𝚄𝚗 𝙰𝚖𝚘𝚛 𝙰𝚐𝚛𝚒𝚍𝚞𝚕𝚌𝚎

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Sinopsis

En medio de la sofocante intriga familiar por el dominio de la empresa legendaria de su abuelo, nuestra joven CEO se ve atrapada en una red de manipulaciones y ambiciones despiadadas. ¿Quién prevalecerá en esta batalla por el poder y la herencia? Sin embargo, cuando un apasionado pastelero irrumpe en su vida, los hilos del destino podrían tejerse de manera inesperada. ¿Será su llegada la chispa que inflame aún más el conflicto, o acaso podría ser la clave para desentrañar los enigmas del corazón y conducirla hacia una dulce redención?

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter 1

Era una tarde apacible en la oficina de Feng Enterprises. Jade Feng, la joven y decidida presidenta de la empresa, estaba sumergida en una montaña de papeles cuando el sonido de un portazo rompió la tranquilidad.


Pedro, su leal secretario, irrumpió en la habitación, con una expresión de urgencia en el rostro.


-Señora, disculpe la interrupción, pero es urgente-dijo Pedro, tratando de recuperar el aliento.


Jade observó a Pedro con atención, sintiendo un nudo en el estómago ante la seriedad de su expresión. Aunque era una líder segura y competente en el trabajo, su corazón latía con fuerza ante la posibilidad de que algo malo hubiera sucedido.


-¿Qué ha sucedido, Pedro?- preguntó Jade, manteniendo la compostura a pesar de su creciente preocupación.


Pedro respiró hondo antes de responder. -Se trata de su abuelo, señora. Ha sufrido un pequeño accidente y está siendo llevado al hospital en este momento.-


Las palabras de Pedro golpearon a Jade como un rayo. Su abuelo era mucho más que una figura paterna para ella; era su mentor, su guía y su inspiración. A pesar de su apariencia serena, el miedo se apoderó de ella mientras imaginaba lo peor.


Sin embargo, Jade sabía que debía mantener la compostura en momentos de crisis. Respiró profundamente y se levantó de su silla con determinación. -Dile a Christian que prepare el coche. Vamos al hospital de inmediato-, ordenó, su voz firme pero con un ligero temblor de preocupación.


Mientras se dirigían al hospital en el lujoso automóvil corporativo, los guardaespaldas de Jade, Christian y Fernando, intercambiaron miradas preocupadas. Aunque estaban acostumbrados a lidiar con situaciones de emergencia, la angustia en el rostro de su jefa les indicaba que esta vez era diferente.


Al llegar al hospital, Jade entró con paso firme pero el corazón en la garganta. Se dirigió directamente a la habitación de su abuelo, donde lo encontró pálido y débil, pero consciente.


-Abuelo-, susurró Jade, sintiendo un nudo en la garganta mientras tomaba su mano con ternura. -Estoy aquí.-


El abuelo de Jade le dedicó una sonrisa débil, reconociendo su presencia con un gesto cariñoso. En ese momento, Jade supo que haría todo lo posible por él, sin importar lo que fuera necesario.


Jade estaba profundamente preocupada por su abuelo mientras permanecía a su lado en la habitación del hospital, pero su angustia se vio interrumpida cuando las enfermeras la sacaron de la habitación para permitirle al abuelo descansar. Incapaz de quedarse quieta, caminó por el pasillo, sus pensamientos llenos de ansiedad y preocupación.


Fue entonces cuando vio a su madre, Rosa, parada al final del pasillo. Rosa era una mujer imponente, con una elegancia que rivalizaba con la de su hija, pero también con una presencia dominante que siempre ponía a Jade a la defensiva.


-Madre- dijo Jade, con una mezcla de sorpresa y desconfianza en su voz mientras se acercaba.


