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I Just Love You

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Sinopsis

Él se acercó solo lo suficiente mientras que en el proceso quitaba la capucha lentamente despeinando su castaño cabello. Sus ojos marrones idénticos a los de Janine estaban clavados en mí y su altura realmente me intimidaba. - Brandon- Extendió su mano. La tomé incómoda- Hola- Dije mientras las estrechábamos- Supongo que soy tu nueva hermana- Comenté para romper el hielo que se había formado gracias al silencioso momento. Brandon negó veloz y serio- No...- De manera cortante liberó mi mano- Eres cualquier cosa menos mi hermana, no te confundas, que esté siendo amable ahora no significa que me caigas bien o que de alguna manera te haya aceptado. HISTORIA CON CONTENIDO CLICHÉ. DERECHOS RESERVADOS.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
MagieBlack
Estado:
En proceso
Capítulos:
18
Rating
4.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1


Matar a un ruiseñor.


Era el nombre con el que se apodaba el libro que en ese momento me dedicaba a leer.


Suspiré alejando mi mirada de las pequeñas y delicadas letras que conformaban cada oración del escrito y la posé en la nieve que descendía desde el cielo, hasta impactar con el suelo o en ese caso, contra el vidrio de la ventana.


Tener dieciséis años, y no saber quiénes eran tus padres, pues no era una cualidad de la cual sentirse afortunado.


Debo suponer o tal vez, quería creer que, en ese momento, mis padres al ser tan jóvenes y novatos en vivir esto y con "esto", hago referencia a vivir la vida, decidieron que lo mejor para mí era vivir aquí, crecer y aprender aquí.


Mis únicos recuerdos radicaban en este lugar. El orfanato "Sr. Benson".


No destacaba por ser el edificio con más belleza, pero sí el que poseía el mejor sistema de adopción.


En cuanto a mí, pues una de las tantas características que me definirían mejor serían; que siempre me apasionó la lectura y en cierto modo, la escritura, a pesar de que no contara con el don de llevarlo a cabo.


Al menos hacía el intento.


Con respecto a mi personalidad, no me califico como alguien bipolar.


Pero esa ya es mi opinión.


La seriedad abarcaba gran parte de mi actitud, sin contar el hecho, que adoro utilizar el sarcasmo.


Es una de las mejores armas y si sabes hacer buen uso de ello, pues considérate una asesina con profesión.


Resulta un gran problema para mí, demostrar afecto. Puedo sentirlo con una intensidad que quita el aliento, más no demostrarlo.


Debe de ser costumbre.


Fuiste rechazada desde nacimiento, que no conoces lo que es el verdadero afecto y mucho menos demostrarlo.


Las mujeres del orfanato Sr. Benson abrían siempre a las nueve de la mañana, es una especie de regla "Niños y niñas que integren este tan solidario espacio, deben estar en condiciones para recibir a las parejas adoptivas". Usualmente las personas que transitaban estos lugares, son aquellas, que no pudieron concebir o porque solo quieren añadir a un integrante más en la familia.


Durante mis dieciséis cortos años de vida he visto como las parejas adoptaban particularmente a niños que no sobrepasan los cinco o trece años de edad aproximadamente. Según ellos entre más grandes sean, más difíciles de controlar. Cabe decir que ya me había resignado, pensándolo bien, prefería no ser adoptada. Mi familia yace aquí y es Bertha.


Con ella tengo suficiente.


—Anel, niña deja de leer ese libro y ven a la mesa— Bertha interrumpió mi lectura, ganándose un gruñido de mi parte por haber cortado mi momento de éxtasis.


—Enseguida—Contesté en un bufido mientras posaba el libro en la cama de mala gana y me colocaba de pie. Bajé las escaleras perezosamente, encontrándome con todos los niños ubicados en sus respectivos lugares en espera de su plato con comida.


Busqué con la mirada a Bertha, encontrándola mezclando la comida. Ella volteó mirándome y señalando un lugar a su lado.


