor Hizashi arrastrando las palabras.


"

El hombre no tiene los tornillos en su lugar

" —Solía decir una de sus profesoras. "

Así que no le prestes demasiada atención a sus extraños consejos, Izuku

".


¿Y cómo no le prestaba atención si él era el consejero?, por esa razón era que Izuku estaba también indeciso porque ni siquiera el consejero podía darle un consejo cuerdo, así que pensaría bien lo de la carrera a lo largo de sus vacaciones, no es como que tuviera muchas cosas que hacer o personas con las cuales juntarse, así que sólo ayudaría a su madre con las cosas del hogar y lo que ésta le pidiera.

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