Entre el deber y la venganza.

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Sinopsis

John Miller, un joven y prometedor policía, ve su vida desmoronarse cuando es falsamente acusado del asesinato de su compañero. Condenado y encerrado, John enfrenta un futuro sombrío en prisión. Sin embargo, su destino toma un giro inesperado cuando la enigmática Agencia de Espías PARABELLUM interviene, liberándolo en secreto. PARABELLUM le revela que su encarcelamiento es parte de una conspiración mucho más amplia que implica a miembros corruptos de la policía coludidos con una organización terrorista de avanzada tecnología. Reclutado por su habilidad única y su deseo de limpiar su nombre, John es lanzado al núcleo de una operación encubierta para desmantelar un complot terrorista global. El objetivo: evitar la liberación de un virus biotecnológico capaz de controlar la mente humana, transformando a los infectados en marionetas obedientes.

Genero:
Action/Drama
Autor/a:
JayKishe
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Sombras de Acusación

Entre una fuerte lluvia, resonaban los acelerados pasos de un policía en los charcos de agua. Su rostro mostraba marcas de pelea y una mueca de angustia, convencido de que todo mejoraría una vez que llegara al comandante. Sin embargo, al poner un pie en la comisaría, sus compañeros se abalanzaron sobre él, logrando reducirlo a pesar de sus forcejeos. Mientras que un hombre robusto se acercaba lentamente.

—John Miller, quedas bajo arresto por el asesinato del teniente Douglas —dijo el hombre, mirándolo fijamente—. Llévenlo al calabozo, muchachos.

John forcejeó desesperadamente con los oficiales que lo retenían, gritando por su inocencia, pero fue silenciado con un fuerte golpe en la cabeza. Horas después, despertó en una sucia celda de la comisaría cuando un ratón caminó sobre su mano, John se sentó y movió su cabello oscuro en busca de heridas. En ese momento, escuchó pasos que se acercaban a su celda y corrió hacia los barrotes.

—¡Déjenme salir! —gritó John desesperadamente—. ¡Soy inocente!

—Parsimonia, señor Miller —dijo una voz que se acercaba a la celda—. Actuar así no te servirá de nada.

Un hombre vestido con un elegante traje negro se colocó frente a él, con ambas manos en los bolsillos. John lo miró confundido.

—¿Sabes qué significa eso, verdad? —preguntó el hombre.

—Lo sé, no soy idiota —respondió John molesto, alejándose de los barrotes—. ¿Quién eres?

—Digamos que soy tu abogado —respondió el hombre, arreglando su corbata—. Te seré sincero, irás a prisión.

—Qué alentador —dijo John en tono bajo.

—Cargos por homicidio a un oficial y resistencia al arresto —añadió el abogado con tono ligeramente burlesco—. No pinta bien. Solo sigue el proceso.

Luego de eso, el hombre se marchó antes de que pudiera decir algo más, ignorando las palabras de John. El caso continuó hasta el juicio, sin la presencia del misterioso abogado. Finalmente, John fue declarado culpable y trasladado a una prisión de seguridad media pero altamente tecnológica. Tras el protocolo, fue llevado a su celda, un pequeño cuarto con una cama y un baño. Al colocar su ropa sobre la cama, la puerta electrónica se cerró detrás de él y se sintió sumido en un profundo vacío.

Después de varias horas, las celdas se abrieron para la cena. John siguió a los demás reos hasta la cafetería de la prisión, con paredes, mesas y sillas totalmente blancas. Las cámaras brillaban en rojo, vigilando a los reos desde casi todos los ángulos, y unas pequeñas pantallas mostraban instrucciones y horarios para los presos. John pasó por la cocina y recibió una sopa de albóndigas antes de dirigirse a su asiento. Donde se concentró en su comida mientras lidiaba con su sufrimiento interno. Al levantar la mirada hacia una de las pantallas que adornaban la cafetería, notó que su contenido cambió brevemente de un reloj a una frase familiar: “sigue el proceso”. Sin embargo, en un instante, la pantalla volvió a la normalidad, ahí fue cuando un sujeto calvo y musculoso se acerco a John con actitud amenazante.