Rosa la miró con frialdad, sus ojos evaluándola con una expresión que Jade conocía demasiado bien. -Jade- dijo Rosa con su tono característicamente condescendiente. -Es una lástima que tengamos que encontrarnos en estas circunstancias.-


La mandíbula de Jade se tensó mientras luchaba por mantener la calma. Sabía que su madre siempre había sido crítica con ella, especialmente cuando se trataba de los asuntos de la empresa familiar.


-¿Qué estás haciendo aquí, madre?- preguntó Jade, tratando de mantener su voz firme a pesar de la creciente irritación que sentía.


Rosa le lanzó una mirada de superioridad, como si estuviera disfrutando del malestar de su hija. -He venido a asegurarme de que todo esté bajo control-, respondió, su tono condescendiente haciendo eco en el pasillo.


Jade apretó los puños, conteniendo su frustración. Sabía que no podía permitirse perder los estribos, especialmente en un momento tan delicado como este. -Mi abuelo está estable por ahora-, dijo, su voz tensa pero controlada. -Estoy haciendo todo lo posible por él.-


Rosa arqueó una ceja, como si no estuviera impresionada por las palabras de Jade. -Eso es reconfortante-, dijo con un toque de sarcasmo. -Pero no puedes negar que esta situación es un recordatorio de la necesidad de una sucesión clara en la empresa.-


Las palabras de su madre golpearon a Jade como un puñetazo en el estómago. Sabía que Rosa siempre había tenido la intención de que su hermana, Nina, tomara las riendas de la empresa en lugar de ella, y esta era solo otra oportunidad para que Rosa reforzara su punto de vista.


-Mi abuelo se recuperará- dijo Jade, su voz temblorosa pero firme. -Y cuando lo haga, seguiré al frente de la empresa, como siempre ha sido mi deber y mi honor.-


Rosa la miró con una mezcla de incredulidad y desdén. -Veremos-, dijo, antes de dar media vuelta y alejarse por el pasillo, dejando a Jade sola con sus pensamientos y su determinación.


Después de su encuentro con su madre en el hospital, Jade sintió la necesidad de despejar su mente. Decidió hacer una breve parada en el apartamento de su hermana, Nina, para revisar los preparativos de su próxima boda. A pesar de las tensiones familiares, Jade seguía comprometida con su matrimonio, aunque su relación con Alejandro, su prometido, había estado experimentando tensiones debido a sus ocupaciones laborales.


Al llegar al apartamento de Nina, Jade se sintió abrumada por un extraño presentimiento. Golpeó la puerta con determinación, pero no hubo respuesta. Después de varios intentos fallidos, probó la manija y descubrió que la puerta estaba abierta.


Al entrar en el apartamento, un escalofrío recorrió su espalda. El lugar estaba sorprendentemente tranquilo, lo que no encajaba con la idea de que se estuvieran llevando a cabo los preparativos de una boda. Se movió con cautela por los pasillos, su corazón latiendo con fuerza en su pecho.


Fue entonces cuando escuchó un murmullo proveniente del dormitorio. Con el corazón en la garganta, se acercó sigilosamente y abrió la puerta de golpe, solo para detenerse en seco al ver la escena ante ella.


Alejandro, su prometido, estaba de pie junto a la cama, con una expresión de culpabilidad en el rostro. Y en la cama, con la sábana hecha un lío a su alrededor, estaba su hermana, Nina, con una mirada de sorpresa y arrepentimiento.


Jade se quedó petrificada por lo que veía, incapaz de procesar la traición que se estaba desplegando ante sus ojos. Su corazón se sintió como si hubiera sido destrozado en mil pedazos, y una oleada de dolor y furia la invadió.


-¿Qué... qué está pasando aquí?- jadeó Jade, su voz temblando con emoción.


Alejandro y Nina se miraron el uno al otro, sin saber qué decir. La tensión en la habitación era palpable, y Jade se sintió como si estuviera en un sueño surrealista del que no podía escapar.