—Gracias—dije ubicándome y posando mis manos sobre los muslos.


—No hay de qué, ten — Me dio mi plato —Espero lo disfrutes —Apuntó al pobre pollo, corrección lo que quedaba de él y sonrió felizmente.


Asentí tomando mis cubiertos —Se ve... —Me detuve buscando un buen adjetivo calificativo para describir la comida —¿Sabrosa? —Genial, Anel—Apuesto a que sabe genial.


Margaret una de las mujeres más importantes del orfanato y la más autoritaria entró en la sala. Su postura era recta y su traje de sastre gris combinado con negro, le daba un aspecto con más autoridad. Nos observó a todos, para luego comenzar a hablar.


—Niños y niñas que integren este tan solidario espacio, deben estar en condiciones para recibir a las parejas adoptivas— Anunció con voz grabe, frunciendo sus labios pintados de un marrón oscuro.


¿Lo ven?


Era imposible no memorizarlo.


La rutina era la de siempre; bañarnos, vestirnos y recibir con sonrisas y buen comportamiento a las parejas, logrando de esa forma lograr ser adoptado.


Sí, siempre era lo mismo.


Al terminar de comer y ayudar a Bertha con la limpieza de la cocina y el salón, subí a tomar un baño.


Debía estar presentable.


Aunque eso jamás me preocupó.


No me habían adoptado en dieciséis años ¿Por qué habrían de hacerlo ahora?


Me apliqué Shampoo, haciendo presión con las yemas de mis dedos en mi cuero cabelludo y luego coloqué acondicionador. Siempre me agradó que mi cabello estuviera sedoso, por lo que pasaba varios minutos masajeando la zona. Tomé el jabón e hice que este hiciera mucha espuma para así, distribuirla de manera uniforme por todo mi cuerpo dejando un agradable aroma a rosas.


Finalmente me envolví en la toalla caminando cautelosamente para no resbalar y darme un buen golpe. Sequé y cepillé mi cabello para luego ir en busca de mi ropa.


Físicamente, era de contextura delgada, no tenía mucho por lo que presumir, claro está. Pero el estar sana y poseer mis cuatro extremidades, era más que suficiente. Mi altura alcanzaba el metro setenta y mi cabello era increíblemente oscuro y largo.


Bastante largo.


Tanto que luchaba diariamente para poder cepillarlo.


En cuanto al color de mis ojos, pues estos eran verdes. No de ese verde esmeralda o claro como el agua, sino más bien, de ese verde aburrido y común.


¿Pero qué más daba?


Una vez ya lista bajé y me encontré con la sala siendo ocupada por varias parejas de diferentes lugares, entre ellos, japoneses, hindúes, estadounidenses, latinos hasta parejas homosexuales que querían formar una familia. El orfanato Sr. Benson era muy importante ya que se le consideraba el mejor orfanato del mundo, contaba con una gran reputación.


—Otra vez lo mismo —Me quejé posicionándome junto a Bertha.


Suspiró melancólicamente—Sí, hoy se va alguien más.


Fruncí el ceño—Te noto triste.


—Lo estoy, es que los quiero mucho a todos y me duele cuando se marchan.


—Lo sé— Hice silencio— ¿Me extrañarás si me voy algún día?


Bertha me observó fijamente —Por supuesto, a ti te adoro—Respondió sonriendo—Cariño, sé que sientes que no pueden sentir afecto hacia ti y déjame decirte que estás equivocada. Yo te amo y te considero mi hija.


Sonreí bajando mi mirad y en ese instante, sentí a Bertha dándome un cálido abrazo provocando que la tensión se adueñara de mí. Me congelé y reuní todas mis fuerzas para abrazarla y así lo hice, pero me odié a mí misma por haber tenido que esforzarme. En medio de nuestro abrazo una de las tantas parejas que se encontraban en el lugar se acercaron a nosotras en silencio.


—Disculpen—Sonrió—Lamento interrumpir, soy Janine Rudd—Extendió su mano hacia Bertha, quien la recibió gustosa—Y este es mi esposo John.


