1 | Le printemps
Le printemps
—¿Escuchaste que Yoon JeongHan comenzó a enamorar a Kim MinGyu?
—¿Hablas en serio? JeongHan parece ser alguien fácil, no me sorprendería.
Un portazo en el bloque de casilleros sorprendió a las omegas murmurando. Se encontraban tan ensimismadas que no lograron percibir la presencia del omega unos minutos antes, mientras el pelinegro las veía con mala cara.
Ambas voltearon a verlo con estupefacción mientras le dirigían una sonrisa, que a palabras de JeongHan, era más falsa que sus tacones de “marca”.
—Si tienen curiosidad, soy un libro abierto. Uno, MinGyu no me interesa ni me gusta. Dos, no trato de “enamorarlo” –Remarcó enamorarlo con comillas en los dedos– Y tres, no tendría porque explicarles a un par de entrometidas sobre cuestiones de mi vida personal.
Las chicas se hicieron las ofendidas mientras JeongHan le sonreía de la misma manera en la que ellas lo habían hecho anteriormente.
—Si no tienen nada más que decir, adiós.
El pelilargo estaba molesto, definitivamente. Pero recordar lo fácil que fue intimidarlas, lo hizo eliminar cualquier rastro de enojo. Incluso, sintió un leve cambio de olor en sí mismo, irradiando más alegría que otra cosa.
Al no estar consciente de su alrededor a causa de su diversión, no se percató del alfa sonriente mirándolo desde el lado contrario del pasillo, presenciando la mini escena que causó.
JeongHan a vista de todos, era la definición de perfección. Era un omega demasiado atractivo, de rostro suave al tacto, cabello largo, sedoso y negro; amable, tierno, divertido. Para cualquiera, sería como ganarse la lotería. Pero, lo que no sabían, era que él haría todo lo posible para alejar a quien sea, su honor siempre iría primero.
Deteniéndose a ver su horario, el pelinegro se dirigió a la clase de Contabilidad para buscar a SeungKwan y hacerle la pregunta más importante de su vida.
Lo encontró estudiando sentado en una mesa desbordándose de libros. SeungKwan suspiró cansado de sus “inservibles” clases. Al estirar sus músculos, divisó a JeongHan cerca de la puerta del aula, aproximándose hacia él. Sin siquiera darle la oportunidad de saludar y decir un ”Hola, ¿qué tal, hyung? ¿Todo bien?“; JeongHan le preguntó a secas:
—SeungKwan, se honesto, ¿tengo cara de puta?
El menor únicamente logró escupir el jugo de naranja que se encontraba tomando, para después sobre-reaccionar y colocar ambas manos en la boca del omega mientras gritaba un ¡Shhh! a los cuatro vientos. JeongHan divisó un rubor en las mejillas contrarias y ahogó una risa en las manos del beta.
SeungKwan logró escuchar un par de murmuros provenientes de algunos alumnos a su alrededor. JeongHan, en palabras de SeungKwan, podía ser un desvergonzado cuando quería.
—¿Hyung, por qué preguntas eso? –SeungKwan retiró sus manos del rostro ajeno para recibir una respuesta.
—Simplemente creo que hay un par de personas que creen que tengo cara de fácil.
—¿Y a ti cuando te importó la opinión de los demás?
—Jamás –JeongHan tomó asiento de la silla al lado del beta mientras dejaba su mochila debajo de la mesa- Ni antes ni ahora. Pero esas chicas ya me dejaron con la curiosidad –El omega rió y SeungKwan no logró hacer más que reírse con él– Entonces, ¿sí o no?
—Si quieres que te sea honesto, ni un poco -Pausó brevemente para pensar su respuesta un poco más- Pero si quieres escuchar lo contrario, entonces sí.
—Por eso te amo, SeungKwan –El omega pasó una mano por el hombro contrario y lo abrazó lateralmente con fuerza.
—¡Yah! Suéltame, hyung. ¡Me estás asfixiando!
JeongHan le sonrió unos segundos. Y un rato después, observó al profesor entrar por la puerta, haciendo de su última clase del día: lo peor.
Los minutos pasaron más rápido de lo que JeongHan esperaba, escuchando el timbre y suspirando con emoción. Se despidió de SeungKwan rápidamente y salió del edificio de Administración con velocidad.
En el camino de la facultad a su parada de autobús, chocó con alguien debido a la prisa que llevaba. Pidió perdón rápidamente con un par de pequeñas reverencias, continuando su camino después de aquello. Aquel alfa se contuvo de ir tras él, simplemente sonrió al ver al pelinegro corriendo con más precaución que antes.
¿Por qué el omega bonito llevaba tanta prisa?
Su parte favorita del día, sin dudarlo, era llegar a la floristería de su madre. Podía permitirse liberar el estrés de su día rodeado de aromas tan frescos y dulces, en un lugar limpio, agradable, y con la luz solar necesaria, no mucha, ni tan poca.
La floristería en realidad era un lugar pequeño y agradable. No tan visible para todo mundo, pero lo suficiente para que las personas adecuadas se detuvieran a comprar unos tulipanes o un par de crisantemos.
Era viernes, uno de los días favoritos de Yoon JeongHan. Había la cantidad idónea de ventas, sin clientes rudos y con una atmósfera tranquila. Normalmente, los viernes significaban eso para el pelilargo.
Entró al lugar, observando a su madre y saludándola para después dejar su mochila atrás de la barra.
—¿Vas a ir con la abuela? –JeongHan le sonrió a su madre mientras ella guardaba dinero en la caja.
—Sí, espero no tardar mucho. Cierra el lugar antes de que llegue, no quiero que te desveles.
—Está bien, mamá. Dile a la abuela que la amo mucho.
—También dejé comida en la estufa, no comas tan tarde, ¿bien?
—No te preocupes, mamá, mejor corre. ¡Seguro la abuela te está esperando!
Yoon EunJi era la mujer más hermosa a ojos de su hijo. JeongHan la consideraba un ejemplo a seguir en todos los aspectos posibles.
Sin más que decirse, EunJi depositó un beso en la mejilla de Jeonghan y salió del local no sin antes gritarle un ”¡Te amo!" y hacer reír a JeongHan.
La tarde transcurrió tranquila, como cualquier viernes común. JeongHan haciendo un par de tareas de la universidad, limpiando el lugar, atendiendo clientes, envolviendo un par de flores, dando algunas recomendaciones y siendo su verdadero yo.
Yoon JeongHan jamás lo admitiría, pero siempre cambiaba de personalidad en la floristería. Y no para mal, todo lo contrario, era dulce y gentil, amable y hablador. Adoraba con el alma cuidar de todas y cada una de las flores que se encontraban en el lugar. A ojos de todos, lucía más feliz cuidando e investigando de plantas, que haciendo cualquier otra cosa.
El día terminó sin muchos problemas. Se encaminaba a guardar sus cosas y agarrar las llaves del sitio para cerrar el lugar. Quizás podría ver alguna película mientras comía Lucky Charms. Necesitaba un descanso después de un día tan agotador, sí, eso haría.
Con lo que no contaba, era que sonara la campana anunciando un cliente más y sin remedio, se acercó a la barra a ofrecer la última sonrisa del día.
Con lo que no contaba, era que él estaría inmóvil en la puerta del lugar.