Finalmente, las palabras encontraron su camino a través del shock y la incredulidad de Jade. -¿Cómo pudieron hacerme esto?-, murmuró, su voz temblando con angustia. -¿Cómo pudieron traicionarme de esta manera?-


Nina bajó la mirada, incapaz de enfrentar la furia y el dolor en los ojos de su hermana. -Lo siento, Jade-, susurró, con la voz llena de remordimiento. -Fue un error, lo juro. No debería haber pasado.-


Alejandro tomó una respiración profunda, preparándose para enfrentar la ira de Jade. -Lo siento, Jade- dijo, su voz llena de pesar. -Fue un error, pero te amo. Por favor, perdóname.-


Jade se quedó allí, en el umbral del dormitorio, sintiendo como si el mundo se derrumbara a su alrededor. Todo lo que pensaba que sabía sobre su vida y su futuro se había desvanecido en un instante, dejándola perdida y desorientada en medio de la traición y el dolor.


El silencio pesado se instaló en la habitación, solo interrumpido por el sonido del respirar agitado de Jade y los latidos acelerados de su corazón. La traición de su prometido y su hermana la golpeó con una fuerza abrumadora, dejándola aturdida y sin palabras.


Sin embargo, el silencio fue roto abruptamente por Cristian, uno de sus leales guardaespaldas, quien entró en la habitación con una expresión de furia en el rostro al ver la traición que se estaba desarrollando ante sus ojos.


-¡¿Cómo pudiste hacerle esto a ella?!- rugió Cristian, avanzando hacia Alejandro con pasos amenazadores.


Alejandro retrocedió instintivamente, sus ojos llenos de temor mientras trataba de encontrar una explicación que pudiera calmar la ira de Cristian. -Lo siento, lo siento mucho- balbuceó, retrocediendo hacia la puerta.


Pero antes de que pudiera escapar, Cristian lo alcanzó con un rápido movimiento y lo agarró por el cuello de la camisa, empujándolo con fuerza contra la pared.


-No te atrevas a disculparte- gruñó Cristian, su voz llena de veneno y resentimiento. -Has traicionado a la única persona que realmente te importaba. Eres despreciable-


Los gritos de Cristian atrajeron la atención de Fernando, el otro guardaespaldas de Jade, quien entró en la habitación justo a tiempo para ver la confrontación.


-Fernando, detén a Cristian- ordenó Jade, su voz temblorosa pero firme mientras se acercaba a Alejandro con paso lento y decidido.


Fernando actuó rápidamente, interponiéndose entre Cristian y Alejandro antes de que la situación pudiera intensificarse aún más. -Cristian, cálmate- instó, sujetando los brazos de su compañero con firmeza.


Cristian resistió por un momento más, su pecho subiendo y bajando con furia contenida, pero finalmente cedió ante el llamado de su jefa. Con un gruñido de frustración, soltó a Alejandro y se alejó de él, su mirada aún llena de desprecio.


Jade observó la escena con una mezcla de tristeza y decepción. Se quitó el anillo de compromiso del dedo con manos temblorosas, sintiendo como si estuviera desgarrando una parte de sí misma en el proceso. Con un suspiro pesado, dejó caer el anillo sobre la mesa y se volvió hacia la puerta.


-Me voy- murmuró Jade, su voz apenas un susurro mientras se alejaba de la habitación, sintiéndose más perdida y sola que nunca.


Después de la confrontación desgarradora en el apartamento de su hermana y la infructuosa búsqueda de sus guardaespaldas, Jade se encontraba en un estado de desesperación y desconcierto. Buscando un respiro de su angustia, encontró refugio en la penumbra acogedora de un bar solitario en las calles oscuras de la ciudad.


Con una botella de whisky como su única compañía, Jade se sumergió más y más en su propio torbellino de emociones. Cada trago era un intento de ahogar el dolor y la confusión que la consumían, pero solo parecía intensificar su sensación de desesperación.