La tal Janine era rubia y su cabello alcanzaba sus hombros. Sus ojos eran marrones y su piel estaba decorado por un tono acaramelado. En cambio, su esposo John, tenía cabello castaño y sus ojos eran mieles. No hacía falta conocerlo a gran profundidad para notar que era un hombre entregado a su familia


—Repentinamente tuvimos el deseo de unir a alguien más a la familia y pensamos ¿Por qué no adoptar? —Continuó la mujer mirando a su esposo, quién asintió amablemente con una leve sonrisa—Y aquí estamos—Suspiró.


Bertha y yo la escuchamos atentamente hasta que finalizó su discurso.


—Sí, claro. Por favor acompáñenme los niños se encuentran en el otro salón— Dijo Bertha—Por cierto, eso ha sido una gran idea—Elogió, a lo que Janine sonrió orgullosa.


—Lo sé, gracias—Janine hizo una pausa—Casi lo olvido…— Golpeó sutilmente su cien—Estamos interesados en chicos más grandes, adolescentes—Aclaró—Si no es molestia.


Bertha negó—¡Oh!, pero claro que no es molestia—Colocó su dedo índice en su mentón y repentinamente sonrió mientras clavaba su mirada en mí.


Oh, no.


¡Huye!


—Tengo a la candidata perfecta— Exclamó con entusiasmo. Janine y John la observaron con cautela y ansiedad en sus miradas—Ella es Anel— Me detuvo del antebrazo evitando mi escape y gruñí interiormente— Está aquí desde pequeña y le emociona la idea de pertenecer a una nueva familia ¿Cierto? — Me escrutó con la mirada.


Asentí indignada por la gran mentira.


Bertha asintió satisfecha—¿Quieren un momento a solas con ella?


—Por supuesto que sí, nos encantaría—Aceptó John, tomando la manos de su esposa.


Luego de que Bertha asintiera y se marchara, un silencio completamente incómodo surgió entre nosotros.


¿Y ahora qué?


— Y bien— Janine carraspeó rompiendo el momento incomodo- ¿Qué te gusta hacer aquí? — preguntó curiosa.


Rasqué mi nuca— Emm... a decir verdad aquí no hay mucho para hacer, pero la mayoría de mi tiempo lo ocupo leyendo o escribiendo— Me encogí de hombros—Soy muy mala en eso último.


—¿Qué te gusta leer? — Continuó Janine.


Tomé unos segundos en pensar mi respuesta—Me gustan todos los géneros, pero prefiero fantasía, acción y tal vez algo de romance.


—Es grandioso que leas, en estos tiempos los chicos a tu edad no soportan tener, aunque sea un solo par de hojas en las manos—Agregó John decepcionado.


Fruncí el ceño—¿Lo dice por alguna experiencia personal?


Ambos asintieron—Nuestro hijo mayor—Respondió John.


Los miré confundida—¿Por qué adoptar si ya tienen hijos? —Pregunté—¿No les es suficiente?


Janine negó—Hay muchos chicos que necesitan un hogar y queremos compartirlo con aquellos a los que se le negó uno.


Asentí con neutralidad—Entiendo.


—Supongo que aún falta mucho para conocerte, pero por el momento, creo que será suficiente—Sonrió Janine—Fue un placer, Anel.


—Igualmente—Extendí mi mano, estrechándola con ambos.


Ellos se alejaron a paso tranquilo, acercándose a Bertha y luego de intercambiar un par de palabras, se adentraron a la oficina.


Varios minutos transcurrieron y mi paciencia se acababa.


¿De qué estarán hablando?


¿Qué habrá sucedido?


De pronto la puerta se abrió e inmediatamente posé mis ojos en Bertha, quien se acercaba con emoción.


Su abrazo fue lo primero que noté—¿Qué ocurre? —Pregunté confundida por su repentina acción.


—¡Cariño, has sido adoptada!


¿Eh?