—Miren, Don Policía está disfrutando su cena junto a sus más grandes amigos —dijo el hombre mientras empujaba la bandeja de John—. El cerdo está en el callejón de las ratas.

—Piérdete —le dijo John en voz baja mientras tiraba su cuchara sobre la mesa frustrado.

—¿Que? —dijo el hombre en tono burlesco mientras acercaba su oído a John—. ¿Acaso dijiste... apuñálenme?

A eso, John reacciona y antes de que el hombre pueda sacar su cuchillo casero, le da un fuerte golpe con la bandeja en el rostro, pero solo hace retroceder al gran gorila. Quien termina de sacar el cuchillo de su bolsillo mientras John se levantaba, pero antes de que pudieran continuar con la pelea, varios guardias llegaron y los redujeron fácilmente, llevando a ambos a celdas de confinamiento, donde arrojaron a John sin ningún cuidado, quien resignado se recostó en la cama a pensar en su vida, en todo lo que había pasado en estos últimos días y tras un rato se quedó dormido debido al agotamiento mental que cargaba. Sin embargo, su sueño se vio interrumpido unas horas más tarde cuando su puerta se abrió lentamente. John se levantó confundido y asomo su mirada hacia lo que se encontraba fuera, miro hacia sus celdas hermanas y se dio cuenta que la suya era la única que estaba abierta, ahí fue cuando la pantalla que estaba frente a su celda se encendió y mostro un mensaje que decía “Hola”, que rápidamente se transformo en una flecha que apuntaba hacia la izquierda. John dudó por un momento, pero sin nada que perder, decidió seguir el camino indicado. Las pantallas lo guiaron por varios pasillos, cada puerta que le obstruía el paso se abría rápidamente y John lograba evitar a los guardias gracias a que las pantallas le daban avisos de sus ubicaciones y de donde se aproximaban. Finalmente, llegó a la cafetería, que en ese momento estaba completamente vacía. La pantalla le indicó un conducto de ventilación que se abrió para permitirle el paso. John dio un salto sobre una mesa y logro colarse dentro, arrastrándose por el largo ducto, hasta llegar al final, una sucia bodega, John salió del ducto con cuidado y comenzó a observar a su alrededor, divisando una ventana que al comprobarla noto que estaba cerrada pero tenia una pequeña rotura donde podría caber algo. El joven comenzó a mirar alrededor buscando algo con lo que poder forzarla, encontrando una palanca. En ese momento se comenzaron a escuchar pasos y a dos guardia conversando, John se apresuro y con toda su fuerza logro abrir la ventana y sin pensarlo dos veces, escapo de un salto. Cayendo por una colina, rodando por esta hasta quedar frente a un bosque en las afueras de la prisión. John se arrodillo y apreció la luna por unos segundos, para luego levantarse y comenzar a correr para alejarse lo más posible del lugar. Hasta que se detuvo para tomar aire, cuando en ese momento escuchó unos pasos detrás de él. En un instinto de defensa, lanzó un golpe en esa dirección, pero fue bloqueado por una mujer pelirroja quien le respondió con un golpe en el rostro, noqueándolo fácilmente. Recuperó la conciencia dentro de un vehículo en movimiento, que tenia las ventanas polarizadas, y frente a él se encontraba el mismo hombre que lo había visitado cuando estaba detenido.

—Lo hizo excelentemente, señor Miller —dijo aquel hombre con una sonrisa—. Justo lo que estábamos buscando.

—¿De qué diablos estás hablando? —preguntó John molesto mientras palpaba su nariz en busca de daños.

—Soy parte de una organización secreta llamada PARABELLUM y conocemos tu historia —dijo el hombre mientras se cruzaba de piernas elegantemente—. Por eso, queremos ofrecerte la oportunidad de trabajar para nosotros y, si logras superar el entrenamiento, ayudarnos a combatir a los malhechores... ¿Qué dice?

—Si me ayudan a limpiar mi nombre... estoy dentro —dijo John seriamente.