Fue entonces cuando Carlos, el dueño del bar y amigo de toda la vida de Jade, se acercó a ella con una expresión preocupada en el rostro. -Te ves terrible, Feng- comentó con voz suave, notando el estado desaliñado y angustiado de su amiga.


Jade levantó la mirada hacia él con ojos vidriosos, reconociendo su presencia con un suspiro pesado. -Solo estoy pasando por un momento difícil- admitió, su voz cargada de emociones encontradas.


Carlos asintió con comprensión, sintiendo el peso del dolor de Jade en el aire tenso del bar. -Lo entiendo- respondió, llenando su vaso con un gesto cuidadoso. -Pero no creo que el whisky sea la solución.-


Jade dejó escapar un gruñido de frustración, resistiéndose a la idea de abandonar su refugio temporal. -Necesito esto- murmuró, aferrándose a la botella con una determinación obstinada.


Carlos frunció el ceño con preocupación, sintiendo la urgencia de intervenir antes de que las cosas empeoraran. -Voy a llamar a uno de tus guardaespaldas- anunció, girándose hacia la barra donde estaba el teléfono.


Mientras Carlos marcaba el número, un extraño se acercó sigilosamente a Jade, una figura borrosa en la periferia de su conciencia alterada por el alcohol. -¿Necesitas algo más, preciosa?-, murmuró con una sonrisa torcida, ofreciéndole una botella de tequila con una etiqueta desconocida.


Jade parpadeó, sintiendo una chispa de interés en medio de su confusión y desesperación. -¿Qué es esto?-, preguntó, alargando la mano para tomar la botella que el extraño le ofrecía.


El extraño le dirigió una mirada misteriosa, su sonrisa ampliándose con malicia apenas perceptible. -Solo un trago para aliviar tus penas- sugirió, su voz suave y seductora.


Sin pensarlo dos veces, Jade aceptó la botella y tomó un trago largo, sintiendo el líquido ardiente quemar su garganta y nublar su mente con una sensación de euforia embriagadora.


Cuando Jade volvió a mirar a su alrededor, el extraño había desaparecido como si se hubiera desvanecido en el aire. Carlos, absorto en su conversación telefónica, parecía ajeno a la situación mientras seguía marcando el número de los guardaespaldas de Jade.


Con un suspiro resignado, Jade se levantó de su taburete y salió del bar, sus pasos llevándola a un destino incierto en las calles vacías de la ciudad nocturna


Después de una noche tumultuosa en el bar, Jade se dirigió al hotel más cercano en busca de un refugio momentáneo. La recepcionista le entregó las llaves de su habitación, pero en su estado de agotamiento y confusión, Jade se topó con una puerta abierta en el pasillo y decidió que sería mejor descansar allí que esforzarse en encontrar su propia habitación.


Tan pronto como Jade se desplomó en la cama, el cansancio la abrumó y pareció sumergirla en un sueño profundo. O al menos eso creía ella.


De repente, fue sacada bruscamente de su sueño por la voz de un hombre desconocido que entraba en la habitación.-sabia que era guapo pero no pensé tener una belleza como tu en mi cama, que haces aquí?-


-¿Quien eres?-, preguntó Jade, su voz cargada de cansancio y confusión, mientras luchaba por enfocar su visión.


El hombre se le acercó, con una expresión curiosa en su rostro. -Yo pregunté primero- respondió, su tono mezclando sorpresa y diversión.


Jade se sintió momentáneamente desconcertada, pero luego dejó escapar una risa suave. -Pero dos es más que uno, así que responde, niño bonito- replicó, encontrando un atisbo de humor en la situación absurda.


El hombre la tomó de los brazos, revelando sus características rubias y sus ojos dorados. -Buen punto- concedió, con una sonrisa pícara. -Entonces quizás sea el amor de tu vida- agregó, dejando en claro que ambos estaban lidiando con las consecuencias de una noche de excesos.