—¿Qué? —Susurré incrédula y en estado de shock.


No puedo creerlo.


— ¡Lo que oíste, ellos te eligieron! —Chilló de felicidad.


Me quedé tiesa, no sabía qué hacer ni cómo reaccionar ante esa noticia. Observé a Janine y a John y ambos me sonrieron, dándome con esa expresión, una clase de bienvenida.


—Ve a preparar tus pertenencias—Ordenó Bertha alegremente.


Asentí lentamente y me volteé para ir a mi cuarto con rapidez. Preparé mi maleta con la ropa y mis libros junto a mis discos musicales. Luego bajé las escaleras pausadamente mientras observaba con melancolía el lugar que habité por casi dieseis años.


Jamás pensé que este día llegaría.


No tan pronto.


Me despedí de todas las todas las mujeres, de los niños e incluso lo hice de Margaret, quien obviamente jamás.


—Te extrañaré cariño—Dijo Bertha en medio de un sollozo.


—Ey, no llores—Sequé una de sus lágrimas—Yo te echaré el doble de menos.


Rio acariciando mi mejilla— Cuídate ¿Sí? — Asentí sonriendo—Mantente en contacto.


—Lo haré, es promesa—Levanté mi mano derecha—Te quiero, Bertha—Sonreí—Adiós.


Me acerqué a John quién tomó mi maleta y la colocó en el baúl para luego subir al auto y hacer sonar el motor. Saludé a Bertha a través de la ventana y por un momento quise cogelar ese momento.


Su sonrisa, sus arrugas alrededor de sus ojos, su forma de ser conmigo.


Ella era mi madre.


Sentí un nudo al ver como su silueta de tornaba borrosa al alejarnos del lugar.


Dios, la echaría de menos.


—¿Cómo son los nombres de sus hijos? — Pregunté repentinamente mirando como la nieve cubría las copas de los árboles.


Janine se volteó y desde su asiento respondió—Liza y Brandon.


Asentí presionando mis labios—¿Qué edad tienen?


—Liza tiene diez años de edad y Brandon dieciocho— Respondió esta vez John sin despegar la mirada de en frente.


—¿Cómo son? — Continué mi interrogatorio.


—Pues, Liza es muy estudiosa, también le gusta leer—Me observó—Sé que se llevarán muy bien, es muy sociable y cariñosa—Contestó Janine—En cuanto a Brandon…—Suspiró—No te sorprendas si te habla de forma grosera, él es así—Mordió su labio inferior—A pesar de que lo hemos regañado, su actitud no cambia. Siempre está con sus amigos y en el mundo de las fiestas. Es un asunto complicado.


John estacionó el auto frente a una gran casa, las paredes eran de madera en un tono marrón oscuro y grandes ventanales, era muy hermosa. El terreno era inmenso y el lago congelado junto a la casa, le daba un aspecto maravilloso.


Bajamos del auto y John me entregó nuevamente mi maleta, con nerviosismo los seguí hasta la entrada y cuando abrieron, muchos gritos y globos de colores variados salieron desde dentro.


Quería fallecer en ese instante, ya que, toda la familia comenzó a abrazarme y a saludarme, dándome las cálidas bienvenidas.


—¡Hola soy Liza! —Chilló entusiasmada, una pequeña niña castaña de ojos mieles—Estoy feliz de tener una nueva hermana mayor—Carraspeó haciéndome seña para que me acercara y así lo hice—Aquí entre nos, mi hermano es denso y aburrido. Además, es hombre y nunca quiere jugar conmigo, ¡Pero ahora será diferente! —Wow esta niña si que se cargaba con la suficiente energía como para no agotarse.


—Soy Anel—Me presenté incómoda—Me han contado que te gusta leer y es de mucha suerte que posea muchos libros.


—¿¡De veras!? —Exclamó emocionada— ¡Me encanta leer! — Gritó aturdiéndome—Es lo que más amo además del pastel.


Reí un poco más relajada—Puedo prestártelos, si quieres—Me encogí de hombros.