A pesar del cansancio y la confusión, Jade no pudo evitar sonreír ante la ridícula ironía de la situación. En ese momento, parecía que el universo estaba decidido a jugarle una broma pesada.


Con un suspiro de resignación, Jade se dejó llevar por el absurdo de la noche, lista para enfrentar lo que sea que el destino le tenía reservado, ya sea una pelea con su propia realidad o una aventura inesperada con un extraño en medio de la noche.


La mañana siguiente llegó con una resaca que golpeaba como un martillo neumático y la sorpresa de despertar al lado de un desconocido en la cama. Jade se apresuró a recoger sus pertenencias, dejando algo de dinero en la mesa como compensación por la noche no planificada, y salió del hotel con la cabeza zumbando y el corazón tamborileando en su pecho.


Al llegar a la empresa, se encontró con Fernando y Cristian esperándola en la puerta, con expresiones que oscilaban entre la preocupación y el reproche.


-Fernando, cálmate. Necesito que vayan por unos zapatos y un traje nuevo, y por favor, tráiganme algo para este maldito dolor de cabeza que no aguanto- exigió Jade, su voz cargada de irritación y malestar por la resaca.


Fernando, sin embargo, no estaba dispuesto a dejar pasar las cosas tan fácilmente. Con una expresión entre suspicaz y preocupada, se acercó a Jade, cruzando los brazos sobre el pecho. -¿Dónde te fuiste anoche? Te preocupaste a todos, Jade- preguntó con voz firme, mostrando una preocupación que apenas lograba ocultar tras su apariencia de guardaespaldas.


Jade se detuvo en seco, sintiendo el peso de su mirada sobre ella. Sabía que no podía evadir la pregunta, pero tampoco quería revelar todos los detalles de su noche turbulenta.


-Tuve una noche complicada, Fernando. Pero estoy bien ahora- respondió evasiva, intentando desviar la conversación.


Sin perder más tiempo, Cristian asintió con prontitud, las llaves del auto en la mano, mientras Fernando no podía evitar una burla sarcástica. -¿Volviendo a tus viejos hábitos, eh? Apestas a alcohol- comentó con una sonrisa irónica.


Jade le lanzó una mirada fulminante, lista para devolverle el golpe. -Y tú a rosas, ¿no?-, respondió con un tono cortante, desviando la atención de su propia condición.


Con una expresión entre suspicaz y preocupada, Fernando se alejó, dejando a Jade sumida en sus propios pensamientos y en el trabajo que la esperaba.


Al entrar en la oficina, Pedro la recibió con una mezcla de preocupación y cortesía habitual. -Buenos días, señora... ¿se siente bien? Se ve pálida y no está muy bien vestida como de costumbre-, comentó con tacto.


Jade hizo un ademán desinteresado. -Estoy bien, no te preocupes. Tan pronto como vengan esos dos, déjalos pasar, ¿entendido?-, ordenó, con la determinación de quien sabe que tiene mucho por hacer.


Pedro asintió, tomando nota de las instrucciones de su jefa. -Sí, señora. Por cierto, tiene una junta con la empresa de la señora Débora a las 3 de la tarde-, informó, con la libreta en la mano.


Jade frunció el ceño, consciente de que tendría que reorganizar su día ya de por sí caótico. -Cancela esa reunión, por favor. Tendré que salir antes-, decidió, antes de sumergirse en el montón de papeleo que la esperaba en su escritorio.

















































































































































𝙱𝚒𝚎𝚗𝚟𝚎𝚗𝚒𝚍𝚘, 𝚎𝚜𝚝𝚊 𝚎𝚜 𝚖𝚒 𝚙𝚛𝚒𝚖𝚎𝚛 𝚑𝚒𝚜𝚝𝚘𝚛𝚒𝚊, 𝚎𝚜𝚙𝚎𝚛𝚘 𝚝𝚎 𝚐𝚞𝚜𝚝𝚎 ♡