Sus ojos brillaron—¿¡En serio!? —Asentí con una sonrisa de lado— ¡Gracias, me encantaría! —Miró a Janine—¡Mamá, ya la amo!


Reí negando a la vez y volteé para presentarme con el hermano mayor, pero no había nadie allí.


¿No eran dos hermanos?


Fruncí el ceño.


Una mueca en el rostro de Janine dio a notar su enfado, acción que provocó que tomara su celular y marcara el número de quien supongo era mi hermano.


Su suspiro fue lo único que observamos al percatarse de que sería imposible hacer contacto con su hijo.


No lo conocía y ya me había sentado como un puñetazo en los ovarios.


—Ven—Liza tomó mi mano y me llevó a mi cuarto casi a rastras—Ignora a mi hermano, cuando lo conozcas veras que no es nada especial—Cogió el pomo de una de las puertas en el segundo piso—Este será tu cuarto—Anunció abriendo la puerta del cuarto.


Era una habitación fantástica, tenía una repisa llena de libros, una computadora situada al lado izquierdo y sobre esta una repisa en donde un equipo musical me saludaba. Del lado derecho se encontraba mi armario y en medio de la habitación mi cama, cuya parte final daba con la puerta.


La casa era hermosa.


Al igual que quienes la habitaban.


Por fin, podría decir que pertenecía a un lugar.


Y me sentía afortunada por ello.


(…)


La sed que sentí esa noche, estaba matándome.


Pero me sentía algo cohibida en bajar en medio de la noche por un vaso de agua. No era un robo, pero se sentía algo raro.


¡Santo dios! A este paso mis glándulas salivales, se agotarán por el simple hecho de mantener mi boca húmeda.


¡Al demonio!


Salí de cama con rapidez, casi corriendo hasta la puerta y con tranquilidad y silencio, me vi fuera de la habitación y me apresuré en bajar las escaleras para llegar a la cocina.


Con una sonrisa de alivio, me acerqué a la heladera y al abrirla, mi boca se hizo agua al ver las botellas repletas de agua.


Sí que estaba al punto de la deshidratación.


—¿Quién rayos eres tú? —La botella resbaló de mis manos, pero afortunadamente logré detener su caída.


—¡Joder! —Chillé en un susurro, sintiendo a mi corazón dar furiosas palpitaciones—Me has asustado—Tomé aire y situé mi mano en el centro de mi pecho—Soy Anel.


—¿Qué haces aquí? —Ignoró el hecho de que me haya presentado y volvió a interrogar.


Fruncí el ceño al no poder verlo con claridad, debido a la oscuridad—¿No sabías que John y Janine tenían deseos de adoptar? —Lo vi asentir—Pues es por ello que estoy aquí.


Dio un par de pasos hacia adelante, alejándose de la oscuridad.


Y Ahí lo noté.


La voz de esa extraña persona era joven, usaba una capucha sobre su cabeza, junto a unos pantalones de Jean y usaba convers blancas. Él se acercó solo lo suficiente mientras que en el proceso quitaba la capucha lentamente despeinando su castaño cabello. Sus ojos marrones idénticos a los de Janine estaban clavados en mí y su altura realmente me intimidaba.


—Soy Brandon—Extendió su mano con impaciencia—¿Vas a estrecharla o qué? —Cuestionó al ver mis dudas.La tomé incómoda— Hola—Dije mientras las estrechábamos—Supongo que seré tu nueva hermana—Comenté para romper el hielo que se había formado gracias al silencioso momento.Brandon negó veloz y serio— No... — De manera cortante liberó mi mano—Eres cualquier cosa menos mi hermana, no te confundas que esté siendo amable ahora no significa que me caigas bien o que de alguna manera te haya aceptado—Finalizó para luego dirigir una mirada amenazante hacia mí y, por último, subir las escaleras en dirección a su habitación.


Vaya bienvenida.


Apreté mis puños con molestia.


Definitivamente ya me caía mal